lunes, 27 de julio de 2026

El castrismo se está quedando solo.

Por Orlando Freire Santana.


Jerarcas del régimen cubano.

Los gobernantes cubanos expresan con bombo y platillo que Cuba no está sola cada vez que reciben alguna donación de arroz, leche en polvo o insumos médicos provenientes de gobiernos amigos o “grupos de solidaridad” con la Isla. Pero, de lo que realmente necesita el país en este momento para salir del atolladero en que se encuentra, y en el que el pueblo asume la peor parte, nada.

Después del arribo varias semanas atrás  de aquel buque ruso con un cargamento de petróleo, no ha entrado al país ―al decir de los gobernantes― ni una gota más de petróleo. La poca energía eléctrica que se genera, al menos para la población, procede de la escasa producción nacional de petróleo, los paneles solares y las destartaladas termoeléctricas nacionales. 

Al margen de cualquier impedimento objetivo para que un barco petrolero entre en los puertos cubanos, ha faltado la intención de los amigos del régimen para enviar petróleo a la Isla. ¿Por qué países petroleros como Brasil, México, Venezuela o Angola no han intentado hacerlo? El caso de este último es significativo. Se ha rumorado que con su producción petrolera es capaz de pagar su deuda comercial con China en pocos años. Sin embargo, no manda petróleo a un país que tantas vidas perdió en su guerra civil. ¿Es que acaso lo que se dice en Cuba es falso y las tropas cubanas en Angola eran vistas como mercenarias o colonizadoras, y no como internacionalistas que combatían por asegurar la independencia de ese país? 

Por otra parte, algunos de los rubros económicos que le proporcionaban ingresos al régimen están hoy en franca caída. La firma española Meliá, que administraba importantes hoteles en la Isla, se ha retirado, y la cantidad de hoteles cerrados por falta de demanda es muy significativa, lo cual genera un amplio desempleo entre los trabajadores que laboraban en el sector turístico. 

Los servicios médicos que el régimen presta en el exterior también se han visto mermados últimamente. Son varios los países que han decidido dar por terminada la presencia de médicos cubanos en su territorio. El más reciente de estos casos fue el de Guatemala. 

Por otro lado, el hipotético prestigio del castrismo va desapareciendo en la región. A la reciente decisión de Ecuador de expulsar a todo el personal diplomático de La Habana, se une ahora la determinación del presidente electo de Colombia de no mantener abierta su embajada en la capital cubana. 

Por último no podemos dejar de mencionar la reciente Cumbre Antiterrorista convocada por el secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, en la que tanto el convocante como el resto de los asistentes se comprometieron a luchar contra toda manifestación de terrorismo promovido por la izquierda internacional, y en la que señalaron al régimen castrista como un baluarte importante en la concepción y realización de actividades que erosionan las libertades y la seguridad de Occidente.

Claro que no diríamos que Cuba se está quedando sola para no incurrir en esa espuria práctica de los gobernantes de la Isla de identificar a su régimen con la patria cubana. En realidad es el castrismo el que va quedando a la desbandada.

Share:

Varias mujeres protestan en Luyanó por los apagones: la Policía las rodea.

Por Periodista en Cuba.


Protesta en la zona de Luyanó este viernes.

Cuatro mujeres bloquearon este viernes 24 de julio una vía del barrio de Luyanó, en el municipio habanero Diez de Octubre, para exigir el restablecimiento de la electricidad, mientras un fuerte despliegue de policías y agentes de la Seguridad del Estado rodeaba el lugar.

La protesta incluyó un cacerolazo y la quema de un colchón y varios trozos de madera en medio de la calle, lo que interrumpió el tránsito en ambos sentidos. Dos de las mujeres permanecían en la vía junto al fuego, mientras las otras dos golpeaban calderos desde el portal de una vivienda.

Cientos de personas se encontraban en las inmediaciones, aunque la mayoría observaba la movilización sin incorporarse activamente.

Las personas consultadas en el lugar atribuyeron el estallido de la protesta a la extrema reducción del tiempo de servicio eléctrico en esa zona de Luyanó. “En esta zona solamente están poniendo 20 minutos de electricidad en 24 horas”, dijo un vecino de Luyanó a CubaNet.

El testigo también aludió a la presencia desproporcionada de fuerzas represivas frente al reducido número de participantes activas en la protesta. “Están rodeadas totalmente por cientos de policías y efectivos de la seguridad del Estado”, afirmó.

En una actualización posterior, colaboradores de CubaNet en la zona observaron que las autoridades comenzaban a despejar la calle, aunque no pudieron confirmar si alguna de las manifestantes había sido arrestada. Al cierre de esta nota, no se había podido verificar detenciones ni establecer si las cuatro mujeres permanecían en el lugar.

Otro vecino de Luyanó aseguró a CubaNet que algunas viviendas acumulaban “casi 72 horas sin corriente” y resumió la situación con una frase: “Aquí estamos a tres horas de luz cada tres días”. El residente insistió: “No hemos tenido una hora de luz en los últimos tres días”.

El mismo vecino denunció que las interrupciones también habían afectado las comunicaciones telefónicas y el acceso a internet. “Se rompió la torre de las llamadas de internet y llevamos casi toda la semana incomunicados”, afirmó. 

En la tarde de este viernes, la Empresa Eléctrica de La Habana informó sobre una intervención de emergencia en la subestación Melones que afectaba los circuitos T41 y T44, correspondientes a una zona de Luyanó comprendida entre la Avenida Diez de Octubre, la Calzada de Luyanó y Tres Palacios.

A las 3:00 de la tarde, la empresa reconoció que 243 megavatios (MW) estaban fuera de servicio en 84 circuitos de distribución de la capital. Entre los circuitos con mayores tiempos de afectación incluyó el H341 y el OP408, ambos del municipio Diez de Octubre, con cuatro horas y 34 minutos contabilizados por déficit de generación. También reportó un transformador dañado en la calle Luis Estévez, entre Goss y Pasaje Oeste.

La propia Empresa Eléctrica advirtió que los clientes con interrupciones superiores a los tiempos registrados por déficit de generación podían estar afectados por averías, transformadores dañados u otras incidencias.

La protesta ocurrió durante otra jornada crítica para el Sistema Electroenergético Nacional (SEN). La Unión Eléctrica (UNE) reconoció que el servicio permaneció afectado durante las 24 horas del jueves y continuó interrumpido durante la madrugada del viernes por falta de capacidad de generación. La mayor afectación alcanzó los 2.315 MW a las 9:10 de la noche y tuvo impacto en todas las provincias del país.

Para el horario de máxima demanda de este viernes, la empresa estatal pronosticó una disponibilidad de apenas 1.070 MW frente a una demanda estimada de 3.200, lo que dejaría un déficit y una afectación de aproximadamente 2.160 MW. La disponibilidad prevista equivalía a cerca de un tercio de la electricidad requerida para cubrir el consumo nacional.

Cinco unidades termoeléctricas permanecían averiadas y otras cuatro se encontraban en mantenimiento. La UNE también informó que 106 centrales de generación distribuida estaban paralizadas por falta de combustible, al igual que las plantas flotantes de Regla y Melones y las centrales de combustible de Mariel y Moa.

La movilización de este viernes se suma a varias protestas ocurridas durante los últimos meses en Luyanó por el deterioro de los servicios básicos. El 11 de junio, vecinos se concentraron por segundo día consecutivo en la intersección de Rosa Enríquez y Municipio, después de acumular alrededor de 30 horas sin corriente y diez días sin suministro de agua.

Durante aquella protesta, una grabación enviada a CubaNet mostró a adultos, jóvenes y niños ocupando las aceras y parte de la calle, mientras una patrulla de la Policía Nacional Revolucionaria (PNR) circulaba lentamente junto a la concentración. Los vecinos golpearon cazuelas y reclamaron “Agua y luz”, en medio de apagones que también dificultaban el funcionamiento de los sistemas de bombeo.

Otra movilización ocurrió el 8 de julio en la calle Villanueva, cerca del Hospital Clínico Quirúrgico Miguel Enríquez, conocido como La Benéfica. Residentes bloquearon la vía durante varias horas después de permanecer más de 45 horas sin electricidad y tres días sin agua, según testimonios recogidos entonces por Martí Noticias.

En aquella ocasión, policías y agentes de la Seguridad del Estado retiraron los objetos utilizados para cerrar la calle, mientras los vecinos denunciaban que las autoridades habían tardado varias horas en presentarse y no habían restablecido inmediatamente la electricidad.

Share:

Maggie Prior, la amante habanera de Julio Cortázar.

Por Luis Cino.


Julio Cortázar.

Una de las muchas anécdotas que solía contar la periodista y poeta Tania Díaz Castro era que, en cierta ocasión, a inicios de la década de 1960, en la casa de su amiga la cantante Maggie Prior, había visto a Julio Cortázar en calzoncillos.

Según Tania, cuando tocó a la puerta del apartamento de su amiga, en un edificio de la calle San Lázaro, entre Oquendo y Soledad, en Centro Habana, quien le abrió, sin antes ponerse un pantalón, fue el famoso escritor argentino, que por entonces vivía una tórrida relación amorosa con la cantante.

Cortázar, que había venido a La Habana por primera vez en 1961 y luego en 1963, el mismo año en que se publicó su novela Rayuela, invitado a ser jurado del Premio Casa de las Américas, estaba fascinado por Cuba y la Revolución de Fidel Castro. Decía que Cuba era su tercera patria (las otras dos eran Argentina y Francia, donde residía).

Para sentirse como en su casa, solo necesitaba tener un amor aquí. Y lo encontró en Margarita Prior Kindelán, una negra muy bella, que había nacido en Santiago de Cuba en 1942.

Cortázar, que era un apasionado del jazz, conoció a Maggie Prior en un club nocturno habanero (¿Saint John, Scherezada, El Gato Tuerto?) y quedó deslumbrado por aquella esbelta mujer que cantaba estándares de jazz (Tenderly, My Funny Valentine, Misty, Bewitched, Someone to Watch Over Me) con un derroche de sensualidad y manejando el scat de un modo comparable al de Ella Fitzgerald o Sarah Vaughan.

Maggie Prior, que recientemente había roto la relación que tenía con el periodista José Hernández Artigas (apodado Pepe el Loco), también quedó prendada de Cortázar e iniciaron un intermitente romance que duró varios años y que ardía cada vez que el escritor argentino viajaba a La Habana.

