jueves, 5 de agosto de 2010

1956, Castro en miniatura.

Por Sergio López.

"Me convencí de que no estaban creadas las condiciones para la insurrección", fueron las palabras de Jesús Montané al rendirse a las autoridades de Niquero tras la fracasada expedición del Granma. Quien había acompañado a Fidel Castro desde la preparación de las acciones violentas del 26 de julio de 1953, coincidía en esos momentos con Frank País, que a pesar de organizar los disturbios del 30 de noviembre en Santiago de Cuba, durante el año 1956 había tratado un par de veces de convencer a Castro en México de sus pocas probabilidades de éxito.

Traducido a los códigos de la hegemonía política, en lo que Jesús Montané y Frank País estaban de acuerdo, era en la debilidad del grupo político liderado por Fidel Castro y, por lo tanto, en su escasa capacidad de llegar a la opinión pública, mediante esa mezcla de sanción y persuasión que desde siempre ha señoreado en el mundo revolucionario.

No olvidar que de los 89 que sobrevivieron a los sucesos del 26 de julio de 1953, sólo 19 integraron la expedición del 2 de diciembre de 1956. Y que muchos de los expedicionarios, luego de aquella fecha tomaron distancia del Movimiento Revolucionario 26 de Julio. Saber que 17, 36 y 146, son las cifras más conocidas de la cantidad de alistados en la Sierra Maestra durante el año 1957, nos ayuda a entender mejor este fenómeno histórico. Pero, claro, eso merece un análisis más general, que integre un mayor número de variables.
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