viernes, 29 de abril de 2022

La revolución es cosa del pasado.

Por Iván García.

El 8 de enero de 1959, Lorenzo, 86 años, vecino de la barriada habanera de La Víbora, después de desayunar, fue hasta la parada de ómnibus más cercana a su casa y allí cogió una ‘enfermera’, como entonces le decían a los autobuses blancos de la ruta 37. En un puesto de lotería en la Esquina de Toyo cobró un parlé de 230 pesos.

«Un dineral para la época. Luego, con unos amigos, nos fuimos a ver a los barbudos, entre ellos a Fidel, que pasó montado en un jeep militar por Vía Blanca hasta Concha y Luyanó. La gente estaba ilusionada, creía que la situación iba a cambiar y mejorar en Cuba. Aquellos días que no los he olvidado”, rememora el anciano.

Como muchos cubanos, Lorenzo consagró una parte importante de su vida a la revolución. “Era imposible no creer en Fidel Castro. Hablaba como un santo. Te repetía una y otra vez que no era comunista y que quería un país democrático con elecciones libres, sin corrupción y con justicia social. Fui miliciano. Combatí en Playa Girón y en la lucha contra los alzados en el Escambray. Cuando el éxodo por el puerto del Mariel, en 1980, fue que descubrí la estafa. Que todo era una trampa. Que a Fidel y a su hermano Raúl solo les interesaba el poder, el protagonismo político y no construir una sociedad libre, moderna e inclusiva”.

En la primavera de 2022, Lorenzo es un viejo achacoso que hace colas cinco días a la semana para comprar el pan o esperar que llegue el pollo al mercado donde venden por pesos. “Hace ocho meses que no tengo los medicamentos que necesito para la circulación. Trabajé toda mi vida y con la pensión que recibo no puedo ni comprar un par de zapatos. Si no lo paso peor es gracias a que mi hija me ayuda y a la caridad de mis vecinos. La revolución cubana fue un espejismo, un engaño. 63 años después vivimos peor. Nunca ha habido democracia. Hay que hacer otra revolución y comenzar de nuevo”.

Doris, 55 años, profesora, no había nacido cuando Fidel Castro conquistó el poder a punta de carabina. “Soy hija de padres que creyeron en el proceso revolucionario. Me decían que ellos se sacrificaban para que yo tuviera una vida digna. Como todos los nacidos después de 1959, recibí una enseñanza adoctrinada que me hizo creer que el socialismo era el futuro de la humanidad. Pensaba que el imperialismo yanqui tenía sus días contados. Pero lo que se cayó fue el comunismo soviético».

Ya en la década de 1980, Doris comenzó a tener dudas. «Mis hijos no comían lo mismo que los hijos de los dirigentes y los altos oficiales de las FAR y el MININT. No vivíamos en las mismas casas ni teníamos la misma calidad de vida. La casta gobernante tenía criadas, las llamaban ‘empleadas domésticas’, dos o tres automóviles en el garaje y pasaban las vacaciones en Varadero o en el extranjero. Mientras, los cubanos comprábamos los alimentos por la libreta de racionamiento, viajábamos en guaguas atestadas de pasajeros y quienes podían, vacacionaban en una base de campismo popular donde pululaban los mosquitos. Después que mis hijos se marcharon de Cuba, y empezaron a enviarme dólares, es que he podido tener una vida digna. La revolución fidelista fue un fracaso, una mentira. Lo que queda son sus discursos”, confiesa Doris.

Si usted recorre las calles de la Isla y conversa con ciudadanos de a pie, notará el amplio descontento al modelo económico, político y social vigente. La gente no se corta. Habla sin tapujos. Diario Las Américas le preguntó personalmente o por WhatsApp a 32 personas, en edades comprendidas entre 18 y 89 años, su opinión sobre el gobierno. En una escala del uno al diez (a partir de siete es aprobado), 26 encuestados le dan de cero a dos puntos al presidente Miguel Díaz-Canel, elegido a dedo por Raúl Castro.

Víctor, ingeniero, uno de los entrevistados, considera que “de positivo Díaz-Canel no aporta casi nada. Habla mucho y ejecuta poco. Semana tras semana se la pasa de reunión en reunión o viajando a provincias. La prensa y los noticieros siguen con el mismo triunfalismo de la era castrista, culpando al ‘bloqueo’ y a Estados Unidos de todo el desastre interno. Díaz-Canel es un saco de plomo (un tipo pesado), siempre con la misma muela de la cultura del detalle y arrancarle a los problema un cachito. Casi todos los dirigentes y funcionarios nacionales y provinciales están cortados por la misma tijera y tienen el mismo biotipo: barrigones, mediocres, con un lenguaje empobrecedor, repleto de jergas y consignas. Si hubiera una calificación por debajo de cero se la diera a Canel”.

