viernes, 19 de julio de 2019

La amnesia selectiva de Ricardo Alarcón.

Por Alberto Méndez Castelló.

Ricardo Alarcón

El exministro de relaciones Exteriores y expresidente de la Asamblea Nacional, Dr. Ricardo Alarcón de Quesada, visitó Las Tunas la semana pasada, donde “disertó” sobre la Ley Helms-Burton. Alarcón dijo que son los “batistianos”, los “asesinos” y “ladrones del patrimonio nacional” quienes pretenden con este “engendro”, la Ley Helms-Burton, retrotraer a Cuba al sistema anterior al 1ro de enero de 1959. Según Alarcón, la prueba es que, cuando esa ley habla de devolver las propiedades a sus antiguos dueños, se refieren a esa fecha.

“Qué ley revolucionaria se había promulgado en ese momento? Ninguna. Eso demuestra sus intenciones”, afirmó Alarcón, y el lector enterado de los sucesos ocurridos en esa época se preguntará:

¿Cómo dijo Alarcón…? ¿Que el 1ro de enero de 1959 Fidel Castro todavía no había promulgado ninguna “ley revolucionaria”?

Ese lector informado dirá: Acaso… ¿Olvidó Ricardo Alarcón la ley revolucionaria de 1958, promulgando el embargo de todos los bienes de ciudadanos y compañías británicas en territorio controlado por el Ejército Rebelde y su futura confiscación en todo el territorio nacional…?
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No sólo pisoteó la bandera, se pisoteó a sí misma y a lo que ella representa a ojos del mundo: el fútbol femenino.

Por Zoé Valdés.

Profeso un inmenso respeto por las mujeres deportistas. Quizás porque yo misma empecé a practicar deporte a la edad de siete años. Mi abuela me llevó al club deportivo del barrio y me inscribió en Gimnástica. Después, mi madre me envió becada al Marcelo Salado a entrenar en la especialidad de Natación. Fui muy deportista desde entonces, e incluso estudié hasta el último año de la carrera de Educación Física en el Pedagógico Superior, donde me iba a especializar en Natación, Clavados y Gimnasia Rítmica Deportiva (debía escoger tres especialidades). No lo hice. Conozco el enorme esfuerzo que deben hacer las mujeres deportistas en países machistas y tiránicos para poder desarrollar sus ambiciones. Tanto o más que los hombres, todo sea dicho.

En la actualidad estoy al corriente de algunos deportes, como la inmensa mayoría, pero no sigo ninguno con fanatismo. El último deportista al que aprecié fue Zinedine Zidane, y se acabó. O lo acabé yo con un artículo que publiqué en Le Courrier International. Paro de contar.
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La muerte de Ricardo Bofill.

Por Raúl Rivero.

La muerte de Ricardo Bofill

El ridículo, la humillación, el esperpento y la grosería conviven con armonía en una sociedad cuyos titulares periodísticos pueden ser, en una semana, el informe de la inauguración de un tren que la mayoría de los viajeros no pueden pagar por los altos precios de sus boletos, al mismo tiempo, que se anuncia, con una combinación de glamour y picardía, una ceremonia de brujería artificial, para que el presidente del país tenga suerte, buenaventura, salud y buenos caminos.

Con esas dos noticias bastan y sobran para que la gente se haga una idea clara de la nación que habitan y la tierra que los acoge. Lo que pasa es que los grandes sectores de la población, tienen que vivir también los rigores de la vida cotidiana, las angustias diarias, el acoso policial y el miedo como sistema, a lo largo de las 24 horas del día.

Todo en silencio, como si esa realidad no fuera la suya, como si todo ese esquema represivo y circense sucediera lejos o pasara en una pantalla del tamaño del cielo de la Isla.

Esa maquinaria estatal productora de referencias y crónicas triunfalistas o reseñas de leyes y órdenes, que hacen al país un incierto edén terrenal lleno de equidad y alegría, tiene otra función, que es, desde luego, muy importante para los rollos de mentiras que proyecta.

Hablo del olvido porque una de las funciones principales de los programadores del Partido Comunista, que hacen ese trabajo, es el decreto permanente del olvido. El robo descarnado de la realidad y de todos sus dolores y heridas.

Con la promoción del tren chino y los alcoholes de la brujería para el bienestar de Miguel Díaz Canel, se quedó en la tinieblas de quienes viven en la geografía de la Isla, la muerte de uno de los promotores de la ya larga batalla por los derechos humanos y la libertad de Cuba.

Me refiero a Ricardo Bofill Pagés, un hombre sencillo y humilde que en la década de los setenta (exactamente el 28 de enero de 1978) junto a unos pocos amigos, inició el trabajo por devolverle la democracia y el progreso a su patria. Murió discretamente como vivió, en un hospital de Miami, a los 76 años, después de cumplir varias condenas de prisión. Su amigo y compañero de los años duros, el periodista Rolando Cartaya escribió:

“Este es el hombre que comprendió que las violaciones de los derechos humanos no eran puntuales, sino institucionales, y que después que el régimen ahogó en sangre la lucha armada clandestina sólo era viable lucha pacíficamente, a cara descubierta y desde la plataforma elaborada por la ONU. Este es el hombre que cuando llegábamos a su casa al amanecer, en el reparto mañana de Guanabacoa, ya tenía media docena de denuncias mecanografiadas en original y ocho copias al carbón para distribuirlas a las agencias extranjeras y a las embajadas.”

Pues bien, la muerte de Ricardo Bofill es la noticia más trascendente y conmovedora por estos días en Cuba.
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martes, 16 de julio de 2019

La “Revolución” y el fin de la familia en Cuba.

Por Jorge Ángel Pérez.


Conozco a una mujer, llamémosla Eva, que ha vuelto a llorar la ausencia de su hijo. En estos días, y entre lágrimas, ha estado recordando cada uno de los cuidados que dedicara a su embarazo. Eva describe, en sus detalles, los “meneos” del bebé en su “barriga” y se emociona tanto que da la impresión de que los revive, que volvió a sentir la primera “patada de su hijo en la barriga”. Ya transcurrieron más de treinta años pero Eva no olvida, y ahora menos.

Ella se asustó con la primera náusea, pero las bendijo luego,  cuando miró la “mata de pelos” de su hijo, esa a la que achacó los espasmos, la insoportable repugnancia. Eva recordó en estos días la primera regurgitación del bebé, esa a la que ella llama “el primer buche”. Tampoco olvida el primer atoro ni esa jornada en la que su muchacho inició la vida escolar, la queja inicial de la maestra.
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Del entusiasmo servil al corralito cultural.

Por Víctor Manuel Domínguez.


Saltar como monos de feria y aplaudir cual focas amaestradas los límites impuestos a la libertad de expresión y asociación en Cuba demuestra que artistas, escritores, amanuenses, mercachifles y funcionarios del sector cultural aún no se atreven a romper la talanquera política ni alejarse del pastoreo ideológico en los que  permanecen desde aquel corralito que levantó Fidel con sus Palabras a los intelectuales en 1958: “Dentro de la revolución, todo; fuera de la revolución, nada”.

Temerosos de ser condenados al ostracismo, encarcelados u obligados a partir al exilio, como ha ocurrido con los opositores a la política cultural revolucionaria en más de medio siglo, optan por arrullarse unos a otros, fingen entrega incondicional, corean lemas y consignas, firman apoyo a fusilamientos, marchas, restricciones; cultivan voluminosos vientres, y duermen sin pesadillas.

Los “malos” ejemplos de Reinaldo Arenas, Manuel Ballagas, Tania Díaz Castro, María Elena Cruz Varela, Raúl Rivero, Jorge Ángel Pérez y Juan Carlos Cremata, por sólo citar algunos escritores y artistas que decidieron pensar y crear fuera del corralito; les causan sudoraciones patrias y nirvanas verde olivo, que los convierte en marionetas de una política de intolerancia y control.

De ahí que a nadie sorprendiera el entusiasmo servil mostrado ante el discurso de clausura del 9no Congreso de la UNEAC, donde el gobernante Miguel Díaz-Canel,  entre  promesas de mejoras económicas, destrabes burocráticos y elogios de la incondicionalidad  y entrega de los escritores y artistas invitados al evento, los devolvió al corralito cuando dijo: los límites para la creación “comienzan donde se irrespetan los símbolos patrios y los valores sagrados de la patria”. Es decir, que pese a sentenciarlos a seguir encerrados en los respectivos estancos del mismo corralito -aunque ahora con cercas repintadas y permiso para mirar el mundo (Internet)-, los  creadores cubanos balan o rebuznan de júbilo en las renovadas corraletas de una política cultural  excluyente, manipuladora y academicista, que a través de patrones ideológicos, y no de valores estéticos, determina quién es artista o no en esta isla, o qué es banal o indecente para el pueblo.

Que se puedan distinguir los símbolos patrios de una expo de pañales desechables, un bosque de Bonsái o un festival de reguetón, no lo niego. ¿Pero cuáles son, dónde están, cómo se entienden los valores sagrados de una patria que  han querido confundir con un partido, la nación con el proceso revolucionario y la cultura con una ideología?, como expresara en acusadoras palabras  el Arzobispo Pedro Meurice Estiú,  que aún salvaguardan la dignidad del país desde ultratumba.

En realidad, no creo que  los mediocres o talentosos creadores que integran las filas de la UNEAC se atrevan siquiera a pensar en definir esta dicotomía ética expresada por Pedro Maurice. Quienes apoyan leyes que hoy enviarían a Benny Moré a trabajar de buquenque en una piquera de almendrones y al Chory a percutir sobre las tablas de una carretilla de verduras por no tener diplomas que los acreditaran como músicos, no tienen derecho a decidir quién es artista o no.

¿Alguien puede imaginar a Nicolás de la Escalera expulsado del Museo Nacional de Bellas Artes por Pedro de la Hoz y enviado a los almacenes San José a comercializar su obra, pues no egresó de la escuela de arte San Alejandro? ¿O a Hernández Catá con El ángel de Sodoma bajo el brazo en espera de que Barnet apruebe la decencia y los valores ideológicos del texto para publicarlo?

No quiero ni pensar en qué diría Guido López-Gavilán de la interpretación de Songo le dio a Borondongo por Celia Cruz, si esta abandonó el país hacia territorio enemigo. Además, pienso en que decisión tomaría Abel Prieto ante la decisión de Carlos Enríquez de vender “El rapto de las mulatas” a un vejestorio español, o de “La Jungla” de un Wifredo Lam afiliado a un partido opositor.

Estas no son falsas elucubraciones, ni situaciones traídas por los pelos, sino partes de una verdad subliminal que afrontarían estos o actuales y venideros creadores sin títulos académicos, escuelas  de arte o carnet de militante comunista, ante las limitaciones estéticas e ideológicas impuestas desde una política cultural diseñada para el control del poder y apoyada por quienes están llamados a contrarrestarla, pero que como buenos vividores, optan por aplaudirlas sin mirar atrás.

No es casual ni gratuito que apenas una semana después de la celebración del congreso de marras (28 al 30 de junio), periodistas y escritores oficialistas como Luis Toledo Sande, Paquita de Armas y Leydis Fernández de Juan, desde diversas plataformas de información y diferentes niveles de compromiso, defiendan a capa y espada lo expresado en el evento y arremetan con epítetos y amenazas contra quienes critiquen o pongan en tela de juicio la política cultural de la Revolución.

Ante la intolerancia oficial y el entusiasmo servil de los artistas, escritores, amanuenses, mercachifles y funcionarios del sector cultural que participaron en el 9no Congreso del partido y la UNEAC, no hay dudas de que el corralito cultural sigue igual: “Dentro de la revolución –talanquera política-, todo; contra la revolución –pastoreo ideológico-, nada” ¿Hasta que se seque el malecón?
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El caso Padilla: crimen y castigo (recuerdos de un condenado).

Por Manuel Díaz Martínez.


El crimen.

La Sección de Literatura de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (Uneac), a través del que entonces era su secretario, el poeta César López, me invitó a formar parte del jurado del Premio de Poesía Julián del Casal correspondiente a 1968 por haber ganado yo ese premio el año anterior. Al aceptar supe que compartiría responsabilidades -casi inmediatamente supe que también compartiría angustias- con otros dos cubanos, José Lezama Lima y José Z. Tallet, y con dos extranjeros, el inglés J.M. Cohen y el peruano César Calvo.

Desde los primeros contactos que los integrantes del jurado tuvimos para comentarnos las lecturas que íbamos haciendo se patentizó el interés que despertaba en todos el libro titulado Fuera del juego, que concursaba con el número 31 y bajo el lema “Vivir la vida no es cruzar un campo”, que es un verso de Pasternak. Sabíamos -el anonimato en los concursos suele ser una impostura- que el autor de este libro era Heberto Padilla, como sabíamos que el otro libro que también nos interesaba, aunque menos, era de David Chericián. Lo sabíamos, en primer lugar, porque ambos autores se habían encargado de decírnoslo.
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domingo, 14 de julio de 2019

Ricardo Bofill, el primer periodista independiente bajo el castrismo.

Por Tania Díaz Castro.

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El dictador Fidel Castro nunca le perdonó a Ricardo Bofill Pagés que, junto a un grupo de amigos, todos profesionales, fundara el 28 de enero de 1976 un Comité en Defensa de los Derechos Humanos. Fidel lo colocó en la mirilla de sus enemigos y se ensañó con aquel gigante que demostraba más valentía que él y el resto de su camarilla gubernamental revolucionaria.

Lo envió a prisión a cumplir doce años y nunca dejó de seguirle los pasos, acusándolo de “propaganda enemiga”, un delito creado por Castro con el fin de que nadie se atreviera a escribir una línea fuera de sus cánones periodísticos -no olvidemos que en marzo de 1960, todos los medios de comunicación ya habían pasado a ser propiedad de su régimen-.

En 1980, estando bajo “libertad condicional”, fue nuevamente encarcelado dos años y medio, cuando escribió un artículo titulado: “Cuba, los Derechos Humanos en crisis permanente”, divulgado en numerosos países libres, un artículo de gran resonancia internacional. Ese año, Fidel Castro lo envió nuevamente a prisión, acusado de “escribir contra la Revolución” y de tener relaciones amistosas con diplomáticos occidentales radicados en La Habana.

Hoy pudiéramos llamarlo “el padre del periodismo independiente bajo la dictadura castrista”, un periodismo libre que comenzó a crecer en 1987, cuando Bofill continuó con más fuerza su lucha por los Derechos Humanos.

Pero la historia de Ricardo Bofill no termina ahí. Él y el abogado Aramís Tabuada, en 1983, salvaron de morir en el paredón de fusilamiento -en los primeros años de la Revolución habían sido fusilados miles de cubanos-, a un grupo de obreros acusados de intentar crear un sindicato libre en Cuba, similar al polaco Solidaridad, y más tarde a jóvenes como Arturo Suárez Ramos, Carlos García Díaz y otros más en 1988.

Ricardo Bofill y Armando Valladares fueron los dos primeros cubanos que descubrieron la fórmula de golpear desde adentro las malas entrañas del régimen de los dos tiranos castristas, cuestionarlo públicamente y demostrar que, aún seguidos por los agentes del Ministerio del Interior, sí se podía y se puede luchar sin temor contra la maldad y la injusticia.

Consciente de que la dictadura convertía a todo un pueblo en esclavo de su política -lo mismo que ocurrió bajo el estalinismo soviético, desmoronado para sorpresa de muchos en 1990-, Bofill fundó el Partido Pro Derechos Humanos el 20 de julio de 1988, un partido en busca del respeto a la libertad individual y los derechos fundamentales de la población, para poner en vigor el texto de la Declaración Universal de los Derechos Humanos.

Su labor, junto a numerosos activistas del Comité Cubano Pro Derechos Humanos fue ejemplar para el mundo civilizado de 1988. Ricardo Bofill le ganó a Fidel Castro y demostró al mundo que una dictadura comunista no sólo oprime a su pueblo, sino que además viola sistemáticamente la Carta Universal de la ONU.

Murió Ricardo Bofill Pagés, a las tres de la madrugada del jueves 11 de julio del 2019. No sé para dónde ha ido. Lo que sí sé es que yo iré, más pronto que tarde, hacia donde él se fue. La muerte no es un misterio. Me quedaron muchas cosas por hablar con él. Podré contarle cómo me torturaron mentalmente en las cárceles del Ministerio del Interior de Cuba en 1990, las miles de veces que invocaron su nombre, para hacerme ver que merecíamos ser fusilados, porque había que defender por obligación patriótica al “iluminado”, al “encantador de serpientes”, al hombre que había destruido a Cuba, al hombre que en 1990 dijo que “ahora sí vamos a construir el socialismo”, y que el 8 de septiembre de 2010, al fin admitió su fracaso en la Revista The Atlantic, cuando dijo: “El modelo cubano ya no funciona ni siquiera para nosotros”.

Tu amigo y periodista Carlos Quintela tuvo razón:

Le ganaste Ricardo, le ganaste a Fidel.
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sábado, 13 de julio de 2019

A treinta años del fusilamiento del general Ochoa.

Por Alberto Méndez Castelló.

Arnaldo Ochoa

Este sábado se cumplen 30 años de la muerte ante un pelotón de fusilamiento del general de división y Héroe de la República de Cuba Arnaldo Ochoa Sánchez.

Sancionados en la Causa No. 1 de 1989, junto al general Ochoa fueron fusilados en la madrugada del jueves 13 de julio de 1989 el coronel Antonio de la Guardia Font, el mayor Amado Padrón Trujillo y el capitán Jorge Martínez Valdés.

Juzgados mediante un procedimiento sumarísimo, los acusados carecieron de un debido proceso, reduciéndoseles los términos procesales establecidos por la ley.
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Cien mentiras de Fidel Castro (i).

Por Humberto Corzo.
“La palabra no es para encubrir la verdad, sino para decirla”
José Martí
Fidel Castro

¿Por qué llamo a este tema “Cien Mentiras de Fidel Castro”? Porque él afirma lo contrario de lo que piensa, disfraza su pensamiento haciendo que sus pronunciamientos parezcan otra  cosa. Porque falsifica lo prometido quebrantando su palabra. De él podemos decir que “Miente más que habla”.

A fin de comprender las acciones de Castro, es necesario entenderlo como lo que  realmente es, no como la gente quiere que sea. Es un hombre con dos caras, una es la cara de un revolucionario que promete prosperidad, democracia y la restauración de la Constitución cubana de 1940. La otra es la cara de un mentiroso que dice y promete cualquier cosa con objeto de permanecer en el poder de por vida.

Las siguientes infames mentiras fueron utilizadas por Fidel Castro para engatusar al pueblo cubano, para más tarde traicionar los verdaderos principios de la revolución convirtiendo la isla en un satélite de la Unión Soviética.
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viernes, 12 de julio de 2019

Somos los culpables.

Por Ernesto Pérez Chang.

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“Somos los culpables”, es lo que grita una señora mientras lucha por subir a un ómnibus repleto de personas. Otros también apoyan la afirmación y hasta protestan con una especie de Mea Culpa por todo cuanto va mal en el país donde viven.

“Esto se ha puesto malo por nosotros mismos” o “la culpa de que nunca se arregle es de nosotros” son frases que se han vuelto recurrentes tanto en las calles de la isla, en las redes sociales, en los artículos periodísticos que tratan el tema Cuba, así como en la retahíla de comentarios que estos suscitan entre los lectores.

Los noticieros de la televisión cubana han hecho su trabajo en eso de consolidar el sentimiento de culpabilidad.

No hay emisión en que falten dos, tres y hasta diez intervenciones de altos dirigentes del país o de las “organizaciones políticas y de masas” donde se enfatice la idea de que vamos mal como país no porque se insista y persista en centralizar la economía sino porque hay quienes, en el pueblo, se niegan a un “cambio de mentalidades”, o que no se produce alimento suficiente porque la gente se ha cruzado de brazos.

“Hay que erradicar la mentalidad importadora”, pregonan, como si importar y exportar fuesen atributos de los ciudadanos de modo individual y no actividades exclusivas de un organismo estatal.

“Hay que elevar la productividad”, ordenan, como si de los obreros dependiera tanto el flujo constante de materias primas como la planificación de unos fondos que se evaporan en un sistema financiero estatal centralizado.

“Hay que producir viviendas y vigilar el alza de los precios”, dicen, reiteran y generan angustia en quienes lo escuchan de boca de esos “cuadros-sacerdotes” que han convertido una ideología política en religión.

De hecho, en las religiones la culpabilidad es un sentimiento fundamental para mantener el control pues genera inestabilidad emocional, inseguridad, necesidad de agradar, de disculparse y de que la autoridad reafirme el perdón, elementos que hacen a la persona altamente receptiva frente a cualquier valoración externa, haciéndosele muy difícil decir no, incluso ante situaciones y tareas que normalmente hubiera rechazado.

Hoy andan por ahí, entre nosotros, esos grandes culpables e inculpadores que ya ni siquiera imputan al “bloqueo” o al gobierno el cúmulo de frustraciones, carencias, absurdos, desesperanzas, enojos, tristezas que padecen sino que asumen o achacan la culpabilidad a otros inocentes quizás porque es lo que les han inculcado durante décadas en las asambleas sindicales, en las reuniones del Partido Comunista, en los Comité de Defensa de la Revolución, en las escuelas donde estudiaron o asisten los hijos.

También están los que, habiéndose marchado al extranjero por conveniencia, hartazgo, exilio o aventura se arrogan el derecho a declarar culpables de su desarraigo a esos que quedaron atrás, como si todos fuesen cómplices de la propia realidad que enfrentan o padecen.

Pero no muy diferente de aquellos son los que han llegado a creer que irse de Cuba es traicionar a la patria, porque aspirar a una casa, un carro y un salario digno, un ideal de vida y de familia es burgués y es egoísta, cuando es una aspiración personal tan válida y grandiosa como la de aquel a quien le basta con un techo de cartón y un trozo de boniato para sentirse feliz.

Asumir que somos culpables absolutos de “nuestra pobreza” o de “nuestro inmovilismo social” es un error altamente dañino y la culpa cada vez se ha ido encarnando, peligrosamente, en las víctimas para infundirles ese efecto desorientador, paralizante y destructivo del que hablan los psicólogos cuando alguien o un grupo la padecen de modo patológico.

El sentimiento colectivo de culpabilidad se ha ido forjando desde ese discurso manipulador donde los líderes son infalibles y, por tanto, los únicos con la capacidad para trazar o corregir el camino que “otros” distorsionaron, haciendo de la política un dogma que si bien pudiera mantener a un grupo en el poder por algún tiempo más, a largo plazo dará al traste con los pilares de bienestar, orgullo, realización personal y colectiva, creatividad, participación y libertades sobre los que debe alzarse cualquier nación.
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El día D de la Revolución cubana.

Por Vicente Morín Aguado.

La huida del dictador Fulgencio Batista, al amanecer el primero de enero de 1959, es señalada como triunfo de la Revolución Cubana, sin embargo, el proceso revolucionario caracterizado por la implantación de un sistema totalitario socialista de corte soviético se inició 38 días después, entonces pues, nació verdaderamente ese cambio radical que hasta hoy hace historia.

Comenzando el segundo mes de aquel año, después de varias madrugadas de febril ajetreo entre lápices, folios y pistolas, a escondidas en una casa de La Habana, ciertos doctores y milicianos terminaron la redacción final de un documento cuyo título no ha sido debidamente valorado en su dimensión fundacional: “Ley Fundamental de 1959”.

Publicada en la "Gaceta Oficial de la República de Cuba" el 7 de febrero, bajo la firma autenticadora del abogado Dr. Luis M. Buch, Secretario del Consejo de Ministros, merecen destacarse las siguientes 18 palabras:
Título Noveno.
Del Poder
Sección Primera
Artículo 119.- El Poder Legislativo se ejerce por el Consejo de Ministros.
Los menos familiarizados con la república que dejaba de existir deben saber que dos días después de la huida del tirano, en Santiago de Cuba, ante la mirada aprobatoria de Fidel Castro, asumieron sus cargos de Presidente y Primer Ministro los Dres. Manuel Urrutia Lleó y José Miró Cardona respectivamente.
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Los fracasos del “encantador de serpientes”.

Por Tania Díaz Castro.


Nunca es tarde para volver al tema de Fidel Castro, el “encantador de serpientes”, como lo llamó el escritor cubano Roberto Fernández Retamar. ¿Por qué lo llamó así? Nadie lo recuerda. Es posible que ni él mismo lo sepa. Pero el asunto es que “el encantador de serpientes” es uno de los políticos que más fracasos ha sufrido como gobernante.

No vamos a referirnos a todos los consabidos fracasos, como la industria ganadera y su amada Ubre Blanca, los ochenta millones de huevos que tendríamos en 1965, la obtención del estándar de vida del cubano por encima de EE.UU. y Rusia, la siembra de arroz en la Ciénaga de Zapata, el café del Cordón de La Habana, la zafra de los diez millones y aquella promesa que hizo de no afeitarse la barba hasta tener un gobierno exitoso. Murió con su barba y hasta sin las botas puestas.

Comenzaremos pues con el más grande  de sus fracasos: que los cubanos, en vez de odiar a Estados Unidos, escaparan a ese país por millones, hasta en embarcaciones rudimentarias. Los que abandonaron fueron calificados por él gusanos, escorias y vende patrias, pero transformados más tarde en mariposas enviando millones de dólares a los familiares de la Isla, mientras Cuba se convertía en “una sociedad de ladrones”, como dijo el General Arnaldo Ochoa, Héroe de la Patria antes de ser fusilado en 1989.

Unos años antes de morir, el propio Fidel Castro confesó claramente que “el modelo cubano no servía ni para nosotros”.

¿Qué hizo con los 5 mil millones de dólares anuales que enviaba la URSS? Prácticamente hay que demoler La Habana, con sus 75 mil edificios apuntalados y una red de alcantarillas que no ha podido dar agua a los habaneros, en una urbe que, según publicó Granma el 16 de febrero de 2006, “desde hace años la higiene comunal no goza de buena salud y, aunque duela, es considerada la ciudad más sucia del país”.

¿Acaso se arrepintió antes de morir de haber invertido tanto dinero para la izquierda latinoamericana, lo que provocó también un Período Especial con graves carencias alimentarias a la población?

¿Cómo pudo, nos preguntamos, sacar de su conciencia más de cinco mil hombres fusilados bajo su régimen, sin arrepentirse de esto antes de morir?

En 1990, ante el desmerengamiento del socialismo soviético, declaró: “Ahora sí vamos a construir el socialismo”. ¿Qué se construyó entonces? ¿Qué se construyó después con Raúl y ahora con Miguel Díaz-Canel? Hoy, con 600 mil trabajadores por cuenta propia, Cuba invierte 2 mil millones de dólares en adquirir alimentos del exterior porque no produce y tiene que importar el 80 por ciento de los víveres que consume. Según  Díaz-Canel “la gente sufre de inercia, de indolencia, de chapucería, de trabas, de falta de sensibilidad e inquietudes revolucionaria”.

Esto mismo ya lo había dicho Granma el 3 de octubre de 2011: “En la provincia de Camagüey, de fuerte tradición ganadera, reina el descontrol, el mal trabajo, la chapucería. O sea, las mismas insuficiencias de siempre”. Todo porque el poder estaba concentrado en las manos de Fidel, como hoy está en las manos de Raúl y del advenedizo de Díaz-Canel.

Al final de este video Fidel Castro responde que él no se afeitará la barba hasta que sea un buen gobernante. Anteriormente había respondido que él no tenía preocupaciones respecto a la infiltración comunista en Cuba. Cumplió lo de la braba y fue sincero con respecto a la infiltración comunista pues él era uno de los principales actores en esa infiltración.


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Malas noticias sobre la economía, el transporte y la construcción de viviendas.

Por Orlando Freire Santana.

La Habana

Durante su intervención en las comisiones de trabajo de la Asamblea Nacional del Poder Popular, el ministro de Economía y Planificación, Alejandro Gil, no fue muy explícito en cuanto a cifras que definieran la marcha de la economía en el primer semestre del actual 2019. No obstante, algunas de sus evaluaciones cualitativas reflejaron varios de los problemas existentes.

Se mantiene la cadena de impagos entre las empresas estatales. Una anomalía que influye en las pérdidas que reportan no pocas entidades al finalizar el semestre. Además, se trata de un fenómeno asociado a lo que las autoridades definen como “delito económico”,  pues muchos empresarios no pagan sus deudas porque se apropian del dinero recaudado por la entidad.

Persisten las deficiencias en la contabilidad de empresas y entidades. En ese sentido abundan los centros laborales a los que les cuelga el membrete de “Contabilidad no certificada”. Es decir, que sus estados financieros son pura formalidad, ya que no reflejan realmente los hechos económicos que allí tienen lugar.

Por último, dos noticias que deben de preocupar sobremanera al presidente Díaz-Canel, por cuanto atentan contra su llamado a adoptar medidas que impidan la aparición de un proceso inflacionario como consecuencia de un exceso de circulante sin contrapartida en bienes y servicios. Una de ellas se relaciona con los pagos sin respaldo productivo que ejecutaron algunas empresas. Y la otra información da cuenta de que al cierre de junio se incumplió el plan de circulación mercantil minorista.

En lo relacionado con la construcción de viviendas, se dio a conocer que de un plan anual de 32 mil 899 viviendas a terminar, al cierre del semestre se habían terminado 15 mil 242, lo que significa un 46%. Lo anterior implica que habrá que trabajar mucho para llegar al referido plan anual. Por otra parte, las autoridades reconocieron que no se está cumpliendo con la exhortación de Díaz-Canel de que cada municipio del país construya una vivienda por día. La carencia de materiales de construcción, sobre todo aquellos que deben de fabricarse a nivel territorial, ha incidido en los citados incumplimientos.

A pesar de la algarabía montada en torno a la entrada en servicio de los nuevos coches ferroviarios de procedencia china, el sector del transporte ha salido mal parado durante las sesiones de las comisiones de trabajo. Una reciente fiscalización de su actividad arrojó las siguientes deficiencias en el servicio de ómnibus urbanos: insuficiente oferta y mala calidad del servicio, impuntualidades e incumplimientos de itinerarios, paradas indebidas, maltrato a pasajeros, condiciones inadecuadas en varias terminales, así como la no correspondencia del precio con la calidad del servicio que ofertan.

No se cumple con el plan de transportación de pasajeros, cuya ejecución real resulta inferior a igual período del año anterior. A ello contribuyen la falta de piezas de repuesto para los ómnibus, la poca organización del trabajo, las indisciplinas y la escasez de combustible. Se dijo que, solo en La Habana,  existe un déficit de 150 choferes de ómnibus urbanos, lo que ocasiona que se dejen de transportar diariamente alrededor de 25 mil personas.

Al final, los directivos del Ministerio del Transporte anunciaron que ya se estudian las normas jurídicas para un nuevo “reordenamiento” del servicio de taxis privados en la capital, pues el experimento puesto en práctica meses atrás no había dado los resultados previstos.

Sin dudas, un motivo de preocupación para esos cuentapropistas, y también para los pasajeros que necesitamos de ese servicio.
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jueves, 11 de julio de 2019

Viviendo en el ‘paraíso socialista’.

Por Iván García.

Viviendo en el ‘paraíso socialista'

Hacen una sola comida al día. Habitan en cobertizos de cartón y chapas de aluminio sin agua potable ni servicios sanitarios. Al ser residentes ilegales en La Habana, no tienen libreta de racionamiento. Su afición preferida es beber ron de quinta categoría. En cualquier lugar, a cualquier hora.

Luego del alcohol casi siempre llegan las broncas. Auténticas batallas a puñetazos o machetes. En los más de 60 asentamientos ilegales existentes en la periferia de la ciudad, cerca de tres mil personas viven como animales.

En su mayoria huyen de la miseria y falta de futuro en las provincias orientales. Casi todos vendieron sus pertenencias, algunos incluso la casa, con la ilusión ganar dinero en la capital y mantener a los familiares que dejaron atrás.

Son parias en su propia patria. Para la policía son delincuentes que infringen las leyes. A cada rato las autoridades montan operativos relámpagos. Destruyen las chozas y los montan en trenes rumbo al oriente de la isla. Más tarde o más temprando, terminan regresando.

Llamémosle Ignacio. Un tipo de piel amarillenta y pómulos hinchados por el exceso de alcohol. Viste un overol negro empercudido que a gritos pide ser lavado. Fuma un cigarrillo tras otro. Jura tener 40 años, pero aparenta veinte más. La última vez que comió carne fue hace dos semanas, cuando en el vertedero de la Calle 100 recogió panza, lengua y algunas costillas de res.

“Si tú supieras la cantidad de cosas de valor que la gente y las instituciones del Estado botan no me creerías. Computadoras que funcionan y comida que se puede comer. Si la carne tiene un poco de peste, se le quita lavándola con agua y sal o vinagre. Luego pal’ sartén”, dice con una sonrisa forzada.

Las costillas, después de lavadas, Ignacio las vendió a tres pesos cada una en el ‘llega y pon’ donde vive hace siete años. “Pa’sopa no tienen precio”. Con el puñado de pesos se compró el trago de los olvidados: aguardiente casero filtrado con miel de purga y que en Cuba se le conoce como Bájate el blúmer y Chispa de tren, aunque ahora le llaman Donald Trump, pues al bajarte un litro hablas más sandeces que el mandatario estadounidense.

Los vecinos de Ignacio no lo quieren. Según Elsa, es un personaje tenebroso, borracho consuetudinario y muy cochino porque está una semana sin bañarse. “Además pajuso. Cuando se empina tres tragos, se pone a rascabuchear a las mujeres. Ya ha tenido broncas con los hombres por su descaro. O se va a una vereda que queda cerca de la CUJAE a masturbarse con las estudiantes que por ahí pasan. De los que viven aquí es el peor. Lo último que trajo el barco”.

Justo, un mulato encorvado y larguirucho que frisa los 50, lleva ocho años en La Habana. Trabaja pedaleando durante doce horas en un bicitaxi. Hace dos años trajo a su mujer y los dos hijos de un poblado remoto en Santiago de Cuba.

“No había futuro,nagüe. Vivíamos en un antiguo batey azucarero que por decreto de Fidel Castro cerró hace quince años. Allí la gente vive del aire, vendiendo guineos (plátanos), mangos, matando vacas y bebiendo aguardiente del malo. Primero vine yo solo. Después mi mujer vendió el ranchito y vino con los hijos. Yo me defiendo con el bicitaxis y ella lava pa’la calle y cuida viejos enfermos. Los chamacos van a la escuela, quieren estudiar, ganar dinero y vivir en una casa decente. Aunque vivimos mal, no quieren regresar a Oriente. De La Habana, dicen, si se van es pa’la yuma” .

La mejor vivienda del ‘llega y pon’ es la suya. Mitad ladrillos y bloques, mitad chapas de aluminio y tejas acanaladas. La luz eléctrica se le roba de un tendido cercano que pasa por la Autopista. Dentro construyó una letrina. Tiene un televisor de pantalla plana y un potente equipo de música que los fines de semanas no para de tronar un reguetón tras otro.

“A la puerta tuve que ponerle cerradura y reforzarla. Los ladrones hacen ola. Muchos de los que viven en el llega y pon son meao de perro, personas sin valores. El Estado no hace nada por ayudarnos. No tenemos libreta de abastecimiento. Gracias a una resolución especial, los hijos de los ilegales pueden ir a la escuela. Por no tener papeles, tenemos que trabajar siempre por la izquierda. Esto aquí es la ley de la selva. Estoy reuniendo un dinerito pa’ comprarme una casita en Marianao. Ese es mi sueño, legalizar mi situación en La Habana”, confiesa Justo.

Cuando cae la noche, los residentes de esta favela habanera refuerzan su moral contando historias de cubanos que vivieron como ellos y triunfaron. El éxito, en su opinión, es desayunar café con leche y sentados en una mesa, comer tres o cuatro platos diferentes. Tener legalizada su situación y poder vivir en una habitación con techo de placa.

No son muy exigentes. Para ellos La Habana es lo más parecido a Miami. Una primera escala.
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Luyanó, mi barrio (i), una breve historia.

Por Waldo Acebo Meireles.

“El terruño es la patria del corazón. De todos los
sentimientos humanos, ninguno es más natural que el
amor por la aldea, el valle o la barriada en que vivimos
los primeros años.”
José Ingenieros, Las fuerzas morales, 1925.


Los orígenes de Luyanó se remontan a mediados de los años 50 del siglo XIX cuando el Capitán General José Gutiérrez de la Concha e Irigoyen[1], un Capitán General más de triste recordación, autorizó el reparto[2] de las tierras ejidales, con ello surgen los Repartos de Iglesias, Caballero, Rodríguez, Pérez, Herrera, y Ojeda que conformaron el territorio básico e histórico de Luyanó; tres de esos poseedores de la tierra convertidos en sus propietarios por decisión del Capitán General, perpetuaron sus apellidos en los nombres de tres calles: Rodríguez; Pérez y Herrera, las cuales ya aparecen registradas en el mapa de La Habana de Esteban Pichardo[3] publicado en 1874, cinco años antes de su muerte.

Los límites de ese conjunto de repartos, a los cuales se le llamó Concha por muy poco tiempo, fueron al norte y este un camino vecinal llamado Camino del Alcoy que después se le denominó Calzada de Concha[4], al sur la Calzada de Luyanó y al oeste la Calzada de Jesús del Monte. El nombre de Luyanó procede del río que originalmente se le conoció con el nombre, posiblemente de origen indígena, Uyanó[5]. Cómo este Uyanó pasó a ser Luyanó, pues simplemente por algún copista, amanuense, escribano y menos probablemente por algún agrimensor ya que estos eran en extremo cuidadosos, que le añadió una L al Uyanó; lo mismo pasó, entre otros ejemplos, con el arroyo Polo que con el correr de los años se convirtió en Arroyo Apolo.
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¿Mayor salario con 'chavitos' sin valor?

Por Roberto Álvarez Quiñones.

La polémica Ley de Say, del economista francés Jean Baptiste Say, postula que toda oferta genera su demanda, pero Miguel Díaz-Canel y su ministro de Economía, Alejandro Gil,  sostienen que es la demanda la que crea oferta.

Por eso han decretado una subida de salarios y pensiones por más de 7.000 millones de pesos anuales, que significa lanzar para la calle una masa de dinero que elevará sustancialmente la demanda,  para así "aumentar la producción", y  valga el absurdo.
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Fidel Castro, el Comandante Playboy.

Por Carlos Alberto Montaner.





Decía Bob Hope, en tono profesoral, que en la vida todo había que comenzarlo por el principio. Hacía una breve pausa y seguía, risueño: “menos Playboy que se comienza por el medio”. Y tenía razón: el centerfold de la revista solía traer una señora estupenda provocativamente desvestida. Era una publicación “para adultos”. Fidel Castro estaba entre sus lectores, pero lo más importante es que se dejó entrevistar varias veces por el magazine. Sabía, intuitivamente, que la manera más rápida de llegarle al ciudadano norteamericano era a bordo del papel couchéde esa revista.

Abel Sierra Madero ha investigado el romance de Fidel Castro con Playboy  y el de todas las revistas para adultos con Fidel Castro, con la revolución y con los cubanos y, especialmente, con las cubanas. El título de su libro es el que tomo prestado para este artículo. Resulta realmente increíble lo que ha encontrado y coleccionado. El libro está lleno de reproducciones de las primeras páginas de los magazines.No en balde Sierra es historiador, graduado en Cuba, y ha estudiado un doctorado en literatura en una buena universidad de New York.
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El “Aserecoin”, nueva moneda virtual cubana.

Por Ramón Fernández Larrea.

Cuba quiere entrar al siglo XXI a pesar de Etecsa y sus precios inconcebibles. El verde olivo de las casacas ha pasado a las sombras y ahora los jerarcas que se disfrazan con él, no hacen casi maniobras para entretener a la tropa, sino que construyen hoteles y campos de golf. La plana mayor del Puesto a Dedo usa alguna que otra red social, casi siempre para bochorno de quienes estamos a salvo, es decir, lejos.

Pero algo detiene al país en el siglo anterior: una mano peluda, una zanja hecha un domingo de la defensa, una consigna que caducó hace tiempo o el marabú, que como mismo invade los alegres campos de la isla, busca resquicios en la ideología.

Las consignas no han cambiado, han vuelto a ser aquellos lemas de piedra que soltaba Fidel Castro y sus seguidores al principio del hundimiento, y sólo falta que enardezcan de nuevo a la chusma pidiendo paredón para alguien. Pero les da miedo, no vaya a ser que un despistado o  al servicio de la CIA pida paredón para algunos de ellos, y las cosas lleguen al límite.

El gobierno no se desmadra, no se manda y se zumba, no se desordena, sino va de a poquitos, prometiendo, intentando resolver algún problema, prometiendo que va a intentar solucionar alguno de los miles de problemas sociales, económicos, morales, nacionales e internacionales a los que la idiotez o la locura del Dios de la revolución metió al país en su afán de brillar y estar en el olimpo de la izquierda, esos seres extraños.

Y ahora, después de que el país ha estado sumido en la mayor confusión con dos monedas que son tres, el “Gobierno cubano anuncia que está estudiando la posibilidad de crear su propia criptomoneda  ‘para evitar las sanciones de Estados Unidos’ en sus relaciones comerciales nacionales e internacionales”.

Más allá de que eso de la criptomoneda me hace pensar en la kriptonyta de Supermán, o en algo más críptico y práctico, como la falta de liquidez de Cuba y la fama de mala paga que ha obtenido a nivel mundial, me daría risa si esto no fuera un plazo más para esconder otros fracasos, otras trampas, otras malas artes. Sería más acertado el término “cristomoneda”, que significa que pagarán si Dios quiere. Y al final me viene a la mente aquella sentencia que repetía mi abuela cuando alguien quería hacer algo grande sin recursos: ¿con qué se sienta la cucaracha?

Una criptomoneda para confundirlos a todos, empezando por la población. Parece cosa del futuro, de ese futuro que los gobernantes cubanos han estado prometiendo desde que destruyeron el pasado, pero no, parece que va en serio, porque el propio ministro de Economía y Planificación de Cuba, Alejandro Gil, ha aparecido en el espacio humorístico más visto por los cubanos: la Mesa Redonda.

Allí, sin que se le corra el maquillaje ni a Randy le crezca una flor en los baches de la cara, ha dicho: “Estamos planteando estudiar la aplicación de la criptomoneda en las relaciones comerciales nacionales e internacionales (…) Hay que ver cómo se pueden incorporar medidas de este tipo que nos permitan avanzar buscándole solución a los problemas”.

Problemas, estudiando, soluciones, medidas, palabras y palabrejas, términos en fase terminal. Cuba es el país donde más medidas se toman o se prometen tomar, como si el gobierno fuera un sastre o un funerario que ha de vestir al cliente. Aunque la idea de la modernidad que da pensar en una criptomoneda hace nacer la ilusión de que ahora sí, que estamos en el camino correcto, que habrá despegue, todo no es más que una burbuja, una triste y fragilísima burbuja.

Dicen que con ello, además de agilizar las relaciones nacionales e internacionales, se da un paso de avance para eliminar las dos monedas que hoy por hoy campean en la isla. No sé, no creo, no visualizo ni metaforizo y mucho menos aterrizo.

El pueblo seguirá confundido, cobrando con una moneda y pagando con otra, y en el medio, invisible e impalpable, una criptomoneda cubana sin respaldo: el “aserecoin”, la que usará el estado para que el cubano crea que le pagan, cuando el ciudadano haga como que trabaja.
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¡Ay, José!

Por Esteban Fernandez.


Leo y veo por la televisión cientos de comentarios sobre el debate de los candidatos demócratas. Estas líneas no son para comentar sobre ellos, solamente les dedico 20 palabras: Me parecieron como un montón de gatos igualados fajados para ver quien de ellos será comido por el león Trump. Eso es todo, porque a mí todos me son antiflogitinicos y antiespasmódicos. Casi ni caso les puse.

Mi atención, mi disgusto y no voy a decir "mi decepción" porque jamás ha sido santo de mi vocación fue concentrada en José Díaz Balart. El decepcionado tendría que ser su padre si viviera, quien debió estarse revolcando de disgusto en su tumba.

¿Cómo un hijo de él iba a permitirle impávido al viejo zorro e “hijo de... Lenin” Bernie Sanders balbucear que intenta: “Cambiar radicalmente a los Estados Unidos e implantar un sístema socialista en USA”?

Dicen que su padre Rafael fue el que más luchó para lograr el divorcio de su hermana Mirta con el monstruo, fue el fundador en Miami de la primera organización anticomunista “La Rosa Blanca” para salvar a nuestro país de la tragedia socialista.

Yo que no soy hijo de Rafael Díaz Balart -pero soy hijo de otro anticomunista eterno- si hubiera sido parte del panel de entrevistadores lo primero que hubiera dicho a todo pulmón: “¡Qué levanten las manos todos los que simpatizan de algún modo con el socialismo, con el marxismo, con el leninismo, con el comunismo!” Y acto seguido hubiera gritado: “¡Yo, sinceramente, NO VOTARÉ -ni aunque mi vida dependiera de eso- POR NINGUNO de los que levantaron las manos!”

Me hubieran botado del trabajo (y, desde luego, él no qulere perder su elevado salario) pero estoy seguro que mi padre en el cielo, o donde esté, hubiera dado una fiesta y se hubiera levantado a aplaudirme.

Y dudo mucho que Don Rafael Díaz Balart se haya sentido muy orgulloso con la actitud pasiva de su hijo, sino que "desde el más allá" tiene que haberse sentido humillado y decepcionado.

Y esto no tiene nada que ver con que luce ser un militante detractor de Donald Trump, eso es legítimo  y permitido, y cada cual tiene el derecho de simpatizar con el político de su preferencia. Eso es asunto de él.

Esto es algo diferente, es que delante de un descendiente directo de Rafael Díaz Balart, tenía que -aunque fuera- lucir incómodo ante todas las barrabasadas marxistas de Bernie (B.S.) Sanders y todos los demás candidatos que -al igual que José Díaz Balart- tratan de congraciarse con el decrépito y trasnochado senador de Vermont y con sus ideas comunistas que llevarían a este país al mismo desastre que su padre trató de evitarnos.

Con una sola pregunta se hubiera salvado de su ignominioso silencio y aceptación: “¿Usted sabe quién yo soy?: soy el hijo de un hombre que dedicó casi toda su vida a luchar a brazo partido contra la cochinada que usted defiende y las hediondas palabras que usted esgrime”. Hasta yo -que soy ultra conservador- hubiera aplaudido esas palabras.

Y ni una sola condena por parte de los candidatos ni de los panelistas de los millones de muertos producidos por el comunismo (disfrazado de socialismo que el Partido Demócrata intenta implantar aquí) que han caído en Cuba, Venezuela, Nicaragua, Europa y el mundo entero.
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¿Cuánto gana ETECSA con las recargas que reciben los cubanos?

El monopolio de telecomunicaciones estatal ETECSA podría haber obtenido una ganancia superior a los 7.000.000 en divisas extranjeras (mayormente dólares estadounidenses y euros) por las recargas de saldos hechas desde el extranjero a teléfonos celulares prepago.

Esa cifra podría haberse obtenido en apenas 18 días usando la aplicación Transfermóvil, según ha sugerido el emprendedor cubano Luilver Garcés Briñas, director general de la plataforma de servicios a través de SMS Knal.es y de la aplicación móvil Home Run, orientada hacia el mercado inmobiliario.

Garcés Briñas, licenciado en Ciencias de la Computación, ofreció este balance a partir del SMS de confirmación que envía CUBACEL al número recargado, donde consta el monto recibido, la fecha en que expira y un número de transacción que se corresponde con "una serie numérica consecutiva", señaló el sitio cubano El Toque.

El emprendedor considera que, al restar al número de la recarga más reciente el de una anterior se obtiene la cifra de transacciones que se produjeron entre ambas.

La hipótesis de Garcés Briñas es que, considerando el número de transacciones ocurridas entre el 27 de mayo y el 13 de junio últimos, "CUBACEL ha puesto 1.426.051 recargas", publicó en su perfil de Twitter.

Si se multiplica esa cifra por cinco, el monto a partir del cual es posible recargar en Cuba con Transfermóvil (5 CUC), se pueden estimar ingresos de al menos 7.130.255 unidades monetarias en divisas para la única empresa de telecomunicaciones del país.

A través del servicio de recarga internacional, ETECSA exige un importe no inferior a los 10 CUC o su equivalente en la divisa extranjera en que se haga la recarga. Más de una decena de comercializadores diferentes ofrecen el servicio, todos a partir de los precios fijos que les da la única operadora nacional.

El Toque asegura que la cifra de recargas que calcula Garcés Briñas es aproximada y mínima, por lo que la cantidad de transacciones debería ser mayor, así como también el importe acumulado.

El propio sitio ofreció su estimado a partir de hacer un análisis semejante entre el 24 de diciembre de 2018 y junio último. De acuerdo con los resultados, en esa fecha se habrían realizado aproximadamente 12.398.000 de recargas, para un mínimo de 61.990.000 unidades monetarias en divisas ingresadas por ETECSA en los pasados seis meses.

ETECSA es una de las empresas del Estado más criticadas por sus clientes debido a lo caro y poco fiable de su servicio. Una campaña viral en redes sociales, bajo la etiqueta #BajenLosPreciosDeInternet, ha pedido tarifas más justas.

También está entre sus demandas que ETECSA haga públicos sus ingresos por concepto de recargas internacionales. No obstante, las cifras de ingresos empresariales de las entidades estatales cubanas raramente son divulgadas.

Al cierre del primer semestre de 2019, existían 5,56 millones de líneas móviles en Cuba, de las cuales 2,5 millones se conectan a Internet a través de los paquetes de datos móviles, cuyos valores oscilan entre siete y 30 CUC.

El 29 de junio pasado, el Director de Servicios Móviles de ETECSA, Frank Pavón Carbonell, publicó en su cuenta en Twitter que hasta el día anterior se habían vendido 13,5 millones de esos paquetes para acceder a la red de redes a través de la 3G.

Los usuarios cubanos en Twitter no demoraron en sacar cuentas. Multiplicada esa cifra por siete (precio de la menor oferta: paquete de 600 Mb de un costo de siete CUC), la entidad estatal habría recaudado un mínimo de 94,5 millones de CUC en los últimos seis meses.
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Triplican el sueldo de los periodistas estatales.

Por Raúl Rivero.

Cuba: triplican el sueldo de los periodistas estatales

Hay en el universo del trabajo, en la compleja y múltiple esfera laboral, algunos oficios y profesiones que se realizan, que se hacen, no por el estímulo del dinero, de prebendas materiales o por un estatus aventajado en la sociedad. Esas faenas prosperan, florecen y se mantienen en su más alto nivel por un factor humano y por una sentimiento interno que se llama vocación.

Hablo, por ejemplo, del periodismo, donde el elemento que garantiza su calidad, su fuerza y su efectividad no radica en la cantidad de billetes que cobren los comunicadores, sino en el entusiasmo y la entrega que pongan los periodistas en el desafío, misterioso y conmovedor, de la página en blanco.

Siempre será bueno y decoroso que se pague bien a los redactores, columnistas y reporteros que trabajan en los medios. Lo que es una barrabasada, una torpeza y una seña hecha por los demonios de la estupidez y la miseria política, es subirle el sueldo a los informadores no para tratar de que eleven su nivel técnico, más bien simplemente con la intención y el deseo de afianzar y magnificar su docilidad.

Pues bien, eso es lo que acaba de hacer el gobierno cubano al subirles el sueldo tres veces a los hombres y mujeres que están en las nóminas de la radio, la televisión, los periódicos, las revistas y los sitios oficiales de internet.

Miguel Díaz Canel, el anunciador de los aumentos de salarios está satisfecho con la medida. En los sitios oficiales algunos han mostrado su leve alegría y sus dudas: “Sabemos que no es lo que nos merecemos, pero al menos es algo.”

Y hay también opiniones más radicales: “Las redacciones están vacías. Ellos saben que si quieren tener periodistas para la propaganda tienen que pagar más. La mayoría de los que se graduaron conmigo se han ido del país o están colaborando con la prensa independiente que paga mejor.” Por cierto, ninguno de los que dan su opinión quiere decir sus nombres.

El gobierno puede triplicarles el sueldo para que sean más obedientes, disciplinados y para que al aplauso resuene y llegue a la ovación. Lo que no tiene la dictadura, ni nadie, es una moneda para comprar la inspiración y la pasión por escribir la verdad y expresar con honestidad las ideas que tiene el hombre en la cabeza.
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#Metoo en Cuba: a través de las redes sociales.

Por Iván García.

#Metoo en Cuba: a través de las redes sociales

Una joven se gana la vida vendiendo artesanías y boinas verde olivo en una explanada contigua a la Plaza de la Revolución, donde antaño el barbudo Fidel Castro pronunciaba sus extensos discursos arremetiendo contra ‘el imperialismo yanqui’. Un sol de miedo asola el lugar. Pasada las dos de la tarde, el termómetro marca 34 grados Celsius, pero el polvo del Sahara, que por estos días afecta a Cuba, provoca una sensación térmica de 46 grados.

Cuando un ómnibus de dos pisos llega con turistas europeos deseosos de hacerse un selfie en uno de los íconos de la desgastada revolución cubana, la joven suda a chorros. Varios turistas compran artesanías y boinas. Posteriormente, ella cuenta el dinero que le entregará al chofer de un renovado Impala descapotable de color rojo, dedicado a mostrarle la ciudad a visitantes y turistas, a 30 cuc la hora.
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martes, 2 de julio de 2019

El jefe del comando que mató a la niña Begoña Urroz.

Por Lucas de la Cal.


Primera escena. Día de Año Nuevo de 1959. La revolución cubana triunfa en el archipiélago del Caribe y el derrocado dictador Batista se refugia en Estados Unidos. Ocho días después, el comandante Fidel Castro entra eufórico en La Habana. «¡Viva Cuba Libre!», grita la multitud. Entre las miles de personas que aclaman al nuevo líder hay un español burgués de 35 años nacido en Barcelona que dirige una empresa de tejidos de punto. «Esto es lo quiero en mi país, una revolución», comenta a sus amigos. Su nombre es José Abderramán Muley Moré, aunque todos lo conocen como Pepe.

Segunda escena. Un año y medio después, en San Sebastián, al norte de España. Es 27 de junio de 1960. Una maleta bomba fabricada con ácido sulfúrico, mezcla de clorato de potasio y azúcar explota en la consigna de la estación de Amara. Una bebé de 20 meses queda herida y muere horas después. Se llama Begoña Urroz. A unos kilómetros de allí, en la frontera con Francia, se esconde el jefe del comando terrorista que ha perpetrado el crimen. Es él, Pepe Muley. Ha regresado a España para emular aquí la revolución cubana.
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La demagogia salarial castrista: medidas inoportunas e ineficaces.

Por Elías Amor Bravo.


Ante la gravedad de la situación económica, que ya no se oculta a nadie, y su progresivo deterioro sobre todo en el segundo semestre, Díaz-Canel ha decidido actuar. El último consejo de ministros castrista ha aprobado una serie de medidas que, según el diario comunista Granma, tienen como “fin impulsar una estrategia económica basada en el máximo aprovechamiento de las capacidades internas y del potencial humano con que cuenta el país”.

¿Son acertadas las medidas? ¿Van a lograr sus objetivos? Ojalá se pudiera anticipar el resultado de las mismas. Por lo pronto, lo único que se puede hacer es realizar una evaluación de lo que significan en relación con el entorno actual de la economía cubana.
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