Pero las visitas a Cuba se fueron haciendo menos frecuentes luego de que, en 1971, Cortázar se retractara de sus críticas al régimen cubano por el encarcelamiento del poeta Heberto Padilla, en cartas lacrimosas que envió a comisarios culturales castristas y en su poema Policrítica en la Hora de los Chacales.

Cortázar intentó llevarse a Francia a Maggie Prior, pero no logró convencerla. Aquella decisión probablemente le pesaría a la cantante, que se fue viendo cada vez más marginada porque los decisores culturales castristas, enfrascados en la lucha contra «el diversionismo ideológico», la consideraban «extranjerizante».

Su situación empeoró luego de la llamada Ofensiva Revolucionaria de 1968, cuando fueron cerrados la mayoría de los centros nocturnos donde Maggie Prior, acompañada por los grupos de Leonardo Timor o Felipe Dulzaides, solía presentarse.

En los años grises de la década de 1970, cuando le exigieron que no cantara en inglés, tuvo que dedicarse a interpretar solamente canciones de feeling, de la Nueva Trova, algún que otro bossa nova y baladas románticas.

En su carrera de casi treinta años, solo le editaron un par de sencillos en la Empresa de Grabaciones y Ediciones Musicales (EGREM) y raras veces fue presentada en la radio o la televisión.

En 1988 actuó en el Festival Jazz Plaza de aquel año. Poco después sufrió un accidente cerebrovascular. Murió en 1992.

Hoy, pese a ser, junto a Doris de la Torre, una de las mejores cantantes de jazz que ha dado Cuba, solo los cubanos de mayor edad conocedores del género recuerdan a Maggie Prior. Pero Julio Cortázar, que murió en 1984 en París, nunca olvidó a su amante habanera. Prueba de ello es el sentimiento puesto en Blues for Maggie, uno de los once poemas inéditos de Cortázar recogidos en el libro Papeles inesperados, publicado póstumamente en 2009.

En Blues for Maggie, que lleva a modo de exergo un fragmento de una conocida canción de Pablo Milanés («Ya ves, y yo sigo pensando en ti»), escribió Cortázar: «Ya ves / nada es serio ni digno de que se tome en cuenta / nos hicimos jugando todo el mal necesario».

Share:

C. Wright Mills y Jean-Paul Sartre: los primeros cómplices intelectuales del castrismo.

Por Luis Cino.


C. Wright Mills (foto derecha) y Jean-Paul Sartre.

En sus inicios, la revolución de Fidel Castro consiguió deslumbrar, ganar para su causa y convertir en propagandistas suyos a decenas de intelectuales de la izquierda internacional que peregrinaron a La Habana esperando hallar un socialismo diferente al soviético. De ellos, los más importantes fueron el sociólogo norteamericano Charles Wright Mills y el escritor y filósofo francés Jean-Paul Sartre.

C. Wright Mills, autor de libros como La élite del poder y La imaginación sociológica, cuando vino a Cuba en agosto de 1960 se enamoró de la revolución castrista, en la que creyó encontrar las mejores posibilidades para una nueva izquierda independiente de los soviéticos.

Al regresar a los Estados Unidos, empleó seis semanas en escribir un libro que tituló Listen, Yankee: The Revolution in Cuba, donde, expresándose cual si fuera un cubano, explicaba a los norteamericanos, dándoles una visión idílica, los cambios que estaban ocurriendo en Cuba bajo el castrismo.

Wright Mills, que falleció en 1962, no pudo hacer el segundo viaje a Cuba que proyectaba. La muerte le ahorró la desilusión que hubiera sentido al ver cómo la dependencia estratégica de la Unión Soviética hizo que se impusiera en Cuba una dictadura regida por el anquilosado marxismo-leninismo propugnado por el Kremlin.

Jean-Paul Sartre, que ya había viajado a La Habana en 1949, luego del triunfo de la revolución castrista vino a Cuba antes que Wright Mills. Invitado en París por Carlos Franqui, el director del periódico Revolución, el órgano del Movimiento 26 de Julio, Sartre, acompañado por su esposa, la escritora Simone de Beauvoir, llegó a La Habana el 22 de febrero de 1960. La visita se extendió casi un mes, hasta el 20 de marzo.

Franqui no había consultado la invitación con Fidel Castro, pero al Comandante le encantó la idea de ganar para su causa a dos figuras tan prestigiosas como Sartre y Beauvoir. Y lo consiguió. A pesar de que en el primer capítulo de Sartre en Cuba —uno de los tres libros que sobre el tema cubano escribiría Sartre— confesaba que en esta, su segunda visita a la Isla, no había entendido nada, esa incomprensión no impidió que opinara con entusiasmo sobre la revolución de Fidel Castro. Y tales opiniones, viniendo del más importante filósofo de su época, contribuyeron a cimentar el mito de la revolución cubana entre la intelectualidad europea.

Sartre y Beauvoir, con Fidel Castro y Carlos Franqui como anfitriones, asistieron a los carnavales habaneros, al estreno en Cuba de la obra teatral escrita por Sartre en 1946, La ramera respetuosa, y a varios encuentros con intelectuales cubanos.

En sus reuniones con Sartre, Franqui y los escritores del suplemento literario Lunes de Revolución, que se autodefinían como “intelectuales de izquierda, tan de izquierda que a veces vemos pasar el comunismo por el lado y situarse a la derecha en muchas cuestiones de arte y literatura”, se quedaron atónitos y confundidos por el modo en que el filósofo francés defendía a la Unión Soviética y al realismo socialista. Porque era el mismo Sartre que había escrito que “un intelectual es alguien que es fiel a un conjunto político y social pero que no cesa de discutirlo”, advertía que “si hay fidelidad sin discusión, no se es libre” y criticaba a los que “después de hacer una reverencia, de quitarse el sombrero ante los representantes del gobierno, va en la dirección que el gobierno prefiere”.

Sartre, tocado con un sombrero de guano, escuchó arrobado a Fidel Castro gritar en la Plaza, mientras la multitud respondía también a gritos, y eso le bastó para suscribir la tesis de la democracia directa y participativa. De nada valió que Franqui le explicara que eso era un estado de ánimo pasajero que dependía totalmente de Fidel Castro, que no tenía ninguna forma orgánica ni estructural, que era puro teatro revolucionario y no funcionaba en la práctica cotidiana.

Sartre estaba fascinado con el desaliño y la inexperiencia política de Fidel Castro y Che Guevara. Se dejó seducir por una revolución que balbuceaba aprendiendo a discursar y desafiaba a los Estados Unidos. El deslumbramiento alcanzó su clímax cuando presenció, durante el sepelio de las víctimas de la voladura del carguero La Coubre, ocurrida el 4 de marzo de 1960, cómo una multitud de milicianos alzaba sus fusiles en respuesta al grito de “Patria o muerte” de Fidel Castro.

Sartre se tragó gustoso el cuento del tercermundismo cubano. Interpretó que los rascacielos del Vedado nacieron de los malos hábitos de un país subdesarrollado. “En Cuba, la locura de los rascacielos reveló la terca negativa de la burguesía acaparadora a industrializar el país”, escribió.

Pero el asunto era mucho más complejo. En los análisis sobre la historia, la economía y la sociedad cubana que hizo en sus libros Huracán sobre el azúcar e Ideología y Revolución, repletos de dislates e inexactitudes, Sartre fue tan incoherente y equívoco como en la cuestión de “la democracia directa” y el efecto de la oficialización del marxismo.

Fue mucho más certero en sus vaticinios sobre el destino de los carros norteamericanos en Cuba. Profetizó que tendrían que durar largo tiempo funcionando. Sartre adivinó, solo que no imaginó que “el largo tiempo” sería más de siete décadas.

En enero de 1968, otra vez invitado por Carlos Franqui, Sartre regresó a Cuba para asistir al Congreso Cultural de La Habana. Fue su último viaje a Cuba. En 1971 fue excomulgado por Fidel Castro por firmar, junto a otros importantes intelectuales, la carta de protesta por la represión contra el poeta Heberto Padilla.

Hoy, el poco presentable castrismo tardío ya no tiene intelectuales que le escriban y sirvan de cómplices como fueron Sartre y C. Wright Mills. Lo mejorcito que le va quedando es Ignacio Ramonet y Noam Chomsky. Lo demás es la algarabía de patanes como los españoles Ana Hurtado y Manu Pineda y los norteamericanos Medea Benjamin y Manolo de los Santos.

Share:

lunes, 13 de julio de 2026

Los supuestos cambio económicos en Cuba, una nueva maniobra del castrismo.

Por Alberto Roteta Dorado.

Hasta el presente, solo una nación ha logrado sobrevivir más de seis décadas bajo el dominio de una dictadura comunista -el caso de China no resulta aplicable dadas las características de su modelo económico menos rígido si se le compara con otros países socialistas como Cuba–. Cuba es el ejemplo más evidente de los resultados devastadores de un sistema sociopolítico y de un modelo económico fallido. 

Téngase presente que la crítica situación económica del pueblo cubano no es solo un problema del presente, sino algo que ha estado presente desde los inicios de la llamada revolución cubana, independientemente que dentro de la crisis permanente ha habido etapas críticas, como el período especial de hace unas décadas, lo que tuvo una relación directa con la desaparición de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas y el derrumbe de campo socialista de muchas de las naciones de Europa Central y del Este, así como la megacrisis actual relacionada, según el régimen castrista, con el “recrudecimiento del bloqueo económico” por parte del Gobierno de Estados Unidos; aunque, como se sabe, no es otra cosa que las consecuencias de la ineficacia de un modelo económico anacrónico y carente de aplicabilidad en el orden práctico. 

La reciente intervención estadounidense en Venezuela, con la consiguiente captura de su presidente, Nicolás Maduro, así como la firme posición de la Administración de Donald Trump respecto a la necesidad inminente de grandes cambios en Cuba, han sido determinantes para que el régimen cubano entrara en pánico. La posibilidad de una operación similar a la de Venezuela siempre ha estado como una posibilidad, algo que algunos idealizaron como una acción inmediata; aunque, en este sentido, he preferido ser demasiado conservador,  por convicción luego de estar analizando detenidamente el contexto sociopolítico del presente, no solo de la isla, sino de las consecuencias de carácter universal relacionadas con la opinión pública de la comunidad internacional ante un hecho lo suficientemente polémico como para dejarlo de primera opción. 

