miércoles, 20 de marzo de 2019

“No hay una acera que sirva” denuncian los habaneros.

Por Jandery Albornoz.

“No hay una acera que sirva” denuncian los habaneros. Foto Cubanet

La ciudad “maravilla” así llaman algunos a La Habana, pero sus habitantes testifican que de maravillosa no tiene mucho pues han denunciado que no pueden caminar por las aceras debido al mal estado en la que se encuentran.
“Es verdad que uno tiene que ir pendiente a que no te escupan o que no te caiga un balcón en la cabeza, pero lo peor es que no hay una acera que sirva. Hay roturas tan viejas que tienen hasta yerbita”, comentó una holguinera que contrasta su experiencia en la capital con la de su provincia, y se burla, porque quizás no le duele tanto el infortunio de la que llaman la ciudad maravilla.
Queda evidenciado que al régimen castrista le quedó grande mantener la capital como la ciudad “maravilla” que siempre debió ser.

“¿Quién responde por las aceras rotas? Si cualquiera viene, abre un hueco, y después se olvidan de que lo abrieron. El único que no puede abrir el hueco es uno, porque enseguida aparecen los inspectores. Un vecino de los bajos tenía problemas con el agua, esperó por Aguas de La Habana, pero nunca vinieron a solucionarlo. Terminó él haciendo el trabajo y poco después vinieron a multarlo”, dice un vecino de La Víbora, que pudiera haber sido uno en Centro Habana, El Cerro o cualquier otro municipio de la ciudad, comentó.
Para Clara es más fácil caminar “por el medio de la calle que ir sorteando los huecos de la acera”, sin embargo, su mayor preocupación es su abuela, “si a mí me pasa algo no importa, pero un tropiezo en ella puede significar una cadera rota, y eso deviene en la tragedia que es llegar a un hospital donde no hay nada”, nos asegura.

Infraestructura.

De acuerdo a reportaje publicado por Cubanet, la condición de los andenes en Cuba es crítica, no hay infraestructura para construir donde no hay o reparar los que ya están dañados. Huecos ciegos, concreto roto, cabillas que sobresalen.


Una santera cubana, llamada Giselle, por ejemplo, cuenta que la situación de las aceras adquiere un matiz religioso.
“Me prohibieron en el Itá cruzar huecos o zanjas, por lo que es mejor coger calle, lo mismo por Neptuno que en medio de Santo Suárez”, asegura.  El itá es la conversación con los Orishas que tienen los practicantes de la Regla de Ocha en Cuba.
Cojímar fue durante muchos años la capital del bache, pero ahora la disputa por la corona se ha extendido a toda la ciudad.
“Aquí es por culpa de la basura”, dice Elier, en Alamar, “se meten un año en venir a recogerla, y cuando lo hacen meten una pala mecánica que se llevan hasta la tierra que está debajo de la acera, y lo que queda después es un hueco para que se acumulen el agua y los mosquitos”, denuncia.
La empresa de Comunales se declara en bancarrota cada vez que se le responsabiliza con el ornato y la limpieza de la ciudad.
“No tenemos suficientes camiones” es una de las respuestas más comunes cuando se les pregunta por la recogida de basura; en el caso de las aceras rotas responden con evasivas y más preguntas: “¿quién abrió el hueco? ¿Fue el gas? Pues ellos son los encargados de cerrarlo”.
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