miércoles, 17 de enero de 2018

Carta un niño cubano a Harry Potter.

Querido compañero Harry Potter:

Te escribo porque he tenido una discusión larguísima con mi primo Yorch por causa de tu magia y tus poderes, y quiero tener respuesta tuya de primera mano para salir de mis dudas. Todo comenzó cuando vimos una película tuya que él trajo y que para verla alquilamos 2 horas en el video de la aeromoza de al lado (dice Yorch que es una especie de peiperviú pero al revés, yo no entendí nada). Al finalizar todos se quedaron pasmados con tus poderes, pero a mí no me parecieron gran cosa y es por eso que te escribo, para que me aclares. Para mí las cosas que salen en la película las puede hacer cualquiera, y todavía más. Déjame contarte desde el principio para que no te pierdas, que ya sé que aunque eres mago, no eres cubano y por tanto un poquito lento.

Yo vivo en una isla mágica, que se estira y se encoge a voluntad del jefe (que es algo así como Voldemort, pero con mucho más poder) o dependiendo de la situación, cosa que no creo que pase en Gryffindorf. Un día somos “una pequeña islita al lado de un monstruoso Imperio” y 24 horas más tarde podemos ser “la Mayor Potencia médica del mundo”. Lo mismo pasa con la gente que vive aquí; a veces son El Pueblo (que es una cosa gigantesca capaz de las hazañas más increíbles y que nunca hace nada malo) y otras veces, la misma gente, son la población (una cosa chiquita, que siempre se está equivocando, que no comprende las medidas tomadas, que hace actividades ilegales como el enriquecimiento y que está lleno de grupúsculos, todavía más chiquitos). ¿Cómo se convierte el Pueblo en población y viceversa? Eso contéstamelo tú si eres mago de verdad…

Pero no creas que sólo la isla es mágica, no, mi familia está llena de magos también. Mi padre, que era Ingeniero Químico, una noche al conjuro de las palabras mágicas “a la mierda con todo!” se convirtió en Cuentapropista porque en su trabajo le habían dicho que él no era Idóneo, cosa que era más que evidente porque él trabajaba allí desde hace 10 años y todos sabían que él era Chucho. Se demoraron cantidad en darse cuenta. Mi madre hace tres actos de magia diarios, algunos con resultados asombrosos, como el de convertir una cáscara de plátano en bistec o un pan de la bodega en torreja con leche de soya y azúcar directo. Mi primo Yorch también es algo mago. Hace cinco años se fue al camping del Mégano a pasar un fin de semana con sus padres y todos desaparecieron por arte de magia.

Ahora apareció, más gordo que la Guía telefónica de Beijing, con unos zapatos que cuando caminas se encienden unas lucecitas, con un cassette tuyo en la mano y hasta con un nombre nuevo, porque cuando se fue de campismo se llamaba Jorgito. Por cierto que me dijo que si yo me iba al Camping del Mégano también podía cambiarme el nombre y en vez de Quientusabes, regresar llamándome Yunoujú, pero con ese nombre yo no me aparezco en la escuela ni a matao…

¡Hablando de escuelas, vi que un día fuiste a tu escuela montado en un fotingo que volaba! ¿Y a eso le llaman magia? Ay Harry, que inocente eres… Yo voy TODOS los días a la escuela en un Camello, no arriba sino dentro, y no voy solo (ojalá), dentro de esos camellos cabe un número indeterminado (pero alto, altísimo) de integrantes de la población, que también son magos. ¿Tú crees que podrías meterte dentro de un camello y salir exactamente frente a tu escuela sin haber podido mirar para afuera? Pues yo lo hago facilito. ¿Cómo? Eso te lo dejo de tarea, a ver si eres mago. Te aclaro que yo no tengo varita mágica.

La magia aquí está generalizada. No hay libros para las escuelas ni de Harry Potter porque las imprentas no tienen material, pero aparecen por arte de magia Los Disidentes y El Camaján de la noche a la mañana. Por cierto, con este último mi hermanita tuvo un problema porque en la prueba de Biología puso que el reptil con capacidad de mimetismo era el Camaján y la suspendieron. Ella (pobrecita) dice llorando que lo vio en un libro que había en la biblioteca de la escuela (es un libro nuevo, pero ya está allí) y que ese era el nombre del bicho de la portada. Yo sé que es un error de imprenta, pero ella no sabe nada de eso.

Aquí hay carros mucho más viejos que el tu película y que todavía andan por las calles, camiones que nadan, mesas redondas que informan, perros sin tripa que vienen de vez en cuando a las carnicerías (Fricandel es su nombre científico), Ocas en pasta, inalcanzables logros alcanzados, voluntad hidráulica, batallas de ideas, grupúsculos de más de 11,000 ciudadanos (esos son aparte del Pueblo, la población y los Compañeros, pero eso no te lo explico porque te voy a volver loco, créeme), democracia y represión, bloqueo y dólares, niños que quieren ser como el Ché (o sea pasearse por toda América del Sur en moto con un socio, ser Ministros y después irse para Bolivia), balseritos héroes, pesos que sirven para comprar dólares aunque no son convertibles, escuelas de bueyes, vacas embalsamadas y Embajadores de la Salsa.

La isla (que vista en un mapa parece un Camaján, digo, un camaleón), además de estirarse o encogerse, puede replicarse y así crear una isla virtual que es sólo visible a los ojos de los turistas y que no se parece en nada a la otra, aunque es la misma.

Pero el más mago de todos aquí es Voldemort (el jefe de que te hablé, pero me gustó el nombrecito); si agarra al Voldemort de tu película segurito que lo convierte en algo. Ese es el bárbaro convirtiendo cosas. Él puede convertir reveses en victorias, Presidentes en Lamebotas, Paraguayos en Uruguayos (así de un palo, toda la población), profesionales en gusanos, gusanos en turistas y más tarde en Señores, analfabetos en Ministros (sin tener que dejar de ser analfabetos), profesores en soldados y después en muertos, prostitutas en universitarias (¿o era al revés?), bodrios en monumentos (y viceversa). Puede enriquecer el picadillo quitándole carne, mandarle ayuda humanitaria a Europa, aumentar la producción de leche con menos vacas y al mismo tiempo hacer que los niños no la necesiten después de los 7 años, hacer lo temporal permanente y al mismo tiempo cambiar la Constitución.

¿Y el mago eres tú, Harry? Give me a break…

Te voy a dar una oportunidad para que demuestres tus poderes. Mira, coge un sobre de carta y ponle mi nombre y esta dirección: Luis Esteves # 313, entre Escobar y Campanario, Playa, Ciudad de la Habana, Cuba. Mete adentro un billete de 100 Libras esterlinas y mándalo por correo (no uses la lechuza Hedwing si no quieres que termine en fricasé en cuanto sobrevuele el espacio aéreo de la isla). Esa dirección no existe, si recibes la carta de vuelta con un cartelito que dice “Destinatario Desconocido”, eres un tipo de suerte, pero si trae el billete dentro, entonces eres un verdadero mago.

Tuyo,

Quientúsabes
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