La idea de una “asfixia” que paralice totalmente al país, y como consecuencia, la aparición de un estallido social resulta mucho más coherente que la opción de la intervención, independientemente de que seamos defensores de la hipótesis de la intervención como salida mucho más eficaz para acabar con el comunismo en Cuba. Las múltiples manifestaciones locales y parciales que están teniendo lugar en varios sitios de la isla demuestran que el estallido social generalizado está muy cerca, de ahí que la presión exterior mediante medidas severas que golpeen fuertemente en el orden económico está siendo eficaz.

En medio de la peor crisis de su historia el régimen castrista determinó “abrirse” al mundo mediante la adopción de una serie de medidas limitadas al aspecto económico. La Asamblea Nacional del Poder Popular propuso un conjunto de 176 medidas, según el oficialismo, orientadas a introducir transformaciones en distintos ámbitos de la economía y la organización social del país, lo que forma parte de un proceso de “actualización del modelo económico cubano”. 

Analizar cada una de las propuestas resulta demasiado tedioso, toda vez que, como sabéis, los socialistas cubanos suelen emplear un lenguaje que recuerda el uso de códices con una terminología cuasi ancestral heredada de la etapa de los bolcheviques. De ahí que me limite al polémico asunto del sistema financiero y bancos privados, lo que presupone ajustes en la estructura y operaciones de los sistemas bancarios, así como la incorporación de nuevas formas de gestión financiera. 

Se precisa que se hará una revisión del funcionamiento del sistema bancario actual, la posibilidad de incorporación de nuevas formas de intermediación financiera, ampliación de los servicios financieros y mayor flexibilidad en las operaciones vinculadas a divisas. Como se podrá apreciar se trata de revisiones, conceptualizaciones, posibilidades, opciones, pero al final nada concreto, independientemente de las ambigüedades que resultan patentes al leer detenidamente las famosas 176 medidas. De modo que la euforia que se ha desatado en las últimas horas debe ser controlada, toda vez que el llamado modelo económico cubano seguirá anquilosado por la eternidad. En este sentido prefiero citar textualmente una sentencia expresada en el panfleto que demuestra mi hipótesis: “es importante señalar que estos cambios no están completamente definidos y su implementación dependerá de regulaciones específicas que determinen su alcance, condiciones y supervisión”.

Se trata de otra teorización para “actualizar”, una vez más, un modelo económico que carece de fundamento y de razón de ser. Su total inutilidad durante estos terribles sesenta y siete años es un hecho evidente. El pueblo cubano lleva una vida de supervivencia en peores condiciones que un ejército en plena guerra. Recordemos que, en el octavo congreso del Partido Comunista de Cuba, celebrado entre los días 16 al 19 de abril de 2021, en La Habana, se propuso un proyecto de “Actualización de la Conceptualización del Modelo Económico y Social Cubano de Desarrollo Socialista”. Cinco años después, en medio de la desesperación ante el inminente desmoronamiento del régimen, se aparecen con un paquete de 176 medidas económicas que tendrán que pasar por un proceso de revisión, aprobación o exclusión y un largo etcétera que, finalmente, no solucionará la grave crisis económica.

En Cuba, en las circunstancias del presente, no hay que conceptualizar nada para “maquillar” un modelo económico fallido. Suponiendo que en realidad se concretaran algunos cambios, algo que, reitero, no tendrá lugar, dichos cambios se limitan a aspectos de naturaleza económica. El régimen no interioriza la idea de que no son cambios económicos lo que necesita una nación destruida, sino un profundo y radical cambio de naturaleza política que conduzca a posteriori a modificaciones económicas. Mientras permanezca la rigidez de la existencia de un partido único de manera oficial, el comunista, no exista separación de los poderes del Estado, no tengan lugar elecciones verdaderas, se continúen violando los derechos humanos, se prive a los cubanos de la libertad de pensamiento y de expresión y se mantengan miles de prisioneros políticos en las cárceles, no habrá cambios en Cuba. Las supuestas medidas económicas son solo una maniobra más de la cúpula de un sistema político decadente que sabe que no tiene escapatoria. 

El estallido social general está muy próximo, y ante las posibles represalias del castrismo la intervención militar estadounidense estaría justificada. Esta es la solución. 


Share:

domingo, 28 de junio de 2026

¿Qué busca el castrismo con las 176 medidas?

Por Miguel Alejandro Hayer.

La reforma más radical de la revolución, o un cambio superficial, son las dos lecturas contrapuestas que admiten las 176 medidas anunciadas por el castrismo. Pero ambas lecturas se hacen la pregunta equivocada: «¿qué tipo jurídico de propiedad domina?».

En cambio, la pregunta correcta es por qué un régimen como el cubano estaría dispuesto a permitir la entrada de franquicias extranjeras y locales (estas últimas ya existen), empresas privadas de más de cien trabajadores (que ya existen) y quitar intermediarios de la importación sin dejar de ser una dictadura. A juzgar por el anuncio de las medidas, al menos parecen estar dispuestos a estos cambios. No obstante, la respuesta no está en la economía, sino en el poder. Estas medidas son, ante todo, un reparto: un nuevo pacto social, la continuación de la partición del país hacia la propiedad privada nacional.

La primera partición, en la era de Raúl Castro, tuvo dos momentos claves e inició en 2021, a la vista de todos, mientras seguíamos hablando de GAESA como si fuera 2019. Hace siete años el aceite y el pollo estaban en tiendas militares —CIMEX, TRD, Cubalse—; las remesas las controlaba Fincimex; la importación la hacían unas pocas docenas de empresas estatales y militares y el dinero para importar lo daba básicamente la banca de GAESA. Hoy todo eso lo hace, en buena medida, el sector privado. GAESA se replegó formalmente: primero cedió el comercio minorista (primer momento) y luego la importación, las remesas y la banca de comercio exterior (segundo momento). La culminación del proyecto hotelero y el exceso de enfoques ideologizados impedían ver cómo se desmantelaba, en silencio, GAESA.

Hace una década conocíamos por nombre a los directivos de CIMEX y de GAESA. Hoy un puñado de empresas privadas mueve en importación más de dos mil millones de dólares —cerca de un quinto de lo que importa el país y casi la mitad de los bienes de consumo—. Ese núcleo arrastra también las remesas y algo que funciona como banca de comercio exterior privada. Las figuras claves de la economía han ido cambiando, y nadie sabe quiénes son. Cuba, de pronto, parece Delaware: un paraíso fiscal que protege el anonimato de los empresarios.


Dos hombres. La Habana, 2026 / Foto: Marcel Villa.

Ante esa realidad, las 176 medidas vienen a formalizar y sellar el segundo momento de esa primera partición —importación, remesas y banca de comercio exterior— y a extender el reparto a la empresa estatal socialista. Esta es la segunda partición: el turno de los sectores castristas que no llegaron a la primera fiesta. Si una primera línea de élites ya se quedó con lo liquidable de GAESA entre 2021 y 2026, ahora toca abrir espacio para los que siguen en la jerarquía (el sistema también necesita de ellos para sobrevivir). Además, quitan lo que sobra, como en su momento hicieron con el CUC.

Ahora bien, los grandes ganadores de este proceso serán los que ejercen el poder y los enchufados, pero el pueblo también tiene su cuota de beneficio. Para este, el mensaje fue, en el 97, «abran una paladar»; en 2011, «pongan una cafetería»; en el 21, «háganse una empresa»; ahora, quizás, «júntense diez y quédense con la panadería municipal». (El primo de Miami manda el dinero, diez personas se ponen de acuerdo para operar, y el pacto social se actualiza). Y funciona, porque muchos cubanos sin grandes conexiones también lograron prosperar en las aperturas pasadas.

Todo ello deja una pregunta de fondo: ¿cómo puede un régimen entregar la propiedad y seguir mandando? El error que impide verlo viene del marxismo, y lo consumen hasta sus críticos: la relación de propiedad determina las relaciones de poder; en su versión teóricamente vulgar, para dicho enfoque la propiedad jurídica manda (que es lo que conduce a la pregunta equivocada que se mencionaba al principio). Pero en la práctica puede ocurrir lo contrario, y en Cuba viene sucediendo así desde hace 15 años.

Y es que por encima de la propiedad económica están las relaciones políticas de poder. Así, el dueño de la cafetería que vende croqueta en la esquina es el dueño; pero por encima de él hay una relación de poder que decide si lo sigue siendo, y en qué condiciones. En Cuba el derecho de propiedad funciona como una concesión más que como un derecho en sentido liberal. El Estado la otorga, la administra y la revoca: decide quién tiene empresa y quién no, quién importa bienes de consumo y de producción, quién accede al mercado privilegiado y quién sobra. Mientras el aparato represivo conserve ese control, da igual que la propiedad privada avance, porque esta es reversible y controlable. Como ayer el poder político removía a un director estatal, hoy cierra una pyme.

¿Por qué, entonces, tardaron tanto en «reformar»? Porque todo esto el castrismo lo ha aprendido despacio; de hecho, solo una parte de él —la más preparada y beneficiada con tales cambios— lo ha aprendido, y esa diferencia de aprendizaje (e intereses) marcará la velocidad y el alcance de las 176 medidas. No se debe olvidar que desde los noventa la continuidad en el poder viene dando pasitos —la paladar donde solo trabajaba el primo; el cuentapropismo en 2011; la pyme en el 21— y, a falta de teoría, la práctica les fue enseñando que se puede tener propiedad privada capitalista de jure, siempre que el régimen siga siendo la fuente de ese derecho y tenga la capacidad de vigilar y castigar. Y aun con todo el terreno que cedieron en materia de propiedad, el control no se debilitó, ni emergió una clase económica políticamente activa; más bien el sistema político se especializó en lo que sabe hacer y necesita para sostenerse.

Por ejemplo: en la época de Obama, cuando académicos respetables hablaban de indicadores de consumo de clase media porque había muchos celulares (hay países africanos con más celulares por habitante, por cierto), Cuba seguía entre los cinco países más pobres de la región. Guatemala, El Salvador y Nicaragua, con esa misma pobreza, expulsan migrantes en masa; Cuba, entonces, no tenía éxodos. Con eso bastaba para administrar el país.

Ese nuevo reparto implícito en las 176 medidas es todo lo que el castrismo necesita. No le hace falta un país de primer nivel ni reconstruirlo para seguir en el poder; le basta con subir un poco el acceso a determinados recursos para administrar la crisis de gobernabilidad. Eso es lo que buscan. Al menos, eso es lo que les ha enseñado el pasado reciente.

