martes, 26 de junio de 2018

La entrevista que Granma no tiene el valor de publicar.

Por Tania Díaz Castro.

El 26 de julio de 1953, en Santiago de Cuba, fue perpetrado por Fidel Castro el mayor acto terrorista de la historia cubana: el asalto al Cuartel Moncada. Un total de 120 hombres, vestidos con uniformes militares, entraron de madrugada a tiros contra soldados que dormían en el Cuartel.

Fidel ha contado lo ocurrido miles de veces. Su versión de los hechos es harto conocida, mientras otras voces, tanto del exilio como de las prisiones políticas cubanas, nunca han podido llegar a la prensa nacional, controlada por la dictadura castrista.

Mario Chanes de Armas (1927-2007), como el Comandante Huber Matos y tantos otros, cumplía una condena de treinta años como prisionero de Fidel Castro desde 1960, por haberse negado a participar de las medidas dictatoriales que ya se veían en los dos primeros años de la Revolución.

En agosto de 1988, en un calabozo de la Prisión Combinado del Este de La Habana, Chanes brindó su testimonio sobre el Moncada en una entrevista ofrecida a su compañero de prisión, Ernesto Díaz Rodríguez, con una pequeña grabadora que pudo llegar a su destino, burlando la vigilancia y el control represivo de ese centro penitenciario.

Una vez más Chanes demostraba ser un hombre para respetar, quedando a merced de cualquier otro gesto vengativo por parte de Fidel Castro, el dueño de las prisiones políticas y Chanes en una celda rodeada de hombres armados que lo vigilaban.

Ese día Chanes, como ex asaltante del Moncada, expedicionario del Granma y ex combatiente del Ejército Rebelde, el preso político que más tiempo llevaba encarcelado en el mundo, denunciaba a toda voz por Radio Martí, la verdad de aquella vieja historia.

Chanes tenía suficientes razones para desmentir a Fidel Castro, cuando dijo este a Fray Betto en el libro “Fidel y la Religión”, que después del ataque al Moncada, los que se refugiaron con él en las montañas próximas a La Gran Piedra, dado el estado físico de algunos, era preferible que se entregaran, para salvarlo a él y a la Revolución y decir al Ejército que Fidel ya no estaba por esa zona, para que cesara su búsqueda.

Chanes era uno de aquellos siete hombres que junto a Fidel, se dieron a la fuga luego del asalto al Moncada. A la pregunta de Díaz Rodríguez sobre si ellos estuvieron de acuerdo con aquella injusta y cruel medida, dado que podían ser asesinados como represalia por los militares agredidos, Chanes respondió:

“Los siete nos opusimos. Nos dimos cuenta del egoísmo de Fidel por salvar su vida, burlar el cerco que nos habían tendido, sólo para que él pudiera escapar. En la entrevista ofrecida por Fidel a Betto, a pesar de la excelente memoria que Fidel siempre ha tenido, llama la atención que no recordara que apenas éramos siete hombres -dos de ellos Juan Almeida y Armando Mestre-, ninguno de nosotros en mal estado físico, que tampoco recordara nuestros nombres y mucho menos la oposición que recibió ante su macabro plan. Aún así, como era el jefe del grupo, nos convenció para que nos entregáramos y resultó que también Fidel fue descubierto. Incluso mintió muchas veces al decir que lo habían agarrado dormido.”

Un hombre de ideas democráticas como Chanes y el sagrado respeto a la Constitución del país que sentía, soporta la prisión con gran coraje. Por eso y más Chanes nunca será un héroe olvidado. Al referirse al Programa del Moncada en la citada entrevista, dice que al ver que el campesino aparecía en primer lugar, prometiéndosele la tierra para que la trabajara en provecho propio, no en provecho del Estado, le había servido de inspiración para la lucha.

“Con los obreros ocurrió igual. En el Programa se plantea el reclamo del 30% de las utilidades de las empresas para los trabajadores. Nada de eso resultó. Tanto los campesinos como los obreros se convirtieron en esclavos del régimen a partir de 1959.”

Además, muchos de los derechos que antes disfrutaba el pueblo se perdieron: el derecho a huelga, a la propiedad privada, al reclamo de mejores salarios en los sindicatos…

Fidel Castro llamó traidores a todos los que se negaron a aceptar el totalitarismo de su gobierno, violador de la libertad, la democracia y los Derechos Humanos. Tomó crueles represalias contra ellos luego de condenarnos a prisión por largos años. En 1979, con el famoso “plan de indultos”, cuando fueron liberados cientos de presos plantados que llevaban veinte años en la cárcel, Chanes vio que su nombre no aparecía en la lista. Entonces supo que cumpliría hasta el último día su condena de treinta años. Y así fue.

También fue así que una gran parte del pueblo descubría al fin que el gran traidor de esta historia era Fidel Castro, “un dictador no de talla convencional -como señala Díaz Rodríguez al principio de su entrevista- que asalta el poder para imponer su voluntad, sino ese que hace de la trampa, la mentira, el odio y la venganza, la razón de su vida”.
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