sábado, 31 de agosto de 2019

Miseria y poder en Cuba.

Por Alfredo Triff.

Nuestra historia comienza en 1958, último año de la República. Año en que Cuba ocupaba, con respecto al resto de la América Latina:
  • 5to lugar en ingresos per cápita, 
  • 8vo lugar en salario industrial más alto, 
  • 3er lugar en expectativa de vida y el 1ro en tasa de mortalidad más baja, 
  • 3er lugar en número de médicos per cápita, 
  • 4to lugar en propiedad de teléfonos per cápita, 
  • 1er lugar en número de televisores per cápita, 
  • 3er lugar en número de automóviles per cápita, 
  • 1er lugar en educación (en relación a su PIB), 
  • 4to lugar en la tasa de alfabetización, 
  • 1er lugar en consumo de carnes, frutas y verduras per cápita, 
  • 2do lugar en medios de comunicaciones con 58 periódicos y 126 revistas semanales. 
Cuba tenía 13 universidades, 21 institutos de segunda enseñanza, 19 escuelas normales para maestros, 22 escuelas técnicas industriales y 6 escuelas de periodismo y publicidad.[i]

Con un PIB de casi 3.000.000.000 pesos, el peso cubano se canjeaba a la par del dólar. El índice de desempleo del 10% bajo Batista (en parte producto de un crecimiento de la población en un 2,5% desde 1953) continuaba siendo un problema persistente y difícil de resolver.

Hasta hoy, 2019, esas estadísticas son irrebatibles,

Lo que no se dice es que este resultado corresponde a una revolución económica de solo seis años, dirigida por Fulgencio Batista y planeada por los mejores economistas de Cuba: Gustavo Gutiérrez (presidente del BNC), Carlos DuQuesne y de Zaldo (vicepresidente de BANFAIC), Eugenio Castillo Borges (ex presidente del BNC), Felipe Pazos y Justo Carillo Hernández, entre otros.

Resumo esta revolución en cinco puntos:
  1. Apertura de la isla a la inversión extranjera y el comercio internacional. 
  2. Creación de un ambicioso programa de estímulo para el desarrollo industrial del país (de ahí sale la generación empresarial cubana de los años 60, que terminará en el exilio en Puerto Rico, Venezuela y Estados Unidos). 
  3. Auge de la infraestructura urbanística vehicular (Túnel de La Habana, Vía Blanca, Carretera Panamericana, Malecón de La Habana, ampliación de la Quinta Avenida, etc.), de obras públicas (Monumento a José Martí, Plaza Cívica, los edificios Tribunal de Cuentas, Ministerio de Comunicaciones; se finalizan la Biblioteca Nacional, El Palacio de Bellas Artes y El Cristo de la Bahía de La Habana; la modernización del Aeropuerto de Rancho Boyeros) y la construcción de repartos para la clase media (La Habana del Este, Santa María del Mar, Mégano, Tarará, Celimar, Alamar, El Olimpo, etc.). 
  4. Inversión millonaria en la infraestructura turística (Hotel Capri, Hotel Riviera, Hotel Habana Hilton, Hotel Copacabana, Hotel Flamingo, Hotel Comodoro, Barlovento, etc.). 
  5. Política crediticia de bajo interés y largo plazo dirigida a actividades agrícolas e industriales no tradicionales, con el objetivo de promover una nueva economía diversificada (de ahí salen entidades bancarias como el BANFAIC y BAENDES, etc.).[ii]

Entonces ocurre algo insólito: la revolución económica es secuestrada por la Revolución ideológica castrista, y esta última hunde al país, por 60 años, en una miseria inexplicable.

No hablamos de una desgracia causada por epidemias, como la gran hambruna de Irlanda en el siglo XIX; o por la guerra civil en la España post-republicana; o por una crisis del medio ambiente, como Etiopía en los años 80.

La miseria particular de Cuba es una miseria autofabricada y autoimpuesta por EL PUEBLO y LA VOZ.   

Pierre Joseph Proudhon definía la miseria como “insuficiencia del producto del trabajo”.

Karl Marx, a contrapunto, la redefine como “plusvalía”, que es el usufructo del trabajo que el capitalista le roba al obrero.

El castrismo, tomando prestado de Lenin, restringe el salario del trabajo a una escala de miseria, para luego imponer una nueva forma de trabajo -no remunerado- que llamará “trabajo voluntario”.

