viernes, 29 de abril de 2022

La revolución es cosa del pasado.

Por Iván García.

El 8 de enero de 1959, Lorenzo, 86 años, vecino de la barriada habanera de La Víbora, después de desayunar, fue hasta la parada de ómnibus más cercana a su casa y allí cogió una ‘enfermera’, como entonces le decían a los autobuses blancos de la ruta 37. En un puesto de lotería en la Esquina de Toyo cobró un parlé de 230 pesos.

«Un dineral para la época. Luego, con unos amigos, nos fuimos a ver a los barbudos, entre ellos a Fidel, que pasó montado en un jeep militar por Vía Blanca hasta Concha y Luyanó. La gente estaba ilusionada, creía que la situación iba a cambiar y mejorar en Cuba. Aquellos días que no los he olvidado”, rememora el anciano.

Como muchos cubanos, Lorenzo consagró una parte importante de su vida a la revolución. “Era imposible no creer en Fidel Castro. Hablaba como un santo. Te repetía una y otra vez que no era comunista y que quería un país democrático con elecciones libres, sin corrupción y con justicia social. Fui miliciano. Combatí en Playa Girón y en la lucha contra los alzados en el Escambray. Cuando el éxodo por el puerto del Mariel, en 1980, fue que descubrí la estafa. Que todo era una trampa. Que a Fidel y a su hermano Raúl solo les interesaba el poder, el protagonismo político y no construir una sociedad libre, moderna e inclusiva”.

En la primavera de 2022, Lorenzo es un viejo achacoso que hace colas cinco días a la semana para comprar el pan o esperar que llegue el pollo al mercado donde venden por pesos. “Hace ocho meses que no tengo los medicamentos que necesito para la circulación. Trabajé toda mi vida y con la pensión que recibo no puedo ni comprar un par de zapatos. Si no lo paso peor es gracias a que mi hija me ayuda y a la caridad de mis vecinos. La revolución cubana fue un espejismo, un engaño. 63 años después vivimos peor. Nunca ha habido democracia. Hay que hacer otra revolución y comenzar de nuevo”.

Doris, 55 años, profesora, no había nacido cuando Fidel Castro conquistó el poder a punta de carabina. “Soy hija de padres que creyeron en el proceso revolucionario. Me decían que ellos se sacrificaban para que yo tuviera una vida digna. Como todos los nacidos después de 1959, recibí una enseñanza adoctrinada que me hizo creer que el socialismo era el futuro de la humanidad. Pensaba que el imperialismo yanqui tenía sus días contados. Pero lo que se cayó fue el comunismo soviético».

Ya en la década de 1980, Doris comenzó a tener dudas. «Mis hijos no comían lo mismo que los hijos de los dirigentes y los altos oficiales de las FAR y el MININT. No vivíamos en las mismas casas ni teníamos la misma calidad de vida. La casta gobernante tenía criadas, las llamaban ‘empleadas domésticas’, dos o tres automóviles en el garaje y pasaban las vacaciones en Varadero o en el extranjero. Mientras, los cubanos comprábamos los alimentos por la libreta de racionamiento, viajábamos en guaguas atestadas de pasajeros y quienes podían, vacacionaban en una base de campismo popular donde pululaban los mosquitos. Después que mis hijos se marcharon de Cuba, y empezaron a enviarme dólares, es que he podido tener una vida digna. La revolución fidelista fue un fracaso, una mentira. Lo que queda son sus discursos”, confiesa Doris.

Si usted recorre las calles de la Isla y conversa con ciudadanos de a pie, notará el amplio descontento al modelo económico, político y social vigente. La gente no se corta. Habla sin tapujos. Diario Las Américas le preguntó personalmente o por WhatsApp a 32 personas, en edades comprendidas entre 18 y 89 años, su opinión sobre el gobierno. En una escala del uno al diez (a partir de siete es aprobado), 26 encuestados le dan de cero a dos puntos al presidente Miguel Díaz-Canel, elegido a dedo por Raúl Castro.

Víctor, ingeniero, uno de los entrevistados, considera que “de positivo Díaz-Canel no aporta casi nada. Habla mucho y ejecuta poco. Semana tras semana se la pasa de reunión en reunión o viajando a provincias. La prensa y los noticieros siguen con el mismo triunfalismo de la era castrista, culpando al ‘bloqueo’ y a Estados Unidos de todo el desastre interno. Díaz-Canel es un saco de plomo (un tipo pesado), siempre con la misma muela de la cultura del detalle y arrancarle a los problema un cachito. Casi todos los dirigentes y funcionarios nacionales y provinciales están cortados por la misma tijera y tienen el mismo biotipo: barrigones, mediocres, con un lenguaje empobrecedor, repleto de jergas y consignas. Si hubiera una calificación por debajo de cero se la diera a Canel”.

Victor piensa que el modelo cubano está agotado. “Si alguna vez funcionó, gracias a los millones de rublos que llegaban de la antigua URSS, fue a un costo inasumible. Es cierto que tuvimos un sistema de salud pública universal bastante avanzado para un país del Tercer Mundo. Pero cuando dejamos de recibir subsidios a duras penas se sostiene. La educación, otros de los logros de los cuales se vanagloriaba Fidel Castro, tuvo a su favor el amplio acceso a los estudios superiores. Pero la educación, desde primaria hasta la universidad, tenía y sigue teniendo, un alto contenido de adoctrinamiento ideológico y de manipulación. Los que abiertamente no eran revolucionarios no podían acceder a ciertas carreras universitarias o si se graduaban después no podían conseguir buenos empleos. El modelo cubano hace rato que dejó de funcionar. Debemos fundar un nuevo proyecto de república, donde se premie al talento y al esfuerzo. No la lealtad política a un partido”, opina Víctor.

Cuatro de las 32 personas consultadas le otorgan cinco puntos al gobierno. Y solo dos aprueban su gestión. Uno de ellos es Saúl, directivo de una empresa del Estado. Alega que “el bloqueo yanqui no es un cuento. Si lo levantan, verás cómo el país sale adelante”. Los que suelen apoyar o justificar los groseros errores del sistema político cubano, ocupan cargos importantes dentro del esquema institucional. Suelen ser militares en activos, jubilados que reciben buenas pensiones e intelectuales afiliados al sector de la cultura, los cuales por simulación, oportunismo, miedo o simplemente porque apoyan al régimen, en público repiten la narrativa oficial.

En privado son más críticos. Pero incluso los que creen que Fidel Castro es un líder histórico y el actual gobierno merece un voto de confianza, coinciden que el modelo cubano debiera ser reformado. Un periodista estatal piensa que “nuestro modelo económico, productivo y político debe ser más democrático. Y que la oposición que no sea financiada por el gobierno de Estados Unidos, debiera tener un espacio político. No se puede tirar a la basura lo positivo que aportó la revolución. Debemos dejar de vivir del pasado. Respetar las diferencias. Combatir la pobreza y crear oportunidades iguales para todos. No penalizar ni ponerles trabas a los emprendedores que crean riquezas”.

Pero donde más antipatía genera Fidel Castro, la revolución cubana y el actual gobierno es entre en los jóvenes. Dian, estudiante universitario, manifiesta que si “Díaz-Canel fuera honesto consigo mismo, debiera pararse un día en la Plaza de la Revolución y convocar a los cubanos a instaurar un nuevo modelo de nación. Gran parte de los cubanos sabemos lo que queremos: democracia, libertad de expresión, salud pública, educación universal y una oposición política legal. También lo que no queremos: corrupción, un capitalismo de amigos y monopolios como GAESA. Tampoco queremos democracias fallidas como la de México.”

El tiempo está en contra del régimen verde olivo. La represión y el miedo pueden retrasar los cambios que los cubanos piden a gritos.

Esa inercia acelerará la emigración y la simulación. Pero más temprano que tarde, inexorablemente, la democracia aterrizará en Cuba. Porque es el deseo de la mayoría de una población que debiera ser escuchada por los gobernantes.

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jueves, 28 de abril de 2022

Ramiro Valdés, “el carnicero de Artemisa”, cumple 90 años.

Por CubaNet.

Sus últimos meses han sido intensos. De visita en visita y de reunión en reunión, Ramiro supervisa la construcción del socialismo en la Isla, una labor que inició junto Fidel Castro en 1959 y que todavía parece no tener fin.

Ramiro Valdés Menéndez, combatiente de la Sierra Maestra y Comandante de la Revolución, cumple hoy 90 años, misma edad a la que llegará Raúl Castro el próximo 3 de junio.

De los sobrevivientes de la plana mayor histórica del régimen cubano, solo Ramiro Valdés se mantiene ocupando altas responsabilidades. Sus últimos meses en funciones de viceprimer ministro han sido intensos. De visita en visita y de reunión en reunión, Ramiro supervisa la construcción del socialismo en la Isla, una labor que inició junto Fidel Castro en 1959 y que parece no tener fin.

En las últimas semanas, el Comandante de la Revolución ha realizado desplazamientos de capital importancia dentro de la Isla, entre ellas destacan una visita a la Fábrica de Cemento de Nuevitas (Camagüey) y varios recorridos por industrias de la provincia de Cienfuegos.

La lealtad de Ramiro.

Granma, el órgano oficial del Comité Central del Partido Comunista de Cuba (PCC), no perdió la oportunidad de rendir homenaje a Ramiro en su cumpleaños 90.

“Justo, sincero como pocos, eterno soldado de la Patria y digno libertador, sí, porque estuvo en el Moncada, porque viajó en el Granma, porque subió a la Sierra, porque a la diestra del Che llevó la invasión hacia Occidente, porque jamás falló a Fidel ni a la obra con la que soñaron”.

El texto continúa agradeciendo la lealtad de Valdés al castrismo.

“Gracias, Comandante Ramiro Valdés Menéndez, por su compromiso con Cuba y con la libertad y el bienestar de todo un pueblo. Gracias por elegir el lado difícil y no siempre halagüeño, pero profundamente ennoblecedor, del deber, por ser parte de aquellos que no dejaron morir al Apóstol”.

Un represor experto.

Los sucesos del pasado año en Santiago de Cuba han alejado a Ramiro del “baño de pueblo” del que supuestamente siempre gozó. Allí, en la tierra caliente, el régimen intentó enfriar el fervor de las protestas del 11J sacando al Comandante de la Revolución a la calle. Sin embargo, la gente arremetió contra él, gritándole “asesino”, un calificativo que para nada desmerece.

Tras el sofocón, el viceprimer ministro condecoró a los oficiales que intervinieron en la represión contra las manifestantes en esa provincia. Y es que celebrar los abusos del castrismo es algo que Ramiro siempre ha disfrutado. Habría que recordar que fue dos veces ministro del Interior (1961-1968 / 1979-1985), cargo que le ubicaba como uno de los principales ejecutores de la represión comunista.

Muchos también recuerdan su etapa como ministro de la Informática y las Comunicaciones (2006 y 2011), un puesto que mostró a un Ramiro versátil y presto a desdoblarse en el mundo de la tecnología.

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domingo, 10 de abril de 2022

Cuba, de mal en peor.

Por Luis Cino Álvarez.

