lunes, 19 de febrero de 2024

¿Futuro de Cuba en manos de GAESA?

Por Iván García.

Existe una puerta giratoria que divide los dos estamentos del poder en Cuba: el de GAESA (Grupo de Administración Empresarial S.A.), una corporación militar que gestiona los grandes negocios, y el del régimen de Miguel Díaz-Canel, elegido a dedo por Raúl Castro para que administrara la ruinosa economía del país.

Mientras los burócratas del Ministerio Comercio Interior tienen que esperar por un donativo de arroz de Vietnam o la llegada al puerto del Mariel de un barco cargado de pollo comprado en Estados Unidos y poder distribuirlo por la libreta de racionamiento, los caciques de GAESA están al margen de la Controlaría General de la República y del presupuesto estatal, disponen de millones de dólares destinados a la construcción de hoteles de lujo y solamente rinden cuentas a la familia de Raúl Castro.

A partir de 1991, con la apuesta por el turismo internacional y sobre todo después de 1993, con la legalización de dólar estadounidense, Cuba, se transformó en un país con diferentes tratos, monedas y servicios. En los negocios controlados por el sector militar, a los cliente les dicen Señor y Señora, no hay murales con las machaconas consignas políticas y se factura exclusivamente en divisas.

En esos islotes de capitalismo, se contratan gerentes extranjeros y tecnócratas locales graduados de administración de empresas en universidades occidentales que visten ropas de marca y utilizan computadoras Apple. Los empleados mendigan un litro de gasolina a los jefes, no apagan los aires acondicionados en horario laboral y tienen plantas eléctricas en caso de que apagones.

En lo poco que queda de la Cuba fidelista, se mantiene la narrativa arcaica de Socialismo o Muerte, se habla de justicia social, mientras crece el número de mendigos en las calles y al pueblo que come caliente una vez al día, le piden más sacrificios y que tenga ‘resistencia creativa’.

En Songo la Maya, municipio de Santiago de Cuba, o en Baracoa, en la provincia de Guantánamo, los apagones son de ocho a diez horas diarias, las mujeres a falta de almohadillas sanitarias utilizan trapos viejos reciclados y el agua potable es un lujo.

En la Cuba socialista, las escuelas, hospitales y otras infraestructuras públicas son un desastre. La isla se cae a pedazos. Un dólar se cotiza a 300 pesos y el salario mínimo de 2,100 pesos, equivalente a 7 dólares en el mercado informal, no alcanza para comprar un cartón de huevos, que ahora mismo está costando 2,700 pesos. Trabajadores y jubilados son los que peor se encuentran en el supuesto paraíso de obreros y campesinos.

Ángel, ex combatiente en la guerra civil de Angola y quien fuera un ferviente revolucionario, a sus 81 años, espera la muerte en una desvencijada residencia de ancianos, pidiendo dinero y cigarrillos sueltos a la gente que pasa por la calle. “Participé en siete zafras y estuve dos veces en Angola. No merezco ganar una pensión de 1,900 pesos y vivir pasando hambre y necesidades en un asilo estatal”, confiesa.

Pero el régimen de La Habana no escucha las peticiones de millones de ancianos que un día sí y otro también, reclaman pensiones acorde a la bestial inflación que sufre el país. Esa Cuba marxista de ordeno y mando, donde se venera a Fidel Castro como si fuera un santo, la basura se amontona en las esquinas y el transporte público es un caos, cohabita sin interferencias con los hoteles de lujo que la dictadura verde olivo construye en cualquier espacio de la capital.

Cada mañana, en las atestadas paradas de ómnibus urbanos o dentro de viejos taxis colectivos, la gente se queja del régimen. Es el caso de Suely, licenciada en literatura, mucama en un hotel en la zona colonial de la ciudad. “Gano 3,400 pesos mensuales que pueden llegar a 4 mil pesos si me pagan estimulación. GAESA -dueño de la mayoría de hoteles en Cuba- trata a sus trabajadores como esclavos. Si te quejas o hablas mal del gobierno te botan. No tenemos derechos a nada”. ¿Por qué no lo dejas?, le pregunto . “Es la única forma de resolver un poco de comida y ganar algún dinero con las propinas de los turistas”, responde Suely.

El taxista participa de la conversación y dice que es graduado de ingeniería industrial. Hace cinco años dejó la profesión y durante unas doce horas diarias, conduce un añejo Lada de la era soviética de su padre. “El viejo era comunista a rabiar. Pero desde hace un tiempo está virado contra el sistema. Cuando comienza el noticiero apaga el televisor, cree que le puede dar un infarto por la cantidad de mentiras que dicen. Con lo que gano ‘boteando’, diez veces más que mi salario de 6 mil pesos, mantengo a mi familia y a mis padres”.

En abril de 1961, Fidel Castró prometió una revolución de los humildes, por los humildes y para los humildes. Sesenta y tres años después, los pobres son cada vez más pobres en Cuba. En la otra acera, entre los cascotes de los derrumbes y el olor repulsivo de las aguas albañales, se vislumbra el capitalismo de compadres diseñado por los gurús de GAESA con la anuencia de los mayorales que dirigen la finca castrista.

En La Habana circulan autos modernos importados desde Estados Unidos por Katapulk, empresa del cubanoamericano Hugo Cancio. Funcionan gimnasios con spa e instructores personales que cuestan mil dólares al mes. Heladerías, bares y restaurantes privados de testaferros que prestan sus nombres para encubrir el de los dueños reales se apelliden Castro, Ventura, Valdés o Frías.

Un ex trabajador de Supermarket 23, tienda de comercio electrónico que vende alimentos y otros bienes a los emigrados cubanos, asegura que “el negocio, al igual que Flora y Fauna y otros ‘bisnes’ regados por todo el país, son del comandante Guillermo García Frías, un tipo que es un analfabeto funcional. Pero como luchó en la Sierra Maestra con Fidel, puede hacer prácticamente lo que le da la gana. Ya cumplió 96 años, se supone que está jubilado, pero tiene más poder que cualquier ministro”.

Un ex funcionario de Cimex, afirma que “el establishment en Cuba se ha venido re delineando desde hace tres décadas. A iniciosde la década de 1990, con el pretexto de conocer los gastos reales en turismo, que Raúl sospechaba estaban inflados, le pidió a su hermano abrir una empresa, a la que llamaron Gaviota, y sería la encargada de administrar un sector del turismo. Luego Gaviota se fusionó con empresas militares y otros negocios que llevaban los hermanos Senén y Julio Casas Regueiro, los dos generales, y es cuando surge GAESA».

Según el ex funcionario, actualmente GAESA es la tercera compañía hotelera en América Latina por cantidad de habitaciones detrás de las estadounidenses Marriot y Hilton. GAESA controla el 80 por ciento de las divisas que entran al país. Es dueña de bancos, barcos petroleros, una flota de aviones y de la única empresa nacional de telecomunicaciones: ETECSA. No rinde cuentas de sus facturaciones a Díaz-Canel, a la Controlaría ni a la Asamblea Nacional del Poder Popular. Solo a Raúl Castro. Es un gobierno a la sombra”.

El esquema de negocios de GAESA es simple. Hasta 2020 administraban las remesas de los cubanos en la diáspora que luego reinvertían en la construcción de hoteles para el turismo y apartamentos de rentas a extranjeros.

Anualmente ingresaba entre dos mil y tres mil quinientos millones de dólares por concepto de remesas familiares y también gracias a una cadena de tiendas, gasolineras y servicios gastronómicos enfocados en captar dólares procedentes de los ‘gusanos’, como Fidel Castro denominó a los exiliados cubanos residentes en Estados Unidos. Aunque el negocio estrella de GAESA era el despojo a los médicos y profesionales cubanos que trabajaban en misiones en el extranjero, al quedar con el 70 y 90 por ciento de los salarios en divisas que le pagaban.

Ese latrocinio le permitió invertir más de 20 mil millones de dólares en los últimos quince años en la construcción de hoteles y centros turísticos. GAESA es el gallo tapado de la longeva dictadura caribeña. Los actuales gobernantes son mascarones de proa, sacrificables como los peones en un juego de ajedrez. En las alcantarillas del poder se sabe que el modelo económico y político en Cuba no es sostenible.

Están ganando tiempo, tratando de que no sea convulso el aterrizaje de un capitalismo estilo ruso, con oligarcas militares o del partido comunista reconvertidos en multimillonarios hombres de negocios. El castrismo está gastando sus últimos cartuchos.

En cuatro a cinco años aparecerán los tecnócratas de GAESA con una nueva versión del discurso de ‘salvar la patria’. Probablemente esperen por la muerte de Raúl Castro. Intentarán vender una falsa democracia. Tal vez negocien con Washington sobre economía de mercado e inversiones estadounidenses a cambio de tranquilidad ciudadana, combatir al narcotráfico y la inmigración.

