martes, 18 de junio de 2019

Apague y vamos Miguel.

Por Tania Díaz Castro.


Hace apenas unos días el gobernante cubano Miguel Díaz-Canel confesó abiertamente cuáles eran los males que actualmente en Cuba frenaban el avance de la mal llamada Revolución Socialista.

En el periódico Granma, ahora también de su propiedad, dijo el 14 de junio pasado que dichos males son: “la inercia, la indolencia, la chapucería, las trabas, la desatención de los problemas más acuciantes de la población y la falta de sensibilidad e inquietudes revolucionarias”.

Así mismo lo publicó Granma en su portada, bajo el título “Desarrollarnos con plena convicción en la victoria”. Sólo le faltó decir al presidente del país que durante más de medio siglo Fidel Castro y Raúl dijeron lo mismo, y nada.

Entonces nos preguntamos, ¿qué tienen que ver todos esos males con Donald Trump, la Ley Helms-Burton y el Embargo Comercial? ¿En algunos de sus acápites la ley estadounidense le aconseja al pueblo cubano la inercia, la indolencia, la chapucería, las trabas, la desatención de los problemas más acuciantes de la población y la falta de sensibilidad e inquietudes revolucionarias?

Al final de todo ese rosario de males que manifiestan los trabajadores cubanos junto a la población, Díaz-Canel dijo, antes de marcharse de la provincia de Camagüey al cierre del mes de mayo, que “este territorio manifiesta incumplimiento en sus planes”.

Ahora recuerdo una reunión, comenzando yo en el periodismo, que celebraba Augusto Martínez Sánchez, ministro el Trabajo, días antes de intentar suicidarse con un disparo el 8 de diciembre de 1964, en la que se refirió a los males que presentaba el pueblo ante las dificultades económicas. En la tribuna ese día estaba el viejo comunista Faustino Calcines, viceministro, quien después de escuchar a Augusto dijo: “Bueno, si todo eso es verdad, apaga y vamos que esto se acabó”.

La perplejidad invadió a los presentes.

Por aquellos años Miguel Díaz-Canel no había nacido o era muy pequeño. Pero en la actualidad, después de tantos años de fracaso, arrastrando con los mismos males, ni él ni Raúl Castro se dan por vencidos.

El presidente terminó el recorrido con otro eslogan suyo, muy característico: “Vamos a vencer con la vergüenza de los cubanos”. Y la foto que ilustra el texto no puede ser más interesante: el presidente, rodeado por los culpables de los males, que observan detenidamente a una chiva, quien simbólicamente parece cargar la culpa de todos.

Pero hay más señores, tomen calma. En el Granma del siguiente día el especialista económico Orfilio Peláez, en su artículo ¿Cuáles son los frenos a la innovación?, señaló que “los problemas que entorpecían su desenvolvimiento eran la progresiva reducción del potencial científico, el envejecimiento de la masa de investigadores y técnicos, la insuficiente y tardía formación doctoral, la salida del personal calificado del sector hacia el exterior, entre otros factores.”

¿Es culpable Donald Trump de toda esta realidad cubana?

Señor Miguel presidente, apague y vamos.
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