Lo más revelador de las 176 medidas no es ningún punto concreto, sino lo que el régimen demuestra haber descubierto al combinarlas. Si bien antes se guiaban por Lenin —que no sabía mucho de economía—, y el poder político exigía controlar los costos, los salarios y la ganancia, ya una parte del castrismo encontró el atajo que lo regresa a algo del liberalismo: el sistema político cobra el impuesto y se queda una tajada, sin tener que producir nada, mientras la clase económica castrista domina la generación de la riqueza.

Liberalismo a la castrista: que el mercado controlado y autorizado produzca la riqueza, que una clase económica continuista la acapare, que el poder siga decidiendo quién juega. Especialización de las élites —ya no más ser político, militar, cuadro del partido y empresario a la vez. Separación del poder, entre ellos. Por eso en el fondo no es una reforma, sino el castrismo más preparado, aplicando lo que le conviene de un Estado liberal para no tener que irse.

Queda ver si se ponen de acuerdo entre ellos.

Share:

La lenta agonía del Palacio de Aldama.

Por Jorge Luis González Suárez.


Palacio de Aldama (Foto: Fotos de La Habana).

El Palacio de Aldama es una impresionante residencia habanera construida en 1840 para una de las familias de mayor poder económico de la época. Considerada un exponente arquitectónico sin igual en el país, fue declarada Monumento Nacional durante la República.

Fue mandado a edificar por el español don Domingo Marcos Aldama Aréchaga para legárselo a sus hijos Miguel y Rosa. Esta última estaba casada con el prestigioso intelectual Domingo del Monte, quien aportó ideas para el diseño de la obra.

En realidad, fueron dos grandes residencias unidas en su interior, con una estructura única. Es de estilo neoclásico, con ciertos elementos barrocos, y difiere de la arquitectura colonial cubana.

La mansión contaba en su interior con patios, fuentes y adornos que embellecían el sitio y daban gran confort a sus moradores.

Don Miguel Aldama, al instalarse en ella el 31 de agosto de 1844, escribió a su cuñado: “La casa, como era de esperarse, ha quedado soberbia, capaz de competir con cualquiera de París o Londres”.

Los techos y paredes tuvieron una decoración exquisita, con pinturas y tapices, algunos hoy perdidos, al igual que numerosas obras de arte, muebles de estilo y otros objetos valiosos.

La ubicación, en un sitio céntrico y privilegiado de la capital, hacía también que tuviese un importante valor agregado: frente al entonces Campo de Marte (hoy Plaza de la Fraternidad), en la llamada zona de Extramuros. Ocupa una mitad de la manzana comprendida entre las calles San Luis Gonzaga (la actual Reina), Amistad y Estrella.

La historia de esta fastuosa mansión está ligada, por sucesos nefastos, a la lucha por la independencia de Cuba.

En 1869, turbas de voluntarios integristas saquearon y destruyeron una parte del inmueble debido a que sus propietarios eran considerados partidarios de la causa independentista.

Al ser confiscada la mansión, junto con todas las propiedades de los Aldama, por el gobierno colonial español, la familia marchó al exilio y nunca más regresó a habitarla.

La mansión, hipotecada, fue adquirida en subasta por Segundo Álvarez y Perfecto Fernández en 1889, quienes instalaron en el lugar la industria de Tabacos y Cigarros La Corona, que pasó, el 31 de octubre de 1898, a la sociedad inglesa The Havana Cigar and Tobacco Factories Limited, de Londres, dirigida por Gustavo Bock Muller.

Al retirarse del lugar las firmas tabacaleras, Emeterio Santovenia, ministro de Estado, solicitó al Senado adquirir la propiedad para esa institución. La propuesta fue aprobada por unanimidad, pero el informe de un arquitecto, que la consideró irrecuperable, hizo que finalmente se rechazara la compra.

Más adelante, la firma La Corona vendió el edificio a Paul González de Mendoza Goicoechea, quien instaló allí el Banco Hipotecario Mendoza.

González de Mendoza invirtió un gran capital en restaurar, en la medida de lo posible, el edificio y adecuarlo a sus necesidades, con lo cual lo salvó de su destrucción total.

Allí, además de su banco, funcionaban otros negocios menores hasta que, en los primeros años del régimen de Fidel Castro, el 13 de octubre de 1960, el Estado intervino el banco y cerró los demás establecimientos.

A partir de ese momento, el edificio tuvo nuevas funciones. Allí se establecieron diversos organismos e instituciones gubernamentales, hasta que en 1974 fue destinado a ser la sede del Instituto de Historia del Movimiento Comunista y la Revolución Socialista de Cuba, del Comité Central del Partido Comunista de Cuba (rimbombante nombrecito), hoy Instituto de Historia de Cuba.

Un excelente y lujoso libro, editado en 2007 por Ediciones Boloña, El Palacio Aldama: una joya de la arquitectura habanera, del historiador Pedro A. Herrera López, ofrece una detallada explicación y fotografías a color que ilustran los valores de este inmueble en todos sus órdenes.

Para resaltar aún más lo expuesto, el libro recoge opiniones de destacados arquitectos, como Joaquín E. Weiss Sánchez, quien calificó al Palacio de Aldama como “la más importante de las mansiones urbanas del siglo XIX y de todos los tiempos”.

Desde hace varios años, el edificio se encuentra cerrado, rodeado por una valla metálica, en espera de ser restaurado.

Una parte del techo fue demolida y no ha vuelto a edificarse, según puede apreciarse desde la calle.

Si esta valiosa edificación, que puede considerarse parte del patrimonio nacional, continúa sin ser restaurada, en un futuro no lejano no quedarán de ella ni los cimientos.

Share:

Deuda de Cuba con el Club de París sube a 4.795 millones de dólares.

Por Carlos Alejandro Rodríguez.


Reunión de negociadores cubanos y acreedores del Club de París, en enero de 2026 (Foto: Prensa Latina)

La deuda oficial de Cuba con acreedores del Club de París cerró 2025 en 4.795,5 millones de dólares, sin contar intereses de demora, un aumento de 171,5 millones respecto al cierre de 2024, de acuerdo con el informe anual del organismo correspondiente a 2025.

El monto confirma que las sucesivas reprogramaciones pactadas por La Habana con sus acreedores no han reducido el saldo reportado por el Club de París. En 2024, las reclamaciones contra Cuba sumaban 4.624 millones de dólares; un año después, el total subió 3,7%.

El anexo estadístico del informe desglosa la deuda cubana en 300,8 millones de dólares correspondientes a créditos de Ayuda Pública al Desarrollo y 4.494,7 millones en créditos no concedidos bajo esas condiciones. Esa última categoría concentra más del 93% del total reclamado a Cuba por los acreedores oficiales agrupados en el Club de París.

Dentro de América Latina y el Caribe, Cuba aparece como el tercer país con mayor volumen de reclamaciones del Club de París al cierre de 2025. Solo la superan Venezuela, con 8.927,3 millones de dólares, y Colombia, con 5.108,5 millones. El saldo cubano también queda por encima de la suma de las deudas registradas para Argentina y México, dos de las mayores economías regionales, que juntas totalizaban 3.861,7 millones de dólares.

El aumento se produjo el mismo año en que el Grupo de Acreedores de Cuba y el Gobierno cubano acordaron en París modificar los términos de los acuerdos previos de consolidación de deuda, firmados el 12 de diciembre de 2015 y el 10 de junio de 2021. La reunión tuvo lugar los días 16 y 17 de enero de 2025.

En el comunicado emitido entonces, el grupo de acreedores señaló que la delegación cubana describió “la compleja situación económica y financiera del país y sus factores subyacentes”, así como las políticas aplicadas y por aplicar para continuar su plan de desarrollo. También sostuvo que “esta reprogramación proporciona a la República de Cuba mejores condiciones para afrontar sus dificultades económicas y financieras en los próximos años”.

El comunicado de enero de 2025 no indicó una quita ni precisó un nuevo calendario de pagos. Se limitó a señalar que la modificación buscaba preservar la relación con los países miembros del Grupo de Acreedores de Cuba mediante “la plena implementación” de los acuerdos anteriores.

El antecedente principal es el acuerdo del 12 de diciembre de 2015, cuando Cuba y el Grupo de Acreedores pactaron liquidar 2.600 millones de dólares en atrasos durante un período de 18 años. Aquel arreglo cubría un stock total de deuda de 11.100 millones de dólares, incluidos intereses de demora, al 31 de octubre de 2015. Según el Club de París, los acreedores acordaron entonces la cancelación progresiva de 8.500 millones de dólares, correspondientes a intereses de demora, en la medida en que Cuba pagara los 2.600 millones restantes.

En junio de 2021, ya bajo el impacto económico de la pandemia, La Habana volvió a negociar con el grupo. Ese acuerdo concedió más tiempo a Cuba para honrar varios pagos vencidos bajo el arreglo de 2015, aunque el Club de París precisó que se mantenía el valor presente de esos montos.
El Grupo de Acreedores de Cuba está integrado por Australia, Austria, Bélgica, Canadá, Dinamarca, Finlandia, Francia, Italia, Japón, Países Bajos, España, Suecia, Suiza y Reino Unido. Estados Unidos no forma parte de ese grupo.

La cifra del Club de París no equivale a la deuda externa total del país. Se trata solo de reclamaciones de acreedores oficiales agrupadas por país prestatario y excluye intereses de demora. La propia Oficina Nacional de Estadística e Información de Cuba mantiene un rezago considerable en la publicación de la deuda externa: la tabla oficial de deuda externa publicada en el Anuario Estadístico de Cuba 2024 (el más reciente) solo llega hasta 2020.

Ese año, la deuda externa total reportada por el Banco Central de Cuba fue de 19.743 millones de dólares, de los cuales 11.202 millones correspondían a deuda oficial. 
Share:

miércoles, 24 de junio de 2026

Ramiro Valdés, el tenebroso.

Por Darío Alejandro Alemán.

Una creencia popular dice que, en sus tiempos en la Sierra Maestra, cuando era el segundo al mando de la columna del Che Guevara, Ramiro Valdés era ya un intransigente comunista prosoviético. Y también que, mientras el resto de la tropa se dejaba crecer exuberantes barbas y melenas, él se esforzó por mantener el bigote y una pequeña barbita puntiaguda para parecerse a Félix Dzerzhinski, el temible fundador de la policía bolchevique (la Checa) durante el llamado Terror Rojo. De ser cierto ese rumor, aquella obsesión habría tenido algo de profética: cuando triunfó la Revolución, el comandante Ramiro se convirtió en el principal arquitecto de la Seguridad del Estado cubana, un complejo aparato de vigilancia y control social tan bien estructurado que aún hoy, cuando el país atraviesa la peor crisis de su historia, pareciera la única institución saludable del régimen. 

