jueves, 10 de febrero de 2011

"Propongo al gobierno que legalice la prostitución".

Por Iván García.

Yaíma Beltrán, 32 años, quiere aportar lo suyo al erario público. "Llevo 13 años ejerciendo la prostitución. He ido a la cárcel dos veces por jinetear. Y siempre vuelvo. No es fácil estar con el corazón en un puño ante la posibilidad de que te pille la policía. Propongo al presidente Raúl Castro que legalice la prostitución. Sé de la buena voluntad de su hija Mariela para crear un clima de tolerancia hacia los gays. Deberían examinar una apertura similar con nosotras, las prostitutas. Cada persona es libre de hacer con su cuerpo lo que le venga en ganas".

No es la única. En las inmediaciones de la Autopista Nacional pululan muchachas que el día anterior se apearon de un tren de pasajeros tras un largo y agotador viaje de 18 horas desde alguna provincia del oriente cubano.

En las noches frías de enero hacen su faena. Sacan la mano descaradamente a los vehículos que transitan a 100 kilómetro por horas. Y si un conductor se detiene, deslumbrado por la buena figura de una mulata escultural, sin intercambiar saludos hacen su oferta.

Regina, 19 años, cobra cinco dólares por un polvo rápido en el asiento trasero de un camión de carga o en un platanal colindante. Nunca ha ido al tanque (prisión) y sólo de pensarlo entra en pánico.

"Ya es hora de que haya un cambio de política con las jineteras. Sería bueno para el gobierno y los clientes. Tendríamos un carnet de salud, que daría fe que no portamos ninguna enfermedad de trasmisión sexual. Y pagaríamos impuestos", acota Regina.

Tres chicas negras, habituales a discotecas de moda, coinciden con Regina y Yaíma. "A nosotras nos parece justo pagar un tributo por putear. Claro, que no sea abusivo. No creo que ningún país del mundo pueda abolir la prostitución. Con la gran cantidad de jineteras que hay en Cuba, el Estado está dejando de ganar dinero", dice una de ellas.

Quizás algun día el gobierno reconozca las causas reales del fenómeno de la prostitución después del triunfo de la revolución en 1959. A ratos, las jineteras son más efectivas para la economía local que un discurso de Fidel Castro. No pocos hombres de negocios firman contratos seducidos por la fogosidad de una voluptuosa criolla.

Casi todas las jóvenes que se prostituyen lo hacen en busca de una visa o un matrimonio con un extranjero. Cuando lo logran, suelen regresar convertidas en respetables señoras.

El régimen cubano no acepta el ejercicio de la prostitución. Pero buena parte de los 2 millones de visitantes que anualmente ingresan a la isla, vienen con la lascivia por las nubes, deseosos de llevar a cabo sus fantasías sexuales con voraces y apetitosas cubanas, baratas y alegres.

Se quiera o no, las jineteras son parte de la publicidad turística. Al igual que la música, los puros y el ron. De cualquier manera, es poco probable que el gobierno de Raúl Castro legalice la prostitución. Va contra sus doctrinas. Aunque deseen pagar impuestos.
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