A lo mejor apuesten por un Bukele a la cubana. Aparcarán la propaganda y predominará el pragmatismo político. El marxismo -ya intentaron erradicarlo como ideología en la conformación de la última Constitución- irá desapareciendo y la estrategia principal será seducir a los empresarios cubanoamericanos radicados en la Florida. El futuro ideal para GAESA es una simbiosis de lo peor del capitalismo con el control ciudadano aprendido en los manuales soviéticos. Esa es la Cuba que ellos quieren.

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lunes, 12 de febrero de 2024

El dólar sigue subiendo, por si acaso.

Por Ana León.

El retraso en la implementación del paquetazo económico anunciado por las autoridades cubanas a inicios de enero no ha detenido el aumento de la tasa cambiaria del dólar y otras divisas. Si bien el primer espaldarazo estuvo condicionado por el efecto de recelo o pánico que las medidas causaron en la población, una vez descartada su aplicación inmediata tras el ciberataque a la red de CIMEX, las divisas no han ralentizado su alza, sino todo lo contrario.

“Dice el refrán que cuando el río suena, es porque piedras trae. Si no es hoy, será mañana, o dentro de dos meses, pero esta gente va a dar el paquetazo porque de eso depende su supervivencia (…). Nadie va a quedarse esperando a ver si aflojan, si van a cambiar dos o tres cosas. Lo que va para arriba de los privados es candela, ellos lo saben y están comprando el dólar al precio que sea, porque el peso cubano no sirve”, explicó a CubaNet, muy convencido, un joven que se identificó como Alexei Valdés Guirado, mensajero de varios negocios particulares.

La constante depreciación del peso cubano ha provocado que personas que no solían fijarse en los vaivenes del mercado cambiario informal observen de forma crítica lo que está ocurriendo y, en consecuencia, tomen providencias con respecto a las remesas que reciben. Concepción Armenteros, una jubilada de 70 años, ha pedido a sus dos hijos, residentes en Estados Unidos, que le envíen los dólares en efectivo. Asegura que encontró el contacto perfecto para cambiarlos al mejor precio del mercado.

“No sé de dónde saca el dinero, pero no conozco a nadie que pague mejor. Cada dos días su tarifa mejora, así que yo no tengo apuro por cambiarlo todo de un golpe. Hoy mismo [6 de enero de 2024] está dando 293 pesos por cada dólar (…). ¿Qué necesidad hay de tener los dólares trancados en una tarjeta MLC para gastarlo en las boberías que este Gobierno vende, y carísimas, además?”.

El MLC (moneda libremente convertible) o dólar electrónico, aunque también ha subido, se ha quedado a la saga del dólar físico y el euro; por tanto, quien posee tarjeta no solo limita sus opciones debido a la escasa oferta en los comercios estatales, también pierde dinero cuando necesita cambiar a moneda nacional. Hoy el MLC cotiza a 260 pesos, 30 pesos menos ―por lo bajito― de lo que podría ganar una persona cambiando el dólar en el mercado informal.

“Cualquiera diría que está subiendo por si acaso, en una competencia tipo a ver quién da más (…). No todos los precios han ido a la par del dólar, porque si fuera así no hay quien lo aguante. En las mipymes de mi zona los precios se han mantenido estables, así que la cosa viene por otro lado”, comenta Yoel Rivero, que no cree que el alza de las divisas sea culpa de las mipymes, pero le consta que la mayoría de los que están comprando dólares y euros a cualquier precio, son dueños de mipymes.

Un breve recorrido por establecimientos de este tipo, relativamente bien surtidos, bastó para comprobar que los precios de los productos más demandados ―paquetes de pollo, arroz, huevos, leche en polvo, frijoles, papel sanitario, detergente―, aunque caros, no han escalado a la par de las divisas.

“No todos esos dólares son necesariamente para importar. Hay quien los acapara para salir de la moneda nacional acumulada que, en definitiva, mañana estará más devaluada. Cada dólar que compras es dinero asegurado, te sientes protegido detrás de una moneda que realmente sirve, lo mismo si te quedas aquí, que si decides emigrar la semana que viene. Lo único que no vale la pena acumular son pesos cubanos”, afirma categóricamente una joven que no quiso decir su nombre.

Ella y su hermano administran una mipyme. Teniendo en cuenta el estado de la economía cubana, opina que la mayor parte de esos dólares que ya rompieron la barrera de los 300 pesos, encontrarán su destino final allende los mares. Bajo la amenaza de mayores impuestos y controles para la iniciativa privada, los dueños de negocios tienen más prisa que nunca por sacar su dinero de Cuba. Si no pueden moverlo todo en un solo viaje, al menos aseguran su existencia en moneda fuerte dentro de la Isla, y bien lejos de los bancos.

“Ahí no hay pérdida. Está subiendo tanto que puedes comprar 1.000 [dólares] hoy para venderlos dentro de tres días y tendrás una ganancia de varios miles de pesos. Es una locura. Por donde lo mires funciona, y lo más importante es que, como van las cosas en este país, no sabes si mañana esta gente [el Gobierno] decida ponerlo todo en dólares”, razona la joven emprendedora que, como muchos de sus coetáneos, trabaja entre 12 y 14 horas diarias para reunir la mayor cantidad de dinero posible y emigrar.

“Mañana no sé qué pase. El futuro es incierto, pero tres cosas son seguras: los dirigentes estarán más gordos, los cubanos más pobres y el dólar más caro”, concluye mientras acomoda en un estante varias bolsas de leche en polvo que, por el momento, siguen costando 2.000 pesos por kilogramo.

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jueves, 8 de febrero de 2024

La Revolución nació diciendo una mentira.

Por Orlando Freire Santana.

Por estos días la propaganda castrista celebra el aniversario 65 de la denominada “Operación Verdad”, una maniobra de Fidel Castro para justificar los fusilamientos de los colaboradores del Batistato, llevados a cabo durante los días que siguieron a la caída de Fulgencio Batista. 

Según la citada propaganda, esa fue la primera batalla mediática que debieron librar los rebeldes de la Sierra Maestra contra la opinión pública internacional, que reaccionaba ante el baño de sangre que se estaba produciendo en Cuba. Sin embargo, no resulta ocioso recordar que el castrismo debió “defenderse” también, incluso antes de que se hiciera con el poder, contra la acusación de “comunista” que le hacían algunos observadores de aguda perspicacia.

En aquellos días de enero de 1959, Fidel Castro y sus secuaces negaban rotundamente su afiliación a la doctrina marxista-leninista. Y no le faltaban motivos para ello. Si hubiesen manifestado en aquellos momentos su malsana intención, probablemente no hubiesen podido bajar de las montañas orientales. Tanta era la animadversión de los cubanos hacia ese sistema político.   

La nación cubana, desde sus raíces, había abrazado la ideología liberal, tal y como lo muestran todas las constituciones que vieron la luz antes de 1959, lo mismo en la Colonia que en la República. Incluso, en las últimas elecciones democráticas que tuvieron lugar en nuestro país, las del año 1948, cuando las personas pudieron en un ambiente de libertad dar a conocer sus preferencias políticas, el electorado mostró su repudio por los candidatos comunistas. El binomio comunista conformado por Juan Marinello y Lázaro Peña ocupó el último lugar en la votación popular, por detrás de los auténticos, los liberales y los ortodoxos. Además, acciones del comunismo internacional, como la llevada a cabo por la Unión Soviética en 1956, cuando ametrallaron al indefenso pueblo húngaro que pedía libertad para su país, habían enturbiado aún más la imagen de los representantes de la hoz y el martillo. 

Y como la historia se ha encargado de demostrar, la Revolución Cubana mintió al negar sus simpatías por la ideología comunista. Es decir, que Fidel Castro y compañía, antes de enarbolar una supuesta verdad durante la “Operación Verdad” de 1959, ya había dicho una mentira al ocultar sus verdaderas preferencias ideológicas. 

Y los mentirosos de ahora, legítimos herederos de los mentirosos de antaño, vuelven a la carga en los días que corren. Se monta una “Nueva Operación Verdad”, en este caso para tratar de convencer a los cubanos de que el paquetazo económico no es tal, y que se trata solamente de corregir distorsiones que no perjudicarán a los más vulnerables. 

En ese contexto, el director del Centro “Fidel Castro Ruz”, René González Barrios, durante la presentación de la “Nueva Operación Verdad”, convocada por la agencia oficial Prensa Latina, se atrevió a extender el alcance de dicha operación a otros acontecimientos. Así se expresó el citado funcionario: “El mundo necesita hoy de muchas Operaciones Verdad. Urge la denuncia al genocidio israelí contra el pueblo palestino, y la denuncia de la peligrosa guerra de Estados Unidos y la OTAN contra Rusia”.

