sábado, 18 de septiembre de 2021

Los grandes errores del “Comandante en Jefe”.

Por Tania Díaz Castro.

Fidel Castro en el inicio de la zafra de los 10 millones de toneladas de azúcar 1969-1970

Los líderes comunistas de Cuba aún no se ponen de acuerdo en decir por qué ocurrió el Período Especial: si fue a partir de 1959 cuando Fidel Castro cometió el gran error de no dejar títere con cabeza, acabando con los pequeños propietarios y poniéndolo todo en manos del Estado; o después, con la caída de la URSS, lo que acentuó la consabida ineficiencia del modelo cubano. 

El profesor de economía Archibald Ritter, de la Universidad de Carleton, en Ottawa, Canadá, analizó a finales de 2010, dos años después de la llegada al poder de Raúl Castro, el gran error que el “Comandante” cometió a su llegada a La Habana en 1959 con respecto a la industrialización instantánea, ya que esto requería de importación de maquinaria y equipos, materias primas, bienes intermedios, personal calificado y equipos de reparación y mantenimiento. 

Fidel Castro ignoró el sector azucarero, ocasionando que la zafra, entonces de 6,7 millones de toneladas de azúcar en 1961, fuera de 3,8 millones en 1963;y dando como resultado que Cuba se volviera más dependiente que nunca de la Unión Soviética.

Un poco después, cerca ya de 1970, cometió otro gran error: se le ocurrió la meta de los 10 millones de toneladas de azúcar, convirtiendo esa idea en una preocupación dominante en “defensa de su honor, su prestigio, la seguridad y la confianza en sí mismo”, como la gran campaña militar que nunca había librado.

Otro de sus grandes errores está en el invento del sistema financiero presupuestado, que no es otra cosa que empresas que operan sin autonomía financiera y sin contabilidad, sin recibir ingresos por las ventas de su producción ni pagar por sus insumos con tales ingresos. Con relación a este invento, el mismo Castro dijo el 7 de diciembre de 1970: “¿Qué es este pozo sin fondo que se traga los recursos humanos de este país, su riqueza, los bienes materiales que tanto necesitamos? No es otra cosa que ineficiencia, improductividad y baja productividad”. 

La lista de errores es larga, según Ritter. Un análisis breve de ellos arroja que se agravaron a partir de 1968, cuando el régimen expropió la mayor parte de las pequeñas empresas privadas que quedaban, tras llamarlas “capitalistas”. De esa forma, las empresas fueron empujadas a la economía subterránea y el robo y las ilegalidades se convirtieron en algo normal hasta ahora.

Varias décadas después el “Comandante en Jefe” decidió que no había futuro con el azúcar. Eliminó una gran parte de las tierras sembradas de caña y se deshizo de unos 100 000 trabajadores, sin pensar que los precios del azúcar aumentarían un poco después, cuando ya los bateyes estaban convertidos en pueblos fantasmas.

Otro de los grandes errores que señala Ritter es el medio siglo de controles monetarios sin convertibilidad por el cual responsabiliza al Che Guevara, entonces presidente del Banco Nacional de Cuba, y al propio Fidel Castro. 

Cabe aquí una pregunta imprescindible: ¿Tiene en realidad autoridad política suficiente el presidente Díaz-Canel, además de valor y amor por Cuba, para rectificar los errores de su maestro y guía? ¿O lo tienen quienes mandan en Cuba tras bambalinas, es decir, Raúl Castro y su vieja guardia militar?

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