Durante años, Ramiro Valdés y la Seguridad del Estado fueron el purgante que el castrismo usó para establecer y consolidar su cúpula; los dientes con los que la Revolución saturnina destrozaba a sus propios hijos antes de engullirlos. Héroes militares, políticos en ascenso y reconocidos intelectuales fueron despachados por ellos bajo acusaciones de sectarismo, espionaje, depravación o, simplemente, contrarrevolución. Con el tiempo, aquella bestia institucional ganó tanta fuerza que más de una vez se volvió contra su creador, pero Ramiro, habiendo ideado el mecanismo de la purga, se había vuelto inmune a sus efectos. En la historia de la Revolución cubana nadie fue tan resiliente como él. Nadie fue desplazado tantas veces para luego regresar al juego del poder como si nada. 

Ramiro Valdés, el comandante de la Revolución que alguna vez fue el tercer hombre con más poder en Cuba, murió el pasado 21 de junio, a la edad de 94 años. Al momento de su muerte, la dictadura de la que formó parte se tambalea entre las presiones de Estados Unidos y sus propias ineficiencias, mientras se esfuerza por mutar en un capitalismo autoritario patrimonial al estilo de la Rusia pos soviética. Pero la Seguridad del Estado, el imbatible aparato represivo que creó, le ha sobrevivido, y quizá sobreviva también al ideal comunista de la Revolución. 


Ramiro Valdés (a la derecha) junto a los líderes históricos de la Revolución cubana.

Ramiro Valdés (a la derecha) junto a los líderes históricos de la Revolución cubana
Ramiro Valdés estuvo en la génesis misma de la Revolución y participó en sus tres grandes hitos: el asalto al cuartel Moncada, el desembarco del yate Granma y la lucha guerrillera en la Sierra Maestra. Su aval, por tanto, era de los más completos dentro de la cúpula castrista, solamente comparable con los de Juan Almeida (fallecido en 2009), Raúl y Fidel Castro. Oficialmente, era reconocido como «comandante de la Revolución», un título que podría equipararse al de padre fundador. Pero eso no bastó para hacerlo un personaje querido o admirado entre los cubanos. De hecho, su figura casi siempre inspiró sospechas y terror, que es lo que suelen inspirar los hombres dedicados a sembrar sospechas y terror. A raíz de su muerte, el presidente Miguel Díaz-Canel escribió en sus redes sociales que el Día de los Padres (21 de junio) se nublaba «con el dolor de su partida». Pero es muy probable que la inmensa mayoría de los cubanos, que en secreto se referían a él como «Charco de Sangre» o el «Carnicero de Artemisa», no lo sintieran precisamente así. 

Ramiro Valdés, más que gris, era un hombre tenebroso. Fue la hoz con que Fidel Castro segó a quienes resaltaban demasiado en el uniforme campo de su tropa de dirigentes, el gran inquisidor político y moral del régimen y, al mismo tiempo, el cerebro detrás de muchas de las exitosas infiltraciones de la inteligencia cubana en Estados Unidos. Una responsabilidad así exige ser discreto, de ahí que Ramiro evitara en lo posible los pronunciamientos públicos y las entrevistas. 

«No me gusta ser protagónico», dijo en 2025 al medio oficialista Cubadebate, en una de las pocas entrevistas televisadas (y la última) que accedió a dar. Poco antes, algo molesto, explicó que si había aceptado conversar sobre su vida era solo porque le habían indicado que era un deber, una «tarea» más que debía cumplir en favor de la Revolución. 


Valdés junto a Fidel Castro.

«Yo simpatizaba con los soviéticos, con la Revolución rusa y las proezas del Ejército Rojo», dijo una vez, pero nunca aclaró en qué momento exacto de su vida se volvió un comunista contumaz. No hay evidencias de que lo fuera antes de los 21 años, cuando era apenas el hijo de una pareja humilde de asturianos emigrados, que dejó los estudios en la secundaria para ganarse la vida en Artemisa, un municipio al este de La Habana. Tampoco parecía serlo cuando se unió al grupo de jóvenes que poco más tarde, en julio de 1953 y bajo el mando de Fidel Castro, intentarían asaltar el cuartel Moncada, la segunda fortaleza militar más importante del país. De su pueblo, Artemisa, salieron la mayoría de los participantes en esa acción, pero solo él sobreviviría a las distintas etapas de la lucha armada y a los primeros años de pugnas intestinas de la Revolución. 

En el exilio en México, luego de ser levemente herido en el Moncada y haber compartido la suerte de los sobrevivientes en el presidio, ya se lo puede ubicar, junto con el Che y Raúl, como parte de un pequeño sector filocomunista dentro del círculo de confianza de Fidel. Ramiro fue expedicionario del yate Granma, salió ileso de la carnicería ocurrida tras el desembarco (diciembre de 1956) y se alzó en la Sierra Maestra. Hasta entonces, a pesar de estar junto al líder de la guerrilla desde el inicio, no había sido premiado con una alta responsabilidad. De hecho, en la Sierra fue designado subalterno del Che, a quien Fidel había conocido menos de tres años antes en la capital mexicana, y quien ni siquiera era cubano. 

Su momento de destacar no llegó hasta enero de 1959, cuando el Ejército Rebelde entró en La Habana. A partir de entonces, Ramiro comenzó a trabajar incansablemente en la creación de un aparato represivo que, aun cuando la Revolución no había aceptado todavía su rol de satélite soviético, comenzaba a parecerse demasiado a la Checa de Dzerzhinski. 


Foto tomada de Internet.

Carlos Franqui, director del periódico Revolución y figura clave de la propaganda guerrilla y del gobierno revolucionario en sus primeros años, identificaba a Ramiro Valdés como parte de una «comandancia comunista de línea dura» junto con Raúl Castro y el Che Guevara. Eso no significa que entre las fuerzas que derrotaron al dictador Fulgencio Batista no hubiera comunistas, incluso prosoviéticos, como los miembros del Partido Socialista Popular. Sin embargo, aquella tríada gustaba marcar sus diferencias con el resto: ellos habían luchado en la Sierra, los otros no. 

Pero incluso este pequeño grupo comunista llegó a tener diferencias entre sí: mientras al Che lo movía un fanatismo idealista, a Raúl lo movía el poder y a Ramiro, su personalidad paranoica y una impasible «mentalidad policiaca». Franqui señala que, desde los primeros momentos de la Revolución, Raúl, con la ayuda de Ramiro, movió los hilos para desplazar del poder a aquellos que no veían con buenos ojos el rumbo comunista del gobierno. Y que años después harían lo mismo incluso con los comunistas de vieja guardia. Se supone, por ejemplo, que ambos instigaron la falsa idea de una conspiración contrarrevolucionaria por parte del comandante Huber Matos, uno de los líderes militares más prestigiosos de la lucha contra Batista, que se encontraba en la provincia de Camagüey. Aquellos hechos desembocaron en la captura de Matos, que fue condenado a 20 años de prisión, y con la desaparición de otro comandante revolucionario (y no precisamente comunista), Camilo Cienfuegos, quien supuestamente murió en un accidente aéreo cuando regresaba a La Habana, tras capturar al insubordinado.

«Valdés era un acomplejado, feo, impopular, silencioso, corrompido, como casi todos los moralistas», escribió Franqui de Ramiro. Y también que con los exbatistianos que no fueron fusilados en juicios sumarísimos y los primeros opositores de la Revolución prefería usar la tortura psicológica antes que la física: «oscuridad, frío, calor, aislamiento, amenazas de fusilamiento». 


Valdés / Foto: Cubadebate.

Para estructurar ese aparato represivo que era la Seguridad del Estado, Ramiro Valdés viajó a varios países comunistas en busca de consejo. Decía el escritor cubano Guillermo Cabrera Infante que esos viajes lo llevaron a China en 1963, específicamente a Shanghái. En el documental Conducta impropia (Néstor Almendros y Orlando Jiménez Leal, 1984), Cabrera Infante asegura que allí se entrevistó con el alcalde para preguntarle cómo resolvía el problema de la homosexualidad. Shanghái, la «capital occidental» de China, durante años había sido muy laxa con los homosexuales; sin embargo, el alcalde le dijo al cubano que allí no tenían «ese tipo de problemas». Según el dirigente chino, cierta vez, durante una fiesta tradicional que muchos homosexuales aprovechaban para congregarse en un parque cercano a un río, varios comunistas se aparecieron allí con estacas, los mataron a todos y los lanzaron al agua. La imagen de los cuerpos flotando por la ciudad fue suficiente para que la homosexualidad fuera barrida de Shanghái. De regreso a Cuba, decía el escritor cubano, Ramiro Valdés compartió esta historia entre otros militares castristas, y dijo: «me parece una solución bestial, pero es una solución». 

Lo primero que hizo el «moralista» de Ramiro Valdés fue organizar violentas redadas contra lo que él entendía que eran degeneraciones inaceptables en la Cuba comunista. Las llamó Operación P, porque se supone que estaban dirigidas contra prostitutas, pederastas y proxenetas, aunque casi siempre iban de golpear y apresar homosexuales. Contaba Carlos Franqui que cierta vez fue a quejarse con Fidel Castro porque en una de aquellas redadas policiales salió muy mal herido el poeta y dramaturgo cubano Virgilio Piñera, pero al llegar a donde el líder barbudo, lo encontró bromeando junto a Raúl y Ramiro. Este último les contaba de los consejos que había recabado de los órganos de seguridad soviéticos, chino, vietnamita, checo y alemán para tratar a los homosexuales: «los fusilamos, veinte años, campos de concentración, trabajos forzados».

Finalmente, el jefe de la Seguridad del Estado cubana optaría por métodos menos escandalosos: los campos de concentración y los trabajos forzados, dos «castigos» que tomarían forma en las conocidas Unidades Militares de Apoyo a la Producción (UMAP).


Valdés / Foto: Cubadebate.

