Por Antonio Elorza.
Cuba, 1968. En "Memorias del subdesarrollo", Tomás Gutiérrez Alea dibuja un cuadro ácido de la Cuba revolucionaria. El protagonista parece una ilustración de La chinche de Maiakovski, emblema de la agonía inexorable del mundo burgués. Pero no se limita a reflejar la propia crisis y la de su medio, sino que presenta una sociedad carente de vida propia, de sentido de la comunicación y por tanto dispuesta a aceptar que “alguien piense por ella”. Nada que ver con la imagen utópica de la Revolución.
Dos fogonazos apuntan al futuro. Uno es el lúcido pronóstico del amigo a punto de emigrar, quien compara la perspectiva de una Cuba socialista con el antecedente de Haití, donde ya una revolución acabó en la miseria. Otro es la reflexión en off sobre las imágenes de escaparates vacíos: La Habana fue el París del Caribe; ahora es la Tegucigalpa del Caribe. Cuando Titón presenta Memorias, Fidel apoya la invasión soviética de Checoslovaquia, impone una socialización general del comercio y la censura a Padilla anuncia la represión de la cultura. Su cine se aleja de la realidad cubana hasta 1993, con Fresa y chocolate.
Cuba, 1968. En "Memorias del subdesarrollo", Tomás Gutiérrez Alea dibuja un cuadro ácido de la Cuba revolucionaria. El protagonista parece una ilustración de La chinche de Maiakovski, emblema de la agonía inexorable del mundo burgués. Pero no se limita a reflejar la propia crisis y la de su medio, sino que presenta una sociedad carente de vida propia, de sentido de la comunicación y por tanto dispuesta a aceptar que “alguien piense por ella”. Nada que ver con la imagen utópica de la Revolución.
Dos fogonazos apuntan al futuro. Uno es el lúcido pronóstico del amigo a punto de emigrar, quien compara la perspectiva de una Cuba socialista con el antecedente de Haití, donde ya una revolución acabó en la miseria. Otro es la reflexión en off sobre las imágenes de escaparates vacíos: La Habana fue el París del Caribe; ahora es la Tegucigalpa del Caribe. Cuando Titón presenta Memorias, Fidel apoya la invasión soviética de Checoslovaquia, impone una socialización general del comercio y la censura a Padilla anuncia la represión de la cultura. Su cine se aleja de la realidad cubana hasta 1993, con Fresa y chocolate.











