miércoles, 21 de febrero de 2024

Jubilados en Moa sobre realidad que viven: “cada día peor”.

Por CubaNet.

Por jubilados cubanos, con una exigua pensión que apenas les alcanza para una ración de comida al día, afirman que cada día su situación es peor.

Entrevistados por CubaNet, pensionados de Moa, en Holguín, que ejercieron sus profesiones y oficios durante al menos 30 años, narraron la cruda realidad que viven.

“Esperando aquí, a que llegue la hora y cada día peor la cosa”, dijo Caridad Cutiño.

Con una pensión básica de 1.528 pesos cubanos que no cubren más que los escasos productos que lleguen por la canasta básica, los jubilados deben hacer frente a una situación que está lejos de mejorar para ellos.

“Hoy puedo comer yo porque me regalaron un poquito de frijoles y un congrí pelado”, dijo Juan, quien afirmó ganar 1.600 pesos después de trabajar 50 años en diferentes empresas.

Tras su jubilación, asegura que nadie ha ido a preocuparse por él, ni de Salud Pública, donde laboró también.

Su caso no dista mucho del de Clemente Villanueva, de 74 años, quien trabajó en la presa, como chofer y en otros puestos, pero nadie se acuerda de él.

Después de dos paros respiratorios dejó de trabajar y no recibe más ayuda que su insuficiente pensión.

Tampoco pueden siempre los jubilados cobrar ese monto, pues la mayoría de las ocasiones, tras largas filas para extraer el dinero, no hay efectivo.

Los altos precios de los medicamentos.

Muchos de ellos ni siquiera compran medicamentos porque los precios son excesivos, argumentaron.

“Esperanzado de que alguien me dé una pastilla cuando tenga la presión y si no, tomando una hojita, esto o lo otro, para aguantar”, dijo Juan.

Vender los cigarros y con esos 200 pesos poder comprar fármacos es una de las medidas tentativas para acceder a los medicamentos.

“Que van a aumentar la pensión, que va a cambiar algo”, son las promesas vacías que el régimen les hace. “Estoy abandonado”, concluyó otro.

Los mayores de sesenta años conforman un alto porcentaje de la cada vez más envejecida población cubana. De ellos, solo cuentan con ingresos suficientes los que laboraron en cargos públicos importantes, las fuerzas armadas, el MININT, los dueños de negocios y aquellos que reciben remesas del exterior. Los que aún trabajan cobran salarios insuficientes.

Las promesas del Gobierno de aumentar los ingresos de los más desfavorecidos no pasan de ser una cantinela sin concretarse, a pesar del reconocimiento oficial de que los salarios, por el alto costo de la vida, no alcanzan para cubrir las necesidades básicas. 


Share:

La venganza castrista contra Cabrera Infante.

Por Luis Cino.

Este 21 de febrero se cumplen 19 años del fallecimiento en 2005, en Londres -donde vivía exiliado desde 1967-, a los 76 años, de Guillermo Cabrera Infante, uno de los más importantes escritores cubanos del siglo XX.

Si solo hubiese escrito "Tres tristes tigres", con eso bastaría. Con esa novela de 1967, en la que utilizó según sus propias palabras, “los diferentes dialectos del español que se hablan en Cuba”, eternizó la magia de las noches de una Habana que ya solo existe en sus novelas.

En "La Habana para un infante difunto" continuó esa nostálgica y afanosa búsqueda de una ciudad en la que en los poco más de 20 años que vivió -desde que llegó provinciano y pobre, en 1941, hasta que partió al exilio en 1965- amó, fue feliz y sufrió.

La escritura de Cabrera Infante, caracterizada por los retruécanos, los juegos de palabras, el uso del hipérbaton, las traslaciones idiomáticas y un muy peculiar sentido del humor, es única, irrepetible.

Por la abundante intertextualidad, la presencia de lo paródico en sus escritos y su aprovechamiento de referentes de la música y el cine, sus dos grandes pasiones, se puede afirmar que Cabrera Infante, ganador del Premio Cervantes en 1997, fue un precursor del postmodernismo en la literatura cubana y latinoamericana y el escritor que más ha influido en los autores cubanos de las últimas décadas.

Por su crítica intransigente al régimen castrista, los decisores de la cultura oficial han tratado, pese a su importancia y sus métodos literarios, de minimizar la obra de Cabrera Infante. El principal comisario cultural del castrismo, el exministro de Cultura y actual director de la Casa de las Américas, Abel Prieto, en modo de supremo árbitro de la literatura, ha llegado a afirmar que de los libros de Cabrera Infante, solo valen la pena "Tres tristes tigres" y "La Habana para un infante difunto".

De cualquier modo, ni aunque los castristas se decidieran a publicar algo de lo más políticamente inocuo de Cabrera Infante, podrían hacerlo, porque el escritor, que se enorgullecía de estar prohibido, dejó dispuesto antes de morir que sus libros no se publicaran en Cuba mientras imperara la dictadura, y su viuda, Miriam Gómez, se ha encargado celosamente de que se cumpla su voluntad. Debido a eso, luego de que el libro de relatos "Así en la paz como en la guerra" que fuera publicado en 1960, por Ediciones R., y "Un oficio del siglo XX" en 1963, lo único que se ha vuelto a publicar en Cuba de la autoría de Cabrera Infante fue en el año 2009, el cuento “En el gran ebbó”, incluido en la antología "La ínsula fabulante".

Luego de obviar a Cabrera Infante durante décadas (su nombre no apareció en el Diccionario de la Literatura Cubana, publicado a fines de los años 70), los comisarios culturales del régimen, en los últimos tiempos, se han vengado de él del modo más avieso que pudieron escoger teniendo en cuenta el apasionado anticastrismo del escritor: sacando a relucir su pasado castrista.

Así, se afanan en presentar a Cabrera Infante como extremista e intolerante durante los dos años en los que dirigió Lunes de Revolución, el suplemento cultural del periódico Revolución, que era el órgano del Movimiento 26 de Julio. Para ello, insisten en recordar que Cabrera Infante apoyó los juicios sumarísimos contra los militares del régimen de Batista y la emprendió contra el diario La Marina y los autores del Grupo Orígenes, en particular, Lezama Lima.

De origen humilde, hijo de comunistas, habiéndose opuesto a la dictadura de Batista, Cabrera Infante fue fascinado inicialmente por la revolución de Fidel Castro. Pero esa fascinación se desvaneció pronto. 

Su ruptura con el castrismo fue un proceso traumático que se inició en 1961, a partir de que lograran el cierre de Lunes de Revolución los comisarios estalinistas con Alfredo Guevara al frente, que lo acusaban de “querer cogerse la cultura revolucionaria para él solo”, como narraría posteriormente en el cuento “Delito por bailar el chachachá”.

Para apartar al escritor, lo asignaron como agregado cultural a la embajada cubana en Bélgica. Cuando volvió a Cuba en 1965 para el entierro de su madre, las autoridades lo retuvieron e investigaron durante varios meses. Finalmente, vigilado y hostigado, no tuvo otra opción que el exilio, donde siempre se mostró frontalmente opuesto al régimen.

Ni después de muerto los castristas le han perdonado a Cabrera Infante que haya sido un acérrimo adversario y que nunca abjurase de ello ni se dejara engatusar por los emisarios y correveidiles de la cultura oficial.

Share:

lunes, 19 de febrero de 2024

¿Futuro de Cuba en manos de GAESA?

Por Iván García.

Existe una puerta giratoria que divide los dos estamentos del poder en Cuba: el de GAESA (Grupo de Administración Empresarial S.A.), una corporación militar que gestiona los grandes negocios, y el del régimen de Miguel Díaz-Canel, elegido a dedo por Raúl Castro para que administrara la ruinosa economía del país.

Mientras los burócratas del Ministerio Comercio Interior tienen que esperar por un donativo de arroz de Vietnam o la llegada al puerto del Mariel de un barco cargado de pollo comprado en Estados Unidos y poder distribuirlo por la libreta de racionamiento, los caciques de GAESA están al margen de la Controlaría General de la República y del presupuesto estatal, disponen de millones de dólares destinados a la construcción de hoteles de lujo y solamente rinden cuentas a la familia de Raúl Castro.

A partir de 1991, con la apuesta por el turismo internacional y sobre todo después de 1993, con la legalización de dólar estadounidense, Cuba, se transformó en un país con diferentes tratos, monedas y servicios. En los negocios controlados por el sector militar, a los cliente les dicen Señor y Señora, no hay murales con las machaconas consignas políticas y se factura exclusivamente en divisas.

En esos islotes de capitalismo, se contratan gerentes extranjeros y tecnócratas locales graduados de administración de empresas en universidades occidentales que visten ropas de marca y utilizan computadoras Apple. Los empleados mendigan un litro de gasolina a los jefes, no apagan los aires acondicionados en horario laboral y tienen plantas eléctricas en caso de que apagones.

En lo poco que queda de la Cuba fidelista, se mantiene la narrativa arcaica de Socialismo o Muerte, se habla de justicia social, mientras crece el número de mendigos en las calles y al pueblo que come caliente una vez al día, le piden más sacrificios y que tenga ‘resistencia creativa’.

En Songo la Maya, municipio de Santiago de Cuba, o en Baracoa, en la provincia de Guantánamo, los apagones son de ocho a diez horas diarias, las mujeres a falta de almohadillas sanitarias utilizan trapos viejos reciclados y el agua potable es un lujo.

En la Cuba socialista, las escuelas, hospitales y otras infraestructuras públicas son un desastre. La isla se cae a pedazos. Un dólar se cotiza a 300 pesos y el salario mínimo de 2,100 pesos, equivalente a 7 dólares en el mercado informal, no alcanza para comprar un cartón de huevos, que ahora mismo está costando 2,700 pesos. Trabajadores y jubilados son los que peor se encuentran en el supuesto paraíso de obreros y campesinos.

Ángel, ex combatiente en la guerra civil de Angola y quien fuera un ferviente revolucionario, a sus 81 años, espera la muerte en una desvencijada residencia de ancianos, pidiendo dinero y cigarrillos sueltos a la gente que pasa por la calle. “Participé en siete zafras y estuve dos veces en Angola. No merezco ganar una pensión de 1,900 pesos y vivir pasando hambre y necesidades en un asilo estatal”, confiesa.

Pero el régimen de La Habana no escucha las peticiones de millones de ancianos que un día sí y otro también, reclaman pensiones acorde a la bestial inflación que sufre el país. Esa Cuba marxista de ordeno y mando, donde se venera a Fidel Castro como si fuera un santo, la basura se amontona en las esquinas y el transporte público es un caos, cohabita sin interferencias con los hoteles de lujo que la dictadura verde olivo construye en cualquier espacio de la capital.

Cada mañana, en las atestadas paradas de ómnibus urbanos o dentro de viejos taxis colectivos, la gente se queja del régimen. Es el caso de Suely, licenciada en literatura, mucama en un hotel en la zona colonial de la ciudad. “Gano 3,400 pesos mensuales que pueden llegar a 4 mil pesos si me pagan estimulación. GAESA -dueño de la mayoría de hoteles en Cuba- trata a sus trabajadores como esclavos. Si te quejas o hablas mal del gobierno te botan. No tenemos derechos a nada”. ¿Por qué no lo dejas?, le pregunto . “Es la única forma de resolver un poco de comida y ganar algún dinero con las propinas de los turistas”, responde Suely.

El taxista participa de la conversación y dice que es graduado de ingeniería industrial. Hace cinco años dejó la profesión y durante unas doce horas diarias, conduce un añejo Lada de la era soviética de su padre. “El viejo era comunista a rabiar. Pero desde hace un tiempo está virado contra el sistema. Cuando comienza el noticiero apaga el televisor, cree que le puede dar un infarto por la cantidad de mentiras que dicen. Con lo que gano ‘boteando’, diez veces más que mi salario de 6 mil pesos, mantengo a mi familia y a mis padres”.

En abril de 1961, Fidel Castró prometió una revolución de los humildes, por los humildes y para los humildes. Sesenta y tres años después, los pobres son cada vez más pobres en Cuba. En la otra acera, entre los cascotes de los derrumbes y el olor repulsivo de las aguas albañales, se vislumbra el capitalismo de compadres diseñado por los gurús de GAESA con la anuencia de los mayorales que dirigen la finca castrista.

En La Habana circulan autos modernos importados desde Estados Unidos por Katapulk, empresa del cubanoamericano Hugo Cancio. Funcionan gimnasios con spa e instructores personales que cuestan mil dólares al mes. Heladerías, bares y restaurantes privados de testaferros que prestan sus nombres para encubrir el de los dueños reales se apelliden Castro, Ventura, Valdés o Frías.

Un ex trabajador de Supermarket 23, tienda de comercio electrónico que vende alimentos y otros bienes a los emigrados cubanos, asegura que “el negocio, al igual que Flora y Fauna y otros ‘bisnes’ regados por todo el país, son del comandante Guillermo García Frías, un tipo que es un analfabeto funcional. Pero como luchó en la Sierra Maestra con Fidel, puede hacer prácticamente lo que le da la gana. Ya cumplió 96 años, se supone que está jubilado, pero tiene más poder que cualquier ministro”.

Un ex funcionario de Cimex, afirma que “el establishment en Cuba se ha venido re delineando desde hace tres décadas. A iniciosde la década de 1990, con el pretexto de conocer los gastos reales en turismo, que Raúl sospechaba estaban inflados, le pidió a su hermano abrir una empresa, a la que llamaron Gaviota, y sería la encargada de administrar un sector del turismo. Luego Gaviota se fusionó con empresas militares y otros negocios que llevaban los hermanos Senén y Julio Casas Regueiro, los dos generales, y es cuando surge GAESA».

Según el ex funcionario, actualmente GAESA es la tercera compañía hotelera en América Latina por cantidad de habitaciones detrás de las estadounidenses Marriot y Hilton. GAESA controla el 80 por ciento de las divisas que entran al país. Es dueña de bancos, barcos petroleros, una flota de aviones y de la única empresa nacional de telecomunicaciones: ETECSA. No rinde cuentas de sus facturaciones a Díaz-Canel, a la Controlaría ni a la Asamblea Nacional del Poder Popular. Solo a Raúl Castro. Es un gobierno a la sombra”.

El esquema de negocios de GAESA es simple. Hasta 2020 administraban las remesas de los cubanos en la diáspora que luego reinvertían en la construcción de hoteles para el turismo y apartamentos de rentas a extranjeros.

Anualmente ingresaba entre dos mil y tres mil quinientos millones de dólares por concepto de remesas familiares y también gracias a una cadena de tiendas, gasolineras y servicios gastronómicos enfocados en captar dólares procedentes de los ‘gusanos’, como Fidel Castro denominó a los exiliados cubanos residentes en Estados Unidos. Aunque el negocio estrella de GAESA era el despojo a los médicos y profesionales cubanos que trabajaban en misiones en el extranjero, al quedar con el 70 y 90 por ciento de los salarios en divisas que le pagaban.

Ese latrocinio le permitió invertir más de 20 mil millones de dólares en los últimos quince años en la construcción de hoteles y centros turísticos. GAESA es el gallo tapado de la longeva dictadura caribeña. Los actuales gobernantes son mascarones de proa, sacrificables como los peones en un juego de ajedrez. En las alcantarillas del poder se sabe que el modelo económico y político en Cuba no es sostenible.

Están ganando tiempo, tratando de que no sea convulso el aterrizaje de un capitalismo estilo ruso, con oligarcas militares o del partido comunista reconvertidos en multimillonarios hombres de negocios. El castrismo está gastando sus últimos cartuchos.

En cuatro a cinco años aparecerán los tecnócratas de GAESA con una nueva versión del discurso de ‘salvar la patria’. Probablemente esperen por la muerte de Raúl Castro. Intentarán vender una falsa democracia. Tal vez negocien con Washington sobre economía de mercado e inversiones estadounidenses a cambio de tranquilidad ciudadana, combatir al narcotráfico y la inmigración.

A lo mejor apuesten por un Bukele a la cubana. Aparcarán la propaganda y predominará el pragmatismo político. El marxismo -ya intentaron erradicarlo como ideología en la conformación de la última Constitución- irá desapareciendo y la estrategia principal será seducir a los empresarios cubanoamericanos radicados en la Florida. El futuro ideal para GAESA es una simbiosis de lo peor del capitalismo con el control ciudadano aprendido en los manuales soviéticos. Esa es la Cuba que ellos quieren.

Share:

lunes, 12 de febrero de 2024

El dólar sigue subiendo, por si acaso.

Por Ana León.

El retraso en la implementación del paquetazo económico anunciado por las autoridades cubanas a inicios de enero no ha detenido el aumento de la tasa cambiaria del dólar y otras divisas. Si bien el primer espaldarazo estuvo condicionado por el efecto de recelo o pánico que las medidas causaron en la población, una vez descartada su aplicación inmediata tras el ciberataque a la red de CIMEX, las divisas no han ralentizado su alza, sino todo lo contrario.

