sábado, 2 de enero de 2016

Las cuentas alegres del general presidente.

Por Reinaldo Escobar.

"Persisten reservas de eficiencias en la economía cubana", 'Granma', 30 de diciembre de 2015En la pasada Asamblea del Parlamento cubano quedó acuñada una nueva expresión en boca del ministro de Economía y del propio general presidente. Ambos aludieron a "las reservas de eficiencia" con que cuenta la economía cubana para emprender los retos del futuro.

El matiz optimista de la frase da la impresión de que el Gobierno cuenta a partir de ahora con un arma secreta para garantizar el próspero y sostenible socialismo prometido.

Sea cual sea la acepción que se use del término reserva, en su sentido de "valor que se guarda para determinadas ocasiones", siempre debe estar implícita la voluntad de conservación, a menos que lo resguardado bajo ese acápite haya sido fruto de un superávit imprevisto. Se habla de las reservas en oro de una nación, las de agua para la temporada de sequía, de combustible para un largo viaje, así como las tropas de reserva que no se movilizan hasta que no sea necesario, o los alimentos en conserva, celosamente almacenados para una situación de emergencia.

La eficiencia, ese sustantivo abstracto de implicaciones concretas, no puede ahorrarse ni guardarse para otra ocasión. La que no se usó se desvanece de forma irrecuperable cuando concluye una acción con resultados inalterables. ¿Cómo le explica el cirujano al familiar del paciente que acaba de morir en el quirófano que quedaron cuantiosas reservas de eficiencia sin usar en la fracasada operación?

En el corte de la caña de azúcar uno de los índices de eficiencia es la altura de los trozos que quedan en la tierra. Si muy largos, resulta impensable volver a pasar a recuperarlos, si muy pegados al suelo, no habrá allí nueva germinación y mucha materia orgánica que nunca se convertirá en azúcar contaminará sin remedio la masa a moler. En este caso, la eficiencia sin aplicar se habrá volatizado y nadie podrá argumentar que, por haber quedado largo o corto el plantón, se cuenta con reservas de eficiencia para lograr en la próxima zafra una mejor cosecha.

La eficiencia es un valor que debe ser renovado sin cesar bajo las nuevas circunstancias y apegado al indetenible desarrollo de las fuerzas productivas, como diría un marxista fiel al catecismo. A diferencia del agua estancada en un embalse, los recursos que hubieran servido para que un trabajo fuera eficiente hoy no serán igualmente útiles para lo que vamos a emprender mañana.

El que pretenda exhibir, con optimista alegría, sus supuestas reservas de eficiencia solo podrá hacerlo en la medida que haya sido ineficiente. Se trata de un truco lingüístico. No hay reservas: solo hubo déficit.

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