lunes, 27 de julio de 2026

El castrismo se está quedando solo.

Por Orlando Freire Santana.


Jerarcas del régimen cubano.

Los gobernantes cubanos expresan con bombo y platillo que Cuba no está sola cada vez que reciben alguna donación de arroz, leche en polvo o insumos médicos provenientes de gobiernos amigos o “grupos de solidaridad” con la Isla. Pero, de lo que realmente necesita el país en este momento para salir del atolladero en que se encuentra, y en el que el pueblo asume la peor parte, nada.

Después del arribo varias semanas atrás  de aquel buque ruso con un cargamento de petróleo, no ha entrado al país ―al decir de los gobernantes― ni una gota más de petróleo. La poca energía eléctrica que se genera, al menos para la población, procede de la escasa producción nacional de petróleo, los paneles solares y las destartaladas termoeléctricas nacionales. 

Al margen de cualquier impedimento objetivo para que un barco petrolero entre en los puertos cubanos, ha faltado la intención de los amigos del régimen para enviar petróleo a la Isla. ¿Por qué países petroleros como Brasil, México, Venezuela o Angola no han intentado hacerlo? El caso de este último es significativo. Se ha rumorado que con su producción petrolera es capaz de pagar su deuda comercial con China en pocos años. Sin embargo, no manda petróleo a un país que tantas vidas perdió en su guerra civil. ¿Es que acaso lo que se dice en Cuba es falso y las tropas cubanas en Angola eran vistas como mercenarias o colonizadoras, y no como internacionalistas que combatían por asegurar la independencia de ese país? 

Por otra parte, algunos de los rubros económicos que le proporcionaban ingresos al régimen están hoy en franca caída. La firma española Meliá, que administraba importantes hoteles en la Isla, se ha retirado, y la cantidad de hoteles cerrados por falta de demanda es muy significativa, lo cual genera un amplio desempleo entre los trabajadores que laboraban en el sector turístico. 

Los servicios médicos que el régimen presta en el exterior también se han visto mermados últimamente. Son varios los países que han decidido dar por terminada la presencia de médicos cubanos en su territorio. El más reciente de estos casos fue el de Guatemala. 

Por otro lado, el hipotético prestigio del castrismo va desapareciendo en la región. A la reciente decisión de Ecuador de expulsar a todo el personal diplomático de La Habana, se une ahora la determinación del presidente electo de Colombia de no mantener abierta su embajada en la capital cubana. 

Por último no podemos dejar de mencionar la reciente Cumbre Antiterrorista convocada por el secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, en la que tanto el convocante como el resto de los asistentes se comprometieron a luchar contra toda manifestación de terrorismo promovido por la izquierda internacional, y en la que señalaron al régimen castrista como un baluarte importante en la concepción y realización de actividades que erosionan las libertades y la seguridad de Occidente.

Claro que no diríamos que Cuba se está quedando sola para no incurrir en esa espuria práctica de los gobernantes de la Isla de identificar a su régimen con la patria cubana. En realidad es el castrismo el que va quedando a la desbandada.

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Varias mujeres protestan en Luyanó por los apagones: la Policía las rodea.

Por Periodista en Cuba.


Protesta en la zona de Luyanó este viernes.

Cuatro mujeres bloquearon este viernes 24 de julio una vía del barrio de Luyanó, en el municipio habanero Diez de Octubre, para exigir el restablecimiento de la electricidad, mientras un fuerte despliegue de policías y agentes de la Seguridad del Estado rodeaba el lugar.

La protesta incluyó un cacerolazo y la quema de un colchón y varios trozos de madera en medio de la calle, lo que interrumpió el tránsito en ambos sentidos. Dos de las mujeres permanecían en la vía junto al fuego, mientras las otras dos golpeaban calderos desde el portal de una vivienda.

Cientos de personas se encontraban en las inmediaciones, aunque la mayoría observaba la movilización sin incorporarse activamente.

Las personas consultadas en el lugar atribuyeron el estallido de la protesta a la extrema reducción del tiempo de servicio eléctrico en esa zona de Luyanó. “En esta zona solamente están poniendo 20 minutos de electricidad en 24 horas”, dijo un vecino de Luyanó a CubaNet.