“Dice el refrán que cuando el río suena, es porque piedras trae. Si no es hoy, será mañana, o dentro de dos meses, pero esta gente va a dar el paquetazo porque de eso depende su supervivencia (…). Nadie va a quedarse esperando a ver si aflojan, si van a cambiar dos o tres cosas. Lo que va para arriba de los privados es candela, ellos lo saben y están comprando el dólar al precio que sea, porque el peso cubano no sirve”, explicó a CubaNet, muy convencido, un joven que se identificó como Alexei Valdés Guirado, mensajero de varios negocios particulares.

La constante depreciación del peso cubano ha provocado que personas que no solían fijarse en los vaivenes del mercado cambiario informal observen de forma crítica lo que está ocurriendo y, en consecuencia, tomen providencias con respecto a las remesas que reciben. Concepción Armenteros, una jubilada de 70 años, ha pedido a sus dos hijos, residentes en Estados Unidos, que le envíen los dólares en efectivo. Asegura que encontró el contacto perfecto para cambiarlos al mejor precio del mercado.

“No sé de dónde saca el dinero, pero no conozco a nadie que pague mejor. Cada dos días su tarifa mejora, así que yo no tengo apuro por cambiarlo todo de un golpe. Hoy mismo [6 de enero de 2024] está dando 293 pesos por cada dólar (…). ¿Qué necesidad hay de tener los dólares trancados en una tarjeta MLC para gastarlo en las boberías que este Gobierno vende, y carísimas, además?”.

El MLC (moneda libremente convertible) o dólar electrónico, aunque también ha subido, se ha quedado a la saga del dólar físico y el euro; por tanto, quien posee tarjeta no solo limita sus opciones debido a la escasa oferta en los comercios estatales, también pierde dinero cuando necesita cambiar a moneda nacional. Hoy el MLC cotiza a 260 pesos, 30 pesos menos ―por lo bajito― de lo que podría ganar una persona cambiando el dólar en el mercado informal.

“Cualquiera diría que está subiendo por si acaso, en una competencia tipo a ver quién da más (…). No todos los precios han ido a la par del dólar, porque si fuera así no hay quien lo aguante. En las mipymes de mi zona los precios se han mantenido estables, así que la cosa viene por otro lado”, comenta Yoel Rivero, que no cree que el alza de las divisas sea culpa de las mipymes, pero le consta que la mayoría de los que están comprando dólares y euros a cualquier precio, son dueños de mipymes.

Un breve recorrido por establecimientos de este tipo, relativamente bien surtidos, bastó para comprobar que los precios de los productos más demandados ―paquetes de pollo, arroz, huevos, leche en polvo, frijoles, papel sanitario, detergente―, aunque caros, no han escalado a la par de las divisas.

“No todos esos dólares son necesariamente para importar. Hay quien los acapara para salir de la moneda nacional acumulada que, en definitiva, mañana estará más devaluada. Cada dólar que compras es dinero asegurado, te sientes protegido detrás de una moneda que realmente sirve, lo mismo si te quedas aquí, que si decides emigrar la semana que viene. Lo único que no vale la pena acumular son pesos cubanos”, afirma categóricamente una joven que no quiso decir su nombre.

Ella y su hermano administran una mipyme. Teniendo en cuenta el estado de la economía cubana, opina que la mayor parte de esos dólares que ya rompieron la barrera de los 300 pesos, encontrarán su destino final allende los mares. Bajo la amenaza de mayores impuestos y controles para la iniciativa privada, los dueños de negocios tienen más prisa que nunca por sacar su dinero de Cuba. Si no pueden moverlo todo en un solo viaje, al menos aseguran su existencia en moneda fuerte dentro de la Isla, y bien lejos de los bancos.

“Ahí no hay pérdida. Está subiendo tanto que puedes comprar 1.000 [dólares] hoy para venderlos dentro de tres días y tendrás una ganancia de varios miles de pesos. Es una locura. Por donde lo mires funciona, y lo más importante es que, como van las cosas en este país, no sabes si mañana esta gente [el Gobierno] decida ponerlo todo en dólares”, razona la joven emprendedora que, como muchos de sus coetáneos, trabaja entre 12 y 14 horas diarias para reunir la mayor cantidad de dinero posible y emigrar.

“Mañana no sé qué pase. El futuro es incierto, pero tres cosas son seguras: los dirigentes estarán más gordos, los cubanos más pobres y el dólar más caro”, concluye mientras acomoda en un estante varias bolsas de leche en polvo que, por el momento, siguen costando 2.000 pesos por kilogramo.

Share:

jueves, 8 de febrero de 2024

La Revolución nació diciendo una mentira.

Por Orlando Freire Santana.

Por estos días la propaganda castrista celebra el aniversario 65 de la denominada “Operación Verdad”, una maniobra de Fidel Castro para justificar los fusilamientos de los colaboradores del Batistato, llevados a cabo durante los días que siguieron a la caída de Fulgencio Batista. 

Según la citada propaganda, esa fue la primera batalla mediática que debieron librar los rebeldes de la Sierra Maestra contra la opinión pública internacional, que reaccionaba ante el baño de sangre que se estaba produciendo en Cuba. Sin embargo, no resulta ocioso recordar que el castrismo debió “defenderse” también, incluso antes de que se hiciera con el poder, contra la acusación de “comunista” que le hacían algunos observadores de aguda perspicacia.

En aquellos días de enero de 1959, Fidel Castro y sus secuaces negaban rotundamente su afiliación a la doctrina marxista-leninista. Y no le faltaban motivos para ello. Si hubiesen manifestado en aquellos momentos su malsana intención, probablemente no hubiesen podido bajar de las montañas orientales. Tanta era la animadversión de los cubanos hacia ese sistema político.   

