miércoles, 10 de marzo de 2010

Gili Toledo y el amante "vendido".

Por Pablo Molina.

Con los fanáticos de la izquierda radical, valga la redundancia, no cabe discutir ningún asunto que tenga que ver con la forma de Gobierno existente en Cuba. En realidad, no vale la pena dialogar sobre nada en concreto pero especialmente acerca del castrismo, porque ni siquiera tienen un manual para contrarrestar los argumentos del adversario, sino que todo se reduce a esgrimir un atavismo sentimental contra el que no cabe la antítesis.
Todo lo más que llegan a intentar, si el otro se pone pesado, es a esbozar el argumento de que ningún país es perfecto. Bien, muy cierto, pero lo que se discute no es la imperfección de los gobiernos, algo natural siendo obra de seres humanos, sino las supuestas bondades de un sistema político que iba a redimir a las clases desfavorecidas de su ancestral opresión, y lo único que ha conseguido es reducirlas a un estado de miseria y terror nunca visto en cualquier otro tiempo y lugar.
Sólo un sectarismo de carácter clínico y la soberbia propia de quienes se identifican con la izquierda pueden disculpar las tropelías de los Castro con la excusa de que en España también hay denuncias de tortura o exposiciones subvencionadas en las que se retiran unas fotografías. A los palanganeros del castrismo que tenemos ahora de actualidad sólo les ha faltado añadir que en España se mata a los toros en la plaza como argumento justificador de la tiranía cubana, pero todo se andará.
Nadie en su sano juicio puede tomar en serio los discursos morales de Gili Toledo y Bosé, porque el hecho de ejercer de artistas no les otorga mayor solvencia intelectual que la que puedan ostentar un quinceañero antiglobalización o un dignísimo perroflauta. Sin embargo, dado que el primero de los dos es empleado de todos los que pagamos impuestos en España a través del cine subvencionado y el segundo presta su imagen a numerosas campañas de márketing de multinacionales opresoras, cualquier ciudadano que sienta arcadas al verles representar el papel de felpudo de un régimen asesino puede actuar en consecuencia para que, al menos, no sigan enriqueciéndose a nuestra costa. Sólo hay que hacer, en cada caso y en uso de nuestra libertad individual, eso mismo que está usted pensando ahora mismo. Exactamente eso y que cunda el ejemplo.
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