Comoquiera que un mentiroso no logra desprenderse fácilmente de semejante hábito, el representante del castrismo transforma la hipotética “Nueva Operación Verdad” en una auténtica falacia. En primer término, nada dice del ataque inicial de Hamás contra Israel, acción que provocó el actual conflicto. Y al final viene la versión falseada que el castrismo pretende imponer ―obviando dos resoluciones de la Asamblea General de la ONU que condenan a Rusia― acerca del conflicto entre Moscú y Kiev. 

Putin le ha dejado claro a Díaz-Canel que la guerra es la que Estados Unidos y la OTAN desarrollan contra Rusia, y nunca la agresión del Kremlin contra Ucrania. El gobernante cubano, por su parte, incorpora esa “aclaración” en su rimbombante “Nueva Operación Verdad”.    

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Mipymes en Cuba: propiedad privada y sumisión.

Por Alberto Méndez Castelló.

“El desastre cívico, moral, político y económico que vivimos los cubanos hoy, tiene su origen en el crimen de lesa humanidad cometido contra la nación cubana desde los años 30 del siglo pasado, influenciado por el comunismo internacional”, afirmamos en El comunismo en Cuba: apuntes de un crimen, recién publicado en este sitio.

Y la administración Biden se convertiría en cómplice de ese delito de lesa humanidad que ya por más de medio siglo sufre el pueblo cubano si, seducida por encantadores de una supuesta “empresa privada”, permite créditos bancarios estadounidenses al Estado cubano a través de las micro, pequeñas y medianas empresas (mipymes), sobre las que el régimen totalitario ha derivado concesiones en el comercio interno y de servicios con un doble propósito:

  • Eximir al Estado de la carga que significa una abultada plantilla dedicada al comercio interior, la prestación de servicios y la comercialización de bienes insuficientemente abastecidos por la llamada “empresa estatal socialista”, nómina ascendente a cientos de miles de trabajadores que, autofinanciándose, no dejan de permanecer bajo el control de la oficialista Central de Trabajadores de Cuba (CTC), o de la Asociación Nacional de Agricultores Pequeños (ANAP).
  • Camuflar las Mipymes que en realidad forman parte de la economía del Estado totalitario, como empresas “privadas”, para burlar el embargo de Estados Unidos, cuando sabido es que en realidad, muchos de estos negocios son arrendadores o usufructuarios de bienes del Estado, y absolutamente todos, pagan impuestos al régimen y acatan sus ordenes mediante un control y una dirección centralizados de la economía.

Criminales directos unos, encubridores del crimen otros y lerdos por conveniencias algunos; luego, por omisión, también conniventes de un delito de lesa humanidad contra la nación cubana resultan todos, cubanos y extranjeros, quienes como cabilderos o negociantes por estos días buscan créditos y fracturar el embargo estadounidense al régimen castrocomunista, afirmando que en Cuba existe propiedad privada, genuina, sin intervención del Estado totalitario.

Pero quienes por acción criminal o negligencia dolosa hacen esa afirmación aviesa, como agentes de influencia del régimen o por motivos de lucro, más que ideólogos comunistas o comerciantes, como personas, debían saber que, en realidad, son vendedores del alma de la nación cubana; y, por alma nacional, tanto los criminales y sus cómplices como los que miran a Cuba agonizar en silencio —que también es una forma de complicidad— debían entender que no hay derecho de propiedad cuando el derecho natural e imprescriptible de toda persona a la libertad, la propiedad privada, la seguridad ciudadana y el derecho de resistencia a la opresión, son intervenidos o criminalizados por el Estado.

Si la libertad consiste en poder hacer todo lo que no dañe a nuestros semejantes, la libertad de las personas no tiene otros límites que el daño ajeno, a lo ajeno, teniendo lo particular ese límite, que es una frontera para todos por igual, determinada por la ley, que debe ser expresión nacional, ciudadana, y no herramienta de coerción social, jurídica, económica y política de un mero partido monopolista, como es el Partido Comunista de Cuba (PCC), autoerigido “fuerza política dirigente superior de la sociedad y del Estado”, a cuyos comisarios, encabezados por el mismo Díaz-Canel, los vemos recorrer campos y ciudades, palabreros, pero bien sabemos que tras los discursos, los aplausos y las sonrisas, se enmascara la férula del Estado totalitario.

Y es la propia Constitución de 2019, que hizo promulgar el PCC asistido por una supuesta “sociedad civil”, la que no deja lugar a dudas y se distancia de la fingida propiedad privada que los cabilderos del régimen en Washington y los usufructuarios de las mipymes en Cuba, peyorativamente ya llamados por algunos “mipimeros”, defienden como una economía emergente, cuando no es tal, sino la “nueva creación” del PCC para mantenerse en el poder.

El artículo 18 de la Constitución dice: “En la República de Cuba rige un sistema de economía socialista basado en la propiedad de todo el pueblo sobre los medios fundamentales de producción como la forma de propiedad principal, y la dirección planificada de la economía, que tiene en cuenta, regula y controla el mercado en función de los intereses de la sociedad.”

Respecto a la dirección de la economía el artículo 19 de la propia Constitución afirma: “El Estado dirige, regula y controla la actividad económica conciliando los intereses nacionales, territoriales, colectivos e individuales en beneficio de la sociedad.” Y referente a las formas de propiedad, el artículo 22 se pronuncia claramente en su inciso d) cuando conceptúa que la propiedad privada en Cuba tiene “un papel complementario en la economía”.

Como bien sabemos, por la falta de alimentos, o el precio exorbitante de los artículos de primera necesidad tanto en las mipymes “privadas” como en las tiendas estatales en MLC, la carencia de viviendas, medicinas, bienes y servicios entre los que se encuentran las carreteras, calles, transporte y demás infraestructura pública, que el llamado constitucional dice “en beneficio de la sociedad”, es un sofisma, otro discurso del PCC, como no caben dudas del monopolio estatal, no sólo sobre la economía, sino sobre todo el quehacer humano en Cuba, donde para perpetuarse en el poder, el castrocomunismo expropió la empresa privada real, para hacer una empresa privada ficticia, valga decir, sumisa.

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Crisis habitacional en Cuba: Una realidad sistémica.

Por CubaNet.

La crisis de la vivienda en Cuba es más que un simple problema; es una realidad sistémica que permea la sociedad cubana, dijo y argumentó el arquitecto cubano y profesor de la Universidad de Miami, Rafael Fornés. En declaraciones a la revista informativa Martí Noticias AM, Fornés destacó la gravedad del problema y señaló que se habla poco al respecto en la Isla.

Una de las manifestaciones más evidentes de esta crisis son las llamadas “barbacoas“, una solución improvisada ante la escasez de viviendas. Fornés explica que las familias cubanas aprovechan los altos puntales de los edificios coloniales para crear nuevos espacios habitacionales. Esta práctica, aunque no exclusiva de Cuba, adquiere proporciones preocupantes en el país caribeño debido a la falta de soluciones técnicas y al riesgo estructural que conlleva.

El arquitecto recuerda el derrumbe del Hotel Pasaje en la década de los 80, atribuido en parte a la carga y el peso de las construcciones improvisadas. Las barbacoas, junto con la colocación de tanques de agua en azoteas, son ejemplos de cómo la crisis habitacional se manifiesta en la vida cotidiana de los cubanos.

La expansión de La Habana hacia adentro en las últimas seis décadas es otro síntoma preocupante. El especialista la describe como un fenómeno único en el mundo, una ciudad que ha retrocedido en su desarrollo, encapsulando a sus habitantes en un laberinto de barbacoas y azoteas convertidas en habitaciones.

Para Fornés, la crisis de la vivienda en Cuba es un proceso irreversible. Aunque se puedan restaurar y mejorar algunos edificios, la subdivisión y concentración habitacional en la capital son desafíos monumentales que perdurarán en el tiempo.

El acceso limitado a materiales de construcción y las restricciones del sistema político cubano son identificados por el arquitecto como las principales causas del problema. Sin la existencia de la propiedad privada y el libre mercado, la situación continuará siendo insoluble. Para él, la solución pasa por un cambio profundo en el sistema político cubano, donde la dictadura debe desaparecer para dar paso a nuevas formas de desarrollo y progreso.

Desde el exilio, Fornés y otros expertos han estudiado la situación durante décadas y tienen propuestas concretas para abordar la crisis habitacional en Cuba. Sin embargo, estas soluciones no pueden materializarse debido a las restricciones impuestas por el régimen. Mientras tanto, el pueblo cubano sigue enfrentando diariamente las dificultades de una realidad donde la vivienda digna es un privilegio cada vez más inalcanzable.

Crisis de vivienda en la Isla.

Como bien saben los cubanos, el régimen año tras año incumple el plan de vivienda propuesto. En el mes de octubre del recién finalizado 2023 solo se habían terminado en el país 13.300 inmuebles, para un 54 % del plan anual.

Por solo poner un ejemplo, la provincia de Guantánamo cerró el año 2023 con el 58% del total pronosticado. De acuerdo a datos oficiales, “fue imposible terminar a tiempo los 1.679 hogares previstos”. Localidades como Baracoa y Maisí apenas alcanzaron el 35% y 36% de cumplimiento de sus respectivos planes.

De acuerdo con la prensa oficialista, las principales causas de los incumplimientos recaen en los fuertes déficits de acero, cemento, componentes eléctricos, elementos de piso y cubiertas, dificultad que aún no encuentra la respuesta necesaria por parte de la industria (nacional y local) de materiales de la construcción.

La crisis de vivienda en Cuba viene aparejada a un daño aún peor, los derrumbes que, además de dejar sin hogar a cientos de personas, en muchas ocasiones tienen desenlaces fatales. Tal fue el caso del derrumbe ocurrido en octubre de 2023 en el edificio multifamiliar situado en la calle Lamparilla No. 362, entre Villegas y Aguacate, municipio La Habana Vieja. El desplome del inmueble provocó la muerte a tres personas, que quedaron sepultadas bajo los escombros.

Sin embargo, en medio de este panorama la infraestructura hotelera parece no verse afectada por la misma realidad que golpea al pueblo cubano. Aunque la ocupación turística en Cuba es baja y el sector aún no se recupera siquiera a los números prepandémicos, el gobierno sigue remodelando y construyendo hoteles.

En Sancti Spíritus, por ejemplo, de 390 millones de pesos que el Ministerio de la Construcción (MICONS) dedicó a la provincia en 2023, cerca de 227 millones fueron a parar al turismo, en especial a las obras del hotel Meliá Trinidad Península. La cifra representa aproximadamente un 60% del presupuesto territorial.

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El punto cero de la Revolución Cubana: su carácter socialista.

Por Colaborador desde Cuba.

El año 1960 representó dentro del proceso de la Revolución Cubana un parteaguas donde los diferentes grupos que componían su heterogénea estructura comenzaban a reclamar espacios para su participación y delinear el alcance del proyecto con la restauración de la Constitución de 1940 y la inserción en la vida democrática de todas las fuerzas políticas, los sectores empresariales y la sociedad en general.

En medio de ese panorama comienza por parte de un sector del liderazgo del Ejército Rebelde un proceso de radicalización que se ponía de manifiesto en cuatro direcciones: enfrentamiento con la política ―en ocasiones errónea― del Gobierno de Estados Unidos de América y la expropiación de sus intereses económicos en Cuba; proximidad con la élite de la militancia del Partido Socialista Popular; en el plano internacional un acercamiento a la URSS y los países de Europa del Este; a la vez que los sectores moderados del propio Movimiento 26 de Julio y la clase política republicana ―la “ortodoxia”, los “auténticos”, el segundo Frente Nacional del Escambray el comandante Eloy Gutiérrez Menoyo, que habían participado en la insurrección contra Fulgencio Batista― comienzan a ser marginados y desplazados de los círculos de poder. Este proceso, que fue denunciado por sectores diversos de la opinión pública nacional como la “infiltración comunista” estaba emitiendo señales claras del rumbo que tomaba la joven Revolución, y su alcance y grado de radicalización, encabezado por el núcleo duro y más activo del liderazgo del Ejército Rebelde: Fidel Castro Ruz, Ernesto Guevara de la Serna, Raúl Castro Ruz y un sector del Movimiento 26 de Julio que buscaba alianza con viejos cuadros del Partido Socialista Popular como Carlos Rafael Rodríguez, Aníbal Escalante, Joaquín Ordoqui y Lionel Soto para el trabajo político-ideológico, y la transición al socialismo de Estado (recuerden el folleto de Carlos Rafael Rodríguez “La clase obrera y la Revolución”).

El 16 de abril de 1961 en el entierro a las víctimas de los bombardeos a los diferentes aeropuertos militares del país, aprovechando el estado de conmoción de la población, Fidel Castro proclamó el carácter socialista de la Revolución Cubana y admitió que su propósito fue desde un principio hacer “una revolución socialista en las propias narices de los Estados Unidos de América”.

En 1961, que marca el año cero de la Revolución Cubana, se comienza a estructurar la transición al “socialismo de Estado” de tipo soviético, marxista-leninista, mediante varios procesos de centralización en lo económico, político y social, así como el desmantelamiento del Estado republicano y el sistema económico. Además, la Isla cae en el área de influencia soviética en medio de la Guerra Fría. Este proceso concluye con la institucionalización del Estado socialista en la carta magna de 1976, con su sistema de economía centralizada y estatal y con el liderazgo del Partido Comunista como fuerza fundamental y rectora de la sociedad. La experiencia del socialismo en Cuba desde el punto de vista estructural, con sus obvias diferencias, es una adecuación para el tercer mundo del “socialismo soviético”, con la sola excepción de su alto componente carismático por el liderazgo de Fidel Castro, concreción del poder diferencial al margen y por encima del Partido.

La Revolución Cubana se tipifica dentro de las turbias y violentas aguas del “socialismo de Estado” y los esquemas de dominación de la ideología “marxista-leninista”, y emprende la llamada construcción del socialismo con una economía altamente estatizada y de planificación central, partido único (el refundado Partido Comunista con los sectores radicales del Ejército Rebelde, el Movimiento 26 de Julio, la militancia estalinista del Partido Socialista Popular y algunos miembros del Directorio Estudiantil Revolucionario leales a la línea del castrismo desde los tiempos de la insurrección. 

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lunes, 5 de febrero de 2024

Los precios seguirán aumentando en Cuba.

Por Iván García.



Poco después de las cinco de la mañana, Ricardo, 46 años, apura un trago de café, guarda el uniforme de enfermero en una estropeada mochila y antes de cerrar la puerta de su casa, prende un cigarrillo. Cuando llega al puente que delimita el poblado del Calvario con el reparto Eléctrico, en el municipio Arroyo Naranjo, al sur de La Habana, camina hasta la autopista. Allí espera la ruta PC que lo lleva hasta su trabajo.

“Mi turno en el hospital comienza a las ocho, pero casi siempre llego tarde. Un tiempo atrás se podía coger una ‘botella’ (autostop). Ahora, por la escasez de combustible, el transporte se ha puesto muy difícil. En ir y venir al trabajo demoro cinco horas. A veces más”, dice Ricardo.

En esa zona de la capital existe una terminal de ómnibus urbanos donde funcionan tres rutas (P-6, P-7 y PC), que enlazan los suburbios del Calvario, Parcelación Moderna y Reparto Eléctrico con el centro de la ciudad.

Nelson, ex directivo de Metrobus, explica que “a partir de 2007 se comenzó a diseñar un plan maestro de transportación pública en La Habana. Se implementaron 16 rutas denominadas Principales y por eso las roturlaron con la letra P. Circulaban por las arterias más concurridas. Su frecuencia era de cinco a diez minutos en horas pico. Con un crédito chino se compraron ómnibus articulados Yutong con capacidad para trasladar 200 pasajeros. A Rusia se compraron ómnibus de la marca MAZ y a Bielorrusia de la marca Liaz. Se repararon y asfaltaron las avenidas habaneras más transitadas. El proyecto era que cada una de esas 16 rutas tuviera de 25 a 30 vehículos. Metrobus llegó a contar con una flota de 480 autobuses”.

“Ese esquema se complementaba con 600 guaguas convencionales, de menor capacidad, denominadas rutas Alimentadoras, rotuladas con la letra A, y eran las encargadas de transportar a las personas hacia los barrios interiores de la ciudad. El tercer eslabón del plan era diseñar diversas rutas de trenes suburbanos que se movieran en la periferia y zonas de playa. Lo ideal para una ciudad con más de dos millones de habitantes hubiera sido un metro subterráneo, que una vez estuvo entre los planes y fue desechado por su alto costo (un millón de dólares costaba construir cada kilómetro). Pero mantener una flota de 2,500 guaguas, como hubo en la capital hasta 1989, no garantiza un buen servicio y no es rentable por el alto consumo de combustible y piezas de repuesto”.

Según Nelson, “ese esquema de transporte público se complementaba con una supuesta flotilla de taxis estatales que nunca se puso en servicio además de los transportistas particulares. El proyecto se vino abajo cuando el gobierno le dejó de pagar los créditos a China. Luego arreció la crisis económica y la falta de divisas. El transporte urbano en estos momentos está en bancarrota”.

En una urbe como La Habana, diariamente, debieran circular entre 900 y mil ómnibus urbanos: solo así un millón de personas tendrían garantizada su movilidad. Yusniel, administrativo del paradero de ómnibus del municipio Playa, señala que “debido a la falta de combustible y la baja técnica de muchos vehículos, están rodando menos de 200 guaguas al día. Hay rutas que hacen solo un viaje o ninguno”.

