miércoles, 30 de junio de 2021

El gran robo de Fidel Castro a los cubanos sigue en pie (1961-2021).

Por Emilio Morales.

Titulares de prensa a inicios de la revolución.

Al analizar los últimos acontecimientos económicos en Cuba -específicamente la prohibición de depositar dólares norteamericanos en efectivo en cuentas bancarias y la aprobación de pequeñas y medianas empresas que puedan operar en un número muy limitado de actividades-, vale la pena echar una mirada a los diarios cubanos que circulaban durante los primeros años de la revolución y a sus titulares, tan parecidos a los de ahora.

La prensa cubana de aquella época atesora una información histórica que da fe, paso a paso, de los rápidos y graduales movimientos ejecutados por Fidel Castro para robarse todo un país. Lo que actualmente hacen sus sucesores no es nada diferente.

En los primeros 24 meses tras la llegada de Castro a La Habana, los titulares de la gran prensa comenzaban a anunciar el martirio que caería sobre los cubanos y que ha durado más de seis décadas.

En los primeros días de enero de 1959, Fidel Castro declaraba: "Locos los que crean que vamos a nacionalizar las Industrias".

Un par de meses más tarde, el 18 de abril de 1959, según reseñaba el Diario de la Marina, Fidel Castro declaraba que el comunismo no tenía ninguna posibilidad de éxito. Con esa frase, escondía lo que vendría un año después: la nacionalización forzosa de la banca y las principales empresas del país.

El golpe fue demoledor, bajo el amparo de las leyes 890 y 891, el 13 de octubre de 1960 se ejecutaba la expropiación de la propiedad privada cubana, lo que incluía a las mayores empresas del país y a toda la banca.

De esta forma, Fidel Castro comenzaba el desmantelamiento de una estructura empresarial construida exitosamente en la Isla durante varias décadas, de la mano de los propios cubanos y de la inversión extranjera. Ambas leyes desataron la ira de miles de ciudadanos que se sintieron traicionados y defraudados por Castro. La nacionalización fue brutal, a punta de pistola. Muchos trataron de rebelarse y terminaron fusilados, otros fueron condenados a penas de 20 y 30 años de cárcel, y el resto emigró al exilio como pudo, sin un peso en el bolsillo. Varios de los que no pudieron irse se suicidaron al perderlo todo, impotentes ante la barbarie. Ninguno de los expropiados fue compensado, incluidas las empresas extranjeras. El robo se hizo con la misma impunidad con que la cúpula militar mafiosa que hoy detenta el poder se apropia de las remesas que envían los exiliados y arrebata los dólares guardados bajo el colchón a una población marginada y privada de sus elementales derechos ciudadanos.

En agosto de 1961, el Gobierno revolucionario continuó su trabajo de depredador voraz y dictó las leyes 963/61 y 964/61. El objetivo era controlar el dinero circulante y desfalcar de una vez por todas a los cubanos. El nuevo decreto fue una operación de cambio de billetes. A partir de ese momento la moneda nacional perdía su valor fuera de las fronteras y todos los cubanos se convertían en pobres, con excepción de la nueva elite mafiosa, instalada en el poder a toda prisa.

Para ejecutar el canje de moneda, la ley 964/61 establecía lo siguiente:

Las personas naturales que acudieran a cuentas abiertas para realizar el canje portando más de 200 pesos, hasta la suma de 1.000 pesos, los obtendrían de inmediato. El resto, hasta los 10.000 pesos, quedaría depositado en una cuenta especial, de la cual su titular solo podría extraer 100 pesos mensuales. El exceso del depósito inicial de 10.000 pesos quedaba sin valor canjeable; o sea, se perdía esta cantidad.

A las personas jurídicas privadas, una vez demostrada documentalmente su condición de industrial o de comerciante, se les canjeó de inmediato hasta la suma de 5.000 pesos. El resto, hasta los 10.000 pesos, quedaría depositado en una cuenta especial de ahorro, de la cual su titular solo podría extraer 100 mensuales. El exceso del depósito inicial de los 10.000 pesos quedaba sin valor canjeable. Es decir, no era lícito ni permitido el cambio de más de 10.000 pesos por persona alguna.

En ese momento circulaban en el país 1.187 millones de pesos, de los que 724 millones se presentaron a canje. La diferencia fue de 463 millones. Al finalizar el canje, la circulación monetaria disminuyó en 709 millones de pesos. El dinero desvalorizado que arribó a La Habana en unos 30 camiones fue incinerado.

