domingo, 11 de octubre de 2026

La profecía de Cataneo y los éxodos masivos en Cuba.

Por Víctor Manuel Domínguez.


Cubanos llegan a Estados Unidos en el éxodo del Mariel.

La profecía lanzada por Bárbaro Alfredo Valdés-Cataneo -ese cantante de trío devenido en una especie de Nostradamus tropical- al paso de la Caravana de la Libertad por el malecón habanero el 8 de enero de 1959 aún tiene  plena vigencia en Cuba: “Sólo se salvarán los que sepan nadar”. Según dijera años más tarde el escritor cubano Guillermo Cabrera Infante (Caín), esa sería una de las pocas expresiones certeras que propiciara el aclamado desfile de los barbudos durante su entrada triunfal a la capital cubana.

Unos meses después, el 11 de diciembre del propio año 1959, el comandante Huber Matos, uno de los principales caravanistas -fotografiado junto a Fidel Castro y otros guerrilleros montados en el tanque de guerra que abría la marcha victoriosa-, sería una de las primeras víctimas de la profecía al ser enjuiciado  y condenado a 20 años de prisión por oponerse y denunciar el rumbo comunista que iba tomando la revolución.

También en esos primeros 12 meses de la llegada de los rebeldes al poder, los juicios sumarios y la condena a muerte por fusilamiento de alrededor de 972 personas vinculadas o no al régimen anterior -bajo el amparo de las nuevas leyes aplicadas por unos Tribunales Revolucionarios improvisados para dictar sentencias por crímenes de guerra y traición- dispararon las alarmas en un país del que había que huir a toda costa.

Puesta en crisis la luna de miel fugaz entre los rebeldes y las masas populares, esos miedos se aglomeraron en Boca de Camarioca cuando el 28 de septiembre de 1965 Castro anunció que hasta el 10 de octubre de ese año el puerto de Camarioca estaría abierto para todos los exiliados que quisieran llevarse a sus familiares Fue el primer éxodo masivo autorizado por la revolución para salir de opositores y descontentos.

De acuerdo con cifras extraoficiales, por esta vía salieron 2 979 cubanos, mientras que otros 2 104 quedaron en el poblado pesquero Boca de Camarioca, en Varadero, provincia de Matanzas, hasta que fueron recogidos en barcos alquilados por el gobierno de Estados Unidos. El puerto estuvo abierto hasta el 15 de noviembre. A miles de cubanos no les dio tiempo a llegar.

Años después, la Ofensiva Revolucionaria de 1968, el fracaso de la Zafra de los 10 millones (1970), la Parametración y el Quinquenio Gris (1971-1975), junto a la escasez, el racionamiento, el cierre de todos los negocios privados, la prohibición de salir del país y de las prácticas religiosas, entre otras violaciones y desmanes cometidas por el régimen cubano, servirían como caldo de cultivo para el éxodo por el puerto del Mariel (1980).

El asalto a la embajada del Perú por parte de un grupo de  cubanos que a bordo de un autobús público  entraron al recinto para solicitar asilo político fue el detonante. La cólera y la soberbia de Fidel hicieron el resto. Sus amenazas de quitarle la protección a la embajada si no entregaba a los asaltantes fue  cumplida horas después ante la negativa de los diplomáticos. Su error de cálculo fue invitar a entrar a todo el que quisiera asilarse. En pocos días, más de 10 000 cubanos se refugiaron en los jardines de la embajada de Perú.

Sin provisiones ni aseo para garantizarles un mínimo de condiciones humanas, Castro se vio obligado a invitar -por segunda vez- a los exiliados a que le sacaran las castañas del fuego viniendo en embarcaciones a recoger a sus familiares y amigos, más otros que les obligó a llevar. Entre el 15 de abril y el 31 de octubre de 1980, más de 124 000 cubanos huyeron hacia Estados Unidos en otra maniobra castrista por conservar el poder.

La denominada crisis de los balseros de 1994, posterior al llamado “Maleconazo”, tuvo su origen en el desastre que significó para el régimen -en el plano económico, político y social- la caída del Muro de Berlín y la inmediata desaparición de la URSS.

Por primera vez en la etapa de la revolución cientos de cubanos concentrados en el malecón que exigían salir del país tomaron las calles armados de palos y piedras y arremetieron contra instalaciones hoteleras como el Deauville, establecimientos comerciales como Miami, La Casa Pérez y la Oficina de Comercio y distribución de Alimentos (OFICODA) de Centro Habana. la represión no se haría esperar.

La ola se secuestros de lanchas y el intento de desviar aviones pusieron de nuevo a Castro contra la pared. Al mandamás no le quedó de otra que autorizar la salida del país de todo el que así lo quisiera en cualquier tipo de embarcación precaria y en todo lo que pudiera flotar. La mayoría de los balseros del 94 tomó rumbo a la Base Naval de Guantánamo, donde, hacinados en carpas y luego de una tormentosa y arriesgada travesía, debían esperar el permiso de entrada a los Estados Unidos .

