Por Andrés Reynaldo.
De cuando en cuando, a algunos escritores cubanos que viven en la isla les da por hablar de la paz, el reencuentro, el perdón. Ideas nobles, por supuesto. Diríanse discípulos de Gandhi, si no fuera por la dieta. Si no fuera porque Gandhi, en verdad, protestaba. Pacíficamente, pero protestaba.
Sobre todo si andan de viaje, si acaban de publicar libro en el extranjero, adoptan una pose ambigua, entre sapiente y párvula, y en la primera rueda de prensa sueltan el rollo de la reconciliación, el rechazo a una transformación violenta, en fin, el borrón y cuenta nueva. Así, en abstracto.
De cuando en cuando, a algunos escritores cubanos que viven en la isla les da por hablar de la paz, el reencuentro, el perdón. Ideas nobles, por supuesto. Diríanse discípulos de Gandhi, si no fuera por la dieta. Si no fuera porque Gandhi, en verdad, protestaba. Pacíficamente, pero protestaba.
Sobre todo si andan de viaje, si acaban de publicar libro en el extranjero, adoptan una pose ambigua, entre sapiente y párvula, y en la primera rueda de prensa sueltan el rollo de la reconciliación, el rechazo a una transformación violenta, en fin, el borrón y cuenta nueva. Así, en abstracto.