Entre 1961 y 1968 Ramiro Valdés diseñó, como ministro del Interior, el Departamento de la Seguridad del Estado y la Dirección General de Inteligencia, instituciones opacas pensadas para reprimir con eficiencia cualquier crítica contra el régimen. Ambas eran altamente efectivas y profilácticas, y funcionaban a través de las intrigas, el miedo y cierta idea de omnipresencia sembrada en la ciudadanía: cualquiera podía ser un agente encubierto, incluso la persona más cercana a ti podía delatarte. En palabras del propio Ramiro: «No había nadie que se moviera que la seguridad no lo supiera».

Pero en 1968 fue separado sorpresivamente de su cargo. Según Norberto Fuentes, escritor y periodista cercano a la cúpula del régimen (y luego exiliado), su destitución tuvo que ver con intrigas en la corte castrista, donde el advenedizo general José Abrantes logró ganarse las simpatías de Fidel y que la relación de este con Ramiro se enfriara. Durante décadas, si hacemos caso a Fuentes, la relación entre Ramiro y Abrantes —cuyo hermano, comandante de la Revolución, falleció como Camilo Cienfuegos: en otro accidente aéreo en 1959— fue una de las pugnas más fuertes a lo interno del régimen. Pero la destitución del experimentado comandante (reemplazado por Sergio del Valle) no significó el fin de la carrera política, pues Raúl Castro se apresuró a nombrarlo viceprimer ministro de las Fuerzas Armadas, su mano derecha. 

Durante la segunda mitad de los setenta, Ramiro Valdés fue recuperando terreno. En 1976 fue nombrado vicepresidente del Consejo de Estado y de Ministros, y en 1980 lo ascendieron al cuarto lugar dentro de la nomenclatura del Partido Comunista de Cuba (PCC). Además, en 1979 recuperó su puesto como ministro del Interior. El arquitecto de la Seguridad del Estado volvía a tomar las riendas de su creación. 

En 1986, Fidel Castro inició un proceso de reformas económicas llamado Rectificación de Errores y Tendencias Negativas, mientras en la URSS Mijaíl Gorbachov «reestructuraba» el socialismo soviético a través de la glásnost y la perestroika. Curiosamente, Ramiro Valdés, acérrimo comunista de corte estalinista, fue separado ese año de todos sus cargos. Y más curioso aún resulta que, en su lugar, fuera designado el general José Abrantes. 

Ramiro Valdés fue apartado del ojo público hasta 1997, cuando Fidel Castro le ordenó dirigir la búsqueda de los restos del Che Guevara, que había sido asesinado en Bolivia en 1967 y cuyo cadáver fue escondido por sus ejecutores. Ramiro regresó a Cuba con el cuerpo de su antiguo jefe y camarada comunista, y en 2001 le fue entregada la orden de Héroe de la República de Cuba, un claro signo de reivindicación política. Una vez más, había sobrevivido a la posibilidad de una purga. Para entonces, el general José Abrantes, su supuesto rival, era apenas un recuerdo. En 1989 fue destituido como ministro del Interior y condenado por los delitos de negligencia en el servicio, abuso en el cargo, uso indebido de recursos financieros y ocultamiento de información importante al gobierno de Cuba. Dos años después murió en prisión a causa de un infarto. 


Ramiro Valdés, junto a Raúl Castro y Miguel Díaz-Canel.

A partir del año 2000, Ramiro Valdés no haría más que escalar en la cúpula política del castrismo. En 2003 regresó como miembro del Consejo de Estado y en 2005 le entregaron el ministerio de la Informática y Comunicaciones. Como jefe de esta cartera, su trabajo fue más que mediocre y estuvo marcado por su reticencia a la apertura del país a las infocomunicaciones, las cuales comparó con un «potro» que primero debía «ser dominado». Cuatro años más tarde, con el retiro de Fidel Castro y el ascenso de Raúl a la presidencia, fue nombrado vicepresidente del Consejo de Ministros. Jamás volvería a hacerse cargo del Ministerio del Interior, pero hay quienes aseguran que el régimen siguió explotando su experticia en labores de inteligencia. En 2010, cuando los vínculos entre La Habana y Caracas vivían sus mejores momentos, Hugo Chávez lo designó al frente de una supuesta comisión técnica cuyo objetivo era detener la crisis energética venezolana. El creador del aparato represivo de un país en eterna crisis energética estaba en Venezuela, una potencia petrolera, para resolver «problemas eléctricos». El hecho, por supuesto, levantó sospechas entre la oposición antichavista.

Entre 2011 y 2019, Ramiro llegó a las altas esferas del Comité Central del PCC, solo por debajo de Raúl Castro y José Ramón Machado Ventura, otro veterano de la Sierra Maestra que, por un tiempo, combatió a las órdenes del Che Guevara. En cierto modo, era el tercer hombre más poderoso en Cuba. Y cuando Raúl se retiró de la política para entregar, al menos oficialmente, el mando a una nueva generación (comandada por Díaz-Canel), pasó a ocupar la silla de viceprimer ministro de la República. 

En sus últimos años, el nonagenario comandante era solo una sombra de lo que fue. Apenas aparecía en televisión y desde finales de 2025 muchos cubanos especulaban sobre su posible hospitalización. A veces, incluso, se rumoraba que en realidad ya había muerto. El temor que infundía su presencia también desapareció. Durante las protestas populares de julio de 2021, un video lo muestra intentando aplacar sin éxito la furia de un grupo de manifestantes que le gritan: Asesino. Pero si su tenebrosa leyenda dejó de ser temida, su legado no: el mecanismo antropófago que creó sigue siendo el sostén de la dictadura a la que dedicó su vida. Ramiro Valdés, de alguna manera, cumplió su misión.
Share:

viernes, 19 de diciembre de 2025

El peso cubano puede esperar.

Por Javier Prada.

En la era Castro-Canel, que dentro de unos meses cumplirá su octavo aniversario, cada diciembre ha culminado -pese a las alertas del sentido común y de la realidad- con promesas gubernamentales de mejoría para el año entrante, y cada diciembre un grupo decreciente de cubanos ha creído tal disparate. Este final de 2025 ha querido romper la tradición. Los titulares enajenados y enajenantes mantienen su línea habitual: esto es más Revolución, hay que seguir resistiendo y destrabando, la dolarización es socialismo con las características de nuestro contexto, y otras perlas por el estilo.

En los medios estatales de comunicación la vida sigue igual, sin embargo, Raúl Castro ordenó posponer el Congreso del Partido, una decisión que tiene precedentes, pero esta vez coincide con la incautación de un buque petrolero que transportaba dos millones de barriles de crudo destinados a La Habana, aunque un artículo del New York Times reveló que solo 50 mil llegarían a puerto; el resto sería vendido a compradores asiáticos. El esquema de contrabando que insuflaba oxígeno a la dictadura cubana ha quedado expuesto y Estados Unidos acaba de imponer un bloqueo naval a Venezuela. Para 2026 las cosas pintan muy feas, aunque Nicolás Maduro –que está muy ebrio, o muy loco- vocifere que va a rescatar el sistema electroenergético de la isla mediante un plan faraónico sufragado con el dinero del ALBA-TCP; es decir, dinero de Venezuela que debería ser utilizado en beneficio del pueblo venezolano.

Miguel Díaz-Canel no se hace ilusiones. En el XI Pleno del Comité Central del Partido advirtió que “nadie debe esperar soluciones rápidas, ni fáciles”. Por el tono en que lo dijo, el mismo que usó contra una damnificada del huracán Melissa que se quedó sin colchón tras el paso del meteoro, se puede inferir que las soluciones no llegarán ni rápidas, ni demoradas, ni fáciles, ni complicadas. No las habrá en 2026 como no las ha habido desde su llegada al poder, un lapso durante el cual todos los indicadores de bienestar social no han hecho otra cosa que disminuir aceleradamente.

En un discurso desarmonizado, a ratos histérico, Díaz-Canel admitió que el PIB decreció en más de un 4% y que medio país está paralizado, pero que “cada día de Revolución es una victoria”. Lejos de transmitir confianza, lució tenso, enojado y hasta agresivo, como si estuviese regañando a esa audiencia que lo mismo no acude a los trabajos voluntarios convocados por él, que se queda dormida bajo el efecto de las peroratas ideológicas y aplaude con desmayo cuando él termina su retahíla de consignas.

Mientras afirman, que el país está casi en paro por culpa del “bloqueo”, la industria ganadera tiene más directivos que cabezas de ganado, todos tan gordos que no caben en el encuadre de las cámaras de la televisión, donde reconocieron públicamente su incapacidad con el aplomo de quienes saben que no cumplir los objetivos proyectados no necesariamente conlleva a la pérdida del cargo en un país donde incumple todo el mundo.

Son miles los funcionarios que reciben salarios elevados, alimentos, combustible y cuanto el estado facilita a cambio de sostener sus mentiras, de informarle al pueblo que este año no se pudo y el que viene será todavía más desafiante. Lo dicen con la misma indolencia que mostró Díaz-Canel cuando se refirió al PIB, o el ministro de Economía al asegurar (y esto no debe olvidarse) que las nuevas medidas que extenderán la dolarización y profundizarán la pobreza de los cubanos, son el resultado de “un trabajo de muchos meses”.

Joaquín Alonso Vázquez reúne todas las condiciones para ser el próximo chivo expiatorio de un régimen que, habiendo devorado a los ejecutivos mediocres, pero con cierta habilidad para el cantinfleo, tuvo que echar mano al que ni siquiera puede explicarse a sí mismo cuál es su función en la cima de un ministerio que huele a campo minado. El sustituto de Alejandro Gil tampoco puede disimular el nerviosismo cuando emite sus “aclaraciones”. Sabe que lo que hace está mal, pero tiene que hacerlo porque le llegó la hora de inmolarse por el partido, aunque el partido esté forjando una cadena perpetua con su nombre.

El pueblo cubano no necesita aclaraciones. El tin marín con las termoeléctricas no da ni para mantener a La Habana con corriente la mitad del día, en el mes más festivo del año. Cerrar diciembre de esta manera tan miserable y triste vuelve superfluas las palabras. El régimen no tiene meta más urgente que intentar sobrevivir a los tres años que le restan a Donald Trump en la Casa Blanca. Nosotros también nos hemos propuesto sobrevivir, pero dentro de un ciclo interminable de desgaste, cada vez más excluidos en nuestro país, donde, ahora sí, van a construir el socialismo… en dólares. El peso cubano puede esperar.

Share:

miércoles, 3 de septiembre de 2025

No hay nada que entender.

Por Efraín González.