En apenas dos años, el dictador se hizo de los sectores estratégicos de la economía del país. Dejó sin dinero a las empresas y a las personas, y se apropió de toda la banca. De esta forma, desapareció la columna vertebral de la empresa privada nacional.

Posteriormente, Castro barrería con los pequeños negocios. El 13 de marzo de 1968 su Gobierno lanzó la llamada Ofensiva Revolucionaria y se apoderó de los últimos 57.280 pequeños negocios que quedaban en el país. La "moralidad burguesa" había que desaparecerla. Para ese entonces, en el país solo quedó una clase social: la de la pobreza igualitaria.

En su paso arrollador, al dictador no le bastó con demoler la clase media, apropiarse de las empresas y reprimir a todo aquel que se opusiera a sus medidas. También nacionalizó la radio, la televisión y todos los diarios y revistas del país, disolvió los partidos políticos y persiguió a todos los opositores, hasta lograr la prevalencia hasta nuestros días del Partido Comunista de Cuba (PCC).

62 años después continúa el mismo modus operandi.

Recordar lo sucedido es un buen ejercicio para comprender lo que acontece en Cuba 62 años después. En realidad, no ha cambiado absolutamente nada: los ciudadanos siguen marginados por el Gobierno, sin poder generar riquezas ni expresarse libremente.

Es inobjetable que el régimen, al pasar de los años, ha involucionado como sistema. Sin embargo, en su metamorfosis para sobrevivir y mantenerse en el poder, sofistica los mecanismos de vejación y sometimiento de los ciudadanos. Hoy se adapta a las nuevas circunstancias y tecnologías. Ya no fusila a los opositores, sino que los apresa en sus casas. Ya no confisca empresas, ahora da licencias para trabajar por cuenta propia de forma restringida. También cambia la moneda a conveniencia, te obliga a abrir cuentas en dólares aun cuando los salarios son en pesos. Te obliga a depositar en las cuentas en dólares cualquier divisa que no sea dólar para cobrarte un canje de moneda y disminuir tu poder adquisitivo. Las tiendas minoristas propiedad de los militares y los servicios de telefonía celular son en dólares, no en pesos. Los ciudadanos están obligados a comprar en dichas tiendas para cubrir sus necesidades elementales de alimentación, aseo personal e higiene. En fin, el régimen ha diseñado un país para ser mantenido desde afuera por quienes escapan en busca de un futuro mejor, por quienes se atreven a emprender una nueva vida.

Y así, aun cuando logras huir del martirio, no dejas de ser rehén de la dictadura, pues sigues siendo víctima de la separación familiar. Parte de las riquezas que eres capaz de generar en un país con libertad va a parar a manos de tus secuestradores. Pues la ayuda financiera que envías mensualmente a tus seres queridos nunca llega a sus manos, sino que queda varada en una cuenta bancaria en un tercer país para ser usada posteriormente, ya sea para lavar capital y convertirla en activo, construyendo nuevos hoteles en tierras nacionalizadas y robadas en 1959, o para multiplicarla cuando compran el pollo que posteriormente venden en las tiendas en dólares de las que son dueños, a un precio siete veces superior a su costo de adquisición.

Conclusiones.

La masacre financiera implementada hace uno días por el régimen cubano de obligar a los ciudadanos a depositar en cuenta los dólares que tienen bajo el colchón en un plazo de diez días, no difiere en nada de la ocurrida a comienzos de la revolución, cuando todo se nacionalizó sin compensación alguna, las autoridades se apoderaron del país y cambiaron la moneda.

La crisis económica que hoy atraviesa el sistema, y que se expresa en una economía en bancarrota, de empresas ineficientes, con una deuda externa galopante, sin liquidez de divisas en los bancos, con las exportaciones en total declive, sin turismo y la pandemia desbocada, ha hecho desempolvar al régimen el viejo manual para apretar al pueblo y robarle nuevamente sus pocos ahorros.

En medio de este escenario, el régimen anuncia que aprueba la apertura de pequeñas y medianas empresas en un ámbito muy restringido. En su delirante movimiento, ¿pensarán las autoridades que habrá algún desquiciado que se lance a invertir en un mercado donde el Estado se comporta como un matarife para arrebatarte los dólares? ¿Habrá algún iluminado que se atreva a invertir en un país en el que cada dólar que se deposite en una cuenta se evapora a la velocidad de la luz y se convierte en un peso que no sirve en ninguna parte del mundo?

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