Victor piensa que el modelo cubano está agotado. “Si alguna vez funcionó, gracias a los millones de rublos que llegaban de la antigua URSS, fue a un costo inasumible. Es cierto que tuvimos un sistema de salud pública universal bastante avanzado para un país del Tercer Mundo. Pero cuando dejamos de recibir subsidios a duras penas se sostiene. La educación, otros de los logros de los cuales se vanagloriaba Fidel Castro, tuvo a su favor el amplio acceso a los estudios superiores. Pero la educación, desde primaria hasta la universidad, tenía y sigue teniendo, un alto contenido de adoctrinamiento ideológico y de manipulación. Los que abiertamente no eran revolucionarios no podían acceder a ciertas carreras universitarias o si se graduaban después no podían conseguir buenos empleos. El modelo cubano hace rato que dejó de funcionar. Debemos fundar un nuevo proyecto de república, donde se premie al talento y al esfuerzo. No la lealtad política a un partido”, opina Víctor.

Cuatro de las 32 personas consultadas le otorgan cinco puntos al gobierno. Y solo dos aprueban su gestión. Uno de ellos es Saúl, directivo de una empresa del Estado. Alega que “el bloqueo yanqui no es un cuento. Si lo levantan, verás cómo el país sale adelante”. Los que suelen apoyar o justificar los groseros errores del sistema político cubano, ocupan cargos importantes dentro del esquema institucional. Suelen ser militares en activos, jubilados que reciben buenas pensiones e intelectuales afiliados al sector de la cultura, los cuales por simulación, oportunismo, miedo o simplemente porque apoyan al régimen, en público repiten la narrativa oficial.

En privado son más críticos. Pero incluso los que creen que Fidel Castro es un líder histórico y el actual gobierno merece un voto de confianza, coinciden que el modelo cubano debiera ser reformado. Un periodista estatal piensa que “nuestro modelo económico, productivo y político debe ser más democrático. Y que la oposición que no sea financiada por el gobierno de Estados Unidos, debiera tener un espacio político. No se puede tirar a la basura lo positivo que aportó la revolución. Debemos dejar de vivir del pasado. Respetar las diferencias. Combatir la pobreza y crear oportunidades iguales para todos. No penalizar ni ponerles trabas a los emprendedores que crean riquezas”.

Pero donde más antipatía genera Fidel Castro, la revolución cubana y el actual gobierno es entre en los jóvenes. Dian, estudiante universitario, manifiesta que si “Díaz-Canel fuera honesto consigo mismo, debiera pararse un día en la Plaza de la Revolución y convocar a los cubanos a instaurar un nuevo modelo de nación. Gran parte de los cubanos sabemos lo que queremos: democracia, libertad de expresión, salud pública, educación universal y una oposición política legal. También lo que no queremos: corrupción, un capitalismo de amigos y monopolios como GAESA. Tampoco queremos democracias fallidas como la de México.”

El tiempo está en contra del régimen verde olivo. La represión y el miedo pueden retrasar los cambios que los cubanos piden a gritos.

Esa inercia acelerará la emigración y la simulación. Pero más temprano que tarde, inexorablemente, la democracia aterrizará en Cuba. Porque es el deseo de la mayoría de una población que debiera ser escuchada por los gobernantes.

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jueves, 28 de abril de 2022

Ramiro Valdés, “el carnicero de Artemisa”, cumple 90 años.

Por CubaNet.

Sus últimos meses han sido intensos. De visita en visita y de reunión en reunión, Ramiro supervisa la construcción del socialismo en la Isla, una labor que inició junto Fidel Castro en 1959 y que todavía parece no tener fin.

Ramiro Valdés Menéndez, combatiente de la Sierra Maestra y Comandante de la Revolución, cumple hoy 90 años, misma edad a la que llegará Raúl Castro el próximo 3 de junio.

De los sobrevivientes de la plana mayor histórica del régimen cubano, solo Ramiro Valdés se mantiene ocupando altas responsabilidades. Sus últimos meses en funciones de viceprimer ministro han sido intensos. De visita en visita y de reunión en reunión, Ramiro supervisa la construcción del socialismo en la Isla, una labor que inició junto Fidel Castro en 1959 y que parece no tener fin.

En las últimas semanas, el Comandante de la Revolución ha realizado desplazamientos de capital importancia dentro de la Isla, entre ellas destacan una visita a la Fábrica de Cemento de Nuevitas (Camagüey) y varios recorridos por industrias de la provincia de Cienfuegos.

La lealtad de Ramiro.

Granma, el órgano oficial del Comité Central del Partido Comunista de Cuba (PCC), no perdió la oportunidad de rendir homenaje a Ramiro en su cumpleaños 90.

“Justo, sincero como pocos, eterno soldado de la Patria y digno libertador, sí, porque estuvo en el Moncada, porque viajó en el Granma, porque subió a la Sierra, porque a la diestra del Che llevó la invasión hacia Occidente, porque jamás falló a Fidel ni a la obra con la que soñaron”.