Y aunque esta odisea de los balseros vía Guantánamo hacia Norteamérica significó el último éxodo masivo autorizado en Cuba hasta la fecha, no hay dudas de que las sistemáticas huidas en grupos o individuales hacia “el Yuma” y hacia cualquier otro lugar (Recordar el éxodo registrado entre 2014 y 2017) auguran más eventos migratorios de ese tipo.

No por gusto en los últimos tres años, ante las muestras de descontento popular escenificadas en todo el país, ya sean en reclamo de la libertad de expresión o de poner fin a la escasez (Movimiento San Isidro, Manifestación del 27N, estallido social del 11J y la convocatoria del pasado 15N), ha vuelto a salir a la luz  el fantasma del éxodo.

En medio de un contexto social explosivo como el que vive el país, los reclamos y amenazas formulados por el “Canciller de las Lamentaciones”, Bruno Rodríguez Parrilla, no dejan otra cosa que pensar. No se puede olvidar que para el gobierno cubano la emigración de cubanos representa una inversión de capital de primer nivel que deja más ganancias financieras para el régimen que la Zona Especial de Desarrollo Mariel. Hay que recordar Fidel cuando dijo: “No los queremos. No los necesitamos”.

Como dijera Cataneo al paso de la Caravana de la Libertad por el malecón hace 63 años: “Sólo se salvarán los que sepan nadar”. O, al menos, los que se arriesguen a cruzar sobre el mar en busca de un futuro que aquí jamás podrán encontrar.

Share:

sábado, 10 de octubre de 2026

El hambre no hace pausas.

Por Jorge Angel Pérez.


Tengo una amiga muy ocurrente y con una gracia enorme. Mi amiga suele mirarme fijamente a los ojos, sobre todo si antes ha descubierto que ando triste, compungido y pesaroso. Ella reconoce al dedillo mis pesares, y se contonea como si fuera ella misma aquella pavita pechugona de la canción infantil que escucháramos durante nuestras más tiernas infancias.

Para sufrir hay que alimentarse bien, incluso requetebién, porque los pesares del alma suelen matar a quienes los sufrimos, y nosotros somos, eso creo yo, un muy triste moridero. Lo que dice mi amiga parece irrebatible, y quizá por eso yo la miro, y acepto alguno de esos ofrecimientos que pone a descansar sobre esa mesa que invita.

Y los sufrimientos suelen crecer mucho, al menos en este país, y sobre la mesa. No hay tarde en la que no se enojen los cubanos. No hay tarde en la que no suframos, sobre todo cuando irrumpen esos fantasmas, esos espíritus que atribulan y desorbitan a los muchísimos hambrientos que en nuestras calles pululan.

Para sufrir hay que alimentarse bien. No podemos andar tristes y a la vez hambrientos. El hambre mata y mata. El hambre tiene metas; el hambre reconoce muy bien al más hambreado y lo sonsaca, le hace guiños, y taconea, y hasta se abre en dos la cachemira. El hambre no conoce la piedad. El hambre no hace pausas; ella insiste, insiste, y no revoca.

Yo vi ayer a un hombre llorando desesperado y sin dar pausas a tanta desesperanza. Yo vi a un hombre llorar, pedir comida, pedir algo de dinero para comer. Él no buscaba un plato colosal, él solo soñaba con alguna cosa que llevar a su boca para que cayera rotunda en el estómago estragado. Él no pensó en manjares, no en esos que yo he conocido en los libros de cocina que leí ayer, hoy, y que de seguro leeré mañana.

El hambre es cosa seria, y yo he visto en mi país cómo desfallece el malcomido. Yo miré ayer a un hombre que lloraba sin consuelo, y le di lo poco que tenía, y lloré con él, y con él me senté en el contén del barrio, y lloramos juntos. Él dijo gracias y lloramos juntos otra vez. Él estaba peor que yo, casi caquéctico. Yo miré las órbitas de esos que querían salirse, que querían secarse.

¡Ay del país que es triste y está hambreado! Pobrecillos nosotros los que ya damos la apariencia de ser facinerosos, la apariencia de los que van a morir por hambre. Yo miro mis clavículas frente al espejo. ¡Ay, qué despojo, qué desparpajo, qué paradoja! Y yo aquí tratando de escribir, de describir lo que pasa en mi país que fuera tan amado, que alguna vez nos pareció próspero.

Yo sufro, tú sufres, nosotros sufrimos, lloramos, y no falta el que pataletea sin consuelo y mira allá, en lontananza, porque quiere soñar, encontrar un sitio que, aunque sea ajeno, lo acoja un poco. Pobre país de tantos que se deshace en las aguas, que se deshace en lejanías múltiples. Pobre país que tiene hambre porque unos hombres se lo robaron todo y nos dejaron hambreados, y aunque parezca cursi, con las almas rotas destrozadas. 