No entienden cómo habiendo “cumplido misión” o “siendo fieles a la Revolución”, habiendo participado en zafras y marchado en la plaza tantas veces como les ordenaron que lo hicieran, hoy sus vidas están en la miseria.

Dicen frente a las cámaras, con indignación, que “no entienden” pero la muletilla antes de soltar la queja es la mejor evidencia de que sí comprenden absolutamente todo por lo que están pasando, pero temen. No tanto a expresar su enojo sino a enfilarlo contra quienes lo han provocado. Y saben muy bien quiénes son.

Están en las últimas fases de la decepción, pero eso no quiere decir que estén entrando en las primeras de la rebelión, porque solo basta con que alguno de la camarilla gobernante, rodeado de escoltas y represores, se les acerque y les “explique” con otra mentira aquello que dicen “no entender” para convencerlos de continuar “resistiendo”, aun cuando la diferencia entre los corpachones cebados de quienes explican y los cuerpos cadavéricos de quienes “resisten” es suficiente para entender  de una vez y por todas lo que debe ser entendido.

Hay miles de imágenes por ahí, tomadas en las visitas de cualquiera de los camajanes del PCC a las provincias o a empresas estatales, donde queda plasmado no solo el “contraste” físico entre los que no entienden y quienes saben cómo hacerles entender (aún sin explicar lo incomprendido) sino, además, lo fácil que resulta convencer a los enojados de que no tienen razón en sus disgustos, de que sustituyan la mentira anterior por la nueva que se han inventado en forma de consignas.

En tal sentido (el de la manipulación), las “visitas gubernamentales” no son tan inútiles como algunos piensan. Porque, si es cierto que no resuelven nada de lo que debieran para aliviar la miseria y el enfado de la multitud, también lo es que son la solución más efectiva (y más barata) para calmar los ánimos de gente que, por décadas, ha sido sistemáticamente adiestrada para aceptar su inferioridad respecto a la superioridad de una élite que hoy, para colmo, pretende convertir el castrismo en culto, en una religión donde los “dirigentes” comunistas serían una especie de casta sacerdotal.

Los cuerpos voluminosos, los gestos, el “aparataje” circense que rodea sus “apariciones” (como carnaval de pobreza) sin dudas tienen su efecto psicológico en esas generaciones de “fieles” que, habiendo aceptado, primero, que la sencillez y la obediencia ciega son méritos y, segundo, que mientras más humilde se aparente ser se es más “revolucionario”, terminaron forjando con sus propias manos esa miseria tan profunda, endémica, desde la que cualquier indicio de bienestar, de felicidad, de “normalidad” es visto como un privilegio, que solo puede ser legítimo si llega como premio otorgado por esa élite, la única con total derecho a disfrutarlos todos a la vez y al mismo tiempo.

Ejemplos sencillos de eso, y que muchos de nosotros aceptamos con total normalidad, está el viejo sistema de “estímulos” que, aunque ridículo y ofensivo, persiste hasta hoy: el televisor otorgado por la CTC; el Lada, el Moskovich o el Mercedes Benz que ganamos por la ANAP o por Tabacuba; la semana en la playa que nos dio el PCC; la reservación en un campismo de la UJC; y hasta la “misión” del MINSAP o el contrato del INDER.

El aumento de pensión no porque la cantidad anterior fuera un abuso (y continúa siendo así) sino porque “el gobierno en el fondo es bueno”, y hace mil sacrificios para “estimularnos”. Como igual aceptan como estímulo desde la librita de arroz adicional hasta la “actividad cultural” en saludo al 13 de agosto. Es un problema mental extremadamente grave de las generaciones que nacieron y envejecieron bajo las botas de Fidel Castro.

Cuando dicen que “no entienden” su situación, en realidad se están preguntando por qué no han sido “estimulados”. De igual modo, cuando protestan por agua, luz, vivienda, sus reclamos no son por un derecho sino por ausencia de esa estimulación que creen merecer en base a los “sacrificios” acumulados, donde sin dudas incluyen el “mérito” de no haber emigrado, puesto que conservan el viejo rezago castrista de que “emigrar” es “traicionar”, por tanto, permanecer en Cuba debería ser recompensado.

“Merezco una vivienda” porque no traicioné; “merezco comer porque me sacrifiqué”; “merezco ser estimulado” en virtud de mi fidelidad. De igual modo no cuestionan los privilegios de la casta dirigente porque lo tienen merecido por ser quienes son, así como Fidel Castro y los demás “históricos” podían (y pueden) hacer y deshacer en virtud del “sacrificio” en la Sierra Maestra.

Un privilegio que no dudan en hacerlo extensivo a sus descendientes por generaciones, por tanto celebran y justifican como “normales” y hasta “divertidas” las estupideces del Sandro, la hipocresía dolarizada de los Guevara y el nepotismo en la dinastía Castro.

De esa lógica, más miserable que demencial, se deriva buena parte de los reclamos que algunos llegan a confundir con detonantes de una rebelión mayor, cuando se trata de simple enojo de infante que patalea por su chambelona.

Lo que en el caso que nos ocupa es solo el berrinche que se aplaca con una dosis cualquiera de “estimulación”. Y esta puede ser desde la feria agropecuaria con precios topados que precede toda visita de un jerarca a una localidad (y que desmontan una vez terminado el recorrido) hasta el día sin apagones que regalan en saludo al 26 de Julio.

Son generaciones de adictos al “sistema” que esperan “algo más” y, desde la pobreza más absoluta (porque no tienen algo espiritual o material propiamente suyo) esperan cualquier “estímulo” para sentirse mínimamente recompensados, incluso con una chapa de latón en forma de medalla o con un papel impreso a último minuto como diploma al chivato del año. 

Pudiera causar pena en algunos observar a esa gente arrugada, desdentada, flaca, mal vestida y posiblemente mal oliente regalando aplausos y sonrisas a sus abusadores, dejándose abrazar y dar palmadas por los mismos que los reprimen pero, despojémonos de todo falso sentimentalismo y pensemos en la cruda realidad que representan: la de una multitud que forjó a consciencia su propia miseria y que, precisamente por eso, finge no entender que sea la miseria todo el pago final por su “sacrificio”.

Share:

domingo, 31 de agosto de 2025

Los dólares y dolores de la dolarización.

Por Efraín González.

El dólar a más de 400 pesos no es cualquier cosa. No es otra noticia mala sobre dinero. Es una calamidad.

Enero de este 2025 amaneció con el dólar a 305 CUP. A menos de ese precio comprarlo ya era un dolor de cabeza para millones de cubanos; así la noticia llegó para vaticinar un año que pudiera ser el peor entre todos los anteriores, sin incluir aquel del otro enero, de 1959, en que el país corrió la más terrible de las suertes.

En la hambruna del “Periodo Especial” estuvimos muy mal. Y también en la pandemia de COVID-19, a punto de enloquecer por la intensidad de los encierros y el hambre. Pero ahora, con esta dolarización de la “continuidad”, da la impresión de que ya morimos masivamente en cualquiera de aquellos dos momentos y que, sin memoria de nuestra muerte, la Isla en ruinas es ese infierno que tanto temimos estando vivos, y que los atrapados en él somos todos almas en pena. 

Si en enero muchos nos persignamos ante la Tasa Representativa del Mercado Informal de el Toque, ahora en agosto ya nos sabemos condenados al peor destino cuando, habiendo llegado a los 400 pesos, el dólar continúa subiendo, lo que significa que el salario, las pensiones y hasta las remesas aceleran su catastrófico descenso, y con ellos todos los indicadores económicos que, de tan negativos, tan en retroceso, parecieran un conteo final, el tictac no de un reloj sino de una bomba a punto de estallar.

El dólar a más de 400 pesos no es cualquier cosa. No es otra noticia mala sobre dinero. Es una calamidad. Implica más hambre; más personas jóvenes cayendo por enfermedades asociadas a una alimentación deficiente; más niños desnutridos, con la infancia hecha pedazos y convirtiéndose, para el futuro, en hombres y mujeres que tendrán muy corta vida productiva; más ancianos sufriendo en sus últimos años; más desolación y oscuridad en las calles y, sobre todo, menos fuerzas física y mental, menos voluntad y más temor para enfrentar a los camajanes que comen bien, que envejecen con salud, que tienen medicinas, que viven sin el estrés de tener un salario o una pensión que no sirve para nada, que son quienes dolarizan no solo por “necesidad” sino porque usan el privilegio del dólar como otra forma de represión, y de aniquilación.

Con el dólar subiendo por días y el peso devaluándose a cada segundo, la comida y los medicamentos continuarán siendo una quimera para los millones que hoy, atrapados en la encrucijada de la bancarización forzada, la falta de efectivo, el desabastecimiento crónico, los altos precios, los salarios y pensiones bajos e imposibles de cobrar, las croquetas de “ave-rigua”, el arroz que no llega a la bodega y las farmacias vacías han dejado de alimentarse y de tratarse las dolencias.

Hemos dejado de bañarnos bien (porque no hay ni agua ni jabón), de dormir las horas necesarias (porque el calor y la posibilidad de un techo derrumbado no nos deja), de elegir una alimentación sana (porque hay que tragar lo que aparece), de ser buenas personas (porque se impone la ley del más fuerte); de buscar la felicidad (porque lo indispensable para serlo en Cuba es un lujo, así como ofrecer placer es una mercancía, mucho más valiosa si se trata de sexo y el cliente es un “yuma”). 

Hemos simplificado la existencia a respirar, a tendernos en un rincón como una entidad silvestre, muy próxima a lo vegetal, y a sumergirnos dóciles en la intensa oscuridad de una “contingencia energética” que llegó para quedarse. 

En unos años no seremos ese país envejecido, con escasas fuerzas productivas y lenta renovación generacional que se anuncia sino un gigantesco cementerio, aunque en las lápidas no estará el signo del dólar (porque no tiene la culpa de nada) sino la hoz y el martillo que nos ganamos. 

El dólar no es el que se impulsa en su crecimiento; es el régimen quien no frena su ambición de poder, que necesariamente va acompañada de esas estadísticas que crecen y decrecen siempre para mayor dolor nuestro, y siempre en contra nuestra. Hoy, el dólar solo nos permite medir, hacer comprensible matemáticamente, la diferencia entre la incertidumbre de vivir y la certeza de morir.