La nación cubana, desde sus raíces, había abrazado la ideología liberal, tal y como lo muestran todas las constituciones que vieron la luz antes de 1959, lo mismo en la Colonia que en la República. Incluso, en las últimas elecciones democráticas que tuvieron lugar en nuestro país, las del año 1948, cuando las personas pudieron en un ambiente de libertad dar a conocer sus preferencias políticas, el electorado mostró su repudio por los candidatos comunistas. El binomio comunista conformado por Juan Marinello y Lázaro Peña ocupó el último lugar en la votación popular, por detrás de los auténticos, los liberales y los ortodoxos. Además, acciones del comunismo internacional, como la llevada a cabo por la Unión Soviética en 1956, cuando ametrallaron al indefenso pueblo húngaro que pedía libertad para su país, habían enturbiado aún más la imagen de los representantes de la hoz y el martillo. 

Y como la historia se ha encargado de demostrar, la Revolución Cubana mintió al negar sus simpatías por la ideología comunista. Es decir, que Fidel Castro y compañía, antes de enarbolar una supuesta verdad durante la “Operación Verdad” de 1959, ya había dicho una mentira al ocultar sus verdaderas preferencias ideológicas. 

Y los mentirosos de ahora, legítimos herederos de los mentirosos de antaño, vuelven a la carga en los días que corren. Se monta una “Nueva Operación Verdad”, en este caso para tratar de convencer a los cubanos de que el paquetazo económico no es tal, y que se trata solamente de corregir distorsiones que no perjudicarán a los más vulnerables. 

En ese contexto, el director del Centro “Fidel Castro Ruz”, René González Barrios, durante la presentación de la “Nueva Operación Verdad”, convocada por la agencia oficial Prensa Latina, se atrevió a extender el alcance de dicha operación a otros acontecimientos. Así se expresó el citado funcionario: “El mundo necesita hoy de muchas Operaciones Verdad. Urge la denuncia al genocidio israelí contra el pueblo palestino, y la denuncia de la peligrosa guerra de Estados Unidos y la OTAN contra Rusia”.

Comoquiera que un mentiroso no logra desprenderse fácilmente de semejante hábito, el representante del castrismo transforma la hipotética “Nueva Operación Verdad” en una auténtica falacia. En primer término, nada dice del ataque inicial de Hamás contra Israel, acción que provocó el actual conflicto. Y al final viene la versión falseada que el castrismo pretende imponer ―obviando dos resoluciones de la Asamblea General de la ONU que condenan a Rusia― acerca del conflicto entre Moscú y Kiev. 

Putin le ha dejado claro a Díaz-Canel que la guerra es la que Estados Unidos y la OTAN desarrollan contra Rusia, y nunca la agresión del Kremlin contra Ucrania. El gobernante cubano, por su parte, incorpora esa “aclaración” en su rimbombante “Nueva Operación Verdad”.    

Share:

Mipymes en Cuba: propiedad privada y sumisión.

Por Alberto Méndez Castelló.

“El desastre cívico, moral, político y económico que vivimos los cubanos hoy, tiene su origen en el crimen de lesa humanidad cometido contra la nación cubana desde los años 30 del siglo pasado, influenciado por el comunismo internacional”, afirmamos en El comunismo en Cuba: apuntes de un crimen, recién publicado en este sitio.

Y la administración Biden se convertiría en cómplice de ese delito de lesa humanidad que ya por más de medio siglo sufre el pueblo cubano si, seducida por encantadores de una supuesta “empresa privada”, permite créditos bancarios estadounidenses al Estado cubano a través de las micro, pequeñas y medianas empresas (mipymes), sobre las que el régimen totalitario ha derivado concesiones en el comercio interno y de servicios con un doble propósito:

  • Eximir al Estado de la carga que significa una abultada plantilla dedicada al comercio interior, la prestación de servicios y la comercialización de bienes insuficientemente abastecidos por la llamada “empresa estatal socialista”, nómina ascendente a cientos de miles de trabajadores que, autofinanciándose, no dejan de permanecer bajo el control de la oficialista Central de Trabajadores de Cuba (CTC), o de la Asociación Nacional de Agricultores Pequeños (ANAP).
  • Camuflar las Mipymes que en realidad forman parte de la economía del Estado totalitario, como empresas “privadas”, para burlar el embargo de Estados Unidos, cuando sabido es que en realidad, muchos de estos negocios son arrendadores o usufructuarios de bienes del Estado, y absolutamente todos, pagan impuestos al régimen y acatan sus ordenes mediante un control y una dirección centralizados de la economía.

Criminales directos unos, encubridores del crimen otros y lerdos por conveniencias algunos; luego, por omisión, también conniventes de un delito de lesa humanidad contra la nación cubana resultan todos, cubanos y extranjeros, quienes como cabilderos o negociantes por estos días buscan créditos y fracturar el embargo estadounidense al régimen castrocomunista, afirmando que en Cuba existe propiedad privada, genuina, sin intervención del Estado totalitario.

Pero quienes por acción criminal o negligencia dolosa hacen esa afirmación aviesa, como agentes de influencia del régimen o por motivos de lucro, más que ideólogos comunistas o comerciantes, como personas, debían saber que, en realidad, son vendedores del alma de la nación cubana; y, por alma nacional, tanto los criminales y sus cómplices como los que miran a Cuba agonizar en silencio —que también es una forma de complicidad— debían entender que no hay derecho de propiedad cuando el derecho natural e imprescriptible de toda persona a la libertad, la propiedad privada, la seguridad ciudadana y el derecho de resistencia a la opresión, son intervenidos o criminalizados por el Estado.

