domingo, 5 de enero de 2014

Vuelve el mercado negro de ropa.

Por Gladys Linares.

Fueron muchos los cuentapropistas que acondicionaron portales para vender sus mercancías o ejercer su actividad. Algunos pudieron hacerlo en sus propias casas, pero otros alquilaron para poder trabajar en calles con afluencia de público o en las calzadas.

Después de casi dos años de establecidos, y amparados por las Regulaciones Sobre el Ejercicio del Trabajo por Cuenta Propia, un día se efectuó un amplio operativo y a todos los cuentapropistas se les prohibió vender en los portales. Sin embargo, en aquel momento no se les cuestionó la mercancía que vendían, ni su procedencia.

A raíz de esto, algunos siguieron vendiendo en las salas de las casas. Se paran en los portales, y como al descuido, ponen en las ventanas algunos de los artículos que ofertan, siempre alertas por si aparece algún inspector. Otros, entregaron las licencias.

Más recientemente, sin embargo, el 2 de octubre, en conferencia de prensa, Marta Elena Feitó, viceministra primera de Trabajo y Seguridad Social (MTSS), anunció que “se restringiría la venta de artículos importados o adquiridos en la red de comercios del país”.
Vendedores a domicilio

Todos se quedaron en ascuas, y los comentarios desfavorables de la población por esta medida no se hicieron esperar, porque la venta de ropa, zapatos y otros artículos importados tiene mucha aceptación dentro de la población, no solo por tener mejores precios que los estatales, sino también por su calidad.

Este tipo de comerciante cuenta ya con su clientela. También venden ropa o accesorios por encargo. No son pocos los que acuden a ellos cuando necesitan ataviarse para una ocasión especial, como bodas,
quinces o graduaciones.

Gloria tiene licencia de costurera. Dice que lo que tiene que hacer el Gobierno es actualizar sus vidrieras para poder competir con los cuentapropistas. Ella comenzó confeccionando la ropa. Tenía que comprar la tela, el hilo y los demás accesorios en CUC, a precios elevados, lo que encarecía mucho las prendas y tenía poca venta, además de la falta de botones o zippers. “Es por eso que ahora vendo ropa importada”, confiesa.

Ahora, se les ha dado un breve plazo –hasta diciembre- para liquidar su mercancía, lo cual los ha obligado a rebajarla. Otros, como Teresa, que había comprado mucha ropa, se han decidido por la venta a domicilio, y para ello ya contrató a dos vendedoras.

Un mecánico de equipos electrodomésticos, ya entrado en años, comentaba: “Puede ser cierto que los cuentapropistas compran en las tiendas estatales cuando hay rebaja, pero que digan los del Gobierno que por eso hay escasez, es una burla. La escasez en Cuba empezó en 1959”.

Al preguntarle a una joven que había comprado un par de zapatos a un cuentapropista, me dijo que se decidió por estos porque los de la tienda no le gustan y no duran nada. “Además, ya esos modelos hace rato que no se usan, y estos tienen swing”.

Gran cantidad de jóvenes y adolescentes acuden a los cuentapropistas porque lo que venden les parece de más calidad y más moderno, mientras que en las tiendas estatales es difícil encontrar algo así, a no ser en las boutiques, donde los precios –opinan- son “de otro planeta”.

Una muchacha que hace poco había sacado licencia, afirma: “Hace rato que vendo ropa y otras cositas que me manda mi mamá de EE.UU. Saqué licencia para estar dentro de la ley. Ahora, volveré a la ilegalidad, porque como sea tengo que vivir”.
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