El texto continúa agradeciendo la lealtad de Valdés al castrismo.

“Gracias, Comandante Ramiro Valdés Menéndez, por su compromiso con Cuba y con la libertad y el bienestar de todo un pueblo. Gracias por elegir el lado difícil y no siempre halagüeño, pero profundamente ennoblecedor, del deber, por ser parte de aquellos que no dejaron morir al Apóstol”.

Un represor experto.

Los sucesos del pasado año en Santiago de Cuba han alejado a Ramiro del “baño de pueblo” del que supuestamente siempre gozó. Allí, en la tierra caliente, el régimen intentó enfriar el fervor de las protestas del 11J sacando al Comandante de la Revolución a la calle. Sin embargo, la gente arremetió contra él, gritándole “asesino”, un calificativo que para nada desmerece.

Tras el sofocón, el viceprimer ministro condecoró a los oficiales que intervinieron en la represión contra las manifestantes en esa provincia. Y es que celebrar los abusos del castrismo es algo que Ramiro siempre ha disfrutado. Habría que recordar que fue dos veces ministro del Interior (1961-1968 / 1979-1985), cargo que le ubicaba como uno de los principales ejecutores de la represión comunista.

Muchos también recuerdan su etapa como ministro de la Informática y las Comunicaciones (2006 y 2011), un puesto que mostró a un Ramiro versátil y presto a desdoblarse en el mundo de la tecnología.

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domingo, 10 de abril de 2022

Cuba, de mal en peor.

Por Luis Cino Álvarez.

Frenos y restricciones al sector privado, abusivas tiendas en MLC y un reordenamiento económico implementado en el peor momento posible y que fracasó rotundamente y provocó una inflación que ha lanzado a la indigencia a la mayoría de los cubanos… Con tantas políticas absurdas e impopulares que solo hacen aumentar el descontento y, por tanto, la animadversión hacia el régimen, uno pudiera llegar a sospechar que en las altas esferas del Estado-Partido-Gobierno hay personas interesadas en conseguir que la continuidad post-fidelista acabe de reventar de una vez y por todas.

Por su desastroso manejo de la economía, su desconexión de la realidad, el empecinamiento en mantener políticas y métodos que fracasan una y otra vez, por su torpeza y los continuos disparates y papelazos, Díaz-Canel y sus ministros incapaces son el más desastroso equipo de gobierno de la historia de Cuba. Van, siempre con el mismo discurso, de un error en otro, de disparate en disparate, de papelazo en papelazo. Es como si se esforzaran en que todo les saliera mal.

Las más recientes movidas de los mandamases para captar divisas parecen propias de una comedia de absurdos, como por ejemplo, en medio de tanta hambre, miseria y apagones, con una población que solo piensa en cómo conseguir alimentarse, la impostura de un festival ridículo y cheo, hecho en contubernio con un par de vividores italianos.

Recientemente inauguraron en La Habana una tienda que vende embarcaciones, motores y brújulas, como invitando a que más personas, luego de pagar caro, se sumen a la actual desbandada migratoria, la mayor desde la crisis del Mariel en 1980.

Los mandamases culpan a las políticas norteamericanas hacia Cuba, particularmente a la la Ley de Ajuste Cubano, de ese éxodo descontrolado que está costando la vida de muchos compatriotas. Pero lo estimulan. La cuenta que sacan, con su mentalidad de bodegueros fallidos, es que los que se marchan son menos bocas que alimentar, menos descontentos que reprimir y más remesas en solo unos años. Creen los mandamases que si le sacan vapor a la olla de presión, retrasarán un poco más el reventón.

En lo único que es eficiente este régimen es en la vigilancia y la represión. Pero eso, de tanto que se les está yendo la mano con el apretón, les resultará contraproducente.

La dictadura, que entró en pánico con las protestas de los días 11 y 12 de julio de 2021, ha castigado con crueldad a cientos de jóvenes que participaron en ellas, imponiéndoles condenas de más de 20 años de prisión (de 30 a dos de ellos). Así, se han ganado el odio de sus familiares, amigos y vecinos y la repulsa internacional.

El castrismo quiere intimidar y aherrojar más a los cubanos con un nuevo Código Penal de aliento nazi-estalinista y un aluvión de leyes prohibitivas que parecen propias de un reglamento carcelario. De momento, puede que consigan intimidar, pero no será por mucho tiempo.

Hoy lo que prima entre los cubanos de a pie, más que el temor, es la desesperanza ante un futuro que cada vez luce más incierto. También hay mucha confusión a la hora de repartir culpas por la actual situación, siempre evadiendo, para no arriesgarse, la responsabilidad personal en la solución de nuestros problemas. Es como si el arreglo de los problemas de Cuba correspondiera a escoceses o croatas para que, mientras, nosotros, los dolientes, nos dediquemos a buscarnos los pesos y ver qué cocinamos mañana.

Hace poco escuché a una mujer de mediana edad que, en una larga cola para comprar aceite y pollo, además de quejarse de los altos precios y la escasez, a propósito de las desmesuradas condenas contra “los muchachos de las protestas”, despotricaba lo mismo contra “los gordos descarados estos” (los mandamases) que contra “los americanos que te hacen ir a Guyana a ver si te dan la visa” y “la gente de Miami que empujan desde allá y no se dan golpes, como el Otaola ese”, en referencia al influencer Alex Otaola.

El régimen, a fuerza de represión, logró frustrar la Marcha Cívica por el Cambio del pasado mes de noviembre. Con ello, ha logrado infundir el desaliento y la desconfianza entre muchos de los que se oponen al castrismo.

Escucho a algunas personas, con no poco cinismo, criticar con acritud a disidentes que se han ido al exilio recientemente, no importa si sacados de la cárcel y forzados al destierro por la Seguridad del Estado. Exigen de esos activistas el sacrificio y la inmolación de la que ellos mismos no son capaces.

Te citarán el caso de Yunior García Aguilera, la desarticulación de Archipiélago, del 27N y del Movimiento San Isidro; te dirán que sus compañeros dejaron abandonados a Luis Manuel Otero y Maykel Osorbo, contra quienes la fiscalía pide seis y diez años de prisión, respectivamente; te repetirán que la oposición, enferma de egos e infiltrada por los topos de la Seguridad del Estado, no logra ponerse de acuerdo ni siquiera en puntos comunes mínimos y que “aquí, con tanto chivato, no se sabe quién es quién”.

Y concluirán, en plan de derrotados, dándole el gustazo al régimen, asegurando que no vale la pena arriesgarse, que “esto no hay quien lo tumbe ni tampoco quien lo arregle”, que “este pueblo no  sirve”, que “nos merecemos lo que tenemos”, que “esto, aunque se caiga la semana que viene, no se arregla ni en 40 años”, que “lo mejor es irse”.

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viernes, 8 de abril de 2022

Cubanos están vendiendo sus casas para emigrar.

Por Iván García.

Es una auténtica estampida. Pregúntenle a Sergio, 52 años, ingeniero en telecomunicaciones, a Sheila, ex propietaria de un hostal o a Ricardo, entrenador deportivo, sus motivos para emigrar de la Isla y obtendrá la misma respuesta: “Esto (la situación del país) no hay quien lo aguante”.

Una respuesta que recoge el sentir de casi todas las personas que madrugan en un parque cerca de la Embajada de México, en la barriada de Miramar, al oeste de La Habana. Como el ingeniero Sergio, quien antes de contar su historia, busca en su mochila negra un termo de café. En un vaso desechable se sirve un poco. Luego prende un cigarro, exhala el humo y dice:

“Mis dos hijos están desesperados. El mayor estudia en la universidad. Un día sí y otro también me repiten sus deseos de emigrar. Tenemos parientes en Estados Unidos, pero al no ser padre, madre o hermanos no clasifican para el programa de reunificación familiar. Probamos por el programa de lotería internacional que otorga 50 mil visas a Estados Unidos. Pero no tuvimos suerte. Soy un profesional, pero mi salario no alcanza para reparar la casa, comprar un televisor nuevo ni zapatos a mis hijos. He desperdiciado mi vida en Cuba, engañado con las falsas promesas de un futuro luminoso. No soy tonto. A mi edad, cuando emigre, quizás tenga que trabajar lavando platos o en la construcción. No me importa. Creo que mis hijos se merecen la oportunidad de demostrar su talento y un futuro mejor. Nunca me arrepentiré del paso que voy a dar”.

Sergio confiesa que vendió la casa que heredó de sus abuelos. “La vendí en 40 mil dólares. Probablemente valía el doble, pero necesitaba con premura el dinero para volar. Pienso que es la última oportunidad”. El plan es simple. Llegar a la frontera sur de Estados Unidos y pedir asilo o un parole humanitario. Aunque vender sus propiedades parezca una estrategia errónea, los futuros inmigrantes cubanos actúan de acuerdo al modo de operar del Departamento de Seguridad Nacional de Estados Unidos.

Sheila, vendió en 75 mil dólares su hostal de ocho habitaciones que rentaba a turistas en Trinidad, provincia Sancti Spíritus, a más de 300 kilómetros al sureste de La Habana. De antemano ella sabía que “desde hace dos semanas las autoridades fronterizas de Estados Unidos, en algunos puntos de entrada, están otorgando el parole a los cubanos”.

La información corre de boca en boca por toda la isla. En las redes sociales, los que han tenido la suerte que le otorguen un documento de libertad después de una retención temporal, cuentan al detalle el día y lugar por donde intentar el acceso a Estados Unidos.

Sergio explica que “es tan pormenorizada la información que te describen hasta el turno de guardia que es más abordable. Claro, también circulan rumores y fake news. La gente en la calle está diciendo que como el director de Seguridad Nacional en Estados Unidos es de origen cubano ahora hay una política de puertas abiertas para nosotros”.

