domingo, 29 de diciembre de 2013

Caos económico.

Por Antonio Esteban González Ramos.

Qué clase de régimen es este que ha sumido a millones de habitantes en el caos económico y social y los hace acatar la voluntad expresa a una vitalicia cúpula gobernante que se autoproclama como ejemplo de libertad y democracia.

Cúpula que en cambio aplica fórmulas y métodos para perpetuarse en el poder en detrimento del bienestar del pueblo cubano, lo cual provoca el deterioro de las relaciones entre ciudadanos y la ruptura de lazos como el amor al prójimo, la amistad, los valores paterno familiares, el respeto al incapacitado o desvalido, la sensibilidad humana.

Alarma la falta de hábitos educacionales y de respeto entre las personas, las indisciplinas sociales, y toda una gama de insatisfacciones acompañadas de conductas que empañan a diario la vida en las comunidades.

Todo esto ocurre por obra y gracia de una nefasta política aplicada por un sistema totalitario que desde sus inicios ejerció un control centralizado sobre los medios de producción, sumiendo la economía en un letargo del cual no ha podido librarse y que ha dañando irreparablemente los sectores ganadero, cafetalero y azucarero, que junto al tabaco constituyen nuestros principales renglones exportables. Las granjas y cooperativas nunca cumplieron su objetivo, la productividad disminuyó y esto desmotivó a los trabajadores, lo cual condiciona la migración hacia las ciudades.

Por otra parte, disolvió organizaciones formadas constitucionalmente, y creó un único partido como forma de gobierno, cuyos partidarios ocupan los principales puestos de dirección, para así manejar a su antojo a las personas, agrupándolas de forma tal que respondan a sus intereses, y así tienen la mayoría para lograr la implementación de leyes y decretos.

De igual forma realizó una cruzada dirigida a incorporar gradualmente a sus filas a la mayor cantidad de población posible, para lo cual llevaron la doctrina del marxismo-leninismo a todos los sectores de la sociedad.

No se puede pasar por alto la monopolización de los medios de comunicación, que cumplen un diseño de lealtad absoluta al sistema imperante con una programación estratégicamente diseñada para enaltecer al poder, que distorsiona la realidad, exagera las bondades del régimen y critica desmesuradamente a sus contrarios.

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