El testigo también aludió a la presencia desproporcionada de fuerzas represivas frente al reducido número de participantes activas en la protesta. “Están rodeadas totalmente por cientos de policías y efectivos de la seguridad del Estado”, afirmó.

En una actualización posterior, colaboradores de CubaNet en la zona observaron que las autoridades comenzaban a despejar la calle, aunque no pudieron confirmar si alguna de las manifestantes había sido arrestada. Al cierre de esta nota, no se había podido verificar detenciones ni establecer si las cuatro mujeres permanecían en el lugar.

Otro vecino de Luyanó aseguró a CubaNet que algunas viviendas acumulaban “casi 72 horas sin corriente” y resumió la situación con una frase: “Aquí estamos a tres horas de luz cada tres días”. El residente insistió: “No hemos tenido una hora de luz en los últimos tres días”.

El mismo vecino denunció que las interrupciones también habían afectado las comunicaciones telefónicas y el acceso a internet. “Se rompió la torre de las llamadas de internet y llevamos casi toda la semana incomunicados”, afirmó. 

En la tarde de este viernes, la Empresa Eléctrica de La Habana informó sobre una intervención de emergencia en la subestación Melones que afectaba los circuitos T41 y T44, correspondientes a una zona de Luyanó comprendida entre la Avenida Diez de Octubre, la Calzada de Luyanó y Tres Palacios.

A las 3:00 de la tarde, la empresa reconoció que 243 megavatios (MW) estaban fuera de servicio en 84 circuitos de distribución de la capital. Entre los circuitos con mayores tiempos de afectación incluyó el H341 y el OP408, ambos del municipio Diez de Octubre, con cuatro horas y 34 minutos contabilizados por déficit de generación. También reportó un transformador dañado en la calle Luis Estévez, entre Goss y Pasaje Oeste.

La propia Empresa Eléctrica advirtió que los clientes con interrupciones superiores a los tiempos registrados por déficit de generación podían estar afectados por averías, transformadores dañados u otras incidencias.

La protesta ocurrió durante otra jornada crítica para el Sistema Electroenergético Nacional (SEN). La Unión Eléctrica (UNE) reconoció que el servicio permaneció afectado durante las 24 horas del jueves y continuó interrumpido durante la madrugada del viernes por falta de capacidad de generación. La mayor afectación alcanzó los 2.315 MW a las 9:10 de la noche y tuvo impacto en todas las provincias del país.

Para el horario de máxima demanda de este viernes, la empresa estatal pronosticó una disponibilidad de apenas 1.070 MW frente a una demanda estimada de 3.200, lo que dejaría un déficit y una afectación de aproximadamente 2.160 MW. La disponibilidad prevista equivalía a cerca de un tercio de la electricidad requerida para cubrir el consumo nacional.

Cinco unidades termoeléctricas permanecían averiadas y otras cuatro se encontraban en mantenimiento. La UNE también informó que 106 centrales de generación distribuida estaban paralizadas por falta de combustible, al igual que las plantas flotantes de Regla y Melones y las centrales de combustible de Mariel y Moa.

La movilización de este viernes se suma a varias protestas ocurridas durante los últimos meses en Luyanó por el deterioro de los servicios básicos. El 11 de junio, vecinos se concentraron por segundo día consecutivo en la intersección de Rosa Enríquez y Municipio, después de acumular alrededor de 30 horas sin corriente y diez días sin suministro de agua.

Durante aquella protesta, una grabación enviada a CubaNet mostró a adultos, jóvenes y niños ocupando las aceras y parte de la calle, mientras una patrulla de la Policía Nacional Revolucionaria (PNR) circulaba lentamente junto a la concentración. Los vecinos golpearon cazuelas y reclamaron “Agua y luz”, en medio de apagones que también dificultaban el funcionamiento de los sistemas de bombeo.

Otra movilización ocurrió el 8 de julio en la calle Villanueva, cerca del Hospital Clínico Quirúrgico Miguel Enríquez, conocido como La Benéfica. Residentes bloquearon la vía durante varias horas después de permanecer más de 45 horas sin electricidad y tres días sin agua, según testimonios recogidos entonces por Martí Noticias.

