martes, 15 de agosto de 2017

Quieren hacer leña con Donald Trump.

Por Esteban Fernández.

No soy un seguidor incondicional de Donald Trump, ni nunca seré fanático de nadie. Tampoco soy su enemigo.

Voté por él y no me pesa, pero he mantenido con firmeza y consistencia que hubiera votado hasta por Charles Manson antes que Hillary Clinton, mujer a la que detesto con rigor.

Puedo apreciar perfectamente bien cuando él comete un error. No me ciego, y es más, llego al extremo de que no me engaño ni con mis más cercanos seres queridos. Y soy el mejor de mis críticos.

No me cuento entre los que silencian, ignoran, o se hacen de la vista gorda cuando Donald Trump desbarra, cosa que hace a menudo. Y, desde luego, mucho menos le aplaudo un obvio error.

Pero tengo unos cuantos antídotos que me impiden convertirme en su adversario. Y son las estaciones de televisión CNN y MSNBC y todos los propagadores de noticias falsas, las ahora notorias “Fake News”.

Ante cada barrabasada cometida por el presidente salgo corriendo y enciendo el televisor y sintonizo -por dos o tres minutos- esas dos cloacas que destilan un odio acérrimo contra él.

El 99 por ciento de las cosas que dicen son una sarta de mentiras, noticias inventadas, exageradas y recibidas a través de calumniadores anónimos.

Muchísimo detesto a embusteros como Rachel Maddow, Don Lemon, Lawrence O’Donnell, Anderson Cooper, Jim Acosta, Mika Brzezinski, Al Sharpton, Chris Matthews, Chuck Todd, Chris Cuomo, Joy Reid y 50 más. Sin embargo, ellos precisamente me dificultan mucho llegar a detestar a Donald Trump.

En esas estaciones (y también en el New York Times, el Washington Post, Newswek y muchos otros periódicos y revistas) llegan al extremo de jamás expresar una sola cosa buena del presidente. Y se pasan las 24 horas del día echándole con el rayo.

Me da la sensación de que si Donald Trump comprara -de su peculio personal- cien mil sillas de ruedas de la mejor calidad para entregárselas a inválidos necesitados, entonces CNN y MSNBC buscarían la forma de desprestigiar de alguna manera el legítimo gesto altruista. Por ejemplo, sugerirían que “las adquirió para beneficiar a un socio de él quien las fabrica”.

Uno que me empuja mucho a no participar en la jauría que quiere hacer picadillo a Donald Trump, es el inefable (para no decirle come fana) Jorge Ramos con sus mendaces y arteros ataques.

Tengo buenos amigos y amigas que difieren de Donald Trump: perfecto. Seguiremos siendo tan amigos como siempre, porque eso es parte de la verdadera libertad de expresión y de la convivencia social.

Yo también discrepo con Donald Trump en ciertos temas pero eso no me puede llevar a hacer causa común con gente ignorante a tal nivel de ser capaz de compararlo con Adolfo Hitler.

Mi posición es bien diáfana, no me da la gana de considerarlo mi ídolo –no existe nadie que yo tenga ponga en un pedestal- pero tampoco lo creo un monstruo.

Y… mientras el Partido Demócrata esté dirigido por gentecitas que “cambiadas por estiércol se pierde en el envase”, aupadas por Hollywood y su estrellato de “marxistas de lujo” y por fosas sépticas como CNN, MSNBC y comparsa, yo he votado y votaré siempre por los candidatos republicanos.
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