Ricardo, entrenador deportivo, asegura que ha viajado a México en múltiples ocasiones. “Me dedicaba al negocio de importar pacotillas y teléfonos móviles. Pero la cosa está durísima. Mi esposa está embarazada. No quiero que mi hijo nazca en un país donde sus dirigentes mienten todo el tiempo y la gente tiene que hacer cola para poder comer. Vendí la casa, mi moto y reuní la mayor cantidad de dinero posible. Si no le dan visa a mi esposa, me voy primero y después la reclamo. O probamos por otro país. Si no puedo entrar a la yuma de forma legal, lo hago por la izquierda (ilegal)”.

La información titulada «Parole humanitario para cubanos es una medida de emergencia en la frontera, no un cambio de política», del periodista Wilfredo Cancio Isla, publicada el 29 de marzo en CiberCuba, de inmediato empezó a ser compartida en sus celulares, como si fuera pan recién salido del horno, por quienes en la isla tienen planes de emigrar. Pero la noticia pronto fue tergiversada.

En la cola para comprar salchichas en un mercado del municipio Diez de Octubre, una mujer le decía a otra: “Ya leíste la ultima. Dicen que por El Paso, Texas, las autoridades migratorias de Estados Unidos están dando visas humanitarias” (la información aclara que es un parole humanitario por las comunidades texanas Uvalde, Del Río y Eagle Pass). Enseguida, varios de la cola se apiñaron entorno a la mujer, en busca de más detalles. “La semana que viene vendo mi apartamento y me voy tumbando, antes que los yuma cambien de idea”, dijo un joven. Una señora añadió: “Eso es lo que tienen que hacer los americanos. Darle visa a todos los cubanos pa’que tu vea que estos descarados (el gobierno) se quedan solos. Hasta yo que tengo 70 años me voy echando. El último que se vaya que apague el Morro”.

En las agencias de venta de pasajes aéreos y en las embajadas caribeñas y latinoamericanas en La Habana ha aumentado el número de solicitantes de visas. “Donde más gente hay es en la de Panamá y México. Entre dos y tres mil personas, diariamente hacen cola para largarse de cualquier forma”, afirma un custodio de la Embajada de Panama.

Hasta 7 mil dólares se está pagando por un billete aéreo a Nicaragua, donde no se necesita visa. Aunque las autoridades cubanas culpan a Estados Unidos de la nueva ola migratoria, el pistoletazo de salida fue una maniobra del régimen en componendas con sus aliados de Nicaragua y Venezuela. Después que la dictadura de Daniel Ortega eliminara el visado para los cubanos que viajan a Nicaragua, una muchedumbre se concentró en las oficinas de reservación.

Un boleto que habitualmente costaba 500 dólares, la línea aérea venezolana Conviasa empezó a venderlo en dos mil dólares. Algunas embajadas, como Panamá, Costa Rica y Colombia, intentando frenar la avalancha de cubanos, comenzaron a exigir visas de tránsito, lo que generó sonadas protestas en las afueras de la embajada panameña ubicada en 5ta. Avenida y Calle 24, Miramar.

Según estadísticas de las autoridades de inmigración en Estados Unidos, en los primeros cinco meses del año fiscal 2022, 47,431 cubanos entraron al país. 46,752 lo hicieron por la frontera sur. En el mes de febrero fueron 16,550. La patrulla fronteriza reveló que 1,500 cubanos lo intentaron el lunes 28 de marzo. Los recuentos indican que en marzo se rompan todos los récords de entrada de cubanos. De mantenerse esas cifras, al terminar el año más de 100 mil cubanos se habrían marchado solo para Estados Unidos.

Esta ola migratoria, a diferencia de otras como la del Mariel o Camarioca, que duró unos pocos meses, se extiende en el tiempo. Comenzó en el invierno de 2015, con una estampida de cubanos que viajaban a Ecuador -en esa fecha no se necesitaba visa- y desde la nación andina, emprendían un maratón terrestre, cruzando buena parte de Centroamérica hasta llegar a México, donde solicitaban asilo en la frontera de Estados Unidos.

Se calcula que entre 2015 y 2016 por esa vía habrían emigrado alrededor de 70 mil cubanos. A pesar de los acuerdos migratorios con Estados Unidos que religiosamente otorgaba 20 mil visas por reunificación familiar y del restablecimiento de relaciones diplomáticas en diciembre de 2014, los cubanos seguían optando por irse de su país.

El éxodo nunca se detuvo. Solo se vio interrumpido en los dos últimos años debido al cierre de fronteras por la pandemia. Es la ola migratoria más extensa desde 1959. El régimen los clasifica como inmigrantes económicos. Los que se van culpan al gobierno de sus vidas precarias, represión, falta de libertades y de futuro para ellos y sus hijos.

Si la situación económica, política y social no mejora a corto plazo en Cuba, el éxodo aumentará. Los cubanos ya no aguantan más.

