lunes, 26 de abril de 2021

¿Qué envidia Padura y qué es lo que lo ha conducido a la popularidad?

Por Zoé Valdés.

Bien, como nadie responde, una vez más tengo que hacerlo yo.

Hypermedia Magazine, ese panfleto entre lo castrista chic y la filosofía de la metatranca centromorronguda con Grants como soporte de la dependencia politiquera, acaba de publicar una baba jalaleva, titulada algo así como 'Envidiar a Padura', y que empieza preguntándose "¿Qué se envidia cuando se envidia a Padura?".

En primer lugar, el único envidioso y chivato es Leonardo Padura, que fue preparado y entrenado tras la publicación exitosa de mi novela 'La nada cotidiana' y de mis siguientes novelas para destruir -órdenes del Comité Central mediante- mi carrera literaria. Como mismo quisieron hacer mucho antes con Senel Paz contra Reinaldo Arenas.

Lo inmediato que hizo Padura fue dar una entrevista en El País, sirviéndose de Luis Sepúlveda, chileno mentiroso donde los haya, que fue quien por órdenes del castrismo introdujo a Padura en su editorial francesa, de la editora izquierdista Anne-Marie Metaillié... En El País, Padura desbarró contra mí y contra Cabrera Infante, lo que no ha cesado de hacer desde entonces.

En segundo lugar, el triunfo de Padura está entonces servido por la izquierda mundial. Padura plagió la novela de Álvaro Alba que ya llevaba años dando vueltas entre editoriales, y que cayó en manos de su editora, brasileira de origen, pro castrista, pro Lula da Silva, como se pudo comprobar después cuando Padura visitó a Lula en la cárcel y manifestó públicamente por su liberación en Brasil. Esa editora es la misma que desde Tusquets se fue deshaciendo de los libros de Reinaldo Arenas para imponer a Padura.

Tras ver que yo en 1998 fui la tercera artista y escritora cubana exiliada que recibió la Orden francesa de Chévalier des Arts et de Lettres, después de los cubanos Brindis de Salas y Gina Pellón, Padura y sus "agentes de influencia" hicieron todo para que se la entregaran a él; lo que ocurrió años más tarde de que me la dieran a mi, por no decir décadas, y de paso también se la zumbaron a la Wendy Guerra, otra 'personaja del puerto' (cito el poema de mi amigo Gonzalo Rojas) montada a horcajadas en el lomo del Gabo.

Padura seguía hablando pestes 'sotto voce' aquí y allá en mi contra y en contra de Guillermo Cabrera Infante. Cuando la Universidad de Valenciennes en Francia me dio el Doctor Honoris Causa junto a varios Premios Nobeles muy conocidos todos, la Embajada de Cuba en París y el propio Padura hicieron con anterioridad lo indecible para que no me lo dieran a mí, y por el contrario se lo dieran a él. Cosa que no ocurrió porque los profesores se pusieron en sus trece y dijeron que de ninguna manera, cosa que ellos mismos me contaron luego.

Cuando murió Guillermo Cabrera Infante, ahí Padura vio los cielos abiertos, y desbarró en una entrevista en ABC contra el autor de 'Tres Tristes Tigres' argumentando al descaro que Guillermo Cabrera Infante había dejado de escribir en cuanto se exilió. No puede haber una falsedad mayor, puesto que toda la gran obra de GCI fue hecha en el exilio. Tuvo que contestarle con la verdad y poniéndolo bonito, el gran Aurelio Mayor desde Barcelona, en otro artículo publicado en La Razón.

Para subirle la parada al Premio Cervantes de GCI, el régimen castrista cabildeó con el gobierno español un Premio Princesa de Asturias para Padura, ojo al dato: su editora pro castrista de origen brasileiro formaba parte del jurado que daba el premio.

Padura jamás ha parado de ponerme piedras y zancadillas en cuanto festival, feria del libro, o evento literario han querido invitarme. En un evento celebrado en París a finales de los noventa, Padura sintiéndose cómodo entre la 'claque' enviada por la embajada castrista para abuchearme, negó todo el sentido de mi presentación de mi novela 'Café Nostalgia'; debo decir que no fue el único, Karla Suárez también lo hizo en su momento con mi novela 'Querido primer novio'. Pero, en aquella ocasión la escritora cubana supuestamente exiliada en Puerto Rico, Mayra Montero, a quien yo había conocido en La Habana en los años ochenta, invitada a Cuba por Wichy Nogueras, se puso del lado de Padura a la hora de criticarme. Como mismo hizo, tiempo después en Guadeloupe, cuando tres escritores cubanos optábamos por el Premio Literario de las Américas: ella, Pedro Juan Gutiérrez y yo. Pedro Juan Gutiérrez se paseaba en el automóvil del policía de la embajada castrista todo el rato, y Mayra Montero por su parte -junto a él- hacía como que creía que el premio me lo darían a mi por el mero hecho de que yo vivía en Francia, y el premio lo entregaban unos bekés (colonos franceses dueños de centrales azucareros que tenían negocios con el castrismo); pues sucedió que para un mal actuado asombro de Montero y del premiado, le otorgaron el premio a Pedro Juan Gutiérrez, me lo quitaron a mí y a ella, y reitero, se lo dieron a Pedro Juan Gutiérrez, como mismo predije que sucedería desde el primer momento. Por cierto, en el jurado estaba el 'sembradito' -según escribió Reinaldo Arenas en su correspondencia a Margarita y Jorge Camacho- Eduardo Manet. Pero Pedro Jota, el cubano chabacano, al que todos le bendijeron las malas palabras, como literato del realismo sucio no dio la talla, y volvieron a echar mano de Padura el oficialista.

Basta ya de querer vender a Leonardo Padura como un pobre envidiado por todos, cuando no ha sido más que un oportunista, mediocre, envidioso, chivato y buen agente del castrismo que no se ha detenido a atacarme a mí, escritora, mujer y exiliada, no sólo por envidia y por chivato, sino además por malvado y por agentón castrista.

Aquí estoy para contar esto, y mucho más.

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