viernes, 29 de septiembre de 2023

“Socialismo a la cubana”, un estado general de demencia o estupidez.

Por Ernesto Pérez Chang.


“Estuviéramos mejor si hiciéramos las cosas mejor”, así lo dijo el miércoles el ministro de Economía en la televisión nacional, y después de esa frase ya sobraba todo lo que había hablado antes y después, que no es otra cosa que la reconfirmación de que tienen todas las intenciones de continuar empeorando las cosas.

Probablemente la frase haya sido una “traición del subconsciente” y esa “conciencia del error” por tanto tiempo reprimida finalmente brotó aunque solo igual que salen los gases del cuerpo cuando la comida está haciendo digestión, nada más. 

Quizás, por eso de los “gases”, el ambiente de malos olores que ha dejado la intervención de los ministros de Energía y Economía en el programa Mesa Redonda del miércoles, sobre todo para esos “emprendedores” que por estos días pasean por Washington y Miami esperando por las “nuevas medidas” anunciadas por Miguel Díaz-Canel en Nueva York y que aún no llegan pero que, si lo hacen, finalmente llegarán después de estas anunciadas en la Mesa Redonda y que, en resumen, son algo así como: “aceleremos todos la marcha en camino a la Edad de Piedra”.

Así, los ingenuos q ue esperaban un paquetazo de “flexibilizaciones” de ambos lados (que solo llegará cuando los “chicos listos” de la Continuidad tengan claro cuáles serán sus beneficios y desventajas en esa “apertura”) lo que recibieron este miércoles fue el bombazo de que vendrán más apagones, más colas en las gasolineras, menos comida, es decir, el mejor de los escenarios para que una empresa prospere, de modo que cuando aterricen en La Habana, provenientes del sabroso “Mayami”, les aguarde una verdadera “prueba de fe”.

No hubo “buenas nuevas” y sí “nuevas malas” que, de inmediato”, han provocado reacciones en las redes sociales sobre lo bien difícil (por no decir “imposible”) que cada día se pone el escenario de supervivencia, por lo que cada día son más frecuentes los anuncios de ventas de negocios, de remate de casas y objetos personales, de gente que se da por vencida y “descubre” que la única vía segura de mantener viva la esperanza de una mejor vida es emigrar. 

Y pensemos que hablo apenas de la esperanza porque es sabido que emigrar es para muchos un proceso en que se puede perder la vida, y eso habla de la desesperación pero además de lo irremediablemente fallido y demencial que es este sistema que, renegando del capitalismo, habiendo prometido una “sociedad mejor”, habiendo criminalizado la “propiedad privada”, busca su prosperidad y plenitud en un capitalismo más deshumanizado y cruel, incluso inculcando en las personas no solo sentimientos de rechazo por lo nacional y lo propio sino la necesidad de huir para convertirse en un “buen rehén”, que a fin de cuenta es lo que son quienes se van “enojados” y luego retornan “felices” a “vacacionar” o “hacer negocios”.

Pudiera entonces pensarse que el “socialismo a la cubana” es en realidad la más grande paradoja de los sistemas políticos, en tanto necesita convertirse a plenitud en aquello que rechaza para fingirse como una forma “superior”, así como sus ciudadanos están obligados a alejarse y adoptar otra ciudadanía para retornar (con dinero en el bolsillo) y entonces solo así ser tratados y tener privilegios como debiera corresponder en el país natal.

Hay que comprender tan solo eso para poder ver cuán demencial y fallido es el sistema que padecemos, así como cuánto nos hemos adaptado a él, y cuánto esa “adaptación” ha contribuido a prolongar la agonía de un país, de nosotros mismos, aun cuando pensemos que el dinero, la comida (tan escasos cada día) y la posibilidad de entrar y salir del “infierno” a nuestro antojo, nos mantienen a salvo y a distancia, cuando en realidad nos convierten en el epicentro del mal.

Sobrevivir en Cuba es un milagro, sin dudas, pero sobrevivir y al mismo tiempo tener la falsa conciencia de que el mal no nos afecta, que existe la posibilidad de estar aquí y no ser tocado por los problemas no solo es una señal de oportunismo y deshumanización sino, sobre todo, de complicidad con un régimen que demanda de ti esas actitudes, esa hipocresía, en tanto esa “adaptabilidad”, esa “disciplina”, son las que hoy, cuando todo se viene abajo, llegan para sustituir las fidelidades y lealtades de ayer.   

Hoy ni siquiera hay fieles y leales dentro de sus propias filas, solo tipos que patalean inútilmente como los ahorcados por un último bocado de aliento, aun sabiendo que la soga alrededor del cuello es el fin. Tipos que generan leyes y represión de manera instintiva, refleja, igual que se retuerce la serpiente durante horas después de morir. Tipos cuyo jodido y desagradable trabajo es intentar mantener a flote un barco que se hunde y que por tanto se les nota en la mirada el terror que los domina. Y solo basta comprobar ese miedo en cómo encadenan a Luis Robles -el chico valiente que hoy guarda prisión por protestar en la vía pública-, como si se tratara de un asesino serial y no de un preso político, un preso de conciencia que jamás recurrió a la violencia.

Pero, mientras hay un chico rebelde encadenado como criminal, lo que debiera ocupar los titulares de todos los medios en el mundo, los 40 emprendedores cubanos en Miami (40, como los ladrones de Alí Babá) desempeñan su mejor papel de cortina de humo, y entonces nuestro mundo insular y “socialista” continúa girando alrededor de más promesas y más apagones, de más oportunismos y cegueras a conveniencia, de más chisme farandulero porque es “lo que vende” en un país donde todos nos vendemos a precio de ganga, de más tontos útiles y sacrificios inútiles, a fin de cuentas el “socialismo a la cubana” no es otra cosa que un estado general de demencia o estupidez.

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