lunes, 4 de abril de 2022

Envíos para Cuba a pagar en Miami.

Por Iván García.

Después de afeitarse la incipiente barba, Sergio, 36 años, programador de software, se conecta a internet con su teléfono inteligente. En una aplicación de WhatsApp llamada Infotienda rastrea en qué mercado de La Habana hay queso, papel sanitario y leche en polvo.

La hija de 10 años, junto a dos amigas, con un Play Station de última generación juega a los Sims en la sala mientras Mildred, su esposa de 34 años y dueña de un negocio de peluquería, sazona los garbanzos en la cocina. Sergio no se puede quejar. Vive en un chalet de dos plantas con patio y garaje en El Casino, tranquilo reparto del municipio Cerro, a treinta minutos del centro de La Habana.

Su casa cuenta con las comodidades de la vida moderna. Electrodomésticos, habitaciones climatizadas y un pequeño jacuzzi. Conduce un KIA Picanto de 2018 que le costó 55 mil dólares en el mercado informal. La pareja de jóvenes profesionales, emprendedores de éxito, en cualquier otro país probablemente no llamaría la atención. Pero en Cuba, donde como promedio se hacen cuatro horas diarias de cola para comprar pan o comida, ese confort es exclusivo de extranjeros residentes en el país o de la opulenta burguesía verde olivo que predica en sus discursos justicia social y viven a todo trapo.

Sergio se ha blindado en estos tiempos de crisis. Verjas, cámaras de seguridad, alarmas anti robos y un par de intimidantes perros Rottweiler protegen la propiedad. Pero resolver la comida, incluso con dinero, no pocas veces es un problema,. “Conseguir comida es una batalla durísima en Cuba. La carne de res la puedes comprar en las tiendas en divisas del gobierno, pero no siempre hay. También a veces se pierde la pechuga de pollo y los embutidos de calidad y los mariscos cuestan un ojo de la cara. En el mercado negro se pueden adquirir algunas cosas como pescado fresco y camarones. Si compras carne de res tienes que tener un contacto de confianza, pues muchas veces se vende carne que no está apta para el consumo humano”, cuenta.

«El otro gran problema son los altos precios y la poca variedad», sigue diciendo Sergio. «Por ejemplo, hace dos semanas compré ocho kilos de cañada de res y seis de ternera en una tienda MLC y me costó 237 dólares. Otra variante es comprarla en uno de los sitios que venden comida a los cubanos radicados en el exteropr. Hay algunos con mejores ofertas que otros. Para mí , los dos mejores son Supermarket y Katapulk, que venden alimentos importados directamente de Estados Unidos como pollo, carne de cerdo, arroz, leche en polvo y artículos de aseo, entre otros. Pero los precios son escandalosos y tienen una política discriminatoria con los cubanos que vivimos en la Isla, pues solo se puede pagar con tarjeta Visa, Mastercard u otra cualquiera de bancos foráneos”.

Les doy una lista de precio. Katapulk, una misteriosa agencia fundada por Hugo Cancio, cubanoamericano que se presenta como hombre de negocios y además dirige el sitio digital OnCuba News, vende un pack de cuatro bolsas de leche en polvo de cinco kilogramos en 279.96 dólares. Un saco de arroz de grano largo de 25 kilogramos en 60.79 dólares. Un cerdo pequeño para asar, de doce a dieciséis kilogramos, en 131 dólares. Y dos piernas de cerdo de 24 a 26 kilogramos en 178.47 dólares. Todo Made in USA

A pesar del cacareado embargo económico, Katapulk oferta desde pollo congelado, jugos, compotas, smoothies, refrescos instantáneos, jabones, pasta Colgate, gel de baño y champú Palmolive hasta cereales y plátanos tostones pre congelados traído directamente de Estados Unidos. Empresas cubanas que producen alimentos venden en Katapulk carne de res, mariscos, salsas para pastas, jugos, embutidos, aderezos, helados y galletas. Algo que genera descontento en la población, porque en los desabastecidos mercados en pesos e incluso en las llamadas Tiendas MLC raras veces se venden.

No es el caso de Sergio, un habanero que en un mes puede ganar hasta tres mil dólares vendiendo software y puede darse el lujo de tener tarjetas de bancos extranjeros que le permiten comprar en los sitios habilitados para cubanos radicados en el exterior, sobre todo en Miami.

“Si viajas a otro país te abres una cuenta o un pariente te envía una tarjeta Visa o Mastercard. Cuando cobro ingreso parte del dinero directamente en la tarjeta. Debes usar una dirección, email y teléfono de un familiar o amigo que reside en el exterior. Por la entrega a domicilio te cobran entre 15 y 18 dólares, de acuerdo al sitio. Tienes la ventaja que puedes comprar alimentos que ni siquiera venden en las Tiendas MLC. Pero los precios son de infarto. Inclusive para mí, con un salario muy superior a los sueldos en Cuba, comprar en esos mercados me resulta insostenible. Lo que hago es combinar. Hay cosas que las consigo en sitios digitales, otras en el mercado negro y otras en las tiendas MLC”, confiesa Sergio.

A María Elena, jubilada de 80 años, sus hijos desde Miami le envían paquetes de comida y aseo adquiridos en alguno de los más de 25 sitios digitales de comercio electrónico diseñado para la emigración cubana. “Mis hijos gastan un dineral, de 400 a 500 dólares mensuales en alimentos y aseos para su familia en la isla”.

Un ex funcionario de comercio exterior comenta que “la mayoría de esos sitios, son negocios camuflados de altos funcionarios del gobierno. El Consejo de Estado, con su firma Palco, está detrás de muchos de esos negocios, COPEXTEL, de Ramiro Valdés, también ha montado un chiringuito. Esas tiendas venden los alimentos entre tres y ocho veces más caro que en cualquier país occidental. Exprimen los bolsillos de los emigrados como si fueran una naranja. Son negocios sumamente lucrativos”.

La pregunta que se hacen los cubanos de a pie es dónde y cómo gasta ese dinero el régimen. Los salideros de agua que abundan en el país, sus calles agrietadas y el 50 por ciento de las viviendas que piden a grito ser remozadas, son una muestra de que esas ganancias no se invierten en el mejoramiento de la calidad de vida de la gente.

Las únicas inversiones existentes en Cuba son las construcciones de hoteles de cuatro y cinco estrellas. Las ejecuta GAESA, una empresa militar que es un Estado paralelo dentro del Estado. Probablemente una parte de las divisas que entran por esa vía terminen allí.

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