Frenos y restricciones al sector privado, abusivas tiendas en MLC y un reordenamiento económico implementado en el peor momento posible y que fracasó rotundamente y provocó una inflación que ha lanzado a la indigencia a la mayoría de los cubanos… Con tantas políticas absurdas e impopulares que solo hacen aumentar el descontento y, por tanto, la animadversión hacia el régimen, uno pudiera llegar a sospechar que en las altas esferas del Estado-Partido-Gobierno hay personas interesadas en conseguir que la continuidad post-fidelista acabe de reventar de una vez y por todas.

Por su desastroso manejo de la economía, su desconexión de la realidad, el empecinamiento en mantener políticas y métodos que fracasan una y otra vez, por su torpeza y los continuos disparates y papelazos, Díaz-Canel y sus ministros incapaces son el más desastroso equipo de gobierno de la historia de Cuba. Van, siempre con el mismo discurso, de un error en otro, de disparate en disparate, de papelazo en papelazo. Es como si se esforzaran en que todo les saliera mal.

Las más recientes movidas de los mandamases para captar divisas parecen propias de una comedia de absurdos, como por ejemplo, en medio de tanta hambre, miseria y apagones, con una población que solo piensa en cómo conseguir alimentarse, la impostura de un festival ridículo y cheo, hecho en contubernio con un par de vividores italianos.

Recientemente inauguraron en La Habana una tienda que vende embarcaciones, motores y brújulas, como invitando a que más personas, luego de pagar caro, se sumen a la actual desbandada migratoria, la mayor desde la crisis del Mariel en 1980.

Los mandamases culpan a las políticas norteamericanas hacia Cuba, particularmente a la la Ley de Ajuste Cubano, de ese éxodo descontrolado que está costando la vida de muchos compatriotas. Pero lo estimulan. La cuenta que sacan, con su mentalidad de bodegueros fallidos, es que los que se marchan son menos bocas que alimentar, menos descontentos que reprimir y más remesas en solo unos años. Creen los mandamases que si le sacan vapor a la olla de presión, retrasarán un poco más el reventón.

En lo único que es eficiente este régimen es en la vigilancia y la represión. Pero eso, de tanto que se les está yendo la mano con el apretón, les resultará contraproducente.

La dictadura, que entró en pánico con las protestas de los días 11 y 12 de julio de 2021, ha castigado con crueldad a cientos de jóvenes que participaron en ellas, imponiéndoles condenas de más de 20 años de prisión (de 30 a dos de ellos). Así, se han ganado el odio de sus familiares, amigos y vecinos y la repulsa internacional.

El castrismo quiere intimidar y aherrojar más a los cubanos con un nuevo Código Penal de aliento nazi-estalinista y un aluvión de leyes prohibitivas que parecen propias de un reglamento carcelario. De momento, puede que consigan intimidar, pero no será por mucho tiempo.

Hoy lo que prima entre los cubanos de a pie, más que el temor, es la desesperanza ante un futuro que cada vez luce más incierto. También hay mucha confusión a la hora de repartir culpas por la actual situación, siempre evadiendo, para no arriesgarse, la responsabilidad personal en la solución de nuestros problemas. Es como si el arreglo de los problemas de Cuba correspondiera a escoceses o croatas para que, mientras, nosotros, los dolientes, nos dediquemos a buscarnos los pesos y ver qué cocinamos mañana.

Hace poco escuché a una mujer de mediana edad que, en una larga cola para comprar aceite y pollo, además de quejarse de los altos precios y la escasez, a propósito de las desmesuradas condenas contra “los muchachos de las protestas”, despotricaba lo mismo contra “los gordos descarados estos” (los mandamases) que contra “los americanos que te hacen ir a Guyana a ver si te dan la visa” y “la gente de Miami que empujan desde allá y no se dan golpes, como el Otaola ese”, en referencia al influencer Alex Otaola.

El régimen, a fuerza de represión, logró frustrar la Marcha Cívica por el Cambio del pasado mes de noviembre. Con ello, ha logrado infundir el desaliento y la desconfianza entre muchos de los que se oponen al castrismo.

Escucho a algunas personas, con no poco cinismo, criticar con acritud a disidentes que se han ido al exilio recientemente, no importa si sacados de la cárcel y forzados al destierro por la Seguridad del Estado. Exigen de esos activistas el sacrificio y la inmolación de la que ellos mismos no son capaces.

Te citarán el caso de Yunior García Aguilera, la desarticulación de Archipiélago, del 27N y del Movimiento San Isidro; te dirán que sus compañeros dejaron abandonados a Luis Manuel Otero y Maykel Osorbo, contra quienes la fiscalía pide seis y diez años de prisión, respectivamente; te repetirán que la oposición, enferma de egos e infiltrada por los topos de la Seguridad del Estado, no logra ponerse de acuerdo ni siquiera en puntos comunes mínimos y que “aquí, con tanto chivato, no se sabe quién es quién”.

Y concluirán, en plan de derrotados, dándole el gustazo al régimen, asegurando que no vale la pena arriesgarse, que “esto no hay quien lo tumbe ni tampoco quien lo arregle”, que “este pueblo no  sirve”, que “nos merecemos lo que tenemos”, que “esto, aunque se caiga la semana que viene, no se arregla ni en 40 años”, que “lo mejor es irse”.

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viernes, 8 de abril de 2022

Cubanos están vendiendo sus casas para emigrar.

Por Iván García.

Es una auténtica estampida. Pregúntenle a Sergio, 52 años, ingeniero en telecomunicaciones, a Sheila, ex propietaria de un hostal o a Ricardo, entrenador deportivo, sus motivos para emigrar de la Isla y obtendrá la misma respuesta: “Esto (la situación del país) no hay quien lo aguante”.

Una respuesta que recoge el sentir de casi todas las personas que madrugan en un parque cerca de la Embajada de México, en la barriada de Miramar, al oeste de La Habana. Como el ingeniero Sergio, quien antes de contar su historia, busca en su mochila negra un termo de café. En un vaso desechable se sirve un poco. Luego prende un cigarro, exhala el humo y dice:

“Mis dos hijos están desesperados. El mayor estudia en la universidad. Un día sí y otro también me repiten sus deseos de emigrar. Tenemos parientes en Estados Unidos, pero al no ser padre, madre o hermanos no clasifican para el programa de reunificación familiar. Probamos por el programa de lotería internacional que otorga 50 mil visas a Estados Unidos. Pero no tuvimos suerte. Soy un profesional, pero mi salario no alcanza para reparar la casa, comprar un televisor nuevo ni zapatos a mis hijos. He desperdiciado mi vida en Cuba, engañado con las falsas promesas de un futuro luminoso. No soy tonto. A mi edad, cuando emigre, quizás tenga que trabajar lavando platos o en la construcción. No me importa. Creo que mis hijos se merecen la oportunidad de demostrar su talento y un futuro mejor. Nunca me arrepentiré del paso que voy a dar”.

Sergio confiesa que vendió la casa que heredó de sus abuelos. “La vendí en 40 mil dólares. Probablemente valía el doble, pero necesitaba con premura el dinero para volar. Pienso que es la última oportunidad”. El plan es simple. Llegar a la frontera sur de Estados Unidos y pedir asilo o un parole humanitario. Aunque vender sus propiedades parezca una estrategia errónea, los futuros inmigrantes cubanos actúan de acuerdo al modo de operar del Departamento de Seguridad Nacional de Estados Unidos.

Sheila, vendió en 75 mil dólares su hostal de ocho habitaciones que rentaba a turistas en Trinidad, provincia Sancti Spíritus, a más de 300 kilómetros al sureste de La Habana. De antemano ella sabía que “desde hace dos semanas las autoridades fronterizas de Estados Unidos, en algunos puntos de entrada, están otorgando el parole a los cubanos”.

La información corre de boca en boca por toda la isla. En las redes sociales, los que han tenido la suerte que le otorguen un documento de libertad después de una retención temporal, cuentan al detalle el día y lugar por donde intentar el acceso a Estados Unidos.

Sergio explica que “es tan pormenorizada la información que te describen hasta el turno de guardia que es más abordable. Claro, también circulan rumores y fake news. La gente en la calle está diciendo que como el director de Seguridad Nacional en Estados Unidos es de origen cubano ahora hay una política de puertas abiertas para nosotros”.

Ricardo, entrenador deportivo, asegura que ha viajado a México en múltiples ocasiones. “Me dedicaba al negocio de importar pacotillas y teléfonos móviles. Pero la cosa está durísima. Mi esposa está embarazada. No quiero que mi hijo nazca en un país donde sus dirigentes mienten todo el tiempo y la gente tiene que hacer cola para poder comer. Vendí la casa, mi moto y reuní la mayor cantidad de dinero posible. Si no le dan visa a mi esposa, me voy primero y después la reclamo. O probamos por otro país. Si no puedo entrar a la yuma de forma legal, lo hago por la izquierda (ilegal)”.

La información titulada «Parole humanitario para cubanos es una medida de emergencia en la frontera, no un cambio de política», del periodista Wilfredo Cancio Isla, publicada el 29 de marzo en CiberCuba, de inmediato empezó a ser compartida en sus celulares, como si fuera pan recién salido del horno, por quienes en la isla tienen planes de emigrar. Pero la noticia pronto fue tergiversada.

En la cola para comprar salchichas en un mercado del municipio Diez de Octubre, una mujer le decía a otra: “Ya leíste la ultima. Dicen que por El Paso, Texas, las autoridades migratorias de Estados Unidos están dando visas humanitarias” (la información aclara que es un parole humanitario por las comunidades texanas Uvalde, Del Río y Eagle Pass). Enseguida, varios de la cola se apiñaron entorno a la mujer, en busca de más detalles. “La semana que viene vendo mi apartamento y me voy tumbando, antes que los yuma cambien de idea”, dijo un joven. Una señora añadió: “Eso es lo que tienen que hacer los americanos. Darle visa a todos los cubanos pa’que tu vea que estos descarados (el gobierno) se quedan solos. Hasta yo que tengo 70 años me voy echando. El último que se vaya que apague el Morro”.

En las agencias de venta de pasajes aéreos y en las embajadas caribeñas y latinoamericanas en La Habana ha aumentado el número de solicitantes de visas. “Donde más gente hay es en la de Panamá y México. Entre dos y tres mil personas, diariamente hacen cola para largarse de cualquier forma”, afirma un custodio de la Embajada de Panama.

Hasta 7 mil dólares se está pagando por un billete aéreo a Nicaragua, donde no se necesita visa. Aunque las autoridades cubanas culpan a Estados Unidos de la nueva ola migratoria, el pistoletazo de salida fue una maniobra del régimen en componendas con sus aliados de Nicaragua y Venezuela. Después que la dictadura de Daniel Ortega eliminara el visado para los cubanos que viajan a Nicaragua, una muchedumbre se concentró en las oficinas de reservación.

Un boleto que habitualmente costaba 500 dólares, la línea aérea venezolana Conviasa empezó a venderlo en dos mil dólares. Algunas embajadas, como Panamá, Costa Rica y Colombia, intentando frenar la avalancha de cubanos, comenzaron a exigir visas de tránsito, lo que generó sonadas protestas en las afueras de la embajada panameña ubicada en 5ta. Avenida y Calle 24, Miramar.