Samanta, estudiante universitaria, considera que el transporte en Cuba es un dolor de cabeza. «Un viaje que en condiciones normales demoraría demorar veinte o treinta minutos, demoras cuatro horas. De lunes a viernes tengo que a la CUJAE (la otrora Ciudad Universitaria José Antonio Echeverría hoy se denomina Universidad Tecnológica), situada en Marianao, y el viaje es un suplicio. Además de la demora y de las broncas en la cola, dentro de la guagua tienes que lidiar con carteristas y ‘jamoneros’ (acosadores). La otra forma de ir a la escuela es cogiendo un taxi particular. Pero ya subieron el pasaje a 200 pesos. Estoy a punto de dejar los estudios”.

Leonel, empleado bancario, vive en Alamar y trabaja lejos, en El Cerro y dice que no va a ‘coger lucha’ (preocuparse). «No voy a gastar ni un peso en tomar un almendrón (taxi colectivo), pues mi salario es de 4 mil pesos mensuales y si pago 400 pesos diarios en taxis para ir al trabajo y regresar a la casa de lunes a viernes, gastaría 2 mil pesos semanales, 8 mil pesos al mes, el doble del salario que gano. La cuenta no da”.

Lourdes, maestra de primaria, culpa al régimen por la pésima gestión del transporte urbano y de todos los servicios públicos. «Aunque al gobierno le duela y por decirlo te acusen de ‘contrarrevolucionaria’, Cuba es un Estado fallido. Nada funciona. Si quieres comer más o menos bien, cada mes necesitarías el equivalente a veinte salarios promedios (2,500 pesos), unos 75 mil pesos, cantidad de la cual muy pocos pueden disponer. Todavía no ha arrancado el paquetazo económico y ya los precios han subido. El dólar se está cotizando a 280, una caja de pollo cuesta de 10 a 12 mil pesos y por un viaje en un almendrón desde La Palma hasta el Parque de la Fraternidad te cobran 200 o 300 pesos. Es una locura”.

Junior, taxista, alega que “la prensa oficial no cuenta las colas de varios días que debo hacer para comprar combustible. Y solo te venden veinte litros. El resto tienes que jinetearlo por la izquierda y te piden 600 o 700 pesos por un litro de combustible. El gobierno nos cae a cuentos y mentiras. La realidad es, que aunque no han comenzado aplicar los nuevos precios, es imposible comprar combustible en Cuba. Tienes que pagar dos mil pesos o más para conseguir un turno en la gasolinera. Y eso no te garantiza que puedas comprar”.

“De seguir así las cosas, el combustible solo lo podrán comprar los que tengan dólares o el equivalente a 290 pesos, el valor actual en el mercado negro de divisas. Y todavía no hemos visto lo peor de esta historia. Dentro de dos meses, de seguir el gobierno con su intransigencia, el dólar se venderá a 300 pesos y una carrera de taxi costará lo mismo. Cada vez que los pasajeros se quejan del precio, les digo que vayan a protestar al Comité Central. Ellos (el régimen) son los que han generado este caos”, asevera Junior.

Cuando se comiencen a aplicar las nuevas tarifas en la venta de combustible, por efecto dominó, la inflación se va a disparar. Al igual que el costo de la vida. Muchos se preguntan cuándo tocará fondo la longeva crisis económica que viven los cubanos.

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miércoles, 24 de enero de 2024

Nueva Operación Verdad: otro derroche en propaganda y mentiras.

Por Luis Cino.

Los mandamases de la continuidad castrista están siempre prestos a derrochar en congresos buenos para nada, conferencias propagandísticas y otras payasadas, el dinero y los recursos que escatiman para alimentos y medicinas para el pueblo. Ahora volvieron a hacer de las suyas con la "Nueva Operación Verdad", un foro internacional de periodistas para conmemorar los 65 años de la "Operación Verdad", nombre dado por Fidel Castro a la campaña de prensa que organizó en enero  de 1959 para intentar contrarrestar el escándalo internacional provocado por los fusilamientos de cientos de militares y policías del  régimen de Batista.

En el foro, que se efectuó en La Habana los días 21 y 22 de enero, y al que asistió el gobernante Miguel Díaz-Canel, participaron  65 periodistas -más bien propagandistas y panfleteros incondicionales del castrismo- de 30 países. En su discurso, el mandatario calificó la "Operación Verdad" como “un episodio realmente deslumbrante de la Revolución Cubana”. 

Varias fuentes estiman que solo entre enero y abril de 1959 fueron fusilados 550 prisioneros. Acusados de crímenes de lesa humanidad, se les juzgó sumarísimamente sin la posibilidad de una defensa justa; en muchos casos, con insuficientes pruebas  incriminatorias.

En el juicio público efectuado en la Ciudad Deportiva, que fue televisado y en el que apenas le permitieron hablar, el coronel Sosa Blanco, acusado de crímenes de guerra durante la lucha contra la insurgencia, preguntó: “¿Qué es esto, el circo romano?”

Para llevar a cabo aquel baño de sangre, reminiscente del terror jacobino, en un país cuya legislación no contemplaba la pena de muerte, el régimen revolucionario fomentó un estado de histeria vengativa contra los represores del régimen derrocado (recordemos la exagerada cifra de “los 20.000 muertos de la tiranía”, inventada por el periodista Enrique de la Osa y Francisco Quevedo, el director de la revista Bohemia).

Mientras multitudes frenéticas gritaban "¡paredón!", los pelotones  fusilaban a diestra y siniestra. Primero cayeron los criminales de guerra y los torturadores. Luego, fueron por cualquier militar, policía o funcionario del régimen de Batista que se les antojara. Bastaba que fuera incluido en la lista negra de la Comisión Depuradora.

No tardarían en empezar a fusilar a cualquiera que se opusiera al régimen. Incluso a los que habían participado en la insurrección contra Batista. Tales fueron los casos de los comandantes Jesús Carreras y William Morgan, del Segundo Frente del Escambray, y de Humberto Sorí Marín, que había sido uno de los creadores de los llamados Tribunales Revolucionarios.

Para justificar sus argumentos, Fidel Castro, que se pintaba como víctima de una conjura internacional -no dijo “mediática” porque aún no se empleaba ese término- lanzó la "Operación Verdad", para la que recabó el concurso de 400 periodistas, entre ellos algunas de las mejores plumas del periodismo nacional y latinoamericano. Con ellos, agasajándolos y pagándoles bien, conformaría unos meses después la agencia Prensa Latina, que resultaría un arma de la propaganda castrista en Latinoamérica. 

A propósito, Gabriel García Márquez fue uno de los periodistas invitados por el régimen castrista para participar en la "Operación Verdad" en enero de 1959 y posteriormente integrarse a Prensa Latina. Pero García Márquez y su compatriota Plinio Apuleyo, que lo acompañó, quedaron muy desfavorablemente impresionados cuando presenciaron el juicio al coronel Sosa Blanco y tuvieron que concederle la razón al acusado cuando comparó aquel juicio con el circo romano.

Cuando la esposa de Sosa Blanco, llevando a sus mellizas de doce años, acudió al hotel Riviera, donde se alojaban los dos periodistas colombianos, para pedirles que firmaran la carta donde pedía conmutaran la pena de muerte de su esposo, García Márquez y Plinio Apuleyo no dudaron en dar sus firmas, aunque sabían que la carta sería infructuosa.

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lunes, 22 de enero de 2024

Héroes y antihéroes en el imaginario comunista.

Por Luis Cino.

En la literatura soviética abundaron los héroes con virtudes suprahumanas, como el Pavel Korchaguin de "Así se forjó el acero", de Nikolai Ostrovski, y Alexei Maresiev, el piloto sin piernas protagonista de la novela "Un hombre de verdad", de Boris Polevoi.

En Cuba, en los primeros años de la década de 1960, el régimen castrista, como parte de su luna de miel con el Kremlin,  promovió la lectura de esos dos libros y otros muchos más del realismo socialista soviético que querían fueran imprescindibles en las mochilas, lo mismo de los milicianos movilizados para cavar trincheras que de los que iban movilizados a cortar caña.

Los mandamases aspiraban a que los cubanos tomáramos ejemplo de aquellos héroes comunistas de los libros soviéticos, nos desembarazáramos del individualismo y “los rezagos del pasado burgués” y lo diéramos todo en la construcción de la nueva sociedad. Para ese propósito adoctrinador, los héroes soviéticos, demasiado distantes de nuestra idiosincrasia, fueron complementados por otros de fabricación nacional. Algunos, exagerando sus hechos, fueron tomados de la realidad, como Eduardo García, el miliciano que según afirmaban, moribundo, escribió “Fidel” con su sangre en una pared; Alberto Delgado, el chivato del Escambray al que dedicaron la película "El hombre de Maisinicú"; y sobre todo, Che Guevara, la muy idealizada apoteosis del superhombre castrocomunista.

Otros fueron sacados de la ficción, como los protagonistas de las novelas de Manuel Cofiño y de los autores de tramas policíacas para los concursos literarios auspiciados por el MININT; o los personajes de series televisivas sobre infiltrados del G-2, como "Julito, el pescador" y "En silencio ha tenido que ser".

Pero entre los héroes de ficción castristas hubo algunos que alejados del realismo socialista,  demasiado de carne y hueso,  disgustaron y encolerizaron a los mandamases y sus comisarios. Fue el caso de los milicianos de "Condenados de Condado", de Norberto Fuentes, o de Eduardo Heras León en "Pasos sobre la hierba" y "La guerra tuvo seis nombres"; o Carlos Pérez Cifredo, el protagonista de "Las iniciales de la tierra", de Jesús Díaz, un idealista convertido en dogmático, a pesar de sus dudas y contradicciones, que evoca su vida frente a la planilla cuéntamelo-todo para el proceso de ingreso en el Partido Comunista.

Pérez Cifredo, junto al intelectual burgués dubitativo frente a la revolución de "Memorias del subdesarrollo", de Edmundo Desnoes; Mario Conde, el desmerengado policía de las novelas de Leonardo Padura; Diego, el gay de Fresa y Chocolate; y otros personajes de Senel Paz, y de autores como Ena Lucía Portela y Wendy Guerra vienen a ser los antihéroes que parió la frustración y el desencanto (y conste que no voy a referirme a escritores exiliados o abiertamente opositores y excluidos en Cuba).

En casi toda la literatura del mundo comunista, pese a la censura, hubo esos antihéroes. Ahí están el cosaco Grigori Melejov, de "El Don Apacible", de Mijail Sholojov, y los personajes salidos de la pluma de Mijail Bulgakov, Alexander Solzhenitsyn, Vasili Grossman y Milán Kundera.

A casi todos esos escritores, incluso a los prohibidos -particularmente a esos- nos arreglamos para leerlos en Cuba. Pero, desafortunadamente, nos perdimos a Andrei Platonov. Particularmente, su novela satírica "Chevengur" y a sus protagonistas, Sasha Dvanov y Stepan Kopionkin, que vendrían a ser los ridículos equivalentes soviéticos de Don Quijote y Sancho Panza.           

Chevengur fue prohibida por Stalin en 1927 y no pudo ser publicada en la Unión Soviética hasta 1988. Pero fue subvalorada y tardó en reconocerse su valía. En Cuba, muy pocos han podido leerla. Ojalá Sasha y Kopionkin sean más conocidos entre nosotros e inspiren personajes que satiricen al castrismo y su continuidad inmovilista, porque ridículo es lo que tiene de sobra.

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sábado, 20 de enero de 2024

Economía cubana, 2024: Del fracasado «ordenamiento» a la nueva «resistencia creativa».

Por Katia Monteagudo.

MIPYMES en Cuba.

Este 2024 no comenzó con las mejores noticias para los menguados bolsillos de los cubanos. El gobierno de Miguel Díaz-Canel reconoció en diciembre el evidente fiasco de la Tarea Ordenamiento Monetario (TOM) e informó sobre una nueva estrategia para «impulsar la recuperación económica del país» que incluye aumentos en los precios de combustibles, electricidad, transporte público, así como la eliminación de subvenciones a la canasta básica familiar y la aplicación de algunos impuestos a servicios básicos.

En el Segundo Período Ordinario de Sesiones de la Asamblea Nacional de Poder Popular  (ANPP), el primer ministro cubano, Manuel Marrero Cruz, se encargó de dar a conocer el «paquetazo» con que se pretende paliar la crisis económica; unos días antes la prensa oficialista se había referido al fracaso de la TOM y al inevitable reacomodo en los «Lineamientos de la Política Económica y Social y el Plan Nacional de Desarrollo Económico y Social hasta 2030». Según lo expresado durante el VII Pleno del Comité Central del Partido Comunista de Cuba (PCC), el objetivo es, una vez más, «avanzar en la implementación de un programa de estabilización macroeconómica, que establezca un entorno monetario, cambiario, financiero y fiscal para impulsar la recuperación y el crecimiento de la economía, la convertibilidad y funciones de la moneda nacional y la reducción de la inflación».

Tras su intervención ante los parlamentarios cubanos, el primer ministro tuiteó: «Como parte de las proyecciones de trabajo del Gobierno para 2024, aplicaremos un grupo de medidas para dinamizar la economía de nuestro país, las cuales serán explicadas con mayor profundidad a la población en los próximos días, previo a su implementación». 

Medios y redes sociales oficialistas han difundido la nueva propuesta económica luego de que en 2023 -tal como debió admitir el ministro de Economía y Planificación, Alejandro Gil Fernández- se incumpliera nuevamente el crecimiento anual proyectado (tres por ciento) del Producto Interno Bruto (PIB).

El paquete de medidas presentado por Marrero Cruz plantea para este 2024:  

  • Incrementar precios mayoristas y minoristas de los combustibles, teniendo como referencia el precio en dólares de la región y aplicando la tasa de cambio del mercado cambiario oficial.
  • Habilitación para turistas y visitantes internacionales de una red de servicentros para la captación de divisas frescas, bajo la premisa de evitar efectos negativos en la población.
  • Incrementos en un 25 por ciento de la tarifa eléctrica para los consumidores del sector residencial, a partir de los 500 kilowatt/hora (kWh), como mecanismo de contención de la demanda.
  • Incremento de la tarifa por el consumo de agua no metrada, de siete CUP a 21- 24 CUP, para estimular el ahorro.
  • Descentralizar a los gobiernos territoriales la facultad de los precios mayoristas y minoristas de los productos de la Medicina Natural y Tradicional de elaboración local, dispensarial e industrial.
  • Incremento de los precios de cigarros y tabacos.
  • Modificar los precios del gas licuado, incrementando el precio minorista del cilindro de 10 kg de 100 a 225 CUP, y de 810 a mil 014 CUP el de 45 kg.
  • Aplicar nuevas tarifas en el servicio de transportación de pasajeros.
  • Prorrogar las exenciones arancelarias a la importación de alimentos y aseo por personas naturales.
  • Actualizar los valores de referencia de las viviendas y aplicar impuestos asociados a los componentes de estos bienes en el proceso de compra-venta entre personas naturales.
  • Perfeccionamiento de la gestión de la Administración Tributaria.

Marrero Cruz habló también sobre la eliminación de subvenciones a la canasta básica y sobre cambios en la tarifa oficial de divisas en Cuba, aunque no precisó cifras.

A raíz de las críticas aparecidas en la esfera pública respecto a los probables efectos de este plan sobre la vida de los cubanos, el presidente Díaz-Canel se apresuró a comentar en su cuenta oficial de X: «nada, absolutamente nada de lo que hacemos es para afectar al pueblo. Nuestra principal tarea es la recuperación económica. Las medidas anunciadas […] darán un salto necesario en la economía. Haremos más Revolución y más Socialismo». 

Descarga de arroz importado por el puerto de Cienfuegos

Descarga de arroz importado por el puerto de Cienfuegos / Foto X/ MITRANS

Asimismo, en el discurso de clausura del Segundo Período Ordinario de Sesiones de la ANPP, el gobernante volvió a pedir a los cubanos que resistieran con «trabajo y creatividad».

«Con la solidaridad y la comprensión de una parte significativa de la comunidad internacional, Cuba enfrenta los impactos del bloqueo recrudecido», dijo también el primer secretario del PCC, quien no perdió esta nueva oportunidad para repetir una lista de responsables de la crisis isleña que, por supuesto, no incluye su propia gestión: a saber, el embargo de Estados Unidos, el coronavirus y el influjo de los avatares económicos mundiales… «Hoy nos corresponde enfrentar la concurrencia a estas problemáticas con las secuelas de la pandemia y la crisis global. Lo haremos con decisión y firmeza, con inteligencia e integralidad, con optimismo y confianza, compartiendo esfuerzos y aportes entre todos en medio de un contexto adverso, pero seguro de que vamos a superar los desafíos con trabajo, talento y creatividad, o sea, con resistencia creativa», pontificó ante los legisladores cubanos.

Lo que dejó el 2023.

Alejandro Gil Fernández, ministro de Economía y Planificación, señaló ante la Comisión de Asuntos Económicos de la ANPP que, dadas las limitaciones en la disponibilidad de divisas y de combustibles, no se alcanzaría en 2023 el crecimiento proyectado del PIB a precios constantes (tres por ciento).

De hecho, reconoció que, según el comportamiento mostrado en los últimos trimestres de 2023, la economía cubana iba a cerrar el año con una contracción de entre uno y dos por ciento. Y, bueno, achacó tal decrecimiento al «recrudecimiento del bloqueo, la crisis multidimensional a nivel global, la insuficiente generación de ingresos en divisas y los desequilibrios macroeconómicos».

En su intervención, el funcionario detalló que no se cumplió el plan de exportaciones, que alcanzaron apenas los nueve mil 070 millones de dólares, con un incumplimiento de 770 millones de dólares. Mientras, en el sector turístico, tampoco arribó al país la cantidad de visitantes internacionales prevista (3.5 millones); o sea, se recibieron solo dos millones 450 mil visitantes (31 por ciento de por debajo). Esta cifra representa un incremento del 151 por ciento con respecto a 2022, pero de cualquier manera es 42.8 por ciento inferior a la de 2019, el año previo a la pandemia de COVID-19, según los últimos datos de la Oficina Nacional de Estadística e Información (ONEI).

De acuerdo con el ministro cubano, la falta de insumos y de combustibles afectó las producciones nacionales para el consumo interno y para la exportación, sobre todo en las empresas estatales, que aún cargan el mayor peso de la economía cubana.

Tampoco se alcanzaron los niveles planificados de producción alimentaria. En renglones como las viandas, el maíz, la carne de cerdo, la leche y los huevos, se decreció en comparación con el año precedente -aunque Gil Fernández no aportó cifras al respecto.

El ministro notificó asimismo que la inflación al cierre de 2023 sería un 30 por ciento más elevada, y admitió lo obvio: que ello sigue afectando la capacidad de compra de aquellos que tienen como principal ingreso sus salarios laborales. 

En cualquier caso, apuntó como causas de la inflación el incremento de los precios internacionales, el déficit de la fuerza de trabajo, la contracción de las ofertas, el déficit de presupuesto, la especulación con los precios -sobre todo, en el sector no estatal-, y la inefectividad de las medidas adoptadas para el control de los precios.

Las proyecciones oficiales del 2024.

Según lo que trascendió de la intervención de Gil Fernández ante la Comisión de Asuntos Económicos de la ANPP, el gobierno cubano sigue apostando, lógicamente, por lograr más ingresos en divisas y, para ello, incentivar la producción nacional de bienes y servicios exportables; por otra parte, debería sustituir importaciones y, en particular, reducir la importación de alimentos.

Para 2024, se prevé un crecimiento del PIB, a precios constantes, en torno a dos por ciento. Por tanto, se proyecta también una recuperación del turismo; de hecho, las autoridades aspiran a que se supere la barrera de los tres millones de visitantes internacionales.

Las autoridades estiman que la participación en el PIB de las formas de gestión no estatales se ubique entre 16 y 18 por ciento, con impacto señalado en la circulación mercantil minorista, el transporte de pasajeros y la actividad constructiva.

Finalmente, de acuerdo con las proyecciones de Gil Fernández, se esperan avances en la implementación del anunciado Programa de Estabilización Macroeconómica, en el desarrollo del sistema empresarial de la isla, y en la integración de todos los actores económicos. Así también, según trascendió, en el perfeccionamiento de los mecanismos de protección social.

Puerto de Santiago de Cuba.

Tras el desfile de los ministros .

A fines de diciembre, el propio Gil Fernández y el ministro de Finanzas y Precios, Vladimir Regueiro Ale, fueron los primeros en presentarse en el programa televisivo Mesa Redonda para desmenuzar «los fundamentos y el carácter específico de las decisiones del Gobierno para corregir las distorsiones principales de la economía cubana y reimpulsarla en 2024». 

El ministro de Economía afirmó que la canasta básica constituía «una distorsión que tenemos que corregir», y arguyó que «esa pretensión de mantener un nivel de aseguramiento de productos a precios muy subsidiados en la actualidad, realmente, cuando usted lo revisa por dentro, no es una distribución equitativa. Sobre todo, por el altísimo costo que tiene para el país mantener la canasta familiar normada, cuya importación cuesta más de mil 600 millones de dólares, 700 millones más que en el 2019, por el incremento de los precios en el mercado internacional».

Alejandro Gil Fernández, viceprimer ministro y ministro cubano de Economía y Planificación Y Foto: Roberto Garaicoa / ‘Cubadebate’

Alejandro Gil Fernández, viceprimer ministro y ministro cubano de Economía y Planificación.

Gil Fernández agregó que se está evaluando hasta qué punto es factible «mantener un nivel de asignación en la entrega de productos con los mismos precios subsidiados […], cuando no todos están en la misma situación de solvencia económica».

Según el titular de Economía, se trabaja «en cálculos, para mover algunos precios y que los subsidios se trasladen a las personas que están en situación de vulnerabilidad y no sean de carácter masivo a todos los productos que se entregan por la canasta familiar normada». 

Por otro lado, dijo que no se subsidiarán los precios del combustible, y justificó el alza de hasta un 500 por ciento, a partir de febrero, aduciendo que no se puede vender «más barato de lo que costó» porque entonces, apuntó, «¿cómo se compra el barco que viene atrás?».

De acuerdo con Gil Fernández, la nueva estrategia económica del país busca «aumentar el papel del Estado como ente regulador en la economía, de intervenir en el mercado cambiario». En tal sentido, insistió: «No estamos hablando de más privatización. Estamos hablando de fortalecer la empresa estatal socialista, establecer mecanismos para la regulación de precios y evitar que la competencia se imponga como mecanismo principal para la asignación de recursos en la economía». 

En tanto, el ministro Regueiro Ale aseguró en televisión que actualmente se revisan todas las exenciones y las bonificaciones fiscales concedidas para todos los actores estatales o no estatales, porque, dijo, «es necesario evaluar cuál ha sido el real efecto que han tenido, y si su comportamiento se corresponde con el objetivo de incentivo, de crecimiento económico, de generar mayores servicios y niveles productivos, según el sector de la economía para el cual opera este tipo de incentivos».

Otro ministro que asistió al programa de la televisión oficial fue el de Energía y Minas, Vicente de la O Levy, quien centró su comparecencia en el incremento del 25 por ciento en la factura eléctrica de aquellos clientes que consumen más de 500 kWh; una medida que estaría «destinada al ahorro».

La subida del precio de la electricidad para los llamados «grandes consumidores» entrará en vigor el 1 de marzo de 2024 (a pagar en abril) y afectaría a un 2.7 por ciento de los consumidores cubanos, según el funcionario. Un consumidor que gaste 600 kWh al mes, con los precios actuales, tiene que pagar dos mil 451 pesos. Con la nueva tarifa, la factura subiría hasta dos mil 681 pesos. Es decir, el incremento del 25 por ciento del precio se aplica a cada kWh por encima de 500 KWh. 

En otra emisión reciente de la Mesa Redonda, el ministro de Transporte, Eduardo Rodríguez Dávila, informó sobre los incrementos de precios que supone el fin de «los subsidios» del Estado al transporte público en la isla.

En ómnibus y aviones, el aumento roza el 300 por ciento, mientras que en el caso de los trenes llega al 700 por ciento. Mientras, los precios del catamarán y el ferry de Batabanó a Nueva Gerona, en Isla de la Juventud, se igualarán en 200 pesos.

Rodríguez Dávila dijo que también habrá aumentos, a partir del 1 de febrero, en los precios del transporte rutero en La Habana, y en el privado en toda la isla.


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jueves, 4 de enero de 2024

“Corregir distorsiones”, una vez más la “ofensiva revolucionaria.”

Por Ernesto Pérez Chang.

El régimen cubano inició el 2024 con una "nueva" ofensiva.

Desde regular por decreto el precio del pollo en las mipymes, eliminar exenciones de impuestos, hasta intervenir el mercado cambiario informal (donde único se encuentran los dólares que usan los dueños de negocios para importar sus productos) son algunas de las “nuevas medidas” anunciadas por el régimen cubano para asfixiar al “sector privado”, es decir, para intentar “corregir distorsiones” que, según ellos, no estaban en el “diseño original” del paquetazo del otrora “genial” Marino Murillo.

Una vez más hacen la misma jugada tramposa del “cambio de reglas” y una vez más los mismos “inocentes” de toda la vida reaccionan como si de verdad los tomaran por sorpresa, a pesar de que muchísimo antes de “ordenamientos” y “reordenamientos” ya la memoria popular (que no olvida la “rectificación de errores” ni lo ocurrido con el “mercado libre campesino”) prevenía del zarpazo (otro más) a la iniciativa privada porque de eso se trata desde enero de 1959.

Los nexos del régimen comunista con el llamado “sector privado” jamás han sido otros que no sea esa tóxica relación de interés-ambición-odio donde el “amor” apenas es la etiqueta publicitaria de un puente (como el de Carlos Lazo) por donde no esperan a que llegue otra cosa que no sea el “odioso” dólar que tanto aman.