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¿Por qué es Iberoamérica tan cagona?

Por Aldo Mariátegui.

¿Por qué Iberoamérica siempre estropea todo cuando ya está punto de pasar a otra etapa de desarrollo y desanda lo tan trabajosamente andado?

¿Por qué Chile acaba de elegir al activista izquierdista radical Gabriel Boric (¡su equivalente en España sería Iñigo Errejón, imagínense!) y decidió así echar por la borda tantas décadas de esfuerzo para ser el primero de la clase de Iberoamérica y arañar entrar al Primer Mundo?

¿Por qué un Chile que sufrió la traumática experiencia del calamitoso Gobierno marxista de Salvador Allende vuelve a emprender esa senda 51 años después? ¿De dónde viene este instinto suicida chileno?

¿Por qué Venezuela, que tiene más reservas de petróleo que Arabia Saudita (y con una ubicación mucho más cercana a los consumidores más importantes), gozó por años de los mayores precios internacionales del crudo y no solo no llegó a por lo menos a un desarrollo decoroso, sino que ha acabado siendo ahora un Estado fallido, casi africano, con más del 10% de su población emigrando en los últimos años?

¿Y por qué Argentina, que llegó a ser el séptimo país más rico del mundo, tener tres premios Nobel en Ciencias/Medicina y un nivel de vida superior al de muchos países europeos, ahora es un desastre patético?

¿Por qué Uruguay, que fue uno de los primeros países del mundo en tener un sólido Estado de Bienestar (se le llamaba "la Suiza de América"), ahora no es más que un muy pálido reflejo de ese pasado?

¿Por qué Argentina no fue Australia y Uruguay no fue Nueva Zelanda, si tienen tantas similitudes productivas?

¿Por qué Brasil nunca dejará de ser el eterno "país del futuro" y el Cristo del Corcovado seguirá con sus manos abiertas esperando aplaudir ese momento? ¿Por qué posiblemente vuelvan a elegir a un delincuente marxistoide como Lula (¡el gran aliado de la corrupta constructora Odebrecht!) en sus próximas elecciones?

¿Por qué México no se volvió una gigantesca potencia exportadora como la China actual cuando USA le abrió – en exclusiva – el mercado más grande del mundo con la firma del Tratado de Libre Comercio en 1992, un cliente colosal que tenía al costado y no cruzando el inmenso Océano Pacífico? ¿Por qué una mala copia del cómico Cantinflas, un demagogo tan simplón y barato como Andrés López Obrador, es hoy un tan popular presidente de México?

¿Por qué Cuba hoy es una cárcel misma, cuando en 1959 tenía el segundo mejor nivel de vida en Iberoamérica (su PIB era igual al español de esa época), siguiendo a la entonces riquísima Argentina?

¿Por qué Perú acaba de echar a la basura treinta años de sacrificios, que le trajeron mejoras económicas notables (la pobreza bajó del 54% en 2004 al 20% en 2020), y eligió a un balbuceante semianalfabeto ultraizquierdista como Castillo, un tipo que genera vergüenza ajena por su orfandad intelectual y su eterno sombrero?

¿Por qué Colombia, que tiene de vecino a un desastre como Venezuela, muy posiblemente elija al chavistoide Petro como su próximo presidente?

¿Por qué en Nicaragua permitieron con sus votos que subsista por tantos años el delincuencial sandinismo, que terminó siendo peor que el somocismo?

¿Por qué Bolivia persiste en esa idiota y falaz ideología socialista-indigenista?

¿Por qué por el momento solo algunos países pequeños – el siempre tranquilo Uruguay, la ya un tanto decadente Costa Rica y los pujantes Paraguay, Panamá y Rep. Dominicana – parecen ser los más estables y cuerdos de la región?

¿Por qué en Honduras, a pesar de haber sufrido los estragos de un gobierno de  izquierda  del Siglo 21, de nuevo regresa a ser gobernada por la misma familia Zelaya?

¿Será que los hondureños  quieren el fracaso de su país?

¿Por qué Iberoamérica es tan adicta al fracaso y a elegir cualquier cosa como presidentes y legisladores?

Esta elección en Chile, que era el mejorcito referente de la zona, ¿no refuerza la impresión de que Iberoamérica es un subcontinente que no tiene solución, que ya parece definitivamente condenado a exportar solo mano de obra barata, futbolistas y materias primas en general o miles de millones en fuga de capitales a Miami o Panamá en particular? ¿Qué vamos rumbo a ser una segunda URSS (Unión de Repúblicas Socialistas Sudamericanas) más cutre, como bromean en la Red? ¿Hay más electarado que electorado en la región?

Iberoamérica es el mejor ejemplo de que el concepto oclocracia es absolutamente válido en Ciencias Políticas.

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Pechuga de jutía con moringa y leche de cucaracha.

Por Miguel Sales.