Parecía algo imposible en enero de 2025, pero ahora, a 410, es una realidad. 410 es la cifra “de verdad” en la calle más concreta, más dura, y quizás dentro de poco, tal vez en diciembre, esté arribando a los 450, o a los 500, porque ya no importa que todos lo podamos adquirir (como cuando lo amarraron a 25 por 1 con la jugarreta del CUC), sino que solo unos pocos lo consigan a sangre y fuego para salvarse.

O que no lo consigan jamás, para confirmar que en Cuba (es decir, dentro de los muros de la Isla-cárcel, la Isla-infierno) los sueños pocas veces se materializan pero las pesadillas sí, y todas las veces que cerremos los ojos aún sin quedarnos dormidos.

Share:

“Ya no es un Chacal dormido.”

Por Pedro Ramos. 

El presentador cubano Alex Otaola celebró que, El Chacal pidiera por la liberta de Cuba durante un concierto en España semanas atrás.

En ese sentido, el influencer destacó que, el artista “despertó” y se puso del lado correcto de la historia al apoyar al pueblo cubano que exige un cambio en la isla.

“Muy bien, El Chacal dormido durante años, pero ya se despertó y viene con compromiso con su gente, y mira que nos costó trabajo, porque si alguien nos costó trabajo, este era un prospecto como El Taiger, y la verdad que lo rescatamos del lado oscuro”, afirmó Otaola.

Asimismo, el influencer cubano también celebró que, El Chacal estará de regreso en el Cubatonazo, en donde comparte cartelera con artistas como Gente de Zona.

El regreso de El Chacal a uno de los escenarios más importantes de la música latina en Miami representa no solo un paso en su carrera, sino también un mensaje contundente de que los artistas cubanos en el exilio pueden y deben alzar la voz contra la dictadura.

Cabe recordar que, el artista cubano pidió por la libertad de Cuba durante un concierto en Zaragoza, España, a finales del mes de julio.

El artista se conmovió en el escenario al momento de enviar el mensaje de libertad que hizo vibrar al público presente en el recinto.

En esa oportunidad, El Chacal tenía una bandera de la isla en las manos que decía “SOS Cuba” y “Patria y Vida”.

“Desde aquí de Zaragoza, con esta bandera que tengo en mi mano y que todos ustedes representan, yo quiero que se escuche una cosa en el mundo entero: ¡Díaz-Canel!”, afirmó el reguetonero, quien no pudo contener las lágrimas tras pedir libertad para Cuba.  

El cantante cubano publicó el video en su cuenta de Instagram en donde escribió un mensaje agradeciendo el cariño de sus seguidores.

Share:

miércoles, 27 de agosto de 2025

Otaola pide apoyar petición que impulsa el Parón Total en Cuba.

Por Pedro Ramos.

El presentador cubano Alex Otaola exhortó una vez más a sus seguidores a firmar la petición que impulsa el Parón Total en la isla, con el que se busca cortar la primera fuente de ingresos del régimen comunista de La Habana.

En ese sentido, el influencer cubano hizo nuevamente fuertes señalamientos en contra de la economía parasitaria de la dictadura.

Asimismo, Otaola aclaró que, actualmente la principal fuente de ingresos del régimen castrista no son el turismo ni las exportaciones, sino las recargas telefónicas, las remesas y las ayudas humanitarias, las cuales no llegan a las familias cubanas necesitadas, sino que son robadas y revendidas por el Estado fallido de la isla.

“Esto es un tema de hacer lo que tenemos en nuestras manos, que tenemos en nuestras manos ahora mismo, el decirle a la dictadura cubana ni un dólar más de los que huimos, de los que somos libres, ira a parar a sus manos, y eso es algo que a la dictadura la pone a temblar”, precisó.

El presentador reiteró que, estas prácticas del régimen son parte del mecanismo que utiliza la cúpula castrista para mantenerse en el poder mientras la mayoría de los cubanos viven en la miseria.

Otaola insistió en que esta acción es necesaria para forzar la salida de los comunistas del poder, por lo que exhortó a su audiencia a que se sume con fuerza en la petición del Parón Total en Cuba.

Es importante recordar que, esta iniciativa de parón en la isla también está siendo impulsada por el congresista de origen cubano, Carlos Giménez, quien recientemente se pronunció en contra del régimen de La Habana y exhorto a las autoridades de Estados Unidos a que se suspendan las remesas y los viajes a Cuba con el fin de cortar el financiamiento a los castristas.

Share:

La “suerte” del castrismo.

Por Efraín González.

¿Podría sobrevivir el castrismo a la caída de Nicolás Maduro? Por supuesto que sí. Es que casi no cabría la pregunta cuando sabemos lo que ha sucedido en situaciones similares a la actual, en las que la dictadura cubana pudiera parecer a algunos que caería por reacción con el derribo de un aliado importante. 

Sucede que, una vez más, olvidamos o ignoramos que no es el petróleo venezolano ni el único ni el más importante pilar que la sostiene, sino la sorprendente capacidad que ha tenido el régimen comunista no solo para disimular su condición indiscutible de elemento desestabilizador para las democracias de la región (a pesar de todos los movimientos terroristas que ha patrocinado abiertamente) sino, además, para históricamente crear y penetrar núcleos de influencia política al interior de esas democracias, tanto en América Latina, como en Europa y los Estados Unidos.    

No importa la gran responsabilidad que habría de tener La Habana, más con buena parte del aparato de inteligencia al servicio del chavismo (y viceversa) en la conformación y fortalecimiento de la narcodictadura que estaría a punto de caer, porque una vez más ese detalle será pasado por alto. 

Quizás sea una cuestión de “suerte” -aunque no de probada “inocencia”- y hasta un asunto de conveniencia para las partes que, de algún modo, sacan mucho más provecho de que la dictadura cubana continúe siendo por mucho tiempo esa pandilla de pequeños negocios “raros” que, por su naturaleza corrupta, no pudieran prosperar en una situación de normalidad económica y política, pero lo cierto es que el castrismo siempre se las ha arreglado para salir ileso en los graves conflictos que la involucran.

Por ejemplo, en 1989, cuando la operación militar que puso fin a la conexión de Manuel Antonio Noriega con los cárteles de Colombia y los de La Habana -que tenían su cuartel general precisamente en la Plaza de la Revolución, a caballo entre los ministerios del Interior y de las Fuerzas Armadas-, el castrismo, aunque debilitado por la inminente caída del “campo socialista” y estremecido por la posibilidad real de que el fuego en Panamá se extendiera hasta la Isla, logró salir indemne, apenas con unos rasguños en la opinión pública que dejaron los juicios sumarios y fusilamientos del general Arnaldo Ochoa y de sus más cercanos colaboradores.

Todos los ejecutados de la llamada Causa No. 1, convertida en espectáculo televisivo por desesperación, eran testaferros de quienes, con los millones de dólares que arrojaba el negocio de la cocaína, crearon, primero, el Departamento MC (Moneda Convertible, del MININT) y, más adelante, el núcleo primario del sistema empresarial de las FAR, que hoy conocemos como GAESA (una verdad que, por conveniencia, muchos prefieren callar).

Pero Fidel Castro, en una jugada de riesgo (en tanto Mijaíl Gorbachov no le ofrecía demasiada confianza como para un enfrentamiento con el vecino, teniendo como detonante el narcotráfico), regaló unos cuantos peones de sacrificio y apenas con eso logró que los buques de Estados Unidos, al terminar en Panamá, no se detuvieran en los límites de su finca más de lo necesario y pasaran de largo como lo habían hecho ya una vez anterior, cuando Granada, en 1983, por mencionar dos ocasiones en que, solo por efecto de arrastre, el barco del régimen cubano hubiera hecho aguas. 

Tanto en un caso como en el otro, los comunistas sin dudas sacaron provecho de la presencia soviética en la Isla (que se extendió hasta más de la mitad de la década de los 90). Una situación que se repetirá ahora con rusos y chinos metidos hasta el tuétano en el aparato militar cubano, pero solo porque conocen de esa “suerte” que la ha mantenido intocable, aun por las leyes demasiado porosas de un embargo económico que, de tantas veces violado, esquivado y reinterpretado hoy solo existe como pretexto en el discurso de la dictadura. 

Tengamos en cuenta que ni siquiera el tan “temido” Título III de la Helms-Burton ha podido contra esa “suerte”, y todos los procesos legales comenzados bajo su amparo terminan en frustración, precisamente por la serie de condiciones imposibles que deben cumplirse para que una demanda resulte exitosa. De modo que todo (y ya sabemos lo que incluye ese “todo”: desde cabildeo por intereses comerciales hasta afinidades y lealtades ideológicas) “conspira” a favor de la “suerte” del régimen cubano.

Con el pollo, el aceite, los autos, las plantas eléctricas y hasta lo inimaginable arribando a diario por contenedores desde Estados Unidos, así como el petróleo llegando desde México y Rusia, si Nicolás Maduro cayera hoy o mañana, en muy poco afectaría al régimen cubano que ya tuvo tiempo suficiente para desplegar varios planes B y, además, aprender cómo ingresar dólares y euros en cantidades suficientes para, ante todo, sostener su aparato represivo sin producir nada, sin depender del turismo, y con el petróleo justo para alumbrar a imprescindibles y privilegiados. Porque, para la dictadura, es mejor estar vivos, salvos e ignorados (más que intocables y suertudos) que con petróleo y una recompensa de 50 millones por una cabeza.

De lo demás -es decir, de nosotros los simples mortales- también se encarga la “suerte” bajo la forma de esa lástima que siempre el castrismo logra despertar en los demás, sin importar izquierdas y derechas políticas, incluso hasta en aliados que, aun conociendo al detalle las verdaderas causas de nuestra miseria, lanzan campañas para recaudar millones y así paliar el “hambre del pueblo cubano”.

En esa trampa de lástimas e ingenuidades, de oportunismos y oportunidades -mucho más mortal para quienes ya ni tienen ánimos de sublevarse, precisamente porque conocen de esa fatídica “suerte”- han caído absolutamente todos, desde los gobiernos estadounidenses de mucho antes de Obama (y posteriores) hasta los propios cubanos que han logrado escapar y que, una vez “a salvo”, miran atrás ya con nostalgia del abuso, ya con el deseo de ser parte de él. 

Ojalá la narcodictadura venezolana caiga lo más pronto posible, pero pongamos los pies en la tierra y entendamos de una vez que, si cae, eso no significa que en breve caerá el castrismo. El único modo de romper con la “suerte” que protege a la dictadura es terminarla con nuestras propias manos.   

Share: