miércoles, 15 de abril de 2020

Periodismo oficialista en Cuba: el chanchullo y la injuria a la orden del día.

Por Gladys Linares.



Desde que Fidel Castro se adueñó de nuestro país acabó drásticamente con la prensa libre, pues esta chocaba con muchas de sus antidemocráticas, abusivas y represivas medidas. Cerró revistas, periódicos, emisoras de radio y televisión, mientras exacerbaba a la claque, que paseaba por las calles un ataúd con el nombre del medio de difusión confiscado. Es así como, a los pocos meses de tomar el poder, el gobierno revolucionario impuso la censura a la libertad de prensa. A partir de entonces, solo se podría decir lo que la dictadura ordenaba. La prensa al servicio del totalitarismo se convirtió en el medio para adoctrinar, amedrentar, mentir, difamar y engañar al pueblo, algo que aprendieron a hacer incondicionalmente los periodistas que se plegaron al régimen, se volvieron “obedientes” y enterraron la imparcialidad, la dignidad y la honestidad.

Es bien conocido que esa clase de periodistas traspasan nuestras fronteras para atacar a todo aquel que abogue o se solidarice con la causa de la democracia para Cuba. Uno de ellos es Edmundo García, que no escatima mentiras si de desacreditar a la oposición cubana se trata. En febrero de 2020 la televisión cubana transmitió un breve fragmento de una entrevista (Miami, enero de 2016) en la cual pretendía demeritar la labor del coordinador de la Unión Patriótica de Cuba (UNPACU), José Daniel Ferrer, sobre la ayuda que esa organización recibe de la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID) a través de la Fundación Nacional Cubano Americana. Con ese fin, García empleó los mismos argumentos del gobierno cubano (Granma, 18 de enero de 2020), que tergiversa el verdadero objetivo de la USAID, creada por John F. Kennedy en 1961 para distribuir la ayuda exterior de carácter no militar. Con tal proceder no deja lugar a dudas de su filiación incondicional al gobierno castrista, y de que es uno de los miles de agentes comunistas que el régimen mantiene por todo el mundo a costa del hambre y la falta de libertades de su vapuleado pueblo, como lo fueron en su tiempo los agentes (muchos de ellos, cubanos) que al servicio de España vigilaban, perseguían y desacreditaban a nuestros patriotas, y de los que hoy nadie recuerda ni el nombre.

A esos periodistas oficialistas que se hacen eco de las falacias y chanchullos del gobierno, no les tiembla la voz para difamar a opositores pacíficos y repetir como papagayos las falsedades que les dicta la Seguridad del Estado. Así lo vimos en el reportaje del noticiero de la televisión del viernes 8 de febrero en el cual se presentaba a José Daniel Ferrer y a otros miembros de la UNPACU como vulgares delincuentes. Sin embargo, dicho video no convenció a gran parte de la población, que ya desde octubre conocía por las redes sociales de la encarcelación de esos opositores, como también conocen que el viernes 3 de abril fueron liberados esos activistas de derechos humanos con una sanción de cuatro años y medio de reclusión domiciliaria.

Aunque durante estos últimos meses algunas personas se me han acercado para interesarse por la situación de los opositores encarcelados, no dejó de sorprenderme la celeridad con que corrió la noticia de su excarcelación. Otros, como Luis Pedro, opinan que los medios de difusión quedaron mal parados, ya que no cuentan las cosas como son. Y es que “si los soltaron”, afirma, “eso significa que no eran tan delincuentes como los pintaban”.

Si de algo no quedan dudas es de que el ex preso político y opositor pacífico José Daniel Ferrer, apoyado por su hermano en el exilio, Luis Enrique Ferrer, también ex preso político, forman un dúo de avanzada en la lucha para lograr un cambio pacífico en Cuba. Asimismo, se evidencia que el Manifiesto de la Unión Patriótica de Cuba (un programa para un cambio definitivo en Cuba) preocupa al totalitarismo cubano, que trata de desacreditarlos -como ha hecho durante años con toda la oposición-, y para ello, a falta de argumentos, acude a la difamación, la injuria, la calumnia, el brete y el chanchullo -amén de otros métodos igualmente inmorales y macabros- contra los que disienten de su autoridad.
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