La gastronomía cubana progresa a pasos agigantados. Olvídense de las recetas tradicionales y ríanse de los peces de colores. El picadillo con pasas y alcaparras, el boliche mechado, el arroz con pollo a la chorrera y los camarones enchilados han quedado obsoletos en la Isla y solo perviven en algunos restaurantes arcaicos de Miami.

En Cuba, gracias al socialismo castrista, generaciones enteras de comensales pueden ahora disfrutar de manjares antaño desconocidos o menospreciados, como la tilapia transgénica, el bistec de cáscara de plátano, la masa cárnica extendida y las croquetas rascacielos. Los últimos avances en este ámbito, según informó el experto Guillermo García en una memorable conferencia televisada, han sido la carne de gallina decrépita, de cocodrilo y de jutía -conga o carabalí, tanto monta-. 

A estas inestimables fuentes de proteína cabe añadir la prodigiosa moringa, contribución prepóstuma del Nutricionista en Jefe a la soberanía alimentaria de los cubanos. Y, en fecha más reciente, la corteza de papa y la leche de cucaracha, recomendados por especialistas de renombre mundial, entre otros, Frei Betto.

Estos adelantos en materia gastronómica reflejan la evolución del sector primario nacional que es, en definitiva, el que aporta los alimentos. Agricultores, ganaderos, pescadores y hortelanos producen hoy apenas una fracción de lo que generaban hace 60 años, mientras que en ese periodo la población del país se ha duplicado. Las estadísticas oficiales, por supuesto, cuentan otra historia. El problema radica en que las estadísticas no se comen, aunque mucha gente sí se las trague.

La mengua de la cabaña ganadera, la disminución de las pesquerías y la reducción de las tierras cultivadas -en las que hoy prolifera lozano el marabú- constituyen un notable aporte del gobierno cubano a la salvación del planeta-mundial-globalizado, tan amenazado por el cambio climático que generan los pedos de las vacas y las plantaciones de mango y aguacate.

Ya en 1960, René Dumont, un agrónomo francés, socialista acérrimo y admirador del castrismo, recorrió la Isla y vaticinó con gran lucidez que estas serían las consecuencias de la primera reforma agraria. Molesta con el pronóstico, aunque viniera de su propio campo, la policía política cubana lo incluyó luego en la lista de “agentes de la CIA” que se dedicaban a calumniar a “la revolución”, en la que ya figuraban notorios amanuenses de Langley como Octavio Paz, Jorge Semprún y Mario Vargas Llosa. 

Por suerte para la salud del planeta y el progreso de la cocina cubana, el agente Dumont tenía razón y los policías cubanos estaban equivocados. Las medidas injerencistas del Estado revolucionario aniquilaron a buena parte de la agricultura y la ganadería, redujeron la producción de azúcar a volúmenes propios del siglo XIX y abrieron la puerta a esas innovaciones gastronómicas, que hoy constituyen la delicia de los gourmets de la Isla y el asombro del resto del mundo. De no ser porque el bloqueo del imperialismo yanqui lo impide, la UNESCO ya habría incorporado la pechuga de jutía con moringa y leche de cucaracha a la lista del patrimonio inmaterial de la humanidad, donde ahora campean el kimchi y la pizza napolitana. Un plato así se merece que Nitza Villapol baje y lo pruebe. 


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lunes, 4 de abril de 2022

Envíos para Cuba a pagar en Miami.

Por Iván García.

Después de afeitarse la incipiente barba, Sergio, 36 años, programador de software, se conecta a internet con su teléfono inteligente. En una aplicación de WhatsApp llamada Infotienda rastrea en qué mercado de La Habana hay queso, papel sanitario y leche en polvo.

La hija de 10 años, junto a dos amigas, con un Play Station de última generación juega a los Sims en la sala mientras Mildred, su esposa de 34 años y dueña de un negocio de peluquería, sazona los garbanzos en la cocina. Sergio no se puede quejar. Vive en un chalet de dos plantas con patio y garaje en El Casino, tranquilo reparto del municipio Cerro, a treinta minutos del centro de La Habana.

Su casa cuenta con las comodidades de la vida moderna. Electrodomésticos, habitaciones climatizadas y un pequeño jacuzzi. Conduce un KIA Picanto de 2018 que le costó 55 mil dólares en el mercado informal. La pareja de jóvenes profesionales, emprendedores de éxito, en cualquier otro país probablemente no llamaría la atención. Pero en Cuba, donde como promedio se hacen cuatro horas diarias de cola para comprar pan o comida, ese confort es exclusivo de extranjeros residentes en el país o de la opulenta burguesía verde olivo que predica en sus discursos justicia social y viven a todo trapo.