Según estadísticas de las autoridades de inmigración en Estados Unidos, en los primeros cinco meses del año fiscal 2022, 47,431 cubanos entraron al país. 46,752 lo hicieron por la frontera sur. En el mes de febrero fueron 16,550. La patrulla fronteriza reveló que 1,500 cubanos lo intentaron el lunes 28 de marzo. Los recuentos indican que en marzo se rompan todos los récords de entrada de cubanos. De mantenerse esas cifras, al terminar el año más de 100 mil cubanos se habrían marchado solo para Estados Unidos.

Esta ola migratoria, a diferencia de otras como la del Mariel o Camarioca, que duró unos pocos meses, se extiende en el tiempo. Comenzó en el invierno de 2015, con una estampida de cubanos que viajaban a Ecuador -en esa fecha no se necesitaba visa- y desde la nación andina, emprendían un maratón terrestre, cruzando buena parte de Centroamérica hasta llegar a México, donde solicitaban asilo en la frontera de Estados Unidos.

Se calcula que entre 2015 y 2016 por esa vía habrían emigrado alrededor de 70 mil cubanos. A pesar de los acuerdos migratorios con Estados Unidos que religiosamente otorgaba 20 mil visas por reunificación familiar y del restablecimiento de relaciones diplomáticas en diciembre de 2014, los cubanos seguían optando por irse de su país.

El éxodo nunca se detuvo. Solo se vio interrumpido en los dos últimos años debido al cierre de fronteras por la pandemia. Es la ola migratoria más extensa desde 1959. El régimen los clasifica como inmigrantes económicos. Los que se van culpan al gobierno de sus vidas precarias, represión, falta de libertades y de futuro para ellos y sus hijos.

Si la situación económica, política y social no mejora a corto plazo en Cuba, el éxodo aumentará. Los cubanos ya no aguantan más.

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¿Por qué es Iberoamérica tan cagona?

Por Aldo Mariátegui.

¿Por qué Iberoamérica siempre estropea todo cuando ya está punto de pasar a otra etapa de desarrollo y desanda lo tan trabajosamente andado?

¿Por qué Chile acaba de elegir al activista izquierdista radical Gabriel Boric (¡su equivalente en España sería Iñigo Errejón, imagínense!) y decidió así echar por la borda tantas décadas de esfuerzo para ser el primero de la clase de Iberoamérica y arañar entrar al Primer Mundo?

¿Por qué un Chile que sufrió la traumática experiencia del calamitoso Gobierno marxista de Salvador Allende vuelve a emprender esa senda 51 años después? ¿De dónde viene este instinto suicida chileno?

¿Por qué Venezuela, que tiene más reservas de petróleo que Arabia Saudita (y con una ubicación mucho más cercana a los consumidores más importantes), gozó por años de los mayores precios internacionales del crudo y no solo no llegó a por lo menos a un desarrollo decoroso, sino que ha acabado siendo ahora un Estado fallido, casi africano, con más del 10% de su población emigrando en los últimos años?

¿Y por qué Argentina, que llegó a ser el séptimo país más rico del mundo, tener tres premios Nobel en Ciencias/Medicina y un nivel de vida superior al de muchos países europeos, ahora es un desastre patético?

¿Por qué Uruguay, que fue uno de los primeros países del mundo en tener un sólido Estado de Bienestar (se le llamaba "la Suiza de América"), ahora no es más que un muy pálido reflejo de ese pasado?

¿Por qué Argentina no fue Australia y Uruguay no fue Nueva Zelanda, si tienen tantas similitudes productivas?

¿Por qué Brasil nunca dejará de ser el eterno "país del futuro" y el Cristo del Corcovado seguirá con sus manos abiertas esperando aplaudir ese momento? ¿Por qué posiblemente vuelvan a elegir a un delincuente marxistoide como Lula (¡el gran aliado de la corrupta constructora Odebrecht!) en sus próximas elecciones?

¿Por qué México no se volvió una gigantesca potencia exportadora como la China actual cuando USA le abrió – en exclusiva – el mercado más grande del mundo con la firma del Tratado de Libre Comercio en 1992, un cliente colosal que tenía al costado y no cruzando el inmenso Océano Pacífico? ¿Por qué una mala copia del cómico Cantinflas, un demagogo tan simplón y barato como Andrés López Obrador, es hoy un tan popular presidente de México?

¿Por qué Cuba hoy es una cárcel misma, cuando en 1959 tenía el segundo mejor nivel de vida en Iberoamérica (su PIB era igual al español de esa época), siguiendo a la entonces riquísima Argentina?

¿Por qué Perú acaba de echar a la basura treinta años de sacrificios, que le trajeron mejoras económicas notables (la pobreza bajó del 54% en 2004 al 20% en 2020), y eligió a un balbuceante semianalfabeto ultraizquierdista como Castillo, un tipo que genera vergüenza ajena por su orfandad intelectual y su eterno sombrero?

¿Por qué Colombia, que tiene de vecino a un desastre como Venezuela, muy posiblemente elija al chavistoide Petro como su próximo presidente?

¿Por qué en Nicaragua permitieron con sus votos que subsista por tantos años el delincuencial sandinismo, que terminó siendo peor que el somocismo?

¿Por qué Bolivia persiste en esa idiota y falaz ideología socialista-indigenista?

¿Por qué por el momento solo algunos países pequeños – el siempre tranquilo Uruguay, la ya un tanto decadente Costa Rica y los pujantes Paraguay, Panamá y Rep. Dominicana – parecen ser los más estables y cuerdos de la región?

¿Por qué en Honduras, a pesar de haber sufrido los estragos de un gobierno de  izquierda  del Siglo 21, de nuevo regresa a ser gobernada por la misma familia Zelaya?

¿Será que los hondureños  quieren el fracaso de su país?

¿Por qué Iberoamérica es tan adicta al fracaso y a elegir cualquier cosa como presidentes y legisladores?

Esta elección en Chile, que era el mejorcito referente de la zona, ¿no refuerza la impresión de que Iberoamérica es un subcontinente que no tiene solución, que ya parece definitivamente condenado a exportar solo mano de obra barata, futbolistas y materias primas en general o miles de millones en fuga de capitales a Miami o Panamá en particular? ¿Qué vamos rumbo a ser una segunda URSS (Unión de Repúblicas Socialistas Sudamericanas) más cutre, como bromean en la Red? ¿Hay más electarado que electorado en la región?

Iberoamérica es el mejor ejemplo de que el concepto oclocracia es absolutamente válido en Ciencias Políticas.

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Pechuga de jutía con moringa y leche de cucaracha.

Por Miguel Sales.

La gastronomía cubana progresa a pasos agigantados. Olvídense de las recetas tradicionales y ríanse de los peces de colores. El picadillo con pasas y alcaparras, el boliche mechado, el arroz con pollo a la chorrera y los camarones enchilados han quedado obsoletos en la Isla y solo perviven en algunos restaurantes arcaicos de Miami.

En Cuba, gracias al socialismo castrista, generaciones enteras de comensales pueden ahora disfrutar de manjares antaño desconocidos o menospreciados, como la tilapia transgénica, el bistec de cáscara de plátano, la masa cárnica extendida y las croquetas rascacielos. Los últimos avances en este ámbito, según informó el experto Guillermo García en una memorable conferencia televisada, han sido la carne de gallina decrépita, de cocodrilo y de jutía -conga o carabalí, tanto monta-. 

A estas inestimables fuentes de proteína cabe añadir la prodigiosa moringa, contribución prepóstuma del Nutricionista en Jefe a la soberanía alimentaria de los cubanos. Y, en fecha más reciente, la corteza de papa y la leche de cucaracha, recomendados por especialistas de renombre mundial, entre otros, Frei Betto.

Estos adelantos en materia gastronómica reflejan la evolución del sector primario nacional que es, en definitiva, el que aporta los alimentos. Agricultores, ganaderos, pescadores y hortelanos producen hoy apenas una fracción de lo que generaban hace 60 años, mientras que en ese periodo la población del país se ha duplicado. Las estadísticas oficiales, por supuesto, cuentan otra historia. El problema radica en que las estadísticas no se comen, aunque mucha gente sí se las trague.

La mengua de la cabaña ganadera, la disminución de las pesquerías y la reducción de las tierras cultivadas -en las que hoy prolifera lozano el marabú- constituyen un notable aporte del gobierno cubano a la salvación del planeta-mundial-globalizado, tan amenazado por el cambio climático que generan los pedos de las vacas y las plantaciones de mango y aguacate.

Ya en 1960, René Dumont, un agrónomo francés, socialista acérrimo y admirador del castrismo, recorrió la Isla y vaticinó con gran lucidez que estas serían las consecuencias de la primera reforma agraria. Molesta con el pronóstico, aunque viniera de su propio campo, la policía política cubana lo incluyó luego en la lista de “agentes de la CIA” que se dedicaban a calumniar a “la revolución”, en la que ya figuraban notorios amanuenses de Langley como Octavio Paz, Jorge Semprún y Mario Vargas Llosa. 

Por suerte para la salud del planeta y el progreso de la cocina cubana, el agente Dumont tenía razón y los policías cubanos estaban equivocados. Las medidas injerencistas del Estado revolucionario aniquilaron a buena parte de la agricultura y la ganadería, redujeron la producción de azúcar a volúmenes propios del siglo XIX y abrieron la puerta a esas innovaciones gastronómicas, que hoy constituyen la delicia de los gourmets de la Isla y el asombro del resto del mundo. De no ser porque el bloqueo del imperialismo yanqui lo impide, la UNESCO ya habría incorporado la pechuga de jutía con moringa y leche de cucaracha a la lista del patrimonio inmaterial de la humanidad, donde ahora campean el kimchi y la pizza napolitana. Un plato así se merece que Nitza Villapol baje y lo pruebe. 


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lunes, 4 de abril de 2022

Envíos para Cuba a pagar en Miami.

Por Iván García.

Después de afeitarse la incipiente barba, Sergio, 36 años, programador de software, se conecta a internet con su teléfono inteligente. En una aplicación de WhatsApp llamada Infotienda rastrea en qué mercado de La Habana hay queso, papel sanitario y leche en polvo.

La hija de 10 años, junto a dos amigas, con un Play Station de última generación juega a los Sims en la sala mientras Mildred, su esposa de 34 años y dueña de un negocio de peluquería, sazona los garbanzos en la cocina. Sergio no se puede quejar. Vive en un chalet de dos plantas con patio y garaje en El Casino, tranquilo reparto del municipio Cerro, a treinta minutos del centro de La Habana.

Su casa cuenta con las comodidades de la vida moderna. Electrodomésticos, habitaciones climatizadas y un pequeño jacuzzi. Conduce un KIA Picanto de 2018 que le costó 55 mil dólares en el mercado informal. La pareja de jóvenes profesionales, emprendedores de éxito, en cualquier otro país probablemente no llamaría la atención. Pero en Cuba, donde como promedio se hacen cuatro horas diarias de cola para comprar pan o comida, ese confort es exclusivo de extranjeros residentes en el país o de la opulenta burguesía verde olivo que predica en sus discursos justicia social y viven a todo trapo.