En aquella ocasión, policías y agentes de la Seguridad del Estado retiraron los objetos utilizados para cerrar la calle, mientras los vecinos denunciaban que las autoridades habían tardado varias horas en presentarse y no habían restablecido inmediatamente la electricidad.

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Maggie Prior, la amante habanera de Julio Cortázar.

Por Luis Cino.


Julio Cortázar.

Una de las muchas anécdotas que solía contar la periodista y poeta Tania Díaz Castro era que, en cierta ocasión, a inicios de la década de 1960, en la casa de su amiga la cantante Maggie Prior, había visto a Julio Cortázar en calzoncillos.

Según Tania, cuando tocó a la puerta del apartamento de su amiga, en un edificio de la calle San Lázaro, entre Oquendo y Soledad, en Centro Habana, quien le abrió, sin antes ponerse un pantalón, fue el famoso escritor argentino, que por entonces vivía una tórrida relación amorosa con la cantante.

Cortázar, que había venido a La Habana por primera vez en 1961 y luego en 1963, el mismo año en que se publicó su novela Rayuela, invitado a ser jurado del Premio Casa de las Américas, estaba fascinado por Cuba y la Revolución de Fidel Castro. Decía que Cuba era su tercera patria (las otras dos eran Argentina y Francia, donde residía).

Para sentirse como en su casa, solo necesitaba tener un amor aquí. Y lo encontró en Margarita Prior Kindelán, una negra muy bella, que había nacido en Santiago de Cuba en 1942.

Cortázar, que era un apasionado del jazz, conoció a Maggie Prior en un club nocturno habanero (¿Saint John, Scherezada, El Gato Tuerto?) y quedó deslumbrado por aquella esbelta mujer que cantaba estándares de jazz (Tenderly, My Funny Valentine, Misty, Bewitched, Someone to Watch Over Me) con un derroche de sensualidad y manejando el scat de un modo comparable al de Ella Fitzgerald o Sarah Vaughan.

Maggie Prior, que recientemente había roto la relación que tenía con el periodista José Hernández Artigas (apodado Pepe el Loco), también quedó prendada de Cortázar e iniciaron un intermitente romance que duró varios años y que ardía cada vez que el escritor argentino viajaba a La Habana.

Pero las visitas a Cuba se fueron haciendo menos frecuentes luego de que, en 1971, Cortázar se retractara de sus críticas al régimen cubano por el encarcelamiento del poeta Heberto Padilla, en cartas lacrimosas que envió a comisarios culturales castristas y en su poema Policrítica en la Hora de los Chacales.

Cortázar intentó llevarse a Francia a Maggie Prior, pero no logró convencerla. Aquella decisión probablemente le pesaría a la cantante, que se fue viendo cada vez más marginada porque los decisores culturales castristas, enfrascados en la lucha contra «el diversionismo ideológico», la consideraban «extranjerizante».

Su situación empeoró luego de la llamada Ofensiva Revolucionaria de 1968, cuando fueron cerrados la mayoría de los centros nocturnos donde Maggie Prior, acompañada por los grupos de Leonardo Timor o Felipe Dulzaides, solía presentarse.

En los años grises de la década de 1970, cuando le exigieron que no cantara en inglés, tuvo que dedicarse a interpretar solamente canciones de feeling, de la Nueva Trova, algún que otro bossa nova y baladas románticas.

En su carrera de casi treinta años, solo le editaron un par de sencillos en la Empresa de Grabaciones y Ediciones Musicales (EGREM) y raras veces fue presentada en la radio o la televisión.

En 1988 actuó en el Festival Jazz Plaza de aquel año. Poco después sufrió un accidente cerebrovascular. Murió en 1992.

Hoy, pese a ser, junto a Doris de la Torre, una de las mejores cantantes de jazz que ha dado Cuba, solo los cubanos de mayor edad conocedores del género recuerdan a Maggie Prior. Pero Julio Cortázar, que murió en 1984 en París, nunca olvidó a su amante habanera. Prueba de ello es el sentimiento puesto en Blues for Maggie, uno de los once poemas inéditos de Cortázar recogidos en el libro Papeles inesperados, publicado póstumamente en 2009.

En Blues for Maggie, que lleva a modo de exergo un fragmento de una conocida canción de Pablo Milanés («Ya ves, y yo sigo pensando en ti»), escribió Cortázar: «Ya ves / nada es serio ni digno de que se tome en cuenta / nos hicimos jugando todo el mal necesario».

