miércoles, 27 de febrero de 2019

La boda de Martí.

Por Santiago Cárdenas.

Desde Guatemala  José Martí  Pérez regresó a Ciudad México, con un mes de vacaciones por Navidad, a fines de noviembre de 1877. Le había prometido matrimonio a Carmen Zayas Bazán Hidalgo  que  era su novia official (había, al menos, otras  tres pretendientes conocidas) en cuanto tuviera un trabajo estable. Actualmente tenía dos. Como profesor en la Escuela Superior de Varones  y como catedrático en la Universidad de la capital guatemalteca, ambos por recomendación del presidente Don Rufino Barrios.

Los antecedentes.

Carmencita era la tercera hija de nueve, del viudo Francisco Zayas Bazán Varona que había arribado a México  unos tres años antes, huyendo de la guerra. En 1871, a solo tres años de Yara, cuando los mambises comenzaron la “candelada” de las cañas en el Camaguey, Francisco que era un terrateniente rico, dueño del Central Monte Grande, trató de convencer a Francisco Arredondo Miranda quien era el jefe insurrecto de la  zona de lo inútil de la independencia. La proposición  fue rechazada  enérgicamente y Zayas Bazán trasladado desde su colonia hasta Puerto Príncipe por una escolta de mambises todos  negros y ex esclavos con recomendaciones de no regresar a su finca.

Tal vez por estos recuerdos nunca se “tragó” al joven independentista Martí que comenzó a visitar su casona en Ciudad  México para  jugar ajedrez, tomar café y tirarle un vistazo a su hija.

Martí  a los 22 años, en diciembre de 1875, era una celebridad  en México, a donde había arribado solo  diez meses antes, cuando presentó “Amor con  amor se paga”, un diálogo teatral entre  Julián y Leonor  que  fue un éxito  de primera magnitud  ante la burguesía adinerada y toda la intelectualidad de la capital en “El Principal”, a teatro lleno.

La fecha exacta del comienzo del  noviazgo y del subsecuente  compromiso no se  sabe  con certeza  (existen varias versiones); pero, por  seguro, se conocieron en casa del mexicano Ramon Guzmán en febrero de 1875 a poco de llegar  Martí desde Nueva York como lo demuestra  la  participación de éste como testigo de la boda.

Pepe Martí se marchó a Guatemala a inicios de 1877, unos quince meses después  del debut  de la obra teatral, a la cual asistió Carmen, para regresar a fines de ese mismo año para cumplir con su compromiso nupcial.

La boda. 

Se celebró en la  parroquia del Sagrario Metropolitano, aún en pie, colindante  como un anexo a la Catedral  de México, que era el templo católico más grande  de las Américas. Si Ud se para de frente a la Catedral en el Zócalo, la plaza  central del Distrito Federal, la Metropolitana es una  estructura anexa situada al pie de la inmensa torre derecha  de la Catedral. La Parroquia  tiene por fuera dos fachadas de un barroco  muy elaborado e impresionante y por  dentro una preciosa construcción neoclásica construida en 1759 durante  veinte años, por el español Lorenzo Rodríguez. Posee un espectacular sagrario de oro, que domina la vista humana en el centro del retablo, encima del altar.

Ambos  novios tenían la misma edad: 24 años  y utilizaron vestidos clásicos para la ocasión. Martí en negro, su color preferido, y Carmen  vestida con un modelito  blanco confeccionado en casa por  sus hermanas. La ceremonia en latín fue presidida por el padre Ambrosio de Lara cura interino que asentó el sacramento en el libro 27. Iba revestido de morado, el color del adviento, que litúrgicamente no permitía el Gloria in Excelsis Deo, ni  los cantos  habituales. Se  tocó solamente el órgano sacro. Estábamos a cuatro días de la Navidad. Un silencio impresionante  cubría el templo junto al olor del incienso  mezclado con  el de las dalias, orquídeas y nardos  traídas  desde el campo  mexicano.

Los padrinos fueron  el padre de la novia y su hermana Rosa. Los testigos Manuel Mercado, que era el  preceptor de Martí desde su llegada a México, y el pintor Manuel Ocaranza que había sido el novio de la bella Ana, hermana de Martí, fallecida tres años antes a los dieciocho años de edad.

Los testigos de la boda civil fueron  los mismos. Además, Ramón Guzmán, citado anteriormente. Toda la familia de Martí se encontraba en Cuba.

El album de bodas y el fiestón a la cubana.

La fiesta se celebró en la casa de los Mercados. Los novios bailaron con la orquesta Sonatas Habaneras. La música de amenidad estuvo  a cargo del dúo Jade y del quinteto Habaneras. El pastel de boda mexicano, presente en el brindis, es conocido mundialmente, aún hoy en día, por su gusto y suntuosidad.

Los  Martí’s  pasaron seis noches en dicha casa, incluyendo la Nochebuena y la Navidad. Hubo una invitación de los Mercado en esos días festivos para una cena en el aristocrático restaurant El Tívoli de San Cosme en la Colonia San Rafael. Allí mozos en frac servían el “neux deveau diplomate” y “los becassines a la cavaliere”, teniendo como fondo el  Castillo de Chapultepec iluminado.

Carmen conservó hasta su muerte el Album de Bodas donde  un  indio escribió en nauhatl,  y don Nicolás de Azcárate, criollo eminente exiliado en México, un testimonio. Luego se fueron  agregando firmas. En Guatemala las del poeta  José Joaquín Palma y la de José M. Izaguirre, el director de la Escuela Superior de Varones donde  trabajaba Martí, ambos cubanos. También la del ex presidente don Miguel García Granados, el padre  de la Niña de Guatemala. Después de muerto  Martí  firmaron en la isla Aurelia del Castillo; Enrique José Varona y  Máximo Gómez, entre otros notables.

En la mañana del 26 de diciembre  de 1877 partieron los novios, con escolta,  para Acapulco. Comenzaban su luna de  miel.
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