sábado, 28 de julio de 2018

Radio y TV Martí.

Por Zoé Valdés.

La historia de Radio y Televisión Martí empezó siendo muy hermosa, debido al proyecto de libertad e información que lo originó y que fue -y supuestamente debiera seguir siendo- dirigido al pueblo de Cuba, esclavo en todos los sentidos, y mucho más de la carencia absoluta de información. Que una emisora transmitiera desde el exterior contándole a los cubanos su propio acontecer a través de valientes receptores y buscadores de la verdad y demostrándole esa verdad, la realidad de Cuba y del mundo, no podía ser una idea más bella y patriótica; que además llevara y lleve el nombre de José Martí honraba y honra a la emisora, y claro está hoy en día de ninguna manera al revés.

En un principio trabajaron allí periodistas exiliados que habían sido perseguidos y encarcelados dentro de Cuba, otros le siguieron tras ser liberados. Pienso en dos casos concretos, amigos ambos, Manuel Ballagas y Manuel Vázquez Portal. Entre muchos otros a los que admiro y quiero, y que llevan años allí u otros de nueva integración, como es el poeta y escritor Orlando González Esteva, el escritor Álvaro Alba, la periodista Ariane González, Alejandro Marcano y Karen Caballero…

La creación de la emisora, como era de suponer, molestó profundamente al régimen castrista, y por todos los medios trataron de bloquearla, y lo hicieron. De hecho, la radio, que es la que más se oye en la isla, no se consigue oír en todos los lugares, y a veces se consigue con extrema dificultad, por lo que la gente empezó a llamarla Radio Martirio, y no sólo debido a la dificultad de escucha, sino además a la baja calidad del periodismo emitido. La televisión, por el momento, sólo pueden apreciarla los miembros del Comité Central y pocos elegidos más, de tal modo la monitorean y bloquean, por lo que la ocurrencia popular empezó a bromear con aquello de "Tele Martí, la tele que no se ve ni allá ni aquí", porque su señal tampoco es emitida en Miami.

En varias oportunidades he leído testimonios que afirman que el mismo Raúl Castro planeó volar, o sea, tuvo en mente hacer estallar mediante una bomba y un acto terrorista las instalaciones de Radio y TV Martí en Miami. De ese plan dio por enterados a sus colaboradores y los terroristas que dirigirían y pondrían en plan el ataque. Al parecer a pocos meses de lograrlo, se arrepintió, y tuvo una segunda idea, a mi juicio, mejor para ellos, más favorable a sus intereses. Cuentan que volvió a reunirse con todos los implicados y planteó lo siguiente: "No volaremos la estación de radio y televisión. No. La haremos implosionar desde dentro con bombas humanas"…

Y de ahí surgió la idea de penetrar la emisora con personal altamente peligroso, o sea, con espías en dos palabras, que no sólo espiaran, sino que además distorsionaran los proyectos para lo que verdaderamente fue creado el medio audiovisual en cuestión. Tal cual sucedió.

La emisora fue tomando un rumbo extraño, los programas bajaron su calidad política y social, desaparecieron sus mejores periodistas, y a los tiranos empezaron a llamarles presidentes. La mayoría de los autores del exilio o autores prohibidos en Cuba brillaron por su ausencia, y se comenzó a citar a Mario Benedetti, así como a Eduardo Galeano, entre otros artistas y escritores que apoyan y apoyaron, en algunos casos hasta su muerte, al castrismo y los encarcelamientos y fusilamientos en Cuba (como los apoyaron estos dos escritores en el 2003, cuando firmaron una carta en favor del fusilamiento de tres jóvenes negros en la isla).

La anterior directora de la emisora viajaba a Cuba constantemente, a codearse y a disfrutar de sus amistades en el "gobierno", entre ellas, ministros y viceministros. Ahí, durante su mandato, en el que la colocó Barack Obama, fue donde se coló lo peor, porque así aprovecharon para introducir a ciertos bichidisidentes creados por el Raulato Light del Cambio Fraude, varios de ellos hijos de reconocidos esbirros castristas.

Recientemente, tras el triunfo de Donald Trump, ha habido cambios consistentes en la emisora. Su nuevo director y ex alcalde de Miami, el periodista Tomás Regalado, prometió que Radio y TV Martí volvería a ser lo que fue en sus inicios, y que respondería nuevamente a los objetivos para los que fue creada. A pocos días de su estreno como director envié un artículo crítico que estuvo publicado en el sitio de internet de la emisora, el único medio visual que existe en relación a ella, durante unas horas, hasta que a dos personas les molestó y el artículo fue borrado, o sea censurado.

A este hecho debo añadir que el trabajo de información deja mucho que desear: no contrastan información, invitan a gentuza cuyo curriculum vitae es inventado o inexistente, dan todo lo más parecido a lo que en Cuba se llamaba "botellas", puestos a personas que no cumplen los requerimientos para trabajar como periodistas porque sencillamente no lo son. Y para colmo y por último, se pasan por el forro que un tiparraco llegue y por sus berocos afirme con un lenguaje egotista, ambivalente y pernicioso, que él es fascista y que defiende el fascismo, como mismo manifestó antes, en el mismo tono, en su Facebook, que las Torres Gemelas y los actos terroristas en Estados Unidos habían sido perfectamente efectuados porque, ni más ni menos, USA lo merecía. Me refiero a Orlando Luis Pardo Lazo y su lamentable actuación en uno de los programas titulado En Debate.

Llevo 28 años en el exilio europeo, he viajado en numerosas ocasiones por todo Estados Unidos, y he impartido conferencias en universidades europeas y norteamericanas, he discutido en debates y llevo años escribiendo en la prensa mundial, nunca he visto que se le pida perdón a un sujeto semejante, indolente y cretino, como hicieron en el siguiente programa los respetables periodistas que lo conducen. Sobre todo porque la televisión y la radio en la que este señor ha soltado su basura es sostenida y pagada por los contribuyentes, como es el caso de Radio y Televisión Martí.

Enfrentar al comunismo asumiendo que se es fascista, aunque sea de juego, de chanza, o de hijoputá, es inadmisible, aquí y en la Conchichina. En primer lugar porque este sujeto, al que se está mal acostumbrando con sus espectáculos cundidos de ignorancia, alarde y pretenciosidad, no cumple más que un objetivo y una misión, como bien manifestó otro participante de la emisión: la de destrozar los objetivos de la emisión misma, y enfocar la atención a su persona y los elementos y temas que él impone. En segundo lugar: no están respetando al resto de los invitados y mucho menos a la teleaudiencia, que es a lo primero que se deben.

Hasta que Radio y Televisión Martí no pida disculpas a su público, tanto el de Cuba como el que tiene en Facebook en todas partes del mundo, y no deje de invitar a fenómenos o zocotrocos como estos, y no me pida disculpas individuales a mí por la censura de uno de mis artículos sin ningún tipo de discusión que mediara entre ellos y yo, no sólo no volveré a prestarles la más mínima atención, además no podrán contar conmigo nunca más para nada. Agradecida de sus gestos en el pasado, que por cierto también yo he tenido con ellos. Por el momento: hasta nunca.
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