El trabajo voluntario sustituirá la “explotación” capitalista por la miseria castrista (que es miseria al cuadrado), y la explotación del hombre por el hombre por la explotación del hombre por el hambre (que es explotación al cuadrado).

La carrera desquiciada en pos de la miseria.

El golpe del 10 de marzo de Batista abrió una herida simbólica muy profunda que debía ser sanada. La interrupción de la vía democrática era repudiada por un número considerable de la población. Acaso por eso, en enero de 1959, EL PUEBLO cubano se enamora locamente de LA VOZ y sus cantos de sirena democráticos.

Entre 1959-1968, EL PUEBLO se autoinduce una amnesia que niega por completo los logros anteriores durante la República.

¿Pero cómo evaluar el presente si no existe una manera de comparar el presente con el pasado?

Aquí traemos al sicólogo de las masas, Gustave Le Bon, para quien el individuo y la masa son opuestos en constante tensión.

Si bien el individuo goza de autonomía fuera de la masa, una vez en ella, dicha autonomía desaparece.

Apunta Le Bon: “Ser masa es estar a merced de causas estimulantes exteriores tan imperiosas que aniquilan el libre albedrío”. En la masa, el individuo renuncia a su autonomía: “(…)  habiendo perdido su personalidad consciente, el individuo comete actos en manifiesta contradicción con su carácter y hábitos. Sumido así en la masa se encuentra en un estado de fascinación (…) hipnotizado en las manos de un hipnotizador”.

Le Bon señala al poder hipnotizador de LA VOZ: “La convicción de las masas toma la característica de ciega sumisión, feroz intolerancia y la necesidad de violenta propaganda, todas inherentes al sentimiento religioso, y es por esta razón que el héroe aclamado por una masa es verdaderamente dios para esa masa”.

Téngase en cuenta, LA VOZ no es una persona específica, sino un hecho fonocéntrico, heroico y bramante que emana de la glotis del Máximo Líder.

Causa y efecto: LA VOZ clama y EL PUEBLO delira.

Solo en un año LA VOZ entroniza un nuevo lenguaje revolucionario. Instantáneamente EL PUEBLO renuncia a ver su tragedia en ciernes. Lejos de tratarse de una imposición tiránica, la miseria que comienza es el resultado de un toma y daca funesto entre EL PUEBLO y LA VOZ.

Para los efectos de nuestra discusión, masa y PUEBLO son la misma cosa. 

Resumamos los puntos de Le Bon en su Psicología de las masas:

  1. PUEBLO equivale a la “pérdida de la voluntad del individuo”. 
  2. No existe LA VOZ sin EL PUEBLO. 
  3. EL PUEBLO busca y necesita ser sometido. 
  4. EL PUEBLO es tan intolerante como LA VOZ. 
  5. El ejercicio preeminente de LA VOZ es afirmar, repetir y contagiar. 

¿Qué le exige LA VOZ al PUEBLO delirante en esos días tempranos de 1959? Lealtad y sacrificio revolucionario. EL PUEBLO aplaude y vitorea ese nuevo yugo.

LA VOZ le sirve al PUEBLO la miseria en bandeja de plata. Bastan dos años para que el castrismo aniquile las fuentes de bienestar de la nación.

EL PUEBLO acepta y le permite al castrismo montar una “economía de guerra”, que no es más que la guerra contra la economía.[iii]

Sin imperialismo no hay Revolución.

Toda revolución alberga enemigos, pero no es tan obvio que la Revolución castrista exigiera con tanta urgencia un enemigo perenne. Ya para septiembre de 1960 LA VOZ lo revela:

“El enemigo imperialista es taimado, es artero, el enemigo imperialista es capaz de lo más inimaginable, desde el asesinato de dirigentes hasta invasiones militares (…) siempre buscando la mano asesina”.

Si el imperialismo (antítesis de la revolución hecha carne) desapareciera, el propósito de subsistir de la revolución terminaría con aquél. Parece absurdo, pero notemos que la estrategia castrista es hacer a la revolución dependiente del todopoder imperialista.

En su discurso de enero de 1961 LA VOZ lo presenta sin ambages:
“El combate es lo que hace fuerte a las revoluciones; las amenazas de invasión extranjera que ha sufrido nuestro país han hecho más fuerte a la Revolución. Las revoluciones necesitan luchar (…) ¡necesitan tener delante un enemigo!” (APLAUSOS). 
Lo que LA VOZ oculta es que esta perenne lucha de contrarios entre la revolución (tesis) y el imperialismo (antítesis), tiene como síntesis la miseria. 

EL PUEBLO acepta automáticamente que sin la lucha antimperialista la Revolución peligraría -y con ella LA VOZ, ronca de gritar sus magnas alocuciones-, su luenga barba negra, su boina verde olivo. Cesaría el ritual semanal de plazas y masas, cesarían las concentraciones multitudinarias, y el delirio extático y sicalíptico con LA VOZ.

El enemigo interno y LA CULPA.

El castrismo lanza su segundo enemigo el 2 de enero de 1961:
“Los gusanos han llegado a creerse que algún día sus amos imperiales los pondrán aquí otra vez (…) los gusanos no pueden vivir sino de la pudrición (…) en el medio corrompido en que vivía nuestro pueblo antes ese día luminoso del 1ro de enero de 1959” (APLAUSOS). 
Contra el dios Jano enemigo (uno externo y poderoso, otro interno y sometido), LA VOZ anuncia la represión que se avecina. EL PUEBLO genuflexo le entrega todo el poder a LA VOZ, como si esa fuese la única opción posible.

La historia oculta de la Revolución es que el castrismo perduró aquellos años exterminando a una generación de jóvenes, muchos de los cuales lucharon por esa misma revolución. No lo imaginaban, o lo intuían, pero no podían creerlo.

La lista de fusilados del castrismose estima en 5775 personas, con 1116 ejecutados extrajudicialmente. Súmele a lo anterior, la cifra de 60.000 presos políticos.[iv]Durante aquellos efervescentes años revolucionarios, el castrismo libraba una lucha campal y secreta.

En su ensayo “El problema económico del masoquismo”, Sigmund Freud presenta el concepto de “masoquismo moral”. El masoquismo, como fase “enigmática” de la psiquis, revela “una conciencia de culpa como expresión de una tensión entre el ego y el superego”.

Para los efectos de mi análisis, llevemos ese masoquismo de la psiquis a la sociedad. Sustituiremos el ego freudiano por EL PUEBLO y el superego por LA VOZ. La conciencia de LA CULPA aparecerá en breve.

El raro fenómeno de la inmediata aceptación del castrismo se explicaría como un masoquismo generalizado, producto de la neurosis colectiva del PUEBLO frente a la represión de su historia.

La miseria es fundamental en este fenómeno, porque deviene la única opción posible de supervivencia frente al imperialismo. Ya lo dice LA VOZ:
“Sin la lucha del imperialismo contra nuestra Revolución, nuestro país no tendría el menor problema, esta sería la tierra más feliz del mundo”.
ELPUEBLO acepta la miseria como castigo por su CULPA histórica.

¿Cuál CULPA?

El proyecto fundacional e histórico de la república nació torcido.

LA VOZ lo declara:
“De la colonia española pasamos a la intervención yanqui y de la intervención yanqui a la república mediatizada, y de la república mediatizada a la corrupción generalizada. Los partidos políticos tradicionales, bajo la tutela del imperialismo yanqui, y con derecho institucionalizado a intervenir, se dieron a la más ingloriosa tarea: destruir el espíritu patriótico y revolucionario de nuestro pueblo”. 
¿No atisba EL PUEBLO que esa historia es intrínsecamente EL PUEBLO mismo?

LA CULPA solo puede expiarse con el sacrificio revolucionario.

LA VOZ no cesa de repetirlo: ser libres entraña un sacrificio constante:
“¡Los sacrificios que se han hecho pertenecen a la patria y pertenecen a la historia! Aquí lo que hay que hacer es trabajar y cumplir con el deber mientras tengamos energías y mientras tengamos vida (…) los sacrificios no han sido en vano, que nos cabe la honra de hacer útil la sangre derramada, no solo por los hombres de esta era, sino por las generaciones anteriores que nunca vieron convertidos en realidad sus sueños” (APLAUSOS). 
Pero el sacrificio que LA VOZ le exige al PUEBLO ahora es tan inesperado como demoledor.

Breve dietario de la miseria del castrismo.

Desde los primeros meses de 1960 el castrismo instaura al pie de la letra el Manifiesto de la Miseria de Marx y Engels.

Las leyes 890 y 891, del 13 de octubre de 1960, corresponden al desmantelamiento de la propiedad privada en Cuba, medidas sin parangón en la historia de la América Latina en el siglo XX.

Se nacionalizan 166 empresas norteamericanas, y casi 200 compañías cubanas en todos los renglones:

  • centrales azucareros, 
  • muelles,
  • almacenes,
  • molinos,
  • destilerías,
  • minería,
  • fábricas de productos químicos, 
  • cerveceras,
  • textilerías,
  • fábricas de jabón, 
  • bancos,
  • cines,
  • ferrocarriles,
  • empresas de construcción, 
  • tiendas por departamentos,
  • periódicos,
  • estaciones de televisión y radio, etc. 

Es un golpe demoledor contra las fuerzas productivas de la nación.

¿Cuál fue la reacción del PUEBLO durante esta jornada fatídica de 1960?

Es duro decirlo: El contubernio.

El paredón y la ergástula quedaban para los gusanos.

La ofensiva revolucionaria de 1968.

La segunda etapa -más absurda y difícil de sostener ideológicamente- corresponde a la llamada “ofensiva de revolucionaria”, donde se intervienen más de 55.636 pequeños negocios, equivalentes al 33% de la economía del país.

Hablamos de lo que LA VOZ llamaba despectivamente “timbiriches”:

  • la bodega de la cuadra, 
  • la ferretería, 
  • la fritera de esquina, 
  • el puestecito de ostiones de la parada de guaguas, 
  • el pastelero con su caja al hombro gritando “pastelito de guayaba”, 
  • el zapatero, 
  • el limpiabotas.  

¿Qué explica esa política autodestructiva del castrismo?

Evidentemente, los pequeños negocios, lejos de constituir un peligro para la Revolución, mantenían a flote la descalabrada e ineficiente economía socialista. La máquina ideológica había tomado por asalto lo poco que quedaba de una economía en crisis.

LA VOZ, con toda naturalidad, lanza ideas insensatas:
“Si se admite que el hombre es incorregible en su egoísmo individual, si se admite que el hombre es incapaz de desarrollar la conciencia, entonces los economistas tendrán razón: la Revolución irá al fracaso y se enfrentará a las leyes de la economía”.  
Remachemos este absurdo: Con el egoísmo individual la Revolución fracasa. A lo que EL PUEBLO, ya se sabe, responderá: ¡Jamás!

¿Hasta qué punto es racional seguir pidiéndole sacrificios al PUEBLO con una economía hecha pedazos?

Como siempre, LA VOZ recurre a su único aliado: LA CULPA.

No pasemos por alto que la ofensiva revolucionaria de 1968 constituye el proceso más brutal de purificación ideológica de la historia del castrismo.[v]

Lo que sucede es que, para entonces, a nueve años del triunfo, el castrismo ha chocado cara a cara con el incorregible problema del enriquecimiento del individuo. La Revolución castrista, autoproclamada hija del “marxismo-leninismo”, no podría traicionar al abuelo Marx en su Contribución a la crítica de la economía política.

El trabajo del hombre no deberá exceder jamás el usufructo necesario para su mínima supervivencia. Más allá de esto, el trabajo, definido como tal, desaparece y surge su clon perverso: el enriquecimiento. Y todo enriquecimiento es “ilícito”, pues resulta invariablemente como una forma de explotación del trabajo del otro (la plusvalía marxista).

A partir de ahora nadie que “trabaje” podrá enriquecerse, a no ser que robe.

De hecho, LA VOZ procede a explicarlo en un patético fragmento que merece ser citado en su totalidad:
“El hombre educado en el capitalismo en medio del más feroz egoísmo, es enemigo de los demás hombres, como lobo de los demás hombres. Desde que con la ofensiva revolucionaria hasta los timbiriches más pequeños desaparecieron y se acabaron los negocios particulares, ya el dinero no se puede utilizar como medio de enriquecimiento. Un individuo que ponía un timbiriche, compraba veinte pesos de pan y de otras cosas en las tiendas o en bolsa negra y vendía cincuenta, sesenta o setenta pesos de mercancías. Cuando la Revolución suprimió los negocios privados dio un extraordinario paso de avance. Ya no hay nadie en nuestro país que se pueda ganar 100 pesos en un día.  Es decir, ya no hay nadie que pueda ganar 30 veces lo que gana un obrero trabajando duramente. No hay nadie que sin sudar la camisa pueda ganar 30 veces más que el que suda la camisa”.
La ofensiva revolucionaria conlleva dos partes: La “ruralización” de La Habana y, más tarde, la “Ley contra la vagancia”.

El castigo castrista contra La Habana fue abandonarla. No se trata de un accidente: es un designio. Sin mantenimiento urbanístico alguno, la capital se va derrumbando poco a poco, hasta llegar al estado de ruina actual.

LA VOZ es franca en su desprecio a La Habana:
“La población de la Ciudad de La Habana se redimirá de esa especie de colonización a la que tenía sometido al resto del país. Porque La Habana más que la capital de Cuba era la metrópoli de Cuba; y ahora La Habana podrá ser la capital, pero no la metrópoli, porque dejará de ser una carga”. 
La ruralización de la capital comienza con movilizaciones masivas de la fuerza laboral de las industrias hacia el campo, al llamado “Cordón de La Habana”. La meta es convertir la ciudad en una especie de centro gigantesco de producción agrícola. Decenas de miles de personas son volcadas a las llamadas “tareas agrícolas” de siembra de café, recogida de viandas o limpieza de arbustos.[vi]

Le sigue la Ley 1231, llamada “Ley contra la vagancia”, el 15 de marzo de 1971 (llamado “Año de la Productividad”). Conlleva la reconcentración de 218.000 adultos para las tareas de producción de trabajo forzado.

Con una economía destruida por la intransigencia y la ineptitud, ¿no se hace claro que el trabajo forzado y el trabajo voluntario promulgados por el castrismo durante la ofensiva revolucionaria no eran formas de producción, sino mecanismos de coacción y control a gran escala?[vii]

El bloqueo como garantía de la Revolución.

LA VOZ hizo responsable al bloqueo imperialista de todos los problemas y fracasos económicos del castrismo. Es la coartada perfecta. Lo que nunca dijo es que el bloqueo había sido inducido por el propio castrismo.

Inducir y declarar son dos caras de la misma moneda: una manifiesta, la otra ratifica. Al imperialismo le interesaba recuperar la riqueza incautada, al castrismo le interesaba instaurar la miseria permanente. Dígase claramente: el bloqueo es el salvavidas de la Revolución.

LA VOZ lo declara sin ambages:
“Algunos pretenden que se quite el bloqueo a cambio de que capitulemos, a cambio de que renunciemos a nuestros principios políticos, de que renunciemos al socialismo y a nuestras formas democráticas” (EXCLAMACIONES DE: “¡Nunca!”). 
Obsérvese con cuidado esta aludida no capitulación propuesta por LA VOZ: renunciar nunca…, ¿a qué?, ¿al socialismo o al bloqueo?

La miseria castrista es una variable tenaz y oculta, porque nace de un protocolo funesto entre LA VOZ y EL PUEBLO. Dicho casi al compás de LA VOZ: Con un mínimo de riqueza, el castrismo desaparecería.

¿No lo vio venir acaso EL PUEBLO?

Tan temprano como en febrero de 1959, en un país rico y aún capitalista, LA VOZ disputaba abiertamente el valor del dinero: “¿Para qué más dinero? Lo que tenemos es que tratar de que los que ganen mucho ganen menos y que todo el mundo gane más”.

Mejor dicho, LA VOZ siempre aborreció el dinero:
“Hemos estado viendo aquí el efecto del dinero, cómo el dinero le permite al hombre el acceso a la riqueza (…) desgraciadamente nosotros no podemos prescindir del dinero, pero algún día, si queremos llegar al comunismo, prescindiremos del dinero” (APLAUSOS). 
En una Revolución construida bajo la premisa del trabajo asalariado, ¿ha habido alguna ventaja salarial bajo el castrismo que le permita al ciudadano vivir por encima del día a día? ¿Se menciona alguna vez la palabra “riqueza” fuera del impositivo revolucionario?

Dejemos que LA VOZ contextualice:
“Tire a un lado el trabajo voluntario, tire a un lado la conciencia, trate de resolverlo todo con el dinero, y tendremos Miami, no La Habana; tendremos el capitalismo, no tendremos jamás el socialismo, y ni soñar siquiera en el comunismo”. 
¿Por qué es la miseria la razón de ser del castrismo? La pregunta pende del presente como un absurdo despiadado y a la vez necesario.

Notas:

[i]https://patriademarti.com/articulos-y-ensayos/1199-la-republica-de-cuba-y-su-desempeno-economico-1902-1958, Alfredo Gómez Llorens, consultado, agosto 14, 2019.

