domingo, 6 de noviembre de 2011

Carros de uso a precios exorbitantes.

La aventura de tener un automóvil en la isla sigue siendo una muy costosa y llena de obstáculos necesidad, a pesar de que el gobierno recién levantó prohibiciones impuestas a la compraventa.

Un carro más moderno, que no sea un "almendrón" de más de medio siglo como éste, puede costarle a cualquiera en la isla un ojo de la cara.

Cuba probablemente es el único país en el mundo donde no existen rastros de autos viejos, donde a cualquier cacharro sobre cuatro ruedas se le pasa un poco la mano y con mucho más ingenio y ocurrencia que dinero se le administra un purgante de tornillos y tuercas y se le echa a andar. La pregunta que muchos se hacen ahora es si a corto plazo eso va a cambiar.

Hasta sólo unas semanas atrás, cualquier vehículo fabricado después de 1959 estaba además sujeto a prohibiciones de compra y venta que una vez levantadas han tenido el efecto de un agradable espejismo, porque en la
práctica la adquisición de un carro sigue siendo para los cubanos una misión casi imposible por razones de precio.

Tanto es así que mientras un viejo Lada ruso comprado nuevo hace tres décadas y con tantos kilómetros en el odómetro como abolladuras en los guardafangos cuesta hoy día en la isla casi 10.000 pesos convertibles (CUC), muchísimo más que lo que se pagó por él cuando salió de fábrica en la extinta Unión Soviética.

Para qué hablar de sus parientes occidentales, mejor acabados, de más fuerte y vistosa manufactura, como un Honda Civic del 2005, ya con casi 100.000 kilómetros caminados, y cuyo precio puede llegar a ser no de miles sino de decenas de miles de CUC.

En un país donde el salario medio mensual a duras penas ronda los $20 dólares mensuales, ¿cómo arreglárselas para comprar un Hyundai Accent del 2006 valorado en $32.000 CUC o un Peugeot de 1993 a precio de remate en $35.000? Sólo quienes tengan un pariente bien forrado en dinero en el extranjero podrán considerarse agraciados y sentarse al volante.

A eso súmesele que para importar un automóvil todavía se necesita de un permiso especial del gobierno, que conlleva el pago de un impuesto de 100 por ciento, lo que de entrada ya duplica el precio de cualquier carro que ponga sus cuatro ruedas en la isla.

Quizás por eso, al menos a corto plazo, parece muy difícil que en las cuentas del gobierno el paisaje automotriz de las familias cubanas vaya a variar y pueda ser diferente al que ofrecen en la actualidad los casi
60.000 "almendrones" (carros norteamericanos viejos) que circulan por las maltrechas calles, carreteras y terraplenes del país.
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