¿Para sufrir hay que alimentarse bien? Quizá baste con estar en Cuba.

Share:

Los “fieles” abandonan el barco.

Por Ana León.

Este mes de septiembre fue noticia la salida de Cuba del periodista Abdiel Bermúdez, una de las voces más estridentes de la propaganda estatal. El reportero viajó a México con su esposa, también propagandista, quien cursará un posgrado; pero se fueron con su familia, detalle que para muchos constituye un claro indicio de que no piensan regresar a la Isla. Bermúdez es recordado por haber negado los arrestos de manifestantes durante y después de las protestas del 11 de julio de 2021 (11J), y por haber afirmado en un artículo que dicho estallido se produjo con el respaldo de Estados Unidos.

Antes que él, otros comunicadores oficialistas también hallaron nicho en universidades mexicanas, desde las cuales han defendido tenazmente el sistema político cubano, insistido en culpar a las sucesivas administraciones estadounidenses por la crisis que golpea a la mayor de las Antillas, y descalificar cualquier tentativa individual o colectiva que implique el desmantelamiento del orden instaurado por Fidel Castro en 1959.

La nación azteca parece ser el puerto seguro de la izquierda recalcitrante cubana, especialmente ahora que el barco se hunde. Los “fieles” se ponen a salvo como pueden, mediante un pasaporte español, matrimonios oportunos con ciudadanos de otros países o estudios de posgrado donde, paradójicamente, son admitidos maestrantes cuya trayectoria contradice los fundamentos mismos del plan académico. Tal ha sido el caso de Gabriela Fernández Álvarez, presentadora del programa Con Filo, un espacio dedicado a exponer, desacreditar y calumniar a personas o grupos que se oponen al régimen cubano.

Gabriela acaba de matricular nada menos que la Maestría en Derechos Humanos de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí, que se desarrollará entre 2026 y 2028. Resulta irónico que la conductora y productora de una emisión televisiva creada con el objetivo de desinformar al pueblo y linchar disidentes en el ámbito mediático, alcanzara un cupo dentro de un programa de estudios orientado a formar profesionales en la defensa y protección de las garantías civiles, algo que en Cuba no ocurre y Con Filo es una prueba contundente de ello.

Durante una gira propagandística por España en 2025, Gabriela negó públicamente que en la Isla existan presos políticos, una información falsa que se alinea con el discurso del gobierno de La Habana, a contrapelo de los testimonios de ciudadanos y familiares de cientos de manifestantes pacíficos que fueron detenidos y enjuiciados en procesos irregulares por haber participado en las protestas. También ha justificado la represión del Estado contra ciudadanos desarmados alegando que la Revolución tiene derecho a defenderse, pero perdiendo de vista convenientemente que ese pueblo que salió a las calles el 11 de julio de 2021 y no ha dejado de salir en los últimos tiempos para exigir derechos básicos, es el motivo fundamental por el cual se hizo la Revolución.   

Con Filo fue parte de la respuesta mediática del régimen al creciente rechazo popular tras la ola represiva que sucedió al estallido. Desde la primera emisión, transmitida justo un mes después del 11J, no solo ha tergiversado cualquier iniciativa de la sociedad civil para intentar transformar la realidad del país o movilizar la conciencia de la gente, sino que ha asesinado la reputación de opositores, activistas, periodistas independientes o simples ciudadanos con criterio político, sin presentar una sola evidencia ni concederles derecho a réplica.

Por aberrante que pueda resultar la presencia de un personaje como Gabriela, que alienta y participa de estos métodos coercitivos, considerados ilegales en cualquier sistema democrático, en una Maestría en Derechos Humanos, más infame todavía es que la academia mexicana conozca perfectamente su historial y haya aceptado matricularla. Una cosa es que el gobierno de Claudia Sheinbaum sea incondicional en su apoyo a la dictadura cubana, pero otra muy distinta es que un programa universitario que se centra en un tema tan delicado tenga entre sus estudiantes a alguien que se ubica en las antípodas de los conocimientos que imparte y lo valores que promueve. 

Gabriela Fernández se suma a otros casos similares, pero el suyo reviste mayor gravedad por el modo ostensible con que ha respaldado el hostigamiento y las sanciones contra quienes ejercen la libertad de expresión en Cuba. Su salida hacia México pudiera ser la recompensa del régimen por los servicios prestados, o un modo de escapar, influencias mediante, en un momento crítico para la dictadura y sus voceros, cuando el miedo cambia de bando y el pueblo comienza a tomar partido por los suyos. Los heraldos de la miseria socialista abandonan el barco, disfrazando su huida de superación profesional, poniendo la proa, invariablemente, hacia las sociedades de consumo que tanto critican, lejos del desastre que ayudaron a prolongar.    

Share: