domingo, 22 de abril de 2018

¿Modernizará Díaz-Canel la dictadura cubana?

Por Roberto Álvarez Quiñones.

Como le dijo en La Habana -con gracejo criollo- el cubano Hanoi Borrallo al periodista Pablo de Llano, de El País, la designación de Miguel Díaz-Canel como presidente de Cuba "es el mismo cake con distinto merengue".

Al fin Raúl Castro entregó el cargo a su delfín Díaz-Canel, aunque seguirá al frente del Partido Comunista, lo que le confiere la condición de dictador, según la Constitución. Y, sobre todo, sigue encabezando la Junta Militar que manda en la Isla, jefatura que ostentará hasta que se muera, como Deng Xiaoping en China.

Por eso el flamante "presidente" lo aclaró bien en su discurso debutante: Raúl Castro "encabezará las decisiones de mayor trascendencia para el presente y el futuro de la nación".

Tres cambios clave con el nuevo presidente

Con Díaz-Canel como nuevo jefe de Estado y Gobierno se producen tres cambios importantes, y una burla a la "democracia socialista":

Ahora el número uno del Gobierno no es a la vez el jefe del Partido Comunista y, por tanto, el dictador es otro, no él.

El presidente, de acuerdo con la Constitución, es el jefe supremo de las Fuerzas Armadas, pero por primera vez es un civil, por lo que, o se modifica la Constitución, o los militares ignorarán olímpicamente a su jefe constitucional.

(Miguel Díaz-Canel abraza a Raúl Castro en la Asamblea Nacional. (VANGUARDIA))

Del punto dos emerge el tercero. Saldrá de su cuasi clandestinidad la Junta Militar, el grupo de generales, coroneles y comandantes que, dirigidos por Raúl Castro y su hijo Alejandro, es el que manda en la en la Isla, pese a no existir institucionalmente.

La burla mencionada es que queda al desnudo la hipocresía de la "democracia" castrista: el aparato del PCC, del Estado, del Gobierno, y lo que es peor, los ciudadanos del país, no tienen voz ni voto en los destinos de la nación. El dictador, cual faraón, quiso que fuera Díaz-Canel su sucesor en el Estado, e incluso en el PCC, y punto.

Desde febrero de 1959 hasta diciembre de 1976 hubo dos jefes de Estado civiles sin el apellido Castro, Manuel Urrutia y Osvaldo Dorticós, pero no eran los jefes del Gobierno, ni los comandantes en jefe. Según la "Ley Fundamental" del 7 de febrero de 1959, que sustituyó a la Constitución de 1940, desde el 16 de febrero de ese año el primer ministro Fidel Castro pasó a ser el jefe de Gobierno y continuó como comandante en jefe de las Fuerzas Armadas.

El presidente de la República quedó sin poder ejecutivo, con funciones solo protocolares. Antes del 16 de febrero, Urrutia era el presidente y jefe de Gobierno, pero quien dirigía el país era Castro como jefe del Ejército Rebelde, sin cargo en el Gobierno.

Y eso es lo que va a ocurrir ahora: Raúl Castro dirigirá el país sin cargo alguno en el Gobierno. El 16 de julio de 1959, Castro hizo renunciar a Urrutia (por demócrata y anticomunista) y nombró a Dorticós. Y el 2 de diciembre de 1976 asumió como jefe de Estado y de Gobierno al aplicarse la nueva Constitución.

El PCC gobierna el país, no el presidente

El problema es que, si bien Díaz-Canel no es un mandatario solo protocolar, el país en la práctica es dirigido por el PCC y la Junta Militar, y no por el Consejo de Ministros o el Consejo de Estado. El Gobierno como tal realmente no existe. Tiene funciones administrativas y burocráticas, nada estratégicas o políticas.

El inmenso aparato ejecutivo del Comité Central (CC) del PCC es el que controla el día a día de la vida nacional. Los jefes de departamentos y de secciones del CC del PCC dirigen a los ministros, a los organismos centrales y todas las actividades en las provincias y municipios. La política exterior se cocina en el Departamento de Relaciones Internacionales del CC.

En las provincias los ministerios tienes sus delegaciones, pero están sometidas a las directrices del PCC. El Gobierno real en cada provincia o municipio es el PCC, cuyos jefes nacionales siguen siendo Castro II y José Ramón Machado Ventura.

¿Será Díaz-Canel el nuevo dictador en 2021?

Entretanto, el anuncio de Raúl Castro de que cuando en 2021 se retire del PCC -con 90 años de edad, si vive aún- su relevo será también Díaz-Canel, fue una colosal falta de respeto a sus colegas del Buró Político y de la Junta Militar. Les restregó en la cara que él lo decide todo sin contar con ellos. Esto implica que el nuevo dictador no será un militar, sino un civil.

¿Será así? Resulta difícil imaginarse que dentro de tres años la dictadura, militar hasta el tuétano, vaya a ser dirigida por un civil. Más bien puede pensarse que, con el retiro de Castro del PCC, se afianzará el dominio de las Fuerzas Armadas en la nación y quedará al descubierto, al fin, que el verdadero poder en Cuba es una Junta Militar y que, por tanto, no importa quién sea el jefe del PCC.

Tampoco ha de importar si se modifica la Constitución y se separan los cargos de presidente del Consejo de Estado y presidente del Consejo de Ministros. Sí sería importante que le quitasen a las funciones del presidente la jefatura suprema de las Fuerzas Armadas y se crease un Comité Militar independiente, como en China. Eso le daría carácter institucional a la Junta Militar.

En fin, es probable que se haga visible la existencia de la ahora invisible Junta Militar, y que se agudice la militarización del régimen. Y no solo porque Raúl Castro, por su mediocridad, se refugia en lo militar, sino para evitar que Díaz-Canel se crea de verdad que es presidente y jefe militar y comience a "sacar las uñas".

¿Posible flexibilización a la vietnamita o a la china?

No obstante, como Díaz-Canel no es un comandante histórico, y no está atado a la génesis del castrismo, al inicio va a recibir el beneficio de la duda. No de que pudiera ser el Gorbachov cubano -eso está descartado-, sino de que podría realizar reformas, estimular el sector privado, o dejar de reprimir brutalmente a los cubanos.

Los opositores son unánimes en que Díaz-Canel no hará eso. Sin embargo, con la coyuntura actual tan difícil para Cuba, con el barco mecenas venezolano haciendo aguas, el derrumbe del Foro de Sao Paulo y del populismo, el fin de las concesiones al castrismo por parte de Washington, y la certeza de que Pekín y Moscú no regalan dinero, la situación socioeconómica de Cuba es muy grave y el nuevo Gobierno podría abocarse al dilema de, o se toman medidas de peso, o lo pierde todo.

Eso no lo va a decidir Díaz-Canel, sino los militares, quienes controlan el 70% de la economía nacional y las divisas que entran al país. Están preocupados. Peligran sus planes de capitalismo de Estado controlado por ellos. Todo les está saliendo mal y nada mejor que aprovechar el cambio de presidente.

Tiene cierta lógica. Raúl Castro desde "fuera" podría ahora atreverse a permitir un micro laissez faire (dejar hacer) a Díaz-Canel, sin entrar en conflicto de conciencia con el legado estalinista de Fidel, pues sería Díaz-Canel y no él (Castro II) el autor material de cualquier flexibilización a la vietnamita o la china, es decir, capitalismo abajo con autocracia militar comunista arriba.

¿Podría Díaz-Canel empujar al dictador y a la gerontocracia medieval a esa "modernización" asiática del régimen. Por ahora nadie lo cree.

El consenso entre los cubanos es que nada sustancial cambiará en Cuba mientras viva Castro II, y su hijo Alejandro, desde las sombras -como el Fouché cubano-, sea el número dos de la Junta Militar.


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