Si la libertad consiste en poder hacer todo lo que no dañe a nuestros semejantes, la libertad de las personas no tiene otros límites que el daño ajeno, a lo ajeno, teniendo lo particular ese límite, que es una frontera para todos por igual, determinada por la ley, que debe ser expresión nacional, ciudadana, y no herramienta de coerción social, jurídica, económica y política de un mero partido monopolista, como es el Partido Comunista de Cuba (PCC), autoerigido “fuerza política dirigente superior de la sociedad y del Estado”, a cuyos comisarios, encabezados por el mismo Díaz-Canel, los vemos recorrer campos y ciudades, palabreros, pero bien sabemos que tras los discursos, los aplausos y las sonrisas, se enmascara la férula del Estado totalitario.

Y es la propia Constitución de 2019, que hizo promulgar el PCC asistido por una supuesta “sociedad civil”, la que no deja lugar a dudas y se distancia de la fingida propiedad privada que los cabilderos del régimen en Washington y los usufructuarios de las mipymes en Cuba, peyorativamente ya llamados por algunos “mipimeros”, defienden como una economía emergente, cuando no es tal, sino la “nueva creación” del PCC para mantenerse en el poder.

El artículo 18 de la Constitución dice: “En la República de Cuba rige un sistema de economía socialista basado en la propiedad de todo el pueblo sobre los medios fundamentales de producción como la forma de propiedad principal, y la dirección planificada de la economía, que tiene en cuenta, regula y controla el mercado en función de los intereses de la sociedad.”

Respecto a la dirección de la economía el artículo 19 de la propia Constitución afirma: “El Estado dirige, regula y controla la actividad económica conciliando los intereses nacionales, territoriales, colectivos e individuales en beneficio de la sociedad.” Y referente a las formas de propiedad, el artículo 22 se pronuncia claramente en su inciso d) cuando conceptúa que la propiedad privada en Cuba tiene “un papel complementario en la economía”.

Como bien sabemos, por la falta de alimentos, o el precio exorbitante de los artículos de primera necesidad tanto en las mipymes “privadas” como en las tiendas estatales en MLC, la carencia de viviendas, medicinas, bienes y servicios entre los que se encuentran las carreteras, calles, transporte y demás infraestructura pública, que el llamado constitucional dice “en beneficio de la sociedad”, es un sofisma, otro discurso del PCC, como no caben dudas del monopolio estatal, no sólo sobre la economía, sino sobre todo el quehacer humano en Cuba, donde para perpetuarse en el poder, el castrocomunismo expropió la empresa privada real, para hacer una empresa privada ficticia, valga decir, sumisa.

Share:

Crisis habitacional en Cuba: Una realidad sistémica.

Por CubaNet.

La crisis de la vivienda en Cuba es más que un simple problema; es una realidad sistémica que permea la sociedad cubana, dijo y argumentó el arquitecto cubano y profesor de la Universidad de Miami, Rafael Fornés. En declaraciones a la revista informativa Martí Noticias AM, Fornés destacó la gravedad del problema y señaló que se habla poco al respecto en la Isla.

Una de las manifestaciones más evidentes de esta crisis son las llamadas “barbacoas“, una solución improvisada ante la escasez de viviendas. Fornés explica que las familias cubanas aprovechan los altos puntales de los edificios coloniales para crear nuevos espacios habitacionales. Esta práctica, aunque no exclusiva de Cuba, adquiere proporciones preocupantes en el país caribeño debido a la falta de soluciones técnicas y al riesgo estructural que conlleva.

El arquitecto recuerda el derrumbe del Hotel Pasaje en la década de los 80, atribuido en parte a la carga y el peso de las construcciones improvisadas. Las barbacoas, junto con la colocación de tanques de agua en azoteas, son ejemplos de cómo la crisis habitacional se manifiesta en la vida cotidiana de los cubanos.

La expansión de La Habana hacia adentro en las últimas seis décadas es otro síntoma preocupante. El especialista la describe como un fenómeno único en el mundo, una ciudad que ha retrocedido en su desarrollo, encapsulando a sus habitantes en un laberinto de barbacoas y azoteas convertidas en habitaciones.

Para Fornés, la crisis de la vivienda en Cuba es un proceso irreversible. Aunque se puedan restaurar y mejorar algunos edificios, la subdivisión y concentración habitacional en la capital son desafíos monumentales que perdurarán en el tiempo.

El acceso limitado a materiales de construcción y las restricciones del sistema político cubano son identificados por el arquitecto como las principales causas del problema. Sin la existencia de la propiedad privada y el libre mercado, la situación continuará siendo insoluble. Para él, la solución pasa por un cambio profundo en el sistema político cubano, donde la dictadura debe desaparecer para dar paso a nuevas formas de desarrollo y progreso.

Desde el exilio, Fornés y otros expertos han estudiado la situación durante décadas y tienen propuestas concretas para abordar la crisis habitacional en Cuba. Sin embargo, estas soluciones no pueden materializarse debido a las restricciones impuestas por el régimen. Mientras tanto, el pueblo cubano sigue enfrentando diariamente las dificultades de una realidad donde la vivienda digna es un privilegio cada vez más inalcanzable.

Crisis de vivienda en la Isla.

Como bien saben los cubanos, el régimen año tras año incumple el plan de vivienda propuesto. En el mes de octubre del recién finalizado 2023 solo se habían terminado en el país 13.300 inmuebles, para un 54 % del plan anual.

Por solo poner un ejemplo, la provincia de Guantánamo cerró el año 2023 con el 58% del total pronosticado. De acuerdo a datos oficiales, “fue imposible terminar a tiempo los 1.679 hogares previstos”. Localidades como Baracoa y Maisí apenas alcanzaron el 35% y 36% de cumplimiento de sus respectivos planes.

De acuerdo con la prensa oficialista, las principales causas de los incumplimientos recaen en los fuertes déficits de acero, cemento, componentes eléctricos, elementos de piso y cubiertas, dificultad que aún no encuentra la respuesta necesaria por parte de la industria (nacional y local) de materiales de la construcción.

La crisis de vivienda en Cuba viene aparejada a un daño aún peor, los derrumbes que, además de dejar sin hogar a cientos de personas, en muchas ocasiones tienen desenlaces fatales. Tal fue el caso del derrumbe ocurrido en octubre de 2023 en el edificio multifamiliar situado en la calle Lamparilla No. 362, entre Villegas y Aguacate, municipio La Habana Vieja. El desplome del inmueble provocó la muerte a tres personas, que quedaron sepultadas bajo los escombros.

Sin embargo, en medio de este panorama la infraestructura hotelera parece no verse afectada por la misma realidad que golpea al pueblo cubano. Aunque la ocupación turística en Cuba es baja y el sector aún no se recupera siquiera a los números prepandémicos, el gobierno sigue remodelando y construyendo hoteles.

En Sancti Spíritus, por ejemplo, de 390 millones de pesos que el Ministerio de la Construcción (MICONS) dedicó a la provincia en 2023, cerca de 227 millones fueron a parar al turismo, en especial a las obras del hotel Meliá Trinidad Península. La cifra representa aproximadamente un 60% del presupuesto territorial.

Share:

El punto cero de la Revolución Cubana: su carácter socialista.

Por Colaborador desde Cuba.

El año 1960 representó dentro del proceso de la Revolución Cubana un parteaguas donde los diferentes grupos que componían su heterogénea estructura comenzaban a reclamar espacios para su participación y delinear el alcance del proyecto con la restauración de la Constitución de 1940 y la inserción en la vida democrática de todas las fuerzas políticas, los sectores empresariales y la sociedad en general.

En medio de ese panorama comienza por parte de un sector del liderazgo del Ejército Rebelde un proceso de radicalización que se ponía de manifiesto en cuatro direcciones: enfrentamiento con la política ―en ocasiones errónea― del Gobierno de Estados Unidos de América y la expropiación de sus intereses económicos en Cuba; proximidad con la élite de la militancia del Partido Socialista Popular; en el plano internacional un acercamiento a la URSS y los países de Europa del Este; a la vez que los sectores moderados del propio Movimiento 26 de Julio y la clase política republicana ―la “ortodoxia”, los “auténticos”, el segundo Frente Nacional del Escambray el comandante Eloy Gutiérrez Menoyo, que habían participado en la insurrección contra Fulgencio Batista― comienzan a ser marginados y desplazados de los círculos de poder. Este proceso, que fue denunciado por sectores diversos de la opinión pública nacional como la “infiltración comunista” estaba emitiendo señales claras del rumbo que tomaba la joven Revolución, y su alcance y grado de radicalización, encabezado por el núcleo duro y más activo del liderazgo del Ejército Rebelde: Fidel Castro Ruz, Ernesto Guevara de la Serna, Raúl Castro Ruz y un sector del Movimiento 26 de Julio que buscaba alianza con viejos cuadros del Partido Socialista Popular como Carlos Rafael Rodríguez, Aníbal Escalante, Joaquín Ordoqui y Lionel Soto para el trabajo político-ideológico, y la transición al socialismo de Estado (recuerden el folleto de Carlos Rafael Rodríguez “La clase obrera y la Revolución”).

El 16 de abril de 1961 en el entierro a las víctimas de los bombardeos a los diferentes aeropuertos militares del país, aprovechando el estado de conmoción de la población, Fidel Castro proclamó el carácter socialista de la Revolución Cubana y admitió que su propósito fue desde un principio hacer “una revolución socialista en las propias narices de los Estados Unidos de América”.

En 1961, que marca el año cero de la Revolución Cubana, se comienza a estructurar la transición al “socialismo de Estado” de tipo soviético, marxista-leninista, mediante varios procesos de centralización en lo económico, político y social, así como el desmantelamiento del Estado republicano y el sistema económico. Además, la Isla cae en el área de influencia soviética en medio de la Guerra Fría. Este proceso concluye con la institucionalización del Estado socialista en la carta magna de 1976, con su sistema de economía centralizada y estatal y con el liderazgo del Partido Comunista como fuerza fundamental y rectora de la sociedad. La experiencia del socialismo en Cuba desde el punto de vista estructural, con sus obvias diferencias, es una adecuación para el tercer mundo del “socialismo soviético”, con la sola excepción de su alto componente carismático por el liderazgo de Fidel Castro, concreción del poder diferencial al margen y por encima del Partido.

La Revolución Cubana se tipifica dentro de las turbias y violentas aguas del “socialismo de Estado” y los esquemas de dominación de la ideología “marxista-leninista”, y emprende la llamada construcción del socialismo con una economía altamente estatizada y de planificación central, partido único (el refundado Partido Comunista con los sectores radicales del Ejército Rebelde, el Movimiento 26 de Julio, la militancia estalinista del Partido Socialista Popular y algunos miembros del Directorio Estudiantil Revolucionario leales a la línea del castrismo desde los tiempos de la insurrección. 

Share:

lunes, 5 de febrero de 2024

Los precios seguirán aumentando en Cuba.

Por Iván García.



Poco después de las cinco de la mañana, Ricardo, 46 años, apura un trago de café, guarda el uniforme de enfermero en una estropeada mochila y antes de cerrar la puerta de su casa, prende un cigarrillo. Cuando llega al puente que delimita el poblado del Calvario con el reparto Eléctrico, en el municipio Arroyo Naranjo, al sur de La Habana, camina hasta la autopista. Allí espera la ruta PC que lo lleva hasta su trabajo.

“Mi turno en el hospital comienza a las ocho, pero casi siempre llego tarde. Un tiempo atrás se podía coger una ‘botella’ (autostop). Ahora, por la escasez de combustible, el transporte se ha puesto muy difícil. En ir y venir al trabajo demoro cinco horas. A veces más”, dice Ricardo.