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C. Wright Mills y Jean-Paul Sartre: los primeros cómplices intelectuales del castrismo.

Por Luis Cino.


C. Wright Mills (foto derecha) y Jean-Paul Sartre.

En sus inicios, la revolución de Fidel Castro consiguió deslumbrar, ganar para su causa y convertir en propagandistas suyos a decenas de intelectuales de la izquierda internacional que peregrinaron a La Habana esperando hallar un socialismo diferente al soviético. De ellos, los más importantes fueron el sociólogo norteamericano Charles Wright Mills y el escritor y filósofo francés Jean-Paul Sartre.

C. Wright Mills, autor de libros como La élite del poder y La imaginación sociológica, cuando vino a Cuba en agosto de 1960 se enamoró de la revolución castrista, en la que creyó encontrar las mejores posibilidades para una nueva izquierda independiente de los soviéticos.

Al regresar a los Estados Unidos, empleó seis semanas en escribir un libro que tituló Listen, Yankee: The Revolution in Cuba, donde, expresándose cual si fuera un cubano, explicaba a los norteamericanos, dándoles una visión idílica, los cambios que estaban ocurriendo en Cuba bajo el castrismo.

Wright Mills, que falleció en 1962, no pudo hacer el segundo viaje a Cuba que proyectaba. La muerte le ahorró la desilusión que hubiera sentido al ver cómo la dependencia estratégica de la Unión Soviética hizo que se impusiera en Cuba una dictadura regida por el anquilosado marxismo-leninismo propugnado por el Kremlin.

Jean-Paul Sartre, que ya había viajado a La Habana en 1949, luego del triunfo de la revolución castrista vino a Cuba antes que Wright Mills. Invitado en París por Carlos Franqui, el director del periódico Revolución, el órgano del Movimiento 26 de Julio, Sartre, acompañado por su esposa, la escritora Simone de Beauvoir, llegó a La Habana el 22 de febrero de 1960. La visita se extendió casi un mes, hasta el 20 de marzo.

Franqui no había consultado la invitación con Fidel Castro, pero al Comandante le encantó la idea de ganar para su causa a dos figuras tan prestigiosas como Sartre y Beauvoir. Y lo consiguió. A pesar de que en el primer capítulo de Sartre en Cuba —uno de los tres libros que sobre el tema cubano escribiría Sartre— confesaba que en esta, su segunda visita a la Isla, no había entendido nada, esa incomprensión no impidió que opinara con entusiasmo sobre la revolución de Fidel Castro. Y tales opiniones, viniendo del más importante filósofo de su época, contribuyeron a cimentar el mito de la revolución cubana entre la intelectualidad europea.

Sartre y Beauvoir, con Fidel Castro y Carlos Franqui como anfitriones, asistieron a los carnavales habaneros, al estreno en Cuba de la obra teatral escrita por Sartre en 1946, La ramera respetuosa, y a varios encuentros con intelectuales cubanos.

En sus reuniones con Sartre, Franqui y los escritores del suplemento literario Lunes de Revolución, que se autodefinían como “intelectuales de izquierda, tan de izquierda que a veces vemos pasar el comunismo por el lado y situarse a la derecha en muchas cuestiones de arte y literatura”, se quedaron atónitos y confundidos por el modo en que el filósofo francés defendía a la Unión Soviética y al realismo socialista. Porque era el mismo Sartre que había escrito que “un intelectual es alguien que es fiel a un conjunto político y social pero que no cesa de discutirlo”, advertía que “si hay fidelidad sin discusión, no se es libre” y criticaba a los que “después de hacer una reverencia, de quitarse el sombrero ante los representantes del gobierno, va en la dirección que el gobierno prefiere”.

Sartre, tocado con un sombrero de guano, escuchó arrobado a Fidel Castro gritar en la Plaza, mientras la multitud respondía también a gritos, y eso le bastó para suscribir la tesis de la democracia directa y participativa. De nada valió que Franqui le explicara que eso era un estado de ánimo pasajero que dependía totalmente de Fidel Castro, que no tenía ninguna forma orgánica ni estructural, que era puro teatro revolucionario y no funcionaba en la práctica cotidiana.

