viernes, 15 de marzo de 2019

Antonio Benítez Rojo, la prosa del siglo xx.

Por Raúl Rivero.

Antonio Benítez Rojo, la prosa del siglo XX

En Cuba su nombre está borrado y su obra no aparece mencionada en ninguno de los panfletos que debían recoger la historia de la literatura del país. Nadie lo recuerda y nadie quiere recordarlo.

Lo que hay con Antonio Benítez Rojo (La Habana 14 de marzo de1931-Northanpton, Masasachuset 5 de enero de 2005) es un olvido descomunal y debe ser por la perfección, la fuerza y el rigor de su trabajo que incluye su traducción a nueve idiomas y su inclusión en más de cincuenta antologías publicadas en el mundo entero.

Benítez, un silencioso profesor y animador de la cultura, murió en el exilio y dejó algunos de los libros más importantes de la prosa cubana del siglo XX. Discreto, mordaz, siempre atinado y agudo, era un maestro del relato corto y otro maestro, o el mismo, a la hora de redactar las páginas de sus apasionantes libros de ficción o sus ensayos lúcidos y coherentes.

Así, es necesario recordar la colección de libros de ficción que le dieron renombre a lo largo de los años que trabajó en La Habana, en la Casa de las Américas y después en su exilio de Europa y Estados Unidos. Benítez inició su aventura literaria con Tute de Reyes, un libro que dio a conocer en 1967. De ahí le siguieron El escudo de hojas secas, Los inquilinos, Heroica, El mar de las lentejas, Antología personal, La isla que se repite, Mujer en traje de batalla y El enigma de los esterlines.

Realizó, además, una incisiva investigación sobre la obra del mexicano Juan Rulfo, publicada en 1969. Después entregó a imprenta Quince relatos de América Latina y una compilación de textos bajo el título de Diez noveletas famosas. También dejó su huella en el cine. Uno de sus cuentos en Tute de Reyes, Estatuas sepultadas, inspiró al director Tomás Gutiérrez Alea a realizar la película Los sobrevivientes (1978), con guión del propio Benítez Rojo.

Para mitigar el olvido, propongo un párrafo que el crítico peruano Julio Ortega escribió en el 2000, cinco años antes del fallecimiento del autor habanero:

“Antonio Benítez Rojo no sólo es el más importante escritor cubano vivo sino también el primero libre de la herencia traumática de la historia de una isla donde José Lezama Lima creyó que podría ‘mamar el cielo’, y Virgilio Piñera entendió había que sobrellevar ‘en peso’. No en vano hasta la fecunda herencia de Lezama Lima se extravía disputada por autoridades del reproche. Contra esa genealogía, Benítez escribe con simpatía, goce y claridad”.

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