lunes, 6 de septiembre de 2021

Nuevo ministerio castrista, un híbrido nazi-orwelliano.

Por Roberto Álvarez Quiñones.

Represión contra Ramón Esponosa, fotógrafo de AP. La Habana, 11 de julio de 2021

Nicolás Maquiavelo sostenía que "gobernar es hacer creer", Joseph Goebbels aseguraba que "una mentira repetida mil veces puede convertirse en verdad", y el filósofo estadounidense William James, a principios de siglo XX, afirmaba: "solo es verdad lo que me es útil".

El célebre florentino, padre de la ciencia política moderna, en El Príncipe (1532) mostró teóricamente cómo se miente desde el poder, o cuando se aspira al poder. Goebbels, el ministro de Propaganda de la Alemania hitleriana mostró con su maquinaria para mentir y distorsionar la realidad cómo lo falso se imponía sobre la verdad en gran parte del pueblo alemán. Y James llevó el cinismo pragmático a niveles alucinantes.

Pues bien, en esos tres "principios" morales, éticos y políticos se sustentará el Instituto de Información y Comunicación Social (IICS) que a fines de este mes será instalado en Cuba con rango de ministerio, según el Decreto-Ley 41, del 24 de agosto último.

Y así mismo, ya sin tapujos, lo reconoció Miguel Díaz-Canel. Al referirse al IICS en una reciente reunión con un grupo de periodistas en La Habana,  prácticamente citando a James, sentenció: "La verdad tendrá que ser dicha del modo más inteligente y en el momento propicio, midiendo beneficios y costos".

O sea, el nuevo ministerio por orden del "presidente" designado se basará en que solo es verdad lo que es útil a la dictadura, y en mentir todo el tiempo para mantenerse en el poder.

Aunque esta misma fue la política que adoptó Fidel Castro cuando al tomar el poder montó su enorme maquinaria de propaganda y lavado de cerebro, la diferencia es que siempre fue disimulada, hasta el 11 de julio de 2021, en que Castro II constató que el pueblo rechaza indignado ese discurso mentiroso y de promesas que nunca se cumplirán.

Al Departamento Ideológico se le fue de las manos internet.

El Departamento Ideológico (DI) del Partido Comunista durante décadas ha controlado y dirigido los medios y la "política cultural" del castrismo. Pero sin dar la cara, porque no es un aparato del Estado. Con internet, las nuevas tecnologías comunicacionales y las redes sociales, se le fue de las manos el monopolio que tenía sobre qué pueden o no saber y comentar los cubanos y comunicarse entre ellos.

Por eso ahora la mafia gobernante se quita la careta, acelera el carácter fascistoide del régimen con decretos-leyes, entre ellos este que da a luz una especie de híbrido del Ministerio de Propaganda de los nazis y el Ministerio de la Verdad de la novela 1984 de George Orwell.

Porque eso es el IICS. Tiene oficialmente la "misión de conducir y controlar la Política de la Comunicación Social del Estado y el Gobierno cubano; proponer su perfeccionamiento, así como contribuir a fomentar la cultura del diálogo y el consenso en la sociedad cubana". ¿En qué país libre de este mundo el Estado conduce y controla los medios?

Uno de los poquísimos Ministerio de Propaganda en Occidente.

El IICS asume las funciones del Instituto Cubano de Radio y TV (ICRT) y va más lejos. Es uno de los pocos ministerios de Propaganda que ha se han conocido en Occidente, todos dictatoriales, luego del que dirigió Goebbels en la Alemania fascista. Claro, muy bien adecuado a la era de internet y las telecomunicaciones satelitales.

El IICS se encargará de amordazar, censurar, o encarcelar a quienes osen decir la verdad y lo que piensan en las redes sociales, critiquen la dictadura, o se comuniquen y se expresen libremente con otras personas.

Es de hecho una fusión del ICRT con el DI. Por sus características tiene enorme similitud con el Ministerio de Propaganda de la Alemania nazi, creado poco después que Hitler tomó el poder en 1933 y que fue la institución del Estado fascista encargada de controlar y dirigir la prensa, la literatura, el arte visual, el cine, el teatro, la música y la radiodifusión. De manera que cualquier parecido con el IICS no es pura coincidencia.

Este nuevo organismo central del castrismo es además una réplica, y no ficticia, del Ministerio de la Verdad, uno de los cuatro ministerios en la novela 1984 cuyos nombres significan todo lo contrario. El Ministerio de la Paz se ocupa de la guerra; el Ministerio del Amor, de las torturas; el Ministerio de la Abundancia, del hambre y la inanición; y el Ministerio de la Verdad, de la mentira y prohibición de la libertad de expresión.

A la cúpula castrista ya no le importa mostrarse desnuda: anticubana y con mucho de fascismo. Lo que le importa es reprimir y controlar la sociedad para mantenerse en el poder el tiempo que le sea posible.  El horno no está para galleticas luego de la monumental rebelión popular nacional al grito de "Libertad", "Abajo la dictadura", "Abajo el comunismo". Y ahora hay que gritar también "Abajo el fascismo". ? 

Días antes del anuncio del IICS, con el Decreto-Ley 35 se criminalizó la libre expresión en los medios y las redes sociales. El pretexto bien pudo haberlo formulado Goebbels: evitar "la divulgación de noticias falsas" y el "ciberterrorismo".

Castro II,  la burocracia y los esbirros que presiden Díaz-Canel y el general Alvaro López Miera, respectivamente, acentúan el carácter represivo del régimen convencidos de que ni EEUU ni nadie en el mundo lo va a impedir. Y menos luego del desastre de Washington en Afganistán.

La UPEC se hunde más en el fango antipatriótico.

El colmo es que el presidente de la Unión de Periodistas de Cuba (UPEC), Ricardo Ronquillo, viejo oficial de inteligencia del MININT, que de oficio debiera objetar la fascistización de los medios en Cuba, es uno de los más vehementes defensores de este ministerio supresor de la libertad de expresión.

Ronquillo escribió en Facebook: "El Instituto abre ahora la posibilidad de construir un sistema de prensa que no se ha construido en el mundo (…) que se convierta verdaderamente en parte de los mecanismos de control social y popular (…) ese tiene que ser uno de los horizontes principales