domingo, 24 de septiembre de 2017

El régimen cubano, corrupto y corruptor.

Por Pedro Campos.

Corrupción es la acción y efecto de corromper (depravar, echar a perder, sobornar a alguien, pervertir, dañar). La corrupción es la práctica que consiste en hacer abuso de poder, de funciones o de medios para sacar un provecho económico o de otra índole. Se entiende como corrupción política al mal uso del poder público para obtener una ventaja ilegítima.

Leído el concepto, quién puede tener dudas del alto nivel de corrupción política y económica de un régimen que lleva 57 años en el poder, que se sostiene por medio de la violencia y la suspensión de todas las libertades políticas y civiles. Poder del cual ha abusado a su antojo para "llevar adelante políticas de justicia social", que durante todo este tiempo ha designado a todos los administradores gubernamentales y económicos de todas las instituciones respectivas a todos los niveles y que ha malgastado las riquezas generadas con el sudor del pueblo cubano durante todos estos años.

No solo ha sido un régimen corrupto, sino también corruptor, porque ha corrompido a casi toda la burocracia y a casi todos sus empleados, que en un momento llegaron a ser todos los trabajadores cubanos, a los que pagaba y paga salarios miserables, obligándolos a tener que hacer una y mil marañas para poder subsistir y dar de comer a sus hijos, trayendo por consecuencia una grave deformación de la conciencia cívica social, lo que también se ha dado en llamar daño antropológico.

El poder corrompe, y decía Lord Acton que el poder absoluto corrompe absolutamente. En Cuba podríamos agregar que, por permanente, corrompe absoluta y permanentemente. Y es lo que pretende el clan Castro, encabezado por el general que heredó el poder de su hermano, como si estuviéramos viviendo en una de las monarquías del siglo XVI.

La corrupción del poder político y económico absoluto de los Castro en Cuba llega al nepotismo más increíble, con el control de los cargos más importantes que garanticen la continuidad del poder, en manos de la familia y los allegados de la familia.

El cinismo más descarnado del sistema híper-centralizado cubano llega al extremo de presentarse en nombre del "socialismo", denigrando el vocablo y convirtiéndolo en algo despreciable para una buena parte del pueblo. Con ellos se ha tratado de engañar a nacionales y extranjeros, cuando en verdad lo que tenemos es un capitalismo monopolista de estado, con una proyección populista, porque mal-mantiene educación y asistencia médica, a costa del dinero que deja de pagar a sus trabajadores y los altos impuestos que cobra a emprendedores y trabajadores privados y asociados.

El estado corrupto y corruptor castrista explota también a la comunidad cubana en el exterior, con altos impuestos de aduana, trámites, viajes y comunicaciones y obligándola a enviar miles de millones de dólares en remesa que ayuden a vivir a sus familiares empobrecidos en la Isla.

Igualmente se apropia de entre el 70 y el 90% de los salarios de los cubanos que trabajan para empresas extranjeras, en el turismo, y de los pagos internacionales que reciben médicos y profesionales que laboran en forma semiesclava, puesto que el estado es prácticamente el único empleador.

Últimamente, el trabajo privado y cooperativo, a duras penas permitido, obstruido por limitaciones, prohibiciones e impuestos, que ha llegado a tener medio millón de trabajadores, está siendo acosado con el cierre de sus empresas más exitosas, usando cualquier motivo como pretexto. En Cuba no se permite a los profesionales ejercer sus profesiones en beneficio propio, tienen que trabajar para el Estado o hacerlo en las limitadas opciones que permite el Gobierno.

El resultado ha sido el establecimiento de una dictadura militar, la destrucción de la economía del país y el empobrecimiento de la gran mayoría de los ciudadanos con el deliberado propósito de dominarlo y obligarlo a trabajar para el Estado y a seguir las reglas del poder impuesto, como se ha demostrado últimamente en las medidas encaminadas a evitar "el enriquecimiento de la población".

Como dijo el economista Omar Everleny, en Cuba no se combate la pobreza sino la riqueza de los ciudadanos. En los primeros años de la "revolución", la riqueza que existía fue arrebatada. En los siguientes años, el único enriquecimiento permitido ha sido el de la alta burocracia ligada al clan Castro.

Ahora con el huracán Irma, la corrupción del régimen ha quedado de nuevo al descubierto, al vender, a los miles de damnificados que han perdido sus viviendas y pertenencias, el agua, la comida y demás productos que ha recibido de donaciones internacionales.

La comunidad Internacional debe saber todo esto, denunciarlo y sancionar política y moralmente a la dictadura castrista.
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