Por José García Domínguez.
Son gente que habla varios idiomas, muy viajada, que frecuenta el mercado artesanal de productores ecológicos y que ha sustituido la lucha de clases por un catálogo interminable de causas identitarias que no interesan al obrero de Leipzig o de Santa Coloma de Gramanet. Porque el obrero alemán, como el francés, como el italiano, como el norteamericano de las ciudades industriales vaciadas por la deslocalización, no vota a esa izquierda; ni a esa ni a ninguna. El obrero alemán vota a la AfD. Y no por ignorancia ni por efecto de la manipulación mediática, como quiere creer la progresía.
Los obreros votan hoy a la extrema derecha porque la izquierda lleva décadas sin tener nada que ofrecerles, salvo velados desprecios clasistas. La socialdemocracia clásica ganó elecciones durante medio siglo porque gobernaba para las mayorías. La nueva izquierda posmoderna las pierde porque solo piensa en los márgenes. Die Linke no es una excepción a esa regla. Al contrario, parece su ilustración más extravagante. Mientras tanto, el trabajador manual alemán, ese al que la renuncia al gas ruso ha dejado sin el empleo estable y bien pagado que tuvo su padre, sigue buscando a alguien que le hable de sus problemas, que no son los de los trans. Nada nuevo, pues, bajo el sol de Berlín.
0 comments:
Publicar un comentario