[ii]Michael P. McGuigan: Fulgencio Batista’s Economic Policies, 1952-1958, Disertación doctoral (Universidad de Miami, agosto, 2012).

[iii]“Economía de guerra” es el apodo que recibe el plan de colectivización comunista puesto en práctica por Lenin entre 1918-1921 y que destruyó la economía soviética. En solo tres años, para 1921, la producción industrial en la URSS era equivalente a una quinta parte del nivel anterior a 1917. La inflación descontrolada hizo que el papel moneda no tuviera valor, por lo que el gobierno recurrió al intercambio de bienes y servicios sin el uso del dinero. La crisis económica se extendió del campo a la ciudad, dando como resultado numerosas huelgas y protestas que culminaron con la Rebelión de Kronshtadt. A partir de este revés Lenin instaura una nueva política económica (la llamada NEP).

[iv]En 1967, cuando se cerró el antes llamado Presidio Modelo de Isla de Pinos sus registros indicaban que desde 1959 más de 13 000 cubanos habían estado recluidos allí. En La Cabaña, la cifra se elevaba por esa época a 3000 y otros tantos fueron internados en El Príncipe. Para los años 80 la población penal de la prisión de Ariza en Cienfuegos oscilaba entre 2000 y 2500. Se calcula que para fines de los años 60 la cifra de los prisioneros políticos pasó de 60 000 reclusos.  http://www.cubancenter.org/uploads/40years09.html, Efrén Córdova, consultado, agosto 14, 2019.

[v]El proceso de “purificación” contra el llamado “desviacionismo ideológico” invade toda la sociedad cubana, desde la economía hasta la cultura. Sobreviene un cambio radical en la gestión económica entre las empresas estatales que bautizan con el nombre “lucha contra el burocratismo”. Se cierran bancos, se elimina el pago de los intereses, incluso las cuentas de ahorro, que son calificados como “reminiscencias del pasado”. Aquí entra un nuevo programa de priorización del llamado “trabajo voluntario”, forma de trabajo forzado en la que la población es obligada a realizar labores agrícolas en planes como “El Cordón de La Habana”. En las fábricas que quedaron funcionando se implantaron “horarios de conciencia” de más de 8 horas y las “jornadas guerrilleras” de varios días consecutivos, en la mayoría de los casos desorganizadas e improductivas.

https://www.cubaencuentro.com/cuba/articulos/la-ofensiva-revolucionaria-de-1968-44-anos-despues-275328, consultado, agosto 14, 2019. Recomiendo este artículo de Oscar Espinosa Chepe, “La ofensiva revolucionaria de 1968, 4 años después”.

[vi]El Cordón echó a andar el 17 de abril de 1968 con un Puesto de Mando similar a la de las Fuerzas Armadas, desde donde se impartían las órdenes, así como una estación radial: Radio Cordón de La Habana, y un boletín de papel: Noti-Cordón. Se habían sembrado ya 908 389 árboles frutales; 39.400.613 matas de café, 13.793.110 matas de gandul y 2.612.913 de plantas forestales. El proyectó fracasó cuando se descubrió que las plantas de café no progresaban debido a la plantación paralela de otra planta de crecimiento extremamente rápido, el gandul, destinada a darle sombra a la plantación, pero que absorbía todo el oxígeno de la tierra y mataba al cafeto. https://www.telemundo.com/noticias/2016/11/26/proyectos-fracasados-de-fidel-castro, consultado agosto 14, 2019.

[vii]Según el ministerio del Trabajo, la ley comprendía: 1) la erradicación total del sector privado; 2) la creación de un registro personal para cada trabajador; 3) un censo de población. La ley se aplicaba a todos los adultos entre 15-60 años. La persona que faltara 15 días al centro laboral sería amonestada por el consejo laboral. De continuar el comportamiento, la persona sería clasificada en “estado pre-criminal de holgazanería”. La sanción, desde arresto domiciliario hasta detención en un centro de rehabilitación de trabajo forzado en la agricultura con un máximo de 2 años, se hacía aplicable. La ley además autorizó la pena de muerte en casos de “sabotaje económico”. La ley contra la vagancia fue derogada en 1979. Véase, Manuel Castro Fomento, La obra de la Revolución Cubana: Aspectos relevantes entre 1952-2016(Ibukku, 2017).
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