lunes, 5 de febrero de 2024

Los precios seguirán aumentando en Cuba.

Por Iván García.



Poco después de las cinco de la mañana, Ricardo, 46 años, apura un trago de café, guarda el uniforme de enfermero en una estropeada mochila y antes de cerrar la puerta de su casa, prende un cigarrillo. Cuando llega al puente que delimita el poblado del Calvario con el reparto Eléctrico, en el municipio Arroyo Naranjo, al sur de La Habana, camina hasta la autopista. Allí espera la ruta PC que lo lleva hasta su trabajo.

“Mi turno en el hospital comienza a las ocho, pero casi siempre llego tarde. Un tiempo atrás se podía coger una ‘botella’ (autostop). Ahora, por la escasez de combustible, el transporte se ha puesto muy difícil. En ir y venir al trabajo demoro cinco horas. A veces más”, dice Ricardo.

En esa zona de la capital existe una terminal de ómnibus urbanos donde funcionan tres rutas (P-6, P-7 y PC), que enlazan los suburbios del Calvario, Parcelación Moderna y Reparto Eléctrico con el centro de la ciudad.

Nelson, ex directivo de Metrobus, explica que “a partir de 2007 se comenzó a diseñar un plan maestro de transportación pública en La Habana. Se implementaron 16 rutas denominadas Principales y por eso las roturlaron con la letra P. Circulaban por las arterias más concurridas. Su frecuencia era de cinco a diez minutos en horas pico. Con un crédito chino se compraron ómnibus articulados Yutong con capacidad para trasladar 200 pasajeros. A Rusia se compraron ómnibus de la marca MAZ y a Bielorrusia de la marca Liaz. Se repararon y asfaltaron las avenidas habaneras más transitadas. El proyecto era que cada una de esas 16 rutas tuviera de 25 a 30 vehículos. Metrobus llegó a contar con una flota de 480 autobuses”.

“Ese esquema se complementaba con 600 guaguas convencionales, de menor capacidad, denominadas rutas Alimentadoras, rotuladas con la letra A, y eran las encargadas de transportar a las personas hacia los barrios interiores de la ciudad. El tercer eslabón del plan era diseñar diversas rutas de trenes suburbanos que se movieran en la periferia y zonas de playa. Lo ideal para una ciudad con más de dos millones de habitantes hubiera sido un metro subterráneo, que una vez estuvo entre los planes y fue desechado por su alto costo (un millón de dólares costaba construir cada kilómetro). Pero mantener una flota de 2,500 guaguas, como hubo en la capital hasta 1989, no garantiza un buen servicio y no es rentable por el alto consumo de combustible y piezas de repuesto”.

Según Nelson, “ese esquema de transporte público se complementaba con una supuesta flotilla de taxis estatales que nunca se puso en servicio además de los transportistas particulares. El proyecto se vino abajo cuando el gobierno le dejó de pagar los créditos a China. Luego arreció la crisis económica y la falta de divisas. El transporte urbano en estos momentos está en bancarrota”.

En una urbe como La Habana, diariamente, debieran circular entre 900 y mil ómnibus urbanos: solo así un millón de personas tendrían garantizada su movilidad. Yusniel, administrativo del paradero de ómnibus del municipio Playa, señala que “debido a la falta de combustible y la baja técnica de muchos vehículos, están rodando menos de 200 guaguas al día. Hay rutas que hacen solo un viaje o ninguno”.

Samanta, estudiante universitaria, considera que el transporte en Cuba es un dolor de cabeza. «Un viaje que en condiciones normales demoraría demorar veinte o treinta minutos, demoras cuatro horas. De lunes a viernes tengo que a la CUJAE (la otrora Ciudad Universitaria José Antonio Echeverría hoy se denomina Universidad Tecnológica), situada en Marianao, y el viaje es un suplicio. Además de la demora y de las broncas en la cola, dentro de la guagua tienes que lidiar con carteristas y ‘jamoneros’ (acosadores). La otra forma de ir a la escuela es cogiendo un taxi particular. Pero ya subieron el pasaje a 200 pesos. Estoy a punto de dejar los estudios”.

Leonel, empleado bancario, vive en Alamar y trabaja lejos, en El Cerro y dice que no va a ‘coger lucha’ (preocuparse). «No voy a gastar ni un peso en tomar un almendrón (taxi colectivo), pues mi salario es de 4 mil pesos mensuales y si pago 400 pesos diarios en taxis para ir al trabajo y regresar a la casa de lunes a viernes, gastaría 2 mil pesos semanales, 8 mil pesos al mes, el doble del salario que gano. La cuenta no da”.

Lourdes, maestra de primaria, culpa al régimen por la pésima gestión del transporte urbano y de todos los servicios públicos. «Aunque al gobierno le duela y por decirlo te acusen de ‘contrarrevolucionaria’, Cuba es un Estado fallido. Nada funciona. Si quieres comer más o menos bien, cada mes necesitarías el equivalente a veinte salarios promedios (2,500 pesos), unos 75 mil pesos, cantidad de la cual muy pocos pueden disponer. Todavía no ha arrancado el paquetazo económico y ya los precios han subido. El dólar se está cotizando a 280, una caja de pollo cuesta de 10 a 12 mil pesos y por un viaje en un almendrón desde La Palma hasta el Parque de la Fraternidad te cobran 200 o 300 pesos. Es una locura”.

Junior, taxista, alega que “la prensa oficial no cuenta las colas de varios días que debo hacer para comprar combustible. Y solo te venden veinte litros. El resto tienes que jinetearlo por la izquierda y te piden 600 o 700 pesos por un litro de combustible. El gobierno nos cae a cuentos y mentiras. La realidad es, que aunque no han comenzado aplicar los nuevos precios, es imposible comprar combustible en Cuba. Tienes que pagar dos mil pesos o más para conseguir un turno en la gasolinera. Y eso no te garantiza que puedas comprar”.

“De seguir así las cosas, el combustible solo lo podrán comprar los que tengan dólares o el equivalente a 290 pesos, el valor actual en el mercado negro de divisas. Y todavía no hemos visto lo peor de esta historia. Dentro de dos meses, de seguir el gobierno con su intransigencia, el dólar se venderá a 300 pesos y una carrera de taxi costará lo mismo. Cada vez que los pasajeros se quejan del precio, les digo que vayan a protestar al Comité Central. Ellos (el régimen) son los que han generado este caos”, asevera Junior.

Cuando se comiencen a aplicar las nuevas tarifas en la venta de combustible, por efecto dominó, la inflación se va a disparar. Al igual que el costo de la vida. Muchos se preguntan cuándo tocará fondo la longeva crisis económica que viven los cubanos.

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