sábado, 17 de diciembre de 2011

De los taínos a los cubanos.

Por Zoé Valdés.

Cuando los españoles llegaron a la isla de Cuba se encontraron a unos indios, llamados taínos, que lo único que hacían era fumar, comer de lo que les daba la tierra, que se lo regalaba, porque allí todo nacía sato, caía una semilla de cualquier cosa en el suelo, y ¡zas!, aquello crecía desaforada y afortunadamente hacia todos los rumbos, con sus frutos, flores, y demás; pescar, fumar tabaco, y hacer el amor. Hacer el amor y no la guerra, avant la lettre. Los taínos eran los seres más pacíficos del planeta, y si nos ponemos, también fueron hippies antes que los mismos hippies se enteraran de lo que quería decir todo aquel relajo. Los taínos eran muy del relajo, la fumadera, y el buen vivir. Los perros no ladraban, dicen, aprendieron a ladrar con los perros españoles, o sea, con los canes que llevaron los españoles, que sí hacían mucha bulla con el fin de aterrorizar. Los taínos, no es que fueran cobardes, eran –como ya dije y repito– pacíficos. Seres de amor y de paz. Cuando vieron que no podían enfrentarse a lo que se les venía encima se plegaron a las órdenes. Los más conscientes del problema decidieron lanzarse desde las rocas hacia el mar, y romperse la crisma en el oleaje. Esos fueron nuestros primeros balseros.

Pero los cubanos han variado mucho desde los taínos para acá, lo que era de esperar, para bien y para mal. Probablemente más para mal que para bien. Sin embargo, en 53 años de dictadura sus virtudes se convirtieron en sus peores defectos. El relajo lo convirtieron en prostitución y corrupción, la fumadera en tráfico y robo, y de los bon vivants no les queda más que la rima: morts vivants, ahora son los atormentadores de sí mismos, o sea, todo lo contrario. Pero no iba yo a hacer un recuento histórico de la sociedad cubana, a través de los primeros habitantes de la isla hasta los que la pueblan en la actualidad. Aunque lo que sí me proponía era resumir a tientas el año que ha transcurrido, y en el que no ha pasado nada positivo para aquel país. Absolutamente nada que pueda decirnos que ha habido un suspiro, un alivio, y mucho menos un cambio. Cada vez vamos a peor. Y los taínos, digo, los cubanos, siguen lanzándose al mar, como prueba es el martirio por el que tuvieron que pasar recientemente 27 cubanos, que tuvieron que regresar a las costas de Cuba, después de haber perdido a nueve compañeros en el medio del mar.

En lo que va de año la represión no ha hecho más que acrecentarse frente al silencio de los taínos, digo, de los cubanos, amedrentados y colaboradores. Las Damas de Blanco siguen siendo acosadas, y el régimen asesinó a Laura Pollán. ¿Protestó algún gobierno por esto, dijo algo en contra la ONU? Nada de nada. Y nada de nada porque los cubanos son los primeros en no protestar. Aquellos que lo hacen, lo hacen a buchitos.

Los padres continúan viviendo las peores de las pesadillas, viendo cómo sus hijos tienen que ser educados bajo el adoctrinamiento ideológico de los hermanos Castro, dos asesinos natos, cosa que viene ocurriendo desde hace ya más de cinco décadas. Esos niños crecen, se convierten en jóvenes esquivos, ariscos, pronto devendrán chivatientes o disidentes. La opción es ser como el Ché, ese argentino pelandrujo que mató a tantos cubanos, o ser como Elián González, el pobre niño ya devino adulto, y cual un robot apenas balbucea consignas, se olvidó de su madre, y anda pegado a las tripas de su papá Fidel y de su tío Raúl; la tercera opción es ser jinetera o pinguero. Los que se salvan son pocos. No todos se lanzan desde una roca al mar, pero la vida no les sonríe, más bien les hace una mueca grotesca y escalofriante.

Durante el gobierno socialista de Zapatero se ha conseguido espacios a unos cuantos artistas y escritores representantes del régimen. Algunos sitios pagados con nuestros impuestos están al servicio de los castristas, pero no se asusten, lo mismo ha ocurrido bajo el mandato de Obama en Estados Unidos. Esperemos que el nuevo gobierno español sea consciente de todo eso, y que Obama no pueda acceder a un segundo mandato. Pero ¿ven? Hasta yo espero más de otros que de los cubanos. Que este año sólo caminaron como morts vivants o zombies, fumaron el tabaco que les vendieron por una casilla de la libreta de racionamiento, el peor tabaco de la isla, por cierto, entregaron sus cuerpos sin amor, probablemente por comida, o por un viaje, o por un espejito, o una baratija...

Y así, ad infinitum, de suite... Hasta que la pasmen los dos Viejos Pánicos, y entonces, ¿quién gobernará el país? ¿Los hijos de los Castro o los Atlantes? No, no, de los taínos no nos queda ni la vergüenza.
Entre tanto, ya saben, ¡felices navidades con Nacimiento del niño Jesús, arbolito de navidad, y mucho jamón y carne de puerco! Pero antes nos veremos...
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