Sartre estaba fascinado con el desaliño y la inexperiencia política de Fidel Castro y Che Guevara. Se dejó seducir por una revolución que balbuceaba aprendiendo a discursar y desafiaba a los Estados Unidos. El deslumbramiento alcanzó su clímax cuando presenció, durante el sepelio de las víctimas de la voladura del carguero La Coubre, ocurrida el 4 de marzo de 1960, cómo una multitud de milicianos alzaba sus fusiles en respuesta al grito de “Patria o muerte” de Fidel Castro.

Sartre se tragó gustoso el cuento del tercermundismo cubano. Interpretó que los rascacielos del Vedado nacieron de los malos hábitos de un país subdesarrollado. “En Cuba, la locura de los rascacielos reveló la terca negativa de la burguesía acaparadora a industrializar el país”, escribió.

Pero el asunto era mucho más complejo. En los análisis sobre la historia, la economía y la sociedad cubana que hizo en sus libros Huracán sobre el azúcar e Ideología y Revolución, repletos de dislates e inexactitudes, Sartre fue tan incoherente y equívoco como en la cuestión de “la democracia directa” y el efecto de la oficialización del marxismo.

Fue mucho más certero en sus vaticinios sobre el destino de los carros norteamericanos en Cuba. Profetizó que tendrían que durar largo tiempo funcionando. Sartre adivinó, solo que no imaginó que “el largo tiempo” sería más de siete décadas.

En enero de 1968, otra vez invitado por Carlos Franqui, Sartre regresó a Cuba para asistir al Congreso Cultural de La Habana. Fue su último viaje a Cuba. En 1971 fue excomulgado por Fidel Castro por firmar, junto a otros importantes intelectuales, la carta de protesta por la represión contra el poeta Heberto Padilla.

Hoy, el poco presentable castrismo tardío ya no tiene intelectuales que le escriban y sirvan de cómplices como fueron Sartre y C. Wright Mills. Lo mejorcito que le va quedando es Ignacio Ramonet y Noam Chomsky. Lo demás es la algarabía de patanes como los españoles Ana Hurtado y Manu Pineda y los norteamericanos Medea Benjamin y Manolo de los Santos.

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lunes, 13 de julio de 2026

Los supuestos cambio económicos en Cuba, una nueva maniobra del castrismo.

Por Alberto Roteta Dorado.

Hasta el presente, solo una nación ha logrado sobrevivir más de seis décadas bajo el dominio de una dictadura comunista -el caso de China no resulta aplicable dadas las características de su modelo económico menos rígido si se le compara con otros países socialistas como Cuba–. Cuba es el ejemplo más evidente de los resultados devastadores de un sistema sociopolítico y de un modelo económico fallido. 

Téngase presente que la crítica situación económica del pueblo cubano no es solo un problema del presente, sino algo que ha estado presente desde los inicios de la llamada revolución cubana, independientemente que dentro de la crisis permanente ha habido etapas críticas, como el período especial de hace unas décadas, lo que tuvo una relación directa con la desaparición de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas y el derrumbe de campo socialista de muchas de las naciones de Europa Central y del Este, así como la megacrisis actual relacionada, según el régimen castrista, con el “recrudecimiento del bloqueo económico” por parte del Gobierno de Estados Unidos; aunque, como se sabe, no es otra cosa que las consecuencias de la ineficacia de un modelo económico anacrónico y carente de aplicabilidad en el orden práctico. 

La reciente intervención estadounidense en Venezuela, con la consiguiente captura de su presidente, Nicolás Maduro, así como la firme posición de la Administración de Donald Trump respecto a la necesidad inminente de grandes cambios en Cuba, han sido determinantes para que el régimen cubano entrara en pánico. La posibilidad de una operación similar a la de Venezuela siempre ha estado como una posibilidad, algo que algunos idealizaron como una acción inmediata; aunque, en este sentido, he preferido ser demasiado conservador,  por convicción luego de estar analizando detenidamente el contexto sociopolítico del presente, no solo de la isla, sino de las consecuencias de carácter universal relacionadas con la opinión pública de la comunidad internacional ante un hecho lo suficientemente polémico como para dejarlo de primera opción. 

