jueves, 7 de febrero de 2019

La espera eterna.

Por Zoé Valdés.

No me ha sorprendido que Estados Unidos y en especial Donald Trump hayan reconocido a Juan Guaidó como presidente interino de Venezuela, aun cuando este señor pertenece al partido Voluntad Popular, que a su vez pertenece a la Internacional Socialista, y que su mujer Fabiana Rosales, en reciente entrevista, declarase que ella encuentra inspiración en Michelle Obama, la esposa del anterior presidente norteamericano que bien poco se ocupó de Venezuela y que para colmo no tuvo reparos en hacerse fotos muy sonriente y cooperativo con el sangriento dictador Nicolás Maduro; no, no me sorprende, ni me extraña para nada, pues Estados Unidos quiere ya deshacerse de Nicolás Maduro y de Diosdado Cabello, los narco-crápulas que con Hugo Chávez a la cabeza dirigido desde La Habana por los Castro han destruido a un país rico y lo han convertido en uno de los más pobres del hemisferio.

No se trata solamente de una labor altruista, como podrán imaginar, o no únicamente altruista, sabido es que el petróleo rinde. Sí, el petróleo rinde más que el marabú, como he dicho en otras ocasiones, en referencia al producto nacional bruto cubano, que dejó de ser hace mucho tiempo el azúcar, reemplazándolo el marabú o mala yerba, que es lo único que crece y fructifica en la isla de todos los sinsabores, en la misma tierra que con tanto entusiasmo elogió Cristóbal Colón, nombrándola la más bella, y que en la actualidad es la más espantosa.

No me ha extrañado, reitero, la decisión de Donald Trump, incluso de advertir a Maduro, que si algo le ocurriera a Guaidó la intervención militar norteamericana sería inevitable e inminente. Trump es así, una suerte de salvador, como se ha podido comprobar en su reciente discurso del Estado de la Unión, donde hasta uno de su peores enemigos, Nancy Pelosi, tuvo que pararse a aplaudirlo. Un salvador con un vice-salvador, pues no hay que olvidar a Mike Pence, y mucho menos a otro seguro-salvador, John R. Bolton, Consejero para la Seguridad Nacional. Estos dos, por suerte, han recordado, que lo que sucede en Venezuela es producto de los 60 años de tiranía en la Cuba castrocomunista. Sólo lo han memorizado, qué pena que no decidieron, antes de hacer algo en Venezuela, hacerlo en Cuba, pues eso resolvería de un tajo el horror que desde hace décadas acontece en Cuba, en Nicaragua, en Venezuela, y en el resto del mundo, en relación al castrocomunismo.

La espera de los cubanos que amamos y deseamos la libertad para Cuba, sigue siendo demasiado larga, eterna. Y no me vengan con aquello de que el pueblo cubano no se ha lanzado para las calles como lo ha hecho Venezuela. No sólo el pueblo cubano en sesenta años se ha lanzado a las calles como ha podido, pues no olvidar que el férreo control del castrismo es más potente y letal que el del madurismo y chavismo, además el pueblo cubano intentó un desembarco desde el exilio con la idea de liberar a su país y que John F. Kennedy lo abortó, y además, tampoco olvidemos los años de resistencia armada en contra del castrismo en el Escambray. Pero, cuando aquello estábamos muy solos, tan solos como ahora, como siempre lo hemos estado. Además, el pueblo nicaragüense también se ha echado masivamente a las calles en los últimos meses, y no ha recibido el mismo trato que le han brindado a los venezolanos. Por falta de coraje no será. Ya lo dije, el petróleo rinde.

Por otro lado, mientras Estados Unidos y Donald Trump desencadenan un proceso de inmediata liberación de Venezuela, los europeos, Pedro Sánchez, y la Unión Europea, torpedean ese proceso reclamando a estas alturas elecciones, las que ellos saben muy bien que serán trucadas por el régimen de Maduro, como ha sucedido en las anteriores. El Cuento de la Buena Pipa, el de nunca acabar. Aunque, advertidos están, regalarle tiempo a dictadores se cobra más tarde, en votos contantes y sonantes. Y muchos venezolanos votan ya en Europa.

En cuanto a Juan Guaidó, veremos. Al menos se ha enfrentado a Nicolás Maduro, eso sí, prometiéndole espacios traducidos en "gobernaré con chavistas si hiciera falta".

Después, si quieren comparación... Juan Guaidó nunca estará a la altura de Oswaldo Payá Sardiñas, y a ese cubano, líder del MCL, lo asesinaron los Castro, ni de Eduardo Cardet, coordinador general del MCL, en la cárcel todavía, ni de Armando Sosa Fortuny, encarcelado el doble de años que Nelson Mandela, por sólo mencionar a los más importantes. Pero a Cuba la ha cagado un totí, y la cagada se ha enquistado durante una insoportable perpetuidad.

Dicho esto, Venezuela no debiera ser intervenida militarmente, los venezolanos en su gran mayoría no lo desean. Y además son bastante anti-americanos y anti-Donald Trump. Fíjense a quién agradeció Juan Guaidó con mayor énfasis, a la Unión Europea.

Cuba sí necesita esa intervención, y de inmediato. No sólo un gran número de cubanos lo deseamos desde hace tiempo, además creemos que es la única solución para exterminar de raíz el mal castro-comunista que azota la región desde hace más de 60 años.

Ojalá que este reclamo sea atendido por el gobierno norteamericano. Ya es hora. Para Cuba ya es hora desde hace mucho más rato que para el resto. Para los demás no sé, ni me importa. Como tampoco nosotros les importamos a ellos.
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