sábado, 20 de mayo de 2017

¿Dónde está el socialismo en Cuba?

Por Iván García.

¿Dónde está el socialismo en Cuba?Un aguacero de mayo impacta con fuerza en el techo de tejas acanaladas y por diversos agujeros se filtra el agua en la casa de Mireya, 71 años, casi ciega y medio sorda, que cubre con trozos de hule negro, para intentar proteger sus bienes más preciados: un arcaico televisor chino de tubos catódicos y el colchón de espuma de su cama.

“Cada vez que llueve es la misma historia. El agua entra por cualquier rendija. El día menos pensado se me cae el techo arriba y me sepulta. Es lo que más deseo”, dice Mireya. Frustrada, ya no recuerda la cantidad de veces que ha pedido subsidios a Seguridad Social para que le entreguen materiales de construcción y poder reparar su desvencijada covacha.

“Me dan larga o me niegan la ayuda, pues dicen que son mis dos hijos quienes deben hacerlo. Pero ellos también la están pasando mal. Hace mucho tiempo que Cuba dejó de ser una sociedad socialista que ayudaba a los que lo necesitaban. Ahora manda el dinero. Los viejos somos los que peor lo estamos pasando. El Estado hace poco, casi nada, para ayudar a los más pobres”, señala la anciana.

Maestra jubilada, Mireya devenga una pensión de 225 pesos, equivalente a diez dólares. Un dinero que se evapora en pagar la factura de la luz, gas, agua y adquirir un puñado de viandas en el agromercado.

Para sobrevivir, en la calle vende periódicos y jabas de nailon. “Cuando camino dos cuadras los pies se me hinchan. Tengo un tratamiento médico, pero a veces no tengo dinero para comprar las medicinas y si la plata me alcanza, voy a la farmacia y me dicen que no hay, que están en falta. Cuando no es Juan es Pedro”, apunta Mireya disgustada.

Sergio, obrero metalúrgico jubilado, recuerda que “en los primeros años de la revolución si tenías buenos resultados en tu trabajo, podías optar por una vivienda, te daban una semana de vacaciones en una casa en la playa, la atención médica era buena y la alimentación, a pesar que siempre fue racionada era balanceada. Hoy lo que se vive en Cuba es un capitalismo disfrazado. Pa’ los pobres y los tontos es la muela del socialismo o muerte. Los que tienen divisas pueden acceder a productos de más calidad. Y los que dirigen viven igual o mejor que cualquier dueño de negocio capitalista”.

Un sociólogo explica que desde hace cinco años está haciendo un estudio sobre prestaciones sociales, basado en relatos de cubanos que residen en países del primer mundo capitalista. “En los países nórdicos o Suiza, por ejemplo, los que ganan salarios mínimos y que según sus parámetros se sitúan en niveles de pobreza, reciben subsidios del Estado. En Estados Unidos, un cubano cuando se jubila, aunque nunca haya trabajado en el país, recibe unos 740 dólares de ayuda más 170 dólares en bonos de comida. A eso súmale, atención médica y psicológica gratuita cuando la necesitan. Y pueden tener empleos parciales. Y mientras ganen menos de dos mil dólares, no pagan impuestos. Cuba hace mucho rato que dejó de ser una sociedad socialista. Para ser un país pobre y del Tercer Mundo lo mejor que tiene es salud universal y educación gratis, pero la calidad se ha resentido bastante. Costa Rica o Guyana, naciones con las cuales debemos compararnos, también tienen esos servicios gratuitos y de mejor calidad”, opina el sociólogo.

Adalberto, habanero residente en Washington, por estos días de visita en la Isla, cuenta que debido a la diabetes y principio de Alzheimer se tuvo que jubilar a los 56 años. “Recibo diversos beneficios médicos y tengo una pensión de 2,400 dólares, pues trabajé treinta años. No tengo una vida llena de lujo, pero no me falta lo esencial y puedo ayudar a mi familia en La Habana. Les digo que el verdadero socialismo está allá, en la yuma”.

La calidad de vida en Cuba ha caído picada. Salarios entre los más bajos del mundo, alto costo de los alimentos y artículos de primera necesidad, empresas, supuestamente socialistas, como ETECSA, con precios sumamente lucrativos en el servicio de internet y telefonía móvil, imposibilidad para la mayoría de los cubanos de hacer turismo en su propio país por el elevado costo de la estancia y un empresariado militar, dueño del 80 por ciento de la economía nacional, que practica el peor capitalismo de Estado posible con precios de venta gravados hasta el 240%.

El socialismo cubano solo está presente en los discursos de la burguesía verde olivo. Con discreción y sin fanfarrias, la autocracia castrista ha pasado del eslogan, ‘una revolución de los humildes, por los humildes y para los humildes’, a administrar hoteles de lujo como el Manzana Kempinski donde un reloj puede costar 4 mil dólares o un fin de semana en Varadero es el equivalente al salario de año y medio de un obrero.

¿Qué ha quedado para los humildes? Siete libras de arroz y cinco de azúcar, veinte onzas de frijoles, un panecito diario y medio kilogramo mensual de pollo por la libreta de racionamiento.

Salud y educación aparentemente gratis (se pagan precisamente con los salarios de miseria). Y con suerte, aspirar a una estancia en una base de campismo durante las vacaciones de verano. Poco más.
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