Sergio se ha blindado en estos tiempos de crisis. Verjas, cámaras de seguridad, alarmas anti robos y un par de intimidantes perros Rottweiler protegen la propiedad. Pero resolver la comida, incluso con dinero, no pocas veces es un problema,. “Conseguir comida es una batalla durísima en Cuba. La carne de res la puedes comprar en las tiendas en divisas del gobierno, pero no siempre hay. También a veces se pierde la pechuga de pollo y los embutidos de calidad y los mariscos cuestan un ojo de la cara. En el mercado negro se pueden adquirir algunas cosas como pescado fresco y camarones. Si compras carne de res tienes que tener un contacto de confianza, pues muchas veces se vende carne que no está apta para el consumo humano”, cuenta.

«El otro gran problema son los altos precios y la poca variedad», sigue diciendo Sergio. «Por ejemplo, hace dos semanas compré ocho kilos de cañada de res y seis de ternera en una tienda MLC y me costó 237 dólares. Otra variante es comprarla en uno de los sitios que venden comida a los cubanos radicados en el exteropr. Hay algunos con mejores ofertas que otros. Para mí , los dos mejores son Supermarket y Katapulk, que venden alimentos importados directamente de Estados Unidos como pollo, carne de cerdo, arroz, leche en polvo y artículos de aseo, entre otros. Pero los precios son escandalosos y tienen una política discriminatoria con los cubanos que vivimos en la Isla, pues solo se puede pagar con tarjeta Visa, Mastercard u otra cualquiera de bancos foráneos”.

Les doy una lista de precio. Katapulk, una misteriosa agencia fundada por Hugo Cancio, cubanoamericano que se presenta como hombre de negocios y además dirige el sitio digital OnCuba News, vende un pack de cuatro bolsas de leche en polvo de cinco kilogramos en 279.96 dólares. Un saco de arroz de grano largo de 25 kilogramos en 60.79 dólares. Un cerdo pequeño para asar, de doce a dieciséis kilogramos, en 131 dólares. Y dos piernas de cerdo de 24 a 26 kilogramos en 178.47 dólares. Todo Made in USA

A pesar del cacareado embargo económico, Katapulk oferta desde pollo congelado, jugos, compotas, smoothies, refrescos instantáneos, jabones, pasta Colgate, gel de baño y champú Palmolive hasta cereales y plátanos tostones pre congelados traído directamente de Estados Unidos. Empresas cubanas que producen alimentos venden en Katapulk carne de res, mariscos, salsas para pastas, jugos, embutidos, aderezos, helados y galletas. Algo que genera descontento en la población, porque en los desabastecidos mercados en pesos e incluso en las llamadas Tiendas MLC raras veces se venden.

No es el caso de Sergio, un habanero que en un mes puede ganar hasta tres mil dólares vendiendo software y puede darse el lujo de tener tarjetas de bancos extranjeros que le permiten comprar en los sitios habilitados para cubanos radicados en el exterior, sobre todo en Miami.

“Si viajas a otro país te abres una cuenta o un pariente te envía una tarjeta Visa o Mastercard. Cuando cobro ingreso parte del dinero directamente en la tarjeta. Debes usar una dirección, email y teléfono de un familiar o amigo que reside en el exterior. Por la entrega a domicilio te cobran entre 15 y 18 dólares, de acuerdo al sitio. Tienes la ventaja que puedes comprar alimentos que ni siquiera venden en las Tiendas MLC. Pero los precios son de infarto. Inclusive para mí, con un salario muy superior a los sueldos en Cuba, comprar en esos mercados me resulta insostenible. Lo que hago es combinar. Hay cosas que las consigo en sitios digitales, otras en el mercado negro y otras en las tiendas MLC”, confiesa Sergio.

A María Elena, jubilada de 80 años, sus hijos desde Miami le envían paquetes de comida y aseo adquiridos en alguno de los más de 25 sitios digitales de comercio electrónico diseñado para la emigración cubana. “Mis hijos gastan un dineral, de 400 a 500 dólares mensuales en alimentos y aseos para su familia en la isla”.

Un ex funcionario de comercio exterior comenta que “la mayoría de esos sitios, son negocios camuflados de altos funcionarios del gobierno. El Consejo de Estado, con su firma Palco, está detrás de muchos de esos negocios, COPEXTEL, de Ramiro Valdés, también ha montado un chiringuito. Esas tiendas venden los alimentos entre tres y ocho veces más caro que en cualquier país occidental. Exprimen los bolsillos de los emigrados como si fueran una naranja. Son negocios sumamente lucrativos”.

La pregunta que se hacen los cubanos de a pie es dónde y cómo gasta ese dinero el régimen. Los salideros de agua que abundan en el país, sus calles agrietadas y el 50 por ciento de las viviendas que piden a grito ser remozadas, son una muestra de que esas ganancias no se invierten en el mejoramiento de la calidad de vida de la gente.

Las únicas inversiones existentes en Cuba son las construcciones de hoteles de cuatro y cinco estrellas. Las ejecuta GAESA, una empresa militar que es un Estado paralelo dentro del Estado. Probablemente una parte de las divisas que entran por esa vía terminen allí.

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jueves, 31 de marzo de 2022

La Cuba que se fue.

Por Tania Quintero.

Las ruinas y el abandono de la ciudad donde naciste duelen. Pero más duele la falta de respeto y ética de sus habitantes. Antes de llegar el comandante y comenzar a destrozar, La Habana, como toda Cuba, se caracterizaba por la decencia y el buen hablar y vestir de los cubanos, al margen de su categoría social y económica.

La gente de menos recursos daba los buenos días y sabía comportarse cuando iba a una tienda o a consultarse con el médico, a una casa de socorro o un hospital. Los negros trataban de ser cuidadosos a la hora de expresarse y relacionarse con el resto de su comunidad, para que no dijeran de que «el negro cuando no lo hace a la entrada, lo hace a la salida» o «tenía que ser negro», refranes todavía vigentes. Como en todas las sociedades, había personas descarriadas, proxenetas, marihuaneros y ladrones. También asesinos, cuyos crímenes quedaban reflejados en las páginas de la crónica roja de periódicos y revistas o en el programa de Joseíto Fernández, transmitido todas las mañanas por una popular emisora y donde el intérprete de La Guantanamera, cantando, narraba los últimos sucesos sangrientos.

En las seis provincias que conformaban la República de Cuba, existían barrios pobres. Había analfabetismo y prostitución. Parecía que Fidel Castro y su revolución le iban a dar un vuelco de 180 grados a la situación. Los cubanos pensábamos que Fidel, oriental como Fulgencio Batista, oriundos de Birán y Banes, dos localidades relativamente cercanas en la actual provincia de Holguín, iba a eliminar lo malo y dejar lo bueno que había en el país cuando llegó al poder en enero de 1959. Pero después de la campaña de alfabetización en 1961 y de su interés por convertir el deporte, la educación, la salud, el turismo y la biotecnología en vitrinas propagandísticas, las transformaciones positivas se estancaron. Todo empezó a dar marcha atrás.

Luego de 47 años dirigiendo los destinos de Cuba (1959-2006) como si fuese el mayordomo de la finca paterna en Birán, Castro no fue capaz no ya de desarrollar la agricultura, ganadería, pesca, industria y economía en general, sino de hacer de los cubanos unos ciudadanos más cultos y refinados que antes de 1959.

De las escuelas públicas, por ejemplo, fueron suprimidas asignaturas como música, dibujo, caligrafía, trabajo manual, cocina, costura, economía doméstica, moral y cívica, que a primera vista podrían parecer intrascendentes, pero no lo eran. Los guerrilleros no se distinguían por su nivel académico, por sus reglas de urbanidad ni su sensibilidad humana. El día que decidieron politizar la educación y adoctrinar al alumnado, desde kindergarten (pre-escolar) a la universidad, comenzó a engendrarse una generación que sabe leer y escribir, pero se expresa mal, con un vocabulario limitado, una dicción pésima y garrafales faltas de ortografía.

Esto se percibe mejor cuando escuchas hablar a un argentino, peruano o colombiano y lo comparas con un cubano. Da igual que el cubano sea un funcionario estatal, un miembro del partido comunista, un militar o un disidente. Descubres que casi todos los nacidos en la Isla están cortados por la misma tijera en el lenguaje oral. Tiene su explicación: son más de seis décadas escuchando ‘teques’, leyendo la monótona prensa oficial, viendo los manipulados telediarios y últimamente, interactuando en unas redes sociales que, salvo excepciones, no enriquecen el idioma ni contribuyen a generar comentarios serios y respetuosos.

Antes de la llegada de los barbudos al poder, el Capitolio Nacional, en el corazón de La Habana, fue testigo de grandes duelos verbales, protagonizados por oradores e intelectuales de renombre como Salvador García Agüero, negro y comunista, y Orestes Ferrara, italiano que luchó por la libertad de Cuba. Los dos, por cierto, tirados al saco del olvido. Hoy no existe un político que se pueda comparar, ni de lejos, con Ferrara y García Agüero. El presidente puesto a dedo por Raúl Castro, Miguel Díaz-Canel Bermúdez, carece del don de la oratoria, no tiene ni pizca de carisma y su voz se parece a la de un asere de una barriada marginal.

Hoy a pocos jóvenes cubanos les interesa conocer su pasado y su historia, la verdadera, no la mal contada como dice la canción Patria y Vida. Lo de ellos es bailar reguetón, beber ron, hacer el amor y tratar de irse del país. Es lógico. Es el resultado de 63 años de atraso, represión, mediocridad y falta de futuro.

A partir de 1959, los uniformados de verde olivo no solamente fusilaron a decenas de ‘contrarrevolucionarios’. También ejecutaron la decencia e impusieron la vulgaridad y la chabacanería. El lenguaje panfletario lo mismo es utilizado por un portavoz del castrismo que por una defensora de los derechos humanos de nuevo cuño. Aunque en bandos contrarios, unos y otros representan la Cuba del presente, poco original y creativa. Tan alejada de aquella otra. La que para siempre se fue.

Foto: El 24 de febrero de 1952 un grupo de alumnas de tercer grado de la Escuela Pública No. 126 Ramón Rosaínz, situada en Monte y Pila, Cerro, ese día fuimos a confraternizar y llevarle tabacos a antiguos mambises de la Guerra de Independencia que vivían en el Hogar del Veterano, en San Miguel y Agustina, 10 de Octubre (en la actualidad el lugar es un deprimente asilo de ancianos). Nos acompañó la maestra, Dra. Carmen Córdoba, graduada de Pedagogía en la Universidad de La Habana. Todas pertenecíamos a la Asocación de Alumnas de la Fragua Martiana, dirigida por Gonzalo de Quesada Miranda (1900-1976), a quien conocíamos de las visitas que dos veces al año hacíamos a la Fragua, donde José Martí estuvo preso en 1870. Tenía 17 años y tuvo que trabajar hasta doce horas diarias en las llamadas Canteras de San Lázaro, en Hospital y Vapor, Centro Habana. Aquellas condiciones infrahumanas las relataría en El Presidio Político de Cuba, folleto de unas 50 páginas que no terminó de escribirse en 1871, cuando Martí fue desterrado a España y en Madrid pudo redactarlo y publicarlo en la Imprenta de Ramón Ramírez. El presidio político, uno de los «logros» de Fidel Castro y su revolución, todavía continúa escribiéndose: en 63 años, por las cárceles cubanas han pasado cientos de miles de compatriotas, hombres y mujeres. Muchos no sobrevivieron para contar el infierno vivido. Según Prisoners Defenders, hasta el 3 de marzo de 2022, en la Isla había 1,067 presos políticos, de los cuales aproximadamente la mitad fueron detenidos por salir a las calles y pedir Libertad el 11 y 12 de julio de 2021.

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viernes, 25 de marzo de 2022

El castrismo se blinda contra otro estallido social.

Por Luis Cino Álvarez.

Las desproporcionadamente largas condenas de prisión impuestas a más de un centenar de  participantes en las protestas de los días 11 y 12 de julio de 2021 en Cuba han venido a demostrar que el régimen castrista -o el patético remedo que va quedando de él- aún no ha agotado su capacidad para superar su cota de barbaridades y crueldad.

Condenas de más de 20 años de cárcel, y de hasta de 30, han sido impuestas a varias decenas de jóvenes, muchos de ellos acabados de arribar a la mayoría de edad, acusados de “sedición”, un cargo que a todas luces resulta una exageración, una desmesura, para imputárselo a participantes en manifestaciones callejeras que empezaron pacíficamente y en las que, si bien hubo algunos hechos violentos y vandálicos -no se descarta pudieron ser estimulados por provocadores parapoliciales-, la mayor parte de la violencia la aportaron los represores.

Algunos de los condenados lanzaron piedras, rompieron vidrieras y volcaron carros patrulleros. Y un policía de gatillo presto mató a un hombre por la espalda e hirió a otros cinco manifestantes en La Güinera. Evidentemente, fue mayor la proporción de violencia por parte de la policía.

¿Cómo calificar de “sedición” a un estallido social que a fuerza de tanto descontento popular se veía venir hacía tiempo? Lo raro es que no hubiese ocurrido mucho antes. Lo raro sería que no vuelva a ocurrir en cualquier momento.

Los mandamases castristas lo saben y lo temen. De ahí la desmesura de estas condenas, que pretenden ser un escarmiento ejemplarizante, como lo fue, en el año 2003, el fusilamiento de los tres hombres que intentaron secuestrar la lanchita de Regla. Un crimen del que pronto se cumplirá el aniversario 19.

Como la ola represiva y aquellos fusilamientos de la primavera de 2003, estas exageradas condenas a los manifestantes del 11J han provocado el espanto y repudio internacional. Y numerosas quejas, Cuba adentro, de personas que no pueden entender este cruel castigo contra personas que no usaron armas ni pusieron bombas ni mataron a nadie. Hasta Silvio Rodríguez se pronunció en contra de las condenas. Y si no hay más pronunciamientos de otras figuras públicas es por miedo a las represalias.

Por estos días he escuchado a algunas personas comentar que ni siquiera a los encarcelados durante la revuelta del 5 de agosto de 1994 en La Habana (el llamado Maleconazo), la mayor protesta callejera que tuvo que enfrentar el régimen hasta que fue ampliamente superada por las protestas masivas del 11 de julio en 50 ciudades y poblados del país, les impusieron tan largas condenas de prisión. Y es cierto. Las de ahora duplican y más a aquellas condenas de 1994. Sucede que hoy los mandamases castristas, con las opciones agotadas ante el creciente malestar popular, están más asustados y rabiosos que entonces.

El miedo de la dictadura se evidencia en el reforzamiento de su draconiano arsenal jurídico represivo, que alcanzará su máxima concreción en el nuevo Código Penal. Ese instrumento de inspiración nazi-stalinista desecha casi en su totalidad  las recomendaciones hechas hace unos años, para la redacción del proyecto de Código, por una comisión de especialistas creada por  el Tribunal Supremo. Dicha comisión, que se proponía reducir la cantidad de presos en las cárceles cubanas y adecuarse un poco más a las normas penales internacionales, recomendaba, entre otras cosas, la eliminación de la pena de muerte, de la peligrosidad social predelictiva, la despenalización de delitos tratados universalmente como contravenciones, la disminución de los límites mínimos de los marcos sancionadores, y que delitos como el desacato se castigaran con sanciones alternativas a la privación de libertad.

Cuando en abril ese Código Penal sea aprobado por unanimidad -qué duda cabe- por la siempre dócil Asamblea Nacional del Poder Popular, el aherrojamiento de la dictadura sobre la sociedad cubana será todavía más fuerte de lo que ya es.

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La revolución de los cuatreros.

Por Alberto Méndez Castelló.

La ley que por sacrificar sus propias reses encarcela al ganadero cubano como si fuera un cuatrero cumplió 60 años este domingo. El precedente criminal del vigente Código Penal, que indistintamente sanciona al propietario y al ladrón de ganado con privación de libertad, es la Ley No. 1018 del 20 de marzo de 1962.

En Cuba es delito “contra la economía nacional” el sacrificio de ganado mayor y venta de sus carnes, conceptuando al respecto el artículo 240.1 del Código Penal: “El que, sin autorización previa del órgano estatal específicamente facultado para ello, sacrifique ganado mayor, es sancionado con privación de libertad de cuatro a diez años”. El que “venda, transporte o en cualquier forma comercie” con carne de ganado mayor sacrificado ilegalmente “es sancionado con privación de libertad de tres a ocho años”, dice el propio artículo 240 en su apartado dos.

Hurtar o robar una res constituye delito de abigeato en cualquier lugar del mundo, no así la potestad que tiene el dueño para, luego de cumplir con los requisitos administrativos y civiles debidos, entre los que se encuentran los sanitarios y los impositivos -o como se decía en Cuba, “pagar la puñalá” - , disponer de sus animales según entienda conveniente. Pero en Cuba hace 60 años que el ganadero tiene prohibido bajo conminación de encarcelamiento -o como se dice ahora, dejar el cuero en la cárcel-  el sacrificio de sus reses o la venta de ganado de carnes a carniceros particulares. Funciona así desde que fuera promulgada en el ya lejano 1962 la Ley No. 1018, que criminalizó la matanza de ganado vacuno tanto para el consumo propio como para la venta de sus carnes.

Puesto que sin la intervención del Estado el “propietario” de ganado no puede disponer libremente de sus producciones -ya sea del rebaño lechero como el de carne- es un sofisma afirmar que en Cuba exista propiedad privada sobre el ganado vacuno o bufalino. En realidad, entre el Estado y el ganadero sólo existe una relación que recuerda la que existió en el feudalismo entre el siervo y el señor feudal. Esto ha traído graves consecuencias para la nación cubana, visibles en tara sociológica en las familias, lastradas por miles de reclusos o exreclusos, de ya varias generaciones, sancionados por sacrificio, venta y receptación de carne vacuna en un comercio clandestino que, lejos de proteger el rebaño, como era el propósito de la Ley No. 1018, hizo disminuir la ganadería como nunca antes.

Ejemplifico. En 1958 la población cubana era de unos seis millones de habitantes, en ese mismo rango se encontraba el rebaño ganadero, promediando 0,92 cabeza de ganado por habitante. En 1989, cuarenta años después, mientras la población prácticamente se duplicó, el rebaño nacional descendió en un millón 80 mil 344 cabezas, para un per cápita de sólo 0,46. En 2022, más de treinta  años después -y en el 60 aniversario de la ley penal que supuestamente protegería a la ganadería cubana-, la situación es mucho peor. Así lo muestra la inexistencia de productos lácteos y cárnicos en el mercado o el encarecimiento de sus precios.

Según fuentes oficiales, en Las Tunas -una provincia con más de 400 años de tradición ganadera-, los delitos de hurtos y robos vinculados al sacrificio de ganado mayor se incrementaron en 2021, existiendo, igualmente, una tendencia al crecimiento de esos hechos en 2022. Pero si usted revisa los datos de otras provincias se percatará de que, de la misma manera que en Las Tunas, en otras regiones del país existe incidencia de abigeato. No se trata de una situación nueva, sino de algo que ocurre desde hace muchísimos años, siendo pertinente, desde el ángulo jurídico, sociológico, político y ciudadano, preguntar: ¿Por qué existe en Cuba propensión al robo de ganado y a la receptación de carne de ganado mayor robado cuando esos delitos, antes de 1959, eran raros e incluso hoy tienen escasa o nula incidencia en la criminalidad de otros países del mundo civilizado? La respuesta es una: porque el Estado monopolizó los mercados y el monopolio es fuente de delito.

Con más de medio siglo de atraso tecnológico y de manejo del rebaño respecto a sus vecinos de Norte, Suramérica y el Caribe, Cuba sí posee suelos, subsuelo, agua, vegetación, clima y una tradición ganadera con más de 400 años que hacen posible el desarrollo ganadero en el archipiélago cubano. Entonces, el lector, poco enterado de cómo funciona la economía en la Isla, se preguntará: ¿Por qué si los cubanos en su país pueden producir ganado, carecen de carne, leche y de todos los productos agropecuarios que hoy no encuentran en el mercado? La respuesta es simple: las políticas del Partido Comunista para mantenerse en el poder perpetuo están diseñadas y dirigidas a subordinar a toda la sociedad en una economía centralizada, donde se aparenta una propiedad privada o cooperativa que realmente no existe, porque no necesita clientes en los comercios, sino clientelismo político. En la Isla, la vida económica y espiritual de las personas es controlada por el Estado, y un ejemplo práctico es este: En lugar de incentivar la ganadería con el comercio libre de lácteos y cárnicos, el régimen lleva 60 años prohibiendo al vaquero vender reses al carnicero. Dicho de otro modo: haciendo cuatreros.

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Cómo viven en Cuba los que no reciben dólares.

Por Iván García.



El sábado, bien temprano en la mañana, Agustín, 69 años, profesor jubilado de matemáticas, acomoda los percheros de la ropa de uso que vende en un estante improvisado en el portal de su casa. En una mesa coloca un viejo reloj despertador de la era soviética, cajetillas de cigarros Populares, paquetes de café mezclado con chícharos que venden por la libreta de racionamiento, una calculadora china y un pomo de agua de colonia.

Yolanda, esposa de Agustín, también profesora jubilada, cuando vende alguna mercancía la apunta en una libreta escolar y guarda el dinero en un bolso negro sujetado a su cintura. Una joven le pregunta en voz baja si tienen tarjetas de recarga para teléfonos celulares y café La Llave. Agustín asienta. “También tengo paquetes de pechugas de pollos de cinco libras, culeros desechables y ron Santiago”, le responde. La muchacha compra dos paquetes de café La Llave y una tarjeta de recarga.

Sonriendo, Agustín dice: “Los productos que no están autorizados en las ‘ventas de garaje’, los guardo dentro de la casa. Hemos ampliado el negocio. Ahora vendo desde arroz de la bodega hasta piezas rotas de una laptop Mac. Cuando comenzamos vendíamos solo ropa que ya no usábamos y artículos viejos. Imagínate, los vecinos del barrio dándonos chucho (gastando bromas). Pero un señor que vive en el campo lo compró todo. Hasta el uniforme de cuando yo era miliciano”.

Las tres primeras semanas, recuerda Yolanda, “hicimos dos mil pesos con esas ventas. Para nosotros, que vivíamos pidiendo el agua por señas, era mucho dinero. El dinero lo gastamos en comprar comida. Pero después, por estar ubicados en una zona de mucha afluencia de público, ‘mulas ‘que viajan a Panamá y Rusia empezaron a dejarnos ropas, cosméticos y celulares. Por cada venta nos dan una comisión. Ahora hasta los vecinos nos traen cosas para vender. Una señora me dio seis paquetes de café La Llave que le mandaron de Miami, cinco para que se los vendiéramos y uno para nosotros”.

El matrimonio no recibe remesas del exterior. “Tengo parientes en Estados Unidos, pero nunca me han recargado ni el teléfono. Supongo que aun deben acordarse de cuando yo era un comecandela que apoyaba al gobierno. Mi mujer y yo siempre trabajamos y vivimos de nuestros salarios. Después, para ganar un dinero extra, dábamos repasos en la casa, ella de historia y yo de matemáticas. Pero no era suficiente y estábamos con una mano delante y otra detrás”, comenta Agustín.

Aunque un fin de semana con buenas ventas le puede reportar hasta tres mil pesos de ganancias, Yolanda aclara que “una parte la gastamos en el nieto, porque a mi hijo y su esposa no les alcanza con lo que ganan. Gracias a la ‘venta de garaje’ hemos podido comprarle chucherías al niño. Seguimos teniendo necesidades, pero hemos mejorado un poco. Antes comíamos una vez al día arroz, frijoles y huevo en tortilla, hervido, revoltillo o frito. Ahora podemos comer pollo y de vez en cuando carne de puerco”.

Otros están peor. Lázaro, chofer de un camión de basura, cuenta que la última vez que comió carne de res fue hace siete años. “Soy de un caserío que se llama Felicidad (en la provincia Guantánamo, a más de mil kilómetros al este de La Habana), que de felicidad solo tiene el nombre. El deporte nacional en mi pueblo era tomar alcohol y si tenías pareja, tener una ristra de hijos. No había luz eléctrica entonces. En la capital he hecho de todo: albañil, zapatero remendón y actualmente trabajo en comunales. No tengo familia en la yuma y no recibo ni un dólar. Si quiero comprar comida en las tiendas MLC tengo que resolverlo por mi cuenta. Aunque la gente piense lo contrario, la basura deja dinero. Los pomos plásticos, las latas de refresco y cerveza y las botellas de cristal se venden como materia prima en el reciclaje. A veces se encuentran piezas de vestir, casi nuevas, de hombre, mujer o niño que se pueden vender. La recogida de desechos es una faena dura. El mal olor no se te quita ni con jabón Palmolive. Y tienes que aguantar las burlas de la gente en la calle que te insultan gritándote ‘león’. Si recibiera dólares no fuera basurero”.

Extraoficialmente se calcula que el 40 por ciento de la población en Cuba no recibe remesas. Son ciudadanos que viven exclusivamente del salario o la jubilación que cobran en instituciones estatales, de las ganancias de sus negocios privados o de lo que puedan ‘buscar por la izquierda’, que en la Isla es un eufemismo para camuflar el robo. Este últimosegmento poblacional suele habitar en casas precarias, come poco y mal y bebe demasiado alcohol.

Nuria, trabajadora social, reconoce que “la desigualdad en Cuba aumenta por año. El Estado no puede garantizar una vida decorosa. Los alimentos que se venden por la libreta de racionamiento (implantada en 1962, hace 60 años), apenas alcanza para comer doce días. Quienes no reciben remesas, además de comer peor, visten pobremente y usan productos de aseo de baja calidad. Si tienen hijos, solo lo pueden llevar a la playa en verano, y si ellos quieren distraerse, la única opción son los bailables públicos de entrada libre. Gente que nunca se ha hospedado en un hotel, no ha comido en buenas paladares ni adquirido ropa o calzado de marca. Son cubanos de tercera clase”.

Carlos, sociólogo, apunta que no hay estadísticas sobre la pobreza extrema en la Isla. “Si damos crédito a los cánones occidentales de pobreza, la mayoría de los cubanos somos pobres. Pero existen diferentes categorías de pobreza. A la más baja pertenecen los ciudadanos que se alimentan en comedores sociales. Y no son pocos: casi 700 mil personas en Cuba reciben atención social. A eso súmale los cientos de miles que viven con menos de un dólar diario, que es la referencia que delimita la pobreza de acuerdo a las estadísticas mundiales. Incluso hay personas que no reciben dólares al cash, pero se ven beneficiadas de manera directa o indirecta, pues tienen familiares en otros países que les envían comida, medicinas, ropas. Según algunos estudios, más de un millón de personas en el país no se benefician de las remesas ni siquiera de forma indirecta. Un buen ejemplo es el teléfono móvil. De acuerdo a datos de ETECSA, hay siete millones de líneas móviles en Cuba, que tal vez muchos de ellos no reciben remesas y viven en la pobreza extrema, pero si descontamos los tres millones que son menores de edad, más de un millón de personas que no tiene teléfono celular. Además de muy pobres, es un indicativo que al no tener acceso a otras fuentes de información, ese millón de personas pertenece al segmento más desinformado de la población”.

Para el matrimonio de Agustín y Yolanda recibir dólares marca una diferencia importante. “Si solo recibiéramos 50 dólares mensuales, podríamos comprar un poco más comida, mejores jabones de baño y pasta dental de calidad”, confiesan. Y eso en Cuba no es poca cosa.

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martes, 1 de marzo de 2022

Inauguran primer hotel LGBTI+ de La Habana.

Tomado de Cubanet.

El Telégrafo Axel Hotel, propiedad del Grupo de Turismo Gaviota S.A. y gestionado por Axel Hotels, se inaugura este martes como el primer hotel de la comunidad LGBTI+ en la capital de Cuba.

Situado en la calle Prado de la Habana Vieja, donde antes estuviera el emblemático Hotel Telégrafo, cuenta con 63 habitaciones, restaurante, lounge bar, espacios para fitness, y un sky bar en la terraza de la azotea con piscina.

El establecimiento, de 4 estrellas, se encuentra muy cerca de sitios de interés turístico como El Floridita o la Bodeguita del Medio.

La directora de Comunicación y Marketing de Axel Hotels, Silvia Pérez Viñolas, en relación con la inauguración expresó: “La libertad y el respeto son los valores más importantes, y en los que se promueve la inclusión y la diversidad, ante todo. Para ello, trasladamos nuestra filosofía a todos nuestros servicios y a nuestro personal”.

Fundada en el 2003, Axel Hotels es una cadena hotelera internacional, filial de Axel Corporation, orientada a la comunidad LGTB+ que cuenta con instalaciones en Barcelona, Madrid, Ibiza, San Sebastián, Gran Canaria, Miami y Berlín.

La apertura del Telégrafo Axel Hotel había sido anunciada en junio de 2021 por el consorcio militar GAESA, lo que provocó el descontento de muchos, especialmente de activistas de la comunidad LGTB+ cubana.

Raúl Soublett, fundador de la Alianza Afro-Cubana, condenó en aquel momento que las prioridades del Gobierno fueran más hoteles en lugar de más derechos.

“Garanticen leyes que nos protejan de la discriminación, de la violencia”, pidió Soublett.

Mientras que la activista trans Kiriam Gutiérrez se cuestiono “¿cuántos cubanos LGBTIQA+ podrían pagar una noche allí?

“Por cosas como estas es que la comunidad LGBTIQA+ de Cuba tiene que organizarse desde el activismo independiente, porque no queremos Hoteles, ni discotecas, ni restaurantes, ni bares. Queremos derechos, queremos matrimonio igualitario, queremos reproducción asistida para parejas del mismo sexo, queremos protección para las infancias trans, queremos leyes que penalicen la homofobia y la transfobia,queremos Ley de Identidad de género, queremos Ley Trans”, expresó.

El primer hotel LGBTI friendly de Cuba abrió en 2019, en Cayo Guillermo, uno de los principales islotes del país.
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lunes, 28 de febrero de 2022

La aventura de Putin en Ucrania es justificada por el régimen castrista.

Por Luis Cino.

La invasión rusa a Ucrania asombró a pocos en el mundo. Desde hacía semanas, los Estados Unidos y la Unión Europea habían advertido sobre ella. Y nadie creyó en los desmentidos del Kremlin, que solo retrasó unos días la fecha en que se produciría el ataque. Lo que sí asombró es la decimonónica desfachatez imperial de Vladímir Putin y su descarado desafío a las normas del derecho internacional.

Lo que Putin calificó como “operación especial para la defensa del Donbass” fue una blitzkrieg que irrumpió por el norte, el sur y el oriente del territorio ucraniano y que, pese a la resistencia encontrada, en menos de 48 horas llegó a las puertas de Kiev, la capital, y comenzó a masacrar a sus habitantes.

Putin sobrepasó por mucho su declarado objetivo de proteger a los rusos de las autodenominadas “Repúblicas Populares de Donetsk y Lungask”, cuyas milicias secesionistas, armadas por Rusia, se enfrentan desde hace ocho años al ejército ucraniano

No disimula Putin que su principal interés es sustituir al gobierno de Volodímir Zelenski, democráticamente elegido por la mayoría de los ucranianos, por un gobernante títere del Kremlin, como Víktor Yanukóvich, derrocado por un levantamiento popular en el año 2014, o como Aleksandr Lukashenko, el dictador bielorruso que está pagando los favores de Moscú participando con sus tropas en el flanco norte de la invasión a Ucrania.

Dijo Vladímir Putin que aspira a desmilitarizar y “desnazificar” a Ucrania. ¡Si tendrá la cara dura! No debería osar el mandatario ruso hablar de los nazis para referirse a los nacionalistas ucranianos. Si alguien guarda semejanza con Hitler y  los nazis en esta invasión a Ucrania es el ultranacionalista Putin, que parece haber utilizado el mismo manual empleado por Hitler en 1938.

Los nazis  invadieron Danzig y se apoderaron de los Sudetes, supuestamente para proteger a los alemanes que residían en esos territorios. Putin —que antes se anexó a Crimea, como Hitler a Austria mediante el Anschluss— alega que la invasión es para defender de los ucranianos a los rusos del Dombás.

A Putin será difícil pararlo: tiene misiles hipersónicos (que viajan a cinco veces la velocidad del sonido) y chantajea con un holocausto nuclear a quienes se le enfrenten —léase los Estados Unidos y los países que integran la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN).

Putin, que ya amenaza a Finlandia y a Suecia para que no entren en la OTAN, cuando se apodere de Ucrania, le bastará ir atravesando fronteras para ir en pos de Polonia, Moldova, las repúblicas del Báltico, etc. Y qué decir de las ex repúblicas soviéticas del Asia Central, con las que aspira a recomponer y ampliar lo que fue el gran imperio de los zares y luego la Unión Soviética, esa gigantesca cárcel de naciones.

¡Si eso no es imperialismo, que vengan Dios o el Diablo y lo digan!

Pero el régimen castrista, que se precia de antiimperialista, posa de pacifista y se llena la boca para hablar constantemente de soberanía y autodeterminación, está del lado ruso en esta cruenta y peligrosísima aventura de Putin en Ucrania, un país con el que Cuba tiene relaciones diplomáticas.

También estuvo del lado de los rusos cuando en 1968  invadieron Checoslovaquia o en 1979 cuando invadieron Afganistán. Solo que entonces Fidel Castro pudo alegar motivos políticos e ideológicos para apoyar el intervencionismo soviético. Ahora, con Putin, se trata de geopolítica pura y dura. Solo eso.

El régimen de la continuidad fidelista aun no ha reconocido a las repúblicas de Donetsk y Lugansk, e hipócritamente se pronuncia por la paz y el respeto a la seguridad internacional, pero en vez de a Rusia, culpa a los Estados Unidos y la OTAN de la actual situación en Ucrania, y justifica como un acto defensivo la llamada “operación especial para la protección del Dombás”.

El régimen castrista, que atraviesa su peor momento y no se caracteriza por ser demasiado responsable cuando está en aprietos, necesita que Rusia lo siga teniendo, junto a Venezuela, como aliado. Lo cual puede ser muy peligroso. Hace unos meses, un alto funcionario del Kremlin esbozó —sin que fuese confirmado ni desmentido por La Habana y Caracas— la posibilidad de un despliegue militar ruso en Cuba y Venezuela. Y pueden imaginar ustedes cual sería la reacción del gobierno norteamericano si eso ocurriera.

De seguir Putin en este rumbo belicista, el demasiado estrecho comprometimiento del régimen castrista con Rusia tendrá consecuencias catastróficas para Cuba.

Además de alejar aún más un eventual mejoramiento de las relaciones con los Estados Unidos y aumentar el descrédito por su alianza con un paria internacional, se agudizará la ya muy crítica situación de la economía cubana con el aumento de los precios del trigo y del petróleo.

Debido a las sanciones norteamericanas y europeas, la economía de Rusia, que es uno de los principales socios comerciales de Cuba, se verá seriamente afectada y no será mucho lo que pueda hacer el Kremlin por los tovariches de La Habana, tan malos como son a la hora de pagar sus millonarias deudas.

Es previsible que vendrán menos turistas rusos, Moscú concederá menos créditos a Cuba y habrá afectaciones en la industria, el transporte  y la tecnología.

En los años 90, cuando se desintegró la Unión Soviética, la excesiva dependencia de Moscú, ser unos mantenidos suyos, tuvo terribles consecuencias para Cuba.

Por muy dependientes que sean de Rusia en lo económico, por grande que sea la deuda, por mucho que se la condone Moscú, los mandamases castristas deberían pensarlo bien antes de seguir comprometiéndose en su alianza estratégica con Putin.

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viernes, 18 de febrero de 2022

El cuento del "bloqueo".

Por Iván García.

El sueño de Óscar, dueño de dos viejos automóviles y un jeep que renta como taxis colectivo, sería pedir un crédito bancario para comprar automóviles de segunda mano y crear una empresa de transporte en La Habana. En un block va anotando las cifras para explicar su estrategia comercial.

“Incluso con una tasa de interés alta, 15 al 20%, en cinco años, a más tardar, se amortizaría la inversión. Lo ideal sería comprar los autos en el mercado estadounidense. Durante el mandato de Obama se flexibilizó el bloqueo (embargo económico, financiero y comercial de Estados Unidos) y se autorizó que los emprendedores privados podíamos importar, exportar y acceder a micro créditos de bancos norteamericanos. Si el gobierno tuviera suficiente voluntad política y permitiera la importación directa, sin mediar con empresas importadoras del Estado, quizás mi sueño fuera posible”, explica Óscar y subraya:

“Estoy convencido que si a cinco o seis MIPYMEs, las autorizan a importar autos, microbuses y ómnibus, el transporte público en Cuba mejoraría considerablemente. Y sería un negocio redondo para el gobierno pues recuperaba el préstamo con ganancias. Pero cuando planteas el proyecto a la ONAT (institución que fiscaliza el trabajo privado) solo te dan evasivas. Si los bancos cubanos no tienen el capital, debieran permitir que los emprendedores privados gestionen el dinero por otras vías. Políticamente también eso favorecería al gobierno, ya que tendría la aprobación del Congreso de Estados Unidos y del Parlamento de la Unión Europea”.

Óscar comenta que su negocio de transportista está en un limbo jurídico, porque con las normativas aprobadas recientemente «la licencia se le entrega solo al dueño del vehículo. Los propietarios de varios autos o camiones legalmente no están autorizados a tener una pequeña flota. Pero por la crisis del transporte el gobierno se hace el de la vista gorda, aunque en cualquier momento te lo pueden prohibir. Se escudan en un acápite de los lineamientos económicos que impide la acumulación de capital y empresas en los negocios privados”.

Miriam tiene una peluquería y considera que la apertura del trabajo privado por parte del gobierno siempre estuvo concebida “para que la persona pudiera mantener a su familia y tomarse unas cervezas los fines de semana. No para enriquecerte, establecer compañías subsidiarias ni generar riquezas con tus negocios. Son muchas las trabas. Para importar, por ejemplo, debes hacerlo a través de una empresa estatal que cobra precios que no son rentables. A eso súmale los altos impuestos. No puedes abrir más de una peluquería o poseer otro negocio. Si tengo una peluquería no puedo rentar habitaciones. Y a los profesionales les prohíben tener negocios particulares”.

Gustavo, economista habanero, sostiene que una muestra de lo que puede hacer un emprendedor privado, “es el medio millón de cubanos que desde 2013 viajaban a Panamá y México y en la práctica se habían convertido en importadores, porque a precios minoristas compraban ropa, artículos de aseo, teléfonos celulares y electrodomésticos que luego vendían en Cuba a mejor precio que las cadenas de tiendas estatales administradas por la empresa militar GAESA”.

Según Gustavo, el gobierno, en vez de ampliar esos espacios, y aprovechar las concesiones de Obama a los trabajadores privados para dar jaque mate al embargo, hizo lo contrario: «abrió tiendas en divisas con el pretexto de captar dólares. Era una estrategia para sacar del juego a esos importadores privados. Pero su ineficiencia, acompañado de precios escandalosos con impuestos de hasta 300 por ciento en las tiendas dolarizadas, permitió que las llamadas ‘mulas’ controlaran el mercado de venta de ropa, calzado, perfumes, cosméticos y teléfonos móviles. Si el gobierno utilizara los negocios privados como palanca para neutralizar al embargo su efecto fuera menor”.

El economista habanero opina que el embargo puede afectar en la “compra de un equipamiento especifico para la industria biotecnológica, petrolera o de nuevas tecnologías. Pero si tuviéramos una economía saludable, Cuba podría comprar en el mercado europeo o asiático. Desde mi punto de vista, donde más afecta el embargo es en el sector financiero, pues Cuba no pertenece al FMI, Banco Mundial u otras instituciones financieras que otorgan créditos. Debido a su pésimo historial en el trato a algunos inversionistas y su incapacidad de pago, los pocos créditos que les otorgan son con tasas de intereses muy altas. Ni siquiera China o Rusia, sus aliados, se aventuran a concederle amplios préstamos. Reconocen que les sería imposible cobrarlos”, apunta y agrega:

“El gobierno ha diseñado un relato con el ‘bloqueo’ que lo deja en una posición muy cómoda y le sirve de pretexto para camuflar la ineficiencia intrínseca del sistema económico y político, que es el que impide que se desaten las fuerzas productivas. La crisis sistémica que padece el país no es achacable al embargo. En los primeros 30 años, mientras existió la URSS, que subsidió con miles de millones dólares a Cuba, Fidel Castro se burlaba del ‘bloqueo yanqui’. Cuando el país tuvo que depender de sus capacidades productivas, fue cuando se derrumbó el modelo”, concluye Gustavo.

Si la Isla hubiera invertido de forma coherente los más de 35 mil millones de dólares que recibió entre 1962-1989 del Kremlin, casi del doble del Plan Marshall de Estados Unidos para ayudar a Europa occidental después de la Segunda Guerra Mundial, probablemente el impacto del llamado Período Especial hubiera sido mínimo. Pero Fidel Castro gastó millones de dólares en subversión y campañas bélicas en África, sin contar los desastres en la economía que se tragaron cuantiosas sumas de dinero.

¿Cuánto costó al país proyectos económicos inviables como desecar la Ciénaga de Zapata, arrasar con bosques para utilizarlos en cosechas que no siempre se dieron, la zafra de los diez millones o la construcción, que nunca entró en funcionamiento, de la central nuclear de Juraguá? En lo militar los gastos, para una nación pobre del Tercer Mundo, fueron desproporcionados.

Alain, licenciado en ciencias políticas, echa en falta una “investigación seria, profunda y objetiva del dinero que se gastó en planes subversivos en América Latina, Asía y África. En determinado momento de manera simultánea -algo que solo está al alcande de potencias militares como Estados Unidos-, Cuba participó en dos guerras civiles, en las de Angola y Etiopía. En esas batallas, además de soldados, el gobierno utilizó a los buques de la marina mercante para transportar material militar y aviones de caza. Sostener una guerra cuesta muchísimo dinero. El principio del fin de la URSS fue su ruinosa campaña militar en Afganistán. Y la mayor potencia militar y económica del planeta, Estados Unidos, tuvo que retirarse de Irak y en 2021, luego dos décadas, de Afganistán. ¿Cuánto le costó a Cuba esas guerras?”.

Eusebio, ingeniero, tiene muchas dudas con respecto al embargo. “Yo puedo entender que el bloqueo impida comprar determinados productos informáticos en Estados Unidos, pero no es culpable que la carne de puerco esté a 200 pesos la libra, que las naranjas sean un lujo y que un kilogramo de limón cueste 300 pesos. La gente se pregunta, si hay bloqueo, por qué en la construcción de hoteles de lujo no faltan materiales de primera calidad y en las tiendas por divisas se venden equipos y alimentos Made in USA».

Un recorrido por la tiendas MLC (moneda libremente convertible) en La Habana confirma la venta de marcas estadounidenses como Coca Cola, RCA, Black&Decker, Palmolive y Head&Shoulders, entre otros. El 31 de enero, el periódico digital 14ymedio publicó fotos de peras de la variedad Anjou, cultivadas en Oregón y Washington y comercializadas por la empresa CMI Orchards, que estaban vendiendo, a 0.90 centavos de dólar cada una, en Galerías Paseo, en 1ra. y Malecón, Vedado.

Estados Unidos, a pesar del embargo, es el quinto país que más alimentos exportó a Cuba: 235 millones de dólares hasta septiembre de 2021. Sara, ama de casa, confiesa estar cansada del “cuento que un día sí y otro también, hace el gobierno sobre el bloqueo. Porque en verdad, el bloqueo solo afecta a quienes no tienen dólares”.

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El engendro turístico cubano.

Por Alejandro Ríos.

En la película House of Gucci el miembro menos favorecido de la familia, quien por cierto murió en Londres en total pobreza, le muestra a su tío los dibujos de una colección de atuendos femeninos que deseaba lanzar bajo el legendario apellido.

Aunque la idea no resultó, Paolo Gucci le confía a su pariente que la ropa está inspirada en un viaje que había hecho a La Habana.

La gloriosa ciudad reunía todas las condiciones para ser la atracción turística de los años cuarenta y cincuenta, sin competencia, en el Caribe.

Los primeros rusos que arribaron a la capital cubana luego de 1959, cuando todavía sobrevivían los encantos urbanos, gastronómicos, culturales y sociales, pulverizados minuciosamente por el castrismo, pensaron que habían llegado al paraíso terrenal.

Es de imaginar que los más astutos de aquellos eslavos ensimismados tuvieron tiempo de reflexionar sobre el futuro ingrato que amenazaba a la bella ciudad y su gente.

El ensayista alemán Hans Magnus Enzensberger, entre los primeros fellow travellers del castrismo, enseguida fue excomulgado por sus comentarios en contra del régimen.

Me viene a la mente uno de sus ensayos donde se refiere al “turismo revolucionario”, principalmente en Cuba, que disfrutaban personas afines a la dictadura, sobre todo en eventos y celebraciones que luego se transmutaban en vacaciones “todo incluido” en los mejores parajes de la isla.

En esta categoría privilegiada se incluyen intelectuales y personas de toda laya, invitados a eventos con los gastos cubiertos, y parientes de figuras políticas afines a la dictadura, como la esposa de Salvador Allende, quien tenía una reservación segura cada año en Varadero, con todo su séquito de amistades y asistentes.

Antes de fallecer, sin embargo, Hortensia Bussi de Allende se opuso a la represión castrista que fue incapaz de discernir cuando no le convenía.

Castro odiaba toda señal de capitalismo que no sirviera directamente a sus propósitos, y el turismo se fue circunscribiendo a los foráneos. Los criollos debían conformarse con un engendro inhospitalario llamado “campismo”, en diminutas cabañas, sin servicios sanitarios ni baños, algo así como unas casas de perro, cercanas a las playas menos atractivas.

El apartheid turístico cubano, una de las más indignantes legislaciones del régimen, contó con la complicidad internacional de visitantes procedentes de Europa, Canadá, algunos países de Latinoamérica y hasta de los propios Estados Unidos cada vez que se han abierto las cerradas compuertas políticas.

Resulta paradójico constatar que los rusos, otrora “hermanos socialistas”, hoy se cuentan entre los turistas que gustan de disfrutar las bondades de la geografía cubana. Sus antecesores prefiguraron la debacle que sobrevendría, pero no pudieron imaginar que sus descendientes regresarían a cotos de privilegio en la misma isla caribeña.

El dictador Fidel Castro nunca estuvo de acuerdo con dolarizar la economía y abrir renglones desvirtuados de operaciones capitalistas, pero luego de su desaparición física, la ambiciosa e inescrupulosa casta militar terminó por apoderarse totalmente del sector turístico, la fuente más segura de ingresos luego de la desaparición de los sustentos exteriores, a los cuales se había adaptado la prostituida nomenclatura gobernante.

Actualmente los nacionales pueden reservar en algunas de las principales atracciones hoteleras del país, aunque siguen siendo discriminados como turistas de cuarta categoría cuando reúnen la sustancial cantidad de dinero que necesitan para hacerlo.

Hay videos y documentales donde consta cómo los deleznables cuidadores de las propiedades militares detienen e interrogan a los cubanos, sobre todo a los de la raza negra, cuando tratan de acceder al lobby de los despampanantes hoteles abiertos en plena Ciudad de La Habana, rodeados de tugurios y solares al borde del derrumbe.

Desafortunadamente, la imagen de la película El Padrino donde Michael Corleone afronta la violencia de la rebeldía apenas transita por las calles de La Habana resulta poco menos que imposible ahora en un país agobiado por el totalitarismo, donde todos los espacios para disentir han sido coartados con ensañamiento.

En el mítico programa radial La tremenda corte, Trespatines y otros populares personajes que encarnan al cubano común se burlan humorísticamente de los turistas americanos cada vez que la oportunidad se presenta. Los visitantes foráneos del vecino norteño forman parte de la cotidianidad, son proveedores de bienes, pero no por eso mejores que los nacionales.

El sector turístico castrista es un engendro en su concepción y práctica. Para los visitantes potenciales sigue siendo la posibilidad de asomarse al “parque jurásico” comunista donde se sienten impunes y venerados.

Deben saber que forman parte de una sociedad paralela de bienestar y confort, junto a otra de carencias e injusticias, sin los derechos que ellos disfrutan en sus respectivos países.

El turismo barato y falseado tiene un alto precio moral que los hace encubridores de una longeva y cruel dictadura.

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lunes, 14 de febrero de 2022

Crisis, represión y rabia popular.

Por Iván García.

Recientemente, un grupo de familiares esperaban frente al Tribunal Popular Municipal de 10 de Octubre, al sur de La Habana, para participar en la primera sesión del juicio oral que se celebró contra 33 personas, seis de ellos menores de edad, que intervinieron en las protestas populares del 11J. Poco antes de las nueve de la mañana ocurrieron dentro de la sala judicial las primeras quejas, pues la fiscalía pretendía que los familiares asistentes participaran de forma virtual.

Cuenta Yaila Prieto, esposa de Juan Emilio Pérez Estrada, con petición fiscal de 25 años de cárcel, que “cuando llegamos solo permitieron entrar a un solo familiar por cada uno de los enjuiciados. Los presos estaban allí desde las cinco de la mañana. El primer incidente fue cuando intentaron poner a los presos de un lado y a los familiares en otra sala, y que nosotros viéramos el juicio por una pantalla de televisión. Fue entonces que las madres y esposas allí presentes, iniciamos una protesta y al final nos tuvieron que poner a todos en el mismo lugar, porque no estábamos de acuerdo de ver el juicio por una pantalla”.

El resto de los familiares, alrededor de un centenar, habían permanecido bajo fuerte vigilancia policial en el Parque Juan Delgado, a dos cuadras del tribunal. Describe Yaila, que “al terminar el juicio habían muchos familiares y una cadena inmensa de policías. Al salir los presos para ser devueltos al penal, la policía no dejaba que sus parientes se acercasen para saludarlos. Entonces los familiares comenzaron a gritar Libertad y a aplaudir, lo que fue secundado por los presos. Minutos después llegó un ómnibus repleto de guardias de la Brigada Especial y los agredió. Se llevaron detenidos a varios familiares”.

Un vecino del lugar comenta que la violencia fue desproporcionada. “Yo creía que estás escenas de brutalidad policial no pasaban en Cuba. Fue un abuso. Hasta ancianos fueron golpeados. Los presos daban golpes en las planchas de metal de los carros jaulas. Los residentes de la barriada condenaron el abuso policial. Al gobierno se le está yendo de las manos la represión. Golpeaban a mujeres indefensas con tremenda saña. Mi hija salía de la escuela se quedó espantada. Nunca había visto una escena así”.

Carlos, sociólogo, reconoce que el actual panorama en Cuba es un auténtico polvorín. “Al no aceptar el diálogo ni el respeto a las diferencias políticas, el gobierno está abriendo la puerta a la violencia desmedida, las groserías y las bajas pasiones. De un bando y otro. Se están enquistando y polarizando las posiciones. Se han legalizados las palizas y los actos de repudio apoyados por el gobierno. Esa violencia va generar mayor violencia por parte de las personas que son reprimidas y nadie las escucha. Cuando ocurra otro estallido social en Cuba como el del 11 de julio, habrá mucha violencia”.

Según el sociólogo habanero, existe un fuerte resentimiento e impotencia en una gran mayoría de la población, que considera que ha agotado todas las vías legales y no se le da respuesta a sus reclamos. “La prepotencia del régimen es total. Los gobernantes se creen con derecho de pernada. No dan explicaciones de sus actos, no rinden cuentas. La autocritica es nula. Por ejemplo, las tiendas dolarizadas y la Tarea Ordenamiento son tremendamente impopulares. Cualquier encuesta seria reconocería que más del 90 por ciento de la ciudadanía no apoya esas medidas. Pero el gobierno insiste en promoverlas. Irremediablemente, vamos camino al caos”.

Es extensa la lista de peticiones populares que el gobierno no responde. Al contrario. Insiste en seguir aplicando el mismo guión. Un segmento considerable del pueblo no entiende que en medio de una feroz crisis económica y social, el Estado no detenga la construcción de hoteles de lujo y utilice esos recursos en el desarrollo de la agricultura y la producción de alimentos.

Gustavo, economista, asegura que “el gobierno ni siquiera da una explicación. Es como si fuera un capricho, o peor, una burla. En 2021, el turismo se desplomó un 77.68% en comparación con 2019. El impacto fue tan grande que en el sector privado casi 140 mil emprendedores que eran dueños de hostales, paladares en zonas de gran afluencia turística o alquiler de autos, entregaron las licencias. La tasa de ocupación habitacional no supera el 30 por ciento. A pesar de la crisis sistémica y económica, el presupuesto del Estado dedica el 54% a la construcción inmobiliaria y de hoteles. El doble del dinero que desembolsan para la salud publica y la educación”, explica y alega:

“El gobierno no puede esgrimir que esas obras son de capital extranjero, pues son financiadas por GAESA, dueño del cien por ciento de las propiedades administradas por empresas extranjeras. El despotismo llega a niveles insospechados. GAESA contrató a Bouygues, constructora francesa, que prefiere emplear a trabajadores indios y pagarles salarios en divisas en una cuantía treinta veces superior al sueldo de un constructor cubano. La gente está harta de tantas arbitrariedades”.

Y es cierto. Si echamos un vistazo a los comentarios en la prensa oficial online, leeremos quejas al desempeño del Estado. Hace unos días, Acopio, institución estatal encargada de recolectar productos agrícolas, dejó que se echaran a perder en el campo 200 quintales de tomate en Artemisa, provincia a 66 kilómetros al oeste de La Habana.

Las críticas en la calle han ido subiendo de tono, sobre todo cuando la gente se entera que cada año se mueren de hambre y sed miles de reses en un país donde muchas personas llevan años sin comer carne de res. O que desde hace seis meses enfermos con dietas médicas no reciben su cuota de leche en polvo por la libreta de racionamiento, mientras en las tiendas por dólares y sitios digitales de ventas de alimentos para cubanos radicados en el exterior se oferta leche en polvo. Katapulk, uno de esos sitios, anuncia bolsas de leche descremada entre 65 y más de 200 dólares, directamente traída de Estados Unidos.

Un funcionario del gobierno provincial de Holguín, a un grupo de madres que se quejaron por la ausencia de comercios donde vendan ropa y calzado infantil en moneda nacional, le respondió “que en las tiendas por divisas existían esas ofertas”. Aumenta el número de padres que en voz alta reclaman a las autoridades la venta de juguetes y golosinas para los niños en pesos. Los cubanos deben comprar en divisas desde una máquina desechable de afeitar hasta un bombillo. Y los salarios y pensiones que ellos reciben es en pesos cubanos, una de las monedas más devaluadas del mundo.

Ricardo, custodio de un almacén de materiales de la construcción, dice que “es demasiado el descaro, la soberbia y la indiferencia de los dirigentes. No hay cemento para los que perdieron sus casas por un ciclón u otro desastre natural, pero venden cemento en las tiendas por divisas. Hace más de un año, una dirigenta de Artemisa hizo una fiesta y la piñata la llenó con dólares. Un dirigente de Las Tunas subió a las redes sociales un video masturbándose. Todo eso lo publican sin pudor en sus muros de Facebook, igual que las comelatas de Mariela, hija de Raúl Castro, o Sandro, nieto de Fidel, manejando ‘uno de sus jugueticos’, un Mercedes Benz, cuando el pueblo tiene que estar dos horas o más para poder coger una guagua. Por el camino que vamos, esto puede terminar en una guerra civil. Es mucho el odio reprimido”.

La gente en Cuba está cansada de promesas que jamás se cumplen. Mientras, el régimen sigue repitiendo consignas y apostando por la represión. Debiera tomar nota de la rabia popular.

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