Las expropiaciones de los primeros años de Fidel Castro en el poder han sido una constante que, de acuerdo con la época, adquirieron la máscara que más apropiada le fuera, y así lo que no llegó a ser arrebatado con la violencia de la llamada “ofensiva revolucionaria” luego pereció bajo cualquier otro pretexto en forma de ley o decreto, incluso de “voluntad popular”, sobre todo cuando de cierto modo el pacto político se rompía, distorsionaba o expiraba.

En los planes del régimen lo individual, lo privado, apenas existe solo si lo beneficia en sus propósitos. Y se le tolera estar por encima de leyes y decretos hasta tanto ese “libertinaje” no se les transforme en un problema, como sucedió en su momento con el “amigo” chileno Max Marambio que, por cierto, fue quizás el caso más mediatizado de un “empresario extranjero corrupto” en Cuba pero no el único “explote”, en una “coyuntura” donde, como en la de ahora, alguien necesitó de apropiarse la fortuna acumulada. 

Hasta ahí, donde rindió su utilidad, llegó la “suerte” del chileno; así como ha pasado con todo el que no escucha las palabras “coyuntural”, “provisional”, siempre solapadas en los discursos donde se empieza hablando de cambios, de aperturas, pero que siempre cierran con frases donde dejan claro que son más de lo mismo. 

A cualquier negociante medianamente hábil le bastaría con escucharles repetir que son “continuidad” para comprender que ninguna empresa ni emprendimiento privado será próspero ni sostenible en la Isla, a no ser que primero firme un pacto de complicidad política con el régimen. 

Un pacto donde siempre estará dispuesto a perderlo todo cuando el zapato le apriete a su contraparte, cuyo pie, quizás por el ejercicio de aplastar, nunca deja de crecer. De modo que todas esas “estrellas” del nuevo empresariado de hoy serán mañana debidamente “catapultadas” (ya sea con c o con k) al basurero cuando la “Revolución” lo necesite. 

Los comunistas si en algo han demostrado ser muy hábiles es en arrebatar -además de dineros ajenos- los cariños y afectos a los tontos útiles, y si no que le pregunten a Edmundo García y quizás, no sé, a Víctor Manuel Rocha, al que también, al parecer, le dieron su misión en eso de jugar a ser “empresario”.

Pero, volviendo a lo que está por acontecer, durante la fiebre de inscripciones de mipymes era evidente que la masividad y permisibilidad no eran más que el caos “diseñado” para esconder lechugas entre coles. Hubo más de una advertencia, más de una señal. La lista de aprobados y “facilidades” crecían solo para sonsacar a los indecisos, los recelosos. Para que abrieran sus billeteras pero, además, para desviar la atención hacia el enorme edificio que crecía por día y no en la calidad de gente que lo habitaba.

Indaguemos con paciencia en ese “caos” y sin dudas encontraremos esa “disciplina” de quienes solo acatan órdenes de “arriba” y verifiquemos si es verdad y no simple rumor que al menos una decena de clubes y centros nocturnos en La Habana están o estarán pronto siendo administrados por militares y exmilitares, hoy transformados en “mipymeros”, a los que apenas les cobran menos de 100 dólares de impuestos al mes, mientras a otros “pobres tipos” los tienen “sofocados” a golpe de impuestos, multas y controles fiscales, como para que cuelguen rápido el cartel de “cerrado hasta nuevo aviso”.

Ahora está clara la jugada y la inversión de los “ingenuos” de siempre está en peligro, de ahí que las primeras reacciones de algunos “mipymeros” es reconocer que han caído en una trampa, por lo que se apresuran a vender o a cerrar, porque saben lo que les esperará en este 2024, que será mucho peor para los que todavía tienen contenedores de mercancías en camino, cargas que para algunos será mejor abandonar porque no habrá modo de recuperar lo que invirtieron.

“Agárrate de la brocha que nos llevamos la escalera”, así han publicado algunos en redes sociales descubriendo, demasiado tarde, lo que les espera. Porque ahora, en 2024, los comunistas ya no están rectificando, ordenando ni “reordenando el ordenamiento”. Ahora están “corrigiendo distorsiones”, una construcción de lenguaje que obligatoriamente nos hace pensar en “castigo”.  

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El Subcomandante Marcos, un mito olvidado de la izquierda.

Por Luis Cino.

Hace 30 años, por estos días de enero, acaparaba la atención mundial la insurrección indígena en Chiapas, al sur de México, que se había iniciado en las primeras horas de la madrugada de 1994 con la toma de San Cristóbal de las Casas.

Un hombre enmascarado con un pasamontañas, que se identificaba como Subcomandante Marcos, era el líder de la guerrilla que se hacía llamar Ejército Zapatista de Liberación Nacional y desafiaba al Estado mexicano al reivindicar la autonomía y los derechos de los indígenas.

El Subcomandante Marcos, al que posteriormente las autoridades mexicanas identificaron como Rafael Sebastián Guillén, un cincuentón exprofesor de filosofía de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), se convirtió en una celebridad mundial, y sobre todo, en un ídolo de la izquierda más truculenta.

Fue todo un éxito del marketing izquierdista. Menos dado al tableteo de ametralladoras y a la formación de combatientes que fueran frías máquinas de matar, con un sustento ideológico más elaborado y encima de todo poético -¿se imaginan ligar a Mao, Gramsci, Althuser y el Popol Vuh?- y tremenda parafernalia mediática, el Subcomandante Marcos pudo en estos tiempos posmodernos sustituir cómodamente al Che Guevara si la izquierda radical latinoamericana no fuese tan obtusa, maniática, mitómana y rutinaria.

Durante años, el Subcomandante Marcos sedujo a muchos intelectuales de izquierda, entre ellos al escritor español Manuel Vázquez Montalbán.

El Subcomandante, que no podía desligar a Vázquez Montalbán de su personaje, el detective Pepe Carvalho, en diciembre de 1997, desde su campamento en la selva de Chiapas, Marcos le escribió una carta confesándole su admiración y también quejándose del tormento que ocasionaba a su estómago guerrillero la descripción de las pantagruélicas comidas de Carvalho.

Unos meses después, el escritor catalán viajó a la jungla chiapaneca para llevar al Subcomandante, además de su espaldarazo mediático, cuatro kilogramos de chorizos de Guijuelos, varios turrones y un ejemplar de Y Dios entró en La Habana, un libro de más de 700 páginas que fue el aporte de Vázquez Montalbán a la mitología de Fidel Castro y su revolución.

El Subcomandante, intelectualmente más dotado, muchísimo más original y con un funcionamiento mediático que, más de tres décadas después del primero de enero de 1959, había superado al de Fidel Castro, no le interesaba mucho tomar ejemplo del cubano. Lo más probable es que luego de leerse el libraco, cuando se cansó de cargar tan pesada impedimenta en su mochila, haya terminado limpiándose su culo guerrillero con las páginas, y lamentando que su amigo barcelonés no hubiese escrito un libro de esa extensión sobre él.

Tampoco le dedicaron un libro Gabriel García Márquez o Carlos Monsiváis, los únicos escritores capaces del empeño de hacer “un libro decente sobre la revolución”, según Marcos (Paco Ignacio Taibo II le quedó corto). Y entonces, como lo que escribió él mismo no le satisfizo, el Subcomandante Marcos, que ansía, como en aquella canción, “que no lo olviden, ni siquiera un momento”, decidió reinventarse.

En 2014, cuando ya el mundo empezaba a aburrirse del ideólogo y líder del Ejército Zapatista de Liberación, tanta era la costumbre de saberlo más virtual que otra cosa en la Selva Lacandona, con su pipa, su pasamontaña y su gorra verde oliva, anunció que ya no habría Subcomandante Marcos, sino Subcomandante Galeano. Lo de Galeano, aclaró, no por el escritor uruguayo, que tampoco le dedicó un libro, sino -como también lo fue el nombre de Marcos- por un zapatista muerto que tenía ese apellido o lo usaba como nombre de guerra (según el Subcomandante, “los zapatistas, aunque mueran, siguen en la lucha”).

Desde hace diez años, al frente del Ejército Zapatista de Liberación Nacional -que ya no es beligerante y es más amenazado por los carteles de la droga y los traficantes de inmigrantes que por el Estado mexicano- está el Subcomandante Moisés.

En octubre de 2023, el ex-Marcos, ya sexagenario y de quien se rumora desde hace años que está terminalmente enfermo, anunció: “Murió el Subcomandante Galeano. Murió como vivió: infeliz”. Dijo que ahora volverá a ser Marcos y se autodegradó a capitán.

Marcos, Galeano, como quiera que se haga llamar y con el grado que lleve, es otro desvanecido mito de la cada vez más desacreditada izquierda truculenta latinoamericana. 

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