La idea de una “asfixia” que paralice totalmente al país, y como consecuencia, la aparición de un estallido social resulta mucho más coherente que la opción de la intervención, independientemente de que seamos defensores de la hipótesis de la intervención como salida mucho más eficaz para acabar con el comunismo en Cuba. Las múltiples manifestaciones locales y parciales que están teniendo lugar en varios sitios de la isla demuestran que el estallido social generalizado está muy cerca, de ahí que la presión exterior mediante medidas severas que golpeen fuertemente en el orden económico está siendo eficaz.

En medio de la peor crisis de su historia el régimen castrista determinó “abrirse” al mundo mediante la adopción de una serie de medidas limitadas al aspecto económico. La Asamblea Nacional del Poder Popular propuso un conjunto de 176 medidas, según el oficialismo, orientadas a introducir transformaciones en distintos ámbitos de la economía y la organización social del país, lo que forma parte de un proceso de “actualización del modelo económico cubano”. 

Analizar cada una de las propuestas resulta demasiado tedioso, toda vez que, como sabéis, los socialistas cubanos suelen emplear un lenguaje que recuerda el uso de códices con una terminología cuasi ancestral heredada de la etapa de los bolcheviques. De ahí que me limite al polémico asunto del sistema financiero y bancos privados, lo que presupone ajustes en la estructura y operaciones de los sistemas bancarios, así como la incorporación de nuevas formas de gestión financiera. 

Se precisa que se hará una revisión del funcionamiento del sistema bancario actual, la posibilidad de incorporación de nuevas formas de intermediación financiera, ampliación de los servicios financieros y mayor flexibilidad en las operaciones vinculadas a divisas. Como se podrá apreciar se trata de revisiones, conceptualizaciones, posibilidades, opciones, pero al final nada concreto, independientemente de las ambigüedades que resultan patentes al leer detenidamente las famosas 176 medidas. De modo que la euforia que se ha desatado en las últimas horas debe ser controlada, toda vez que el llamado modelo económico cubano seguirá anquilosado por la eternidad. En este sentido prefiero citar textualmente una sentencia expresada en el panfleto que demuestra mi hipótesis: “es importante señalar que estos cambios no están completamente definidos y su implementación dependerá de regulaciones específicas que determinen su alcance, condiciones y supervisión”.

Se trata de otra teorización para “actualizar”, una vez más, un modelo económico que carece de fundamento y de razón de ser. Su total inutilidad durante estos terribles sesenta y siete años es un hecho evidente. El pueblo cubano lleva una vida de supervivencia en peores condiciones que un ejército en plena guerra. Recordemos que, en el octavo congreso del Partido Comunista de Cuba, celebrado entre los días 16 al 19 de abril de 2021, en La Habana, se propuso un proyecto de “Actualización de la Conceptualización del Modelo Económico y Social Cubano de Desarrollo Socialista”. Cinco años después, en medio de la desesperación ante el inminente desmoronamiento del régimen, se aparecen con un paquete de 176 medidas económicas que tendrán que pasar por un proceso de revisión, aprobación o exclusión y un largo etcétera que, finalmente, no solucionará la grave crisis económica.

En Cuba, en las circunstancias del presente, no hay que conceptualizar nada para “maquillar” un modelo económico fallido. Suponiendo que en realidad se concretaran algunos cambios, algo que, reitero, no tendrá lugar, dichos cambios se limitan a aspectos de naturaleza económica. El régimen no interioriza la idea de que no son cambios económicos lo que necesita una nación destruida, sino un profundo y radical cambio de naturaleza política que conduzca a posteriori a modificaciones económicas. Mientras permanezca la rigidez de la existencia de un partido único de manera oficial, el comunista, no exista separación de los poderes del Estado, no tengan lugar elecciones verdaderas, se continúen violando los derechos humanos, se prive a los cubanos de la libertad de pensamiento y de expresión y se mantengan miles de prisioneros políticos en las cárceles, no habrá cambios en Cuba. Las supuestas medidas económicas son solo una maniobra más de la cúpula de un sistema político decadente que sabe que no tiene escapatoria. 

El estallido social general está muy próximo, y ante las posibles represalias del castrismo la intervención militar estadounidense estaría justificada. Esta es la solución. 


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