jueves, 7 de diciembre de 2017

Los indiferentes: la gran disidencia cubana.

Por Iván García.

Los indiferentes: la gran disidencia cubanaLlamémosle Ramón, 65 años, chofer de ómnibus urbanos. Cuenta que una mañana comprendió que había aterrizado en la tercera edad, al no poder abrocharse los cordones de sus zapatos sentado en el sofá de la sala de su casa.

El sedentarismo y una prominente barriga de cervecero se lo impedían. “La naturaleza es sabia. El cuerpo te va enviando señales de envejecimiento. Y uno debe estar atento. Las sociedades son iguales. Y desde hace diez años supe que el sistema en Cuba y sus líderes, además de envejecer físicamente, estaban entrando en una etapa de descomposición. Eso no hay quien lo pare”, señala Ramón, quien la mayor parte de su vida adulta fue un seguidor incondicional de Fidel Castro y su revolución.

El chofer de ómnibus confiesa que fue oficial del MININT y participó en una misión internacionalista en Angola. “Estaba dispuesto a dar mi vida por la revolución. Pero mi forma de pensar cambió. Ya no creo en esta gente (régimen). Cada vez lo tengo más claro: a ellos, solo les interesa el poder y enriquecerse. Los problemas del pueblo no les importan”.

Hace una década por primera vez decidió dejar la boleta en blanco en el remedo de elecciones que se celebran en la Isla. En el último sufragio, el pasado 26 de noviembre, en la boleta escribió El pueblo quiere comida y democracia.

Para este trabajo pidió utilizar un seudónimo. Pero como si fuera una hazaña, se lo cuenta a sus vecinos, quienes al igual que Ramón consideran el régimen de los hermanos Castro ya está caduco.

Mayra, doctora, en su boleta pegó un grupo de reclamos laborales, más libertad económica y elecciones libres para elegir al presidente del país. “En un rapto de valor decidí hacerlo. La noche anterior lo escribí en mi computadora, lo imprimí, y al día siguiente lo saqué de mi cartera y lo pegué con goma en la boleta”.

Ni Ramón ni la doctora son disidentes o activistas políticos. Son personas que vemos a diario en las calles, haciendo cola en la panadería o quejándose de las penurias cotidianas y de la falta de futuro.

Es una versión cubana de los ni-ni venezolanos. Ni apoyan al gobierno, ni confían en la ilegal oposición local. Muchos de ellos, como Silvia, dependiente de una farmacia, consideran que nadie los toma en cuenta.

“El presidente Trump, anunciando medidas que él considera favorecerán a los cubanos. Los disidentes se llenan la boca al hablar del pueblo, pero muy pocos, se acercan a la gente para conocer sus problemas. Y el gobierno cada vez está más desorientado de las verdaderas aspiraciones de la población”, indica Silvia.

Hay una percepción entre muchos ciudadanos de a pie que se consideran los olvidados en esta historia. “De una forma u otra, todos nos utilizan para sus intereses. Pero nadie cuenta con nosotros”, concluye Silvia, que el día de las insípidas elecciones, no fue a votar y se quedó en su casa viendo el serial estadounidense Billonarios.

Cualquier país del mundo aceptaría como bueno un porcentaje de participación de un 70 u 80 por ciento de los votantes. En Estados Unidos suele votar poco más de la mitad de sus electores.

Pero en las sociedades totalitarias, el voto, que no representa transformación social, económica o política alguna, la participación ciudadana es un acto de lealtad al régimen. Por eso en Corea del Norte, China y Vietnam, en sus parodias electorales, la participación ampliamente supera el 90 por ciento.

En Cuba fue igual hasta el domingo 26 de noviembre de 2017.

En las elecciones del 22 de diciembre de 1992, la autocracia militar informó la participación del 97.2% de los ciudadanos registrados. El 27 febrero de 1993, en la votación para diputados al Parlamento Nacional, la asistencia fue del 99.62%.

El 21 de octubre de 1997, se presentaron a votar el 97.59% de los electores inscriptos. El 13 de febrero de 1998 fueron al sufragio el 98.35%. Y en el referéndum del 27 de octubre de 2012 la asistencia fue del 94.21%.

Las estadísticas comparativas muestran que el abstencionismo, no votar, dejar la boleta en blanco o anulada por la comisión electoral, creció entre un dos y cinco por ciento entre 1992 y 2012, si diéramos como fiables los recuentos oficiales.

En esas estadísticas se observan, que por lo general, las provincias occidentales y del centro son las de menor participación. De éstas, sobresale La Habana, tal vez la más ‘gusana’, con cifras que rondaban el 80 por ciento.

Después del retiro forzado por problemas de salud de Fidel Castro, la abstención aumenta en cada votación. A falta de estadísticas desglosadas por provincias de la comisión electoral nacional, ya es un hecho que las pasadas elecciones mostraron la más baja participación ciudadana desde que el régimen planificó repartir democracia con goteros.

¿Qué mensaje envía este aumento del abstencionismo?, le pregunté a un profesor universitario. “Para un sistema político como el cubano, con una carga ideológica muy fuerte, que alardea de la unidad monolítica del pueblo con sus líderes, es preocupante. Para tomar nota. Esas cifras son un conjunto de muchas cosas. Del lógico degaste del poder, que la gente no está conforme con las reformas, que hay un sector que exige cambios democráticos reales, indiferencia ciudadana al proyecto político y que ya se agotó el cheque en blanco que alguna vez tuvo el gobierno”, responde y añade:

“Más de un millón ochocientos mil de cubanos, de una forma u otra, ya sea dejando la boleta en blanco, escribiendo consignas, haciendo peticiones o no yendo a votar, muestra su inconformidad con el sistema. Si lo insertamos como un movimiento, el de los indiferentes, por ejemplo, sería el partido más grande existente en Cuba, porque el partido comunista, el gobernante, ronda los 700 mil miembros”.

Existe una tercera fuerza que pide ser escuchada. Suponiendo incluso, que el 85,94% que votó apoyara incondicionalmente al gobierno, en Cuba va cuajando una corriente ciudadana descontenta con el actual estado de cosas.

Fidel Castro tomó el poder con un ejército desarrapado de 82 hombres. Al bajar de la Sierra Maestra, sumando los efectivos del Movimiento 26 de Julio en el llano, no superaban las 4 mil personas.

Créanme entonces que un millón 869.937 mil cubanos, el 21,12% del padrón electoral, no son pocos. Y siguen sumando.

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