Sergio se ha blindado en estos tiempos de crisis. Verjas, cámaras de seguridad, alarmas anti robos y un par de intimidantes perros Rottweiler protegen la propiedad. Pero resolver la comida, incluso con dinero, no pocas veces es un problema,. “Conseguir comida es una batalla durísima en Cuba. La carne de res la puedes comprar en las tiendas en divisas del gobierno, pero no siempre hay. También a veces se pierde la pechuga de pollo y los embutidos de calidad y los mariscos cuestan un ojo de la cara. En el mercado negro se pueden adquirir algunas cosas como pescado fresco y camarones. Si compras carne de res tienes que tener un contacto de confianza, pues muchas veces se vende carne que no está apta para el consumo humano”, cuenta.

«El otro gran problema son los altos precios y la poca variedad», sigue diciendo Sergio. «Por ejemplo, hace dos semanas compré ocho kilos de cañada de res y seis de ternera en una tienda MLC y me costó 237 dólares. Otra variante es comprarla en uno de los sitios que venden comida a los cubanos radicados en el exteropr. Hay algunos con mejores ofertas que otros. Para mí , los dos mejores son Supermarket y Katapulk, que venden alimentos importados directamente de Estados Unidos como pollo, carne de cerdo, arroz, leche en polvo y artículos de aseo, entre otros. Pero los precios son escandalosos y tienen una política discriminatoria con los cubanos que vivimos en la Isla, pues solo se puede pagar con tarjeta Visa, Mastercard u otra cualquiera de bancos foráneos”.

Les doy una lista de precio. Katapulk, una misteriosa agencia fundada por Hugo Cancio, cubanoamericano que se presenta como hombre de negocios y además dirige el sitio digital OnCuba News, vende un pack de cuatro bolsas de leche en polvo de cinco kilogramos en 279.96 dólares. Un saco de arroz de grano largo de 25 kilogramos en 60.79 dólares. Un cerdo pequeño para asar, de doce a dieciséis kilogramos, en 131 dólares. Y dos piernas de cerdo de 24 a 26 kilogramos en 178.47 dólares. Todo Made in USA

A pesar del cacareado embargo económico, Katapulk oferta desde pollo congelado, jugos, compotas, smoothies, refrescos instantáneos, jabones, pasta Colgate, gel de baño y champú Palmolive hasta cereales y plátanos tostones pre congelados traído directamente de Estados Unidos. Empresas cubanas que producen alimentos venden en Katapulk carne de res, mariscos, salsas para pastas, jugos, embutidos, aderezos, helados y galletas. Algo que genera descontento en la población, porque en los desabastecidos mercados en pesos e incluso en las llamadas Tiendas MLC raras veces se venden.

No es el caso de Sergio, un habanero que en un mes puede ganar hasta tres mil dólares vendiendo software y puede darse el lujo de tener tarjetas de bancos extranjeros que le permiten comprar en los sitios habilitados para cubanos radicados en el exterior, sobre todo en Miami.

“Si viajas a otro país te abres una cuenta o un pariente te envía una tarjeta Visa o Mastercard. Cuando cobro ingreso parte del dinero directamente en la tarjeta. Debes usar una dirección, email y teléfono de un familiar o amigo que reside en el exterior. Por la entrega a domicilio te cobran entre 15 y 18 dólares, de acuerdo al sitio. Tienes la ventaja que puedes comprar alimentos que ni siquiera venden en las Tiendas MLC. Pero los precios son de infarto. Inclusive para mí, con un salario muy superior a los sueldos en Cuba, comprar en esos mercados me resulta insostenible. Lo que hago es combinar. Hay cosas que las consigo en sitios digitales, otras en el mercado negro y otras en las tiendas MLC”, confiesa Sergio.

A María Elena, jubilada de 80 años, sus hijos desde Miami le envían paquetes de comida y aseo adquiridos en alguno de los más de 25 sitios digitales de comercio electrónico diseñado para la emigración cubana. “Mis hijos gastan un dineral, de 400 a 500 dólares mensuales en alimentos y aseos para su familia en la isla”.

Un ex funcionario de comercio exterior comenta que “la mayoría de esos sitios, son negocios camuflados de altos funcionarios del gobierno. El Consejo de Estado, con su firma Palco, está detrás de muchos de esos negocios, COPEXTEL, de Ramiro Valdés, también ha montado un chiringuito. Esas tiendas venden los alimentos entre tres y ocho veces más caro que en cualquier país occidental. Exprimen los bolsillos de los emigrados como si fueran una naranja. Son negocios sumamente lucrativos”.

La pregunta que se hacen los cubanos de a pie es dónde y cómo gasta ese dinero el régimen. Los salideros de agua que abundan en el país, sus calles agrietadas y el 50 por ciento de las viviendas que piden a grito ser remozadas, son una muestra de que esas ganancias no se invierten en el mejoramiento de la calidad de vida de la gente.

Las únicas inversiones existentes en Cuba son las construcciones de hoteles de cuatro y cinco estrellas. Las ejecuta GAESA, una empresa militar que es un Estado paralelo dentro del Estado. Probablemente una parte de las divisas que entran por esa vía terminen allí.

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