viernes, 21 de enero de 2011

Mazorra: vergüenza nacional.

Por Julio Ordaz.

A poco de triunfar Castro, Bohemia publicó fotos del Hospital de Dementes de Mazorra con la doble intención de mostrar "una de las más feas páginas de nuestra historia y una terrible prueba contra el régimen de corrupción y tiranía". Bohemia rememoró hace poco (diciembre 23, 2008) aquel reportaje, que expresó también la confianza "en que tales horrores habrán de desaparecer para siempre".

Los dementes solían internarse en la cárcel y, de vez en cuando, en el hospital de San Francisco de Paula o el leprosorio de San Lázaro, hasta que el obispo Espada consiguió erigir (septiembre 18, 1828) para ellos el Asilo de San Dionisio. Luego las locas fueron trasladadas a la Casa de Beneficencia, pero hacia 1851 su director no aguantaría más y empezó a buscar lugar más adecuado para juntarlos a todos. Así encontró (1854) el potrero Ferro, de casi 12 caballerías, que se compró por unos 11 mil pesos (otros dicen que 17 mil) al terrateniente y traficante de esclavos José Mazorra. En placa de mármol a la entrada del actual Hospital Psiquiátrico consta que esta Casa General de Enajenados, luego Hospital de Dementes, se fundó (1857) por orden del capitán general José Gutiérrez de la Concha. Habría que esperar porque José Joaquín Muñoz principiara hacia 1863 con el tratamiento médico de la locura aprendido en París. Y más tiempo aún para que entrara en vigor el Reglamento de la Casa General de Enajenados de la Isla de Cuba (1880).

Con todo, al salir los españoles, el Dr. Lucas Álvarez, primer director bajo la intervención americana, encontró 393 internados y pidió auxilio al gobernador militar Brooke para transformar aquello de perrera o almacén de locos en hospital.
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