En esa zona de la capital existe una terminal de ómnibus urbanos donde funcionan tres rutas (P-6, P-7 y PC), que enlazan los suburbios del Calvario, Parcelación Moderna y Reparto Eléctrico con el centro de la ciudad.

Nelson, ex directivo de Metrobus, explica que “a partir de 2007 se comenzó a diseñar un plan maestro de transportación pública en La Habana. Se implementaron 16 rutas denominadas Principales y por eso las roturlaron con la letra P. Circulaban por las arterias más concurridas. Su frecuencia era de cinco a diez minutos en horas pico. Con un crédito chino se compraron ómnibus articulados Yutong con capacidad para trasladar 200 pasajeros. A Rusia se compraron ómnibus de la marca MAZ y a Bielorrusia de la marca Liaz. Se repararon y asfaltaron las avenidas habaneras más transitadas. El proyecto era que cada una de esas 16 rutas tuviera de 25 a 30 vehículos. Metrobus llegó a contar con una flota de 480 autobuses”.

“Ese esquema se complementaba con 600 guaguas convencionales, de menor capacidad, denominadas rutas Alimentadoras, rotuladas con la letra A, y eran las encargadas de transportar a las personas hacia los barrios interiores de la ciudad. El tercer eslabón del plan era diseñar diversas rutas de trenes suburbanos que se movieran en la periferia y zonas de playa. Lo ideal para una ciudad con más de dos millones de habitantes hubiera sido un metro subterráneo, que una vez estuvo entre los planes y fue desechado por su alto costo (un millón de dólares costaba construir cada kilómetro). Pero mantener una flota de 2,500 guaguas, como hubo en la capital hasta 1989, no garantiza un buen servicio y no es rentable por el alto consumo de combustible y piezas de repuesto”.

Según Nelson, “ese esquema de transporte público se complementaba con una supuesta flotilla de taxis estatales que nunca se puso en servicio además de los transportistas particulares. El proyecto se vino abajo cuando el gobierno le dejó de pagar los créditos a China. Luego arreció la crisis económica y la falta de divisas. El transporte urbano en estos momentos está en bancarrota”.

En una urbe como La Habana, diariamente, debieran circular entre 900 y mil ómnibus urbanos: solo así un millón de personas tendrían garantizada su movilidad. Yusniel, administrativo del paradero de ómnibus del municipio Playa, señala que “debido a la falta de combustible y la baja técnica de muchos vehículos, están rodando menos de 200 guaguas al día. Hay rutas que hacen solo un viaje o ninguno”.

Samanta, estudiante universitaria, considera que el transporte en Cuba es un dolor de cabeza. «Un viaje que en condiciones normales demoraría demorar veinte o treinta minutos, demoras cuatro horas. De lunes a viernes tengo que a la CUJAE (la otrora Ciudad Universitaria José Antonio Echeverría hoy se denomina Universidad Tecnológica), situada en Marianao, y el viaje es un suplicio. Además de la demora y de las broncas en la cola, dentro de la guagua tienes que lidiar con carteristas y ‘jamoneros’ (acosadores). La otra forma de ir a la escuela es cogiendo un taxi particular. Pero ya subieron el pasaje a 200 pesos. Estoy a punto de dejar los estudios”.

Leonel, empleado bancario, vive en Alamar y trabaja lejos, en El Cerro y dice que no va a ‘coger lucha’ (preocuparse). «No voy a gastar ni un peso en tomar un almendrón (taxi colectivo), pues mi salario es de 4 mil pesos mensuales y si pago 400 pesos diarios en taxis para ir al trabajo y regresar a la casa de lunes a viernes, gastaría 2 mil pesos semanales, 8 mil pesos al mes, el doble del salario que gano. La cuenta no da”.

Lourdes, maestra de primaria, culpa al régimen por la pésima gestión del transporte urbano y de todos los servicios públicos. «Aunque al gobierno le duela y por decirlo te acusen de ‘contrarrevolucionaria’, Cuba es un Estado fallido. Nada funciona. Si quieres comer más o menos bien, cada mes necesitarías el equivalente a veinte salarios promedios (2,500 pesos), unos 75 mil pesos, cantidad de la cual muy pocos pueden disponer. Todavía no ha arrancado el paquetazo económico y ya los precios han subido. El dólar se está cotizando a 280, una caja de pollo cuesta de 10 a 12 mil pesos y por un viaje en un almendrón desde La Palma hasta el Parque de la Fraternidad te cobran 200 o 300 pesos. Es una locura”.

Junior, taxista, alega que “la prensa oficial no cuenta las colas de varios días que debo hacer para comprar combustible. Y solo te venden veinte litros. El resto tienes que jinetearlo por la izquierda y te piden 600 o 700 pesos por un litro de combustible. El gobierno nos cae a cuentos y mentiras. La realidad es, que aunque no han comenzado aplicar los nuevos precios, es imposible comprar combustible en Cuba. Tienes que pagar dos mil pesos o más para conseguir un turno en la gasolinera. Y eso no te garantiza que puedas comprar”.

“De seguir así las cosas, el combustible solo lo podrán comprar los que tengan dólares o el equivalente a 290 pesos, el valor actual en el mercado negro de divisas. Y todavía no hemos visto lo peor de esta historia. Dentro de dos meses, de seguir el gobierno con su intransigencia, el dólar se venderá a 300 pesos y una carrera de taxi costará lo mismo. Cada vez que los pasajeros se quejan del precio, les digo que vayan a protestar al Comité Central. Ellos (el régimen) son los que han generado este caos”, asevera Junior.

Cuando se comiencen a aplicar las nuevas tarifas en la venta de combustible, por efecto dominó, la inflación se va a disparar. Al igual que el costo de la vida. Muchos se preguntan cuándo tocará fondo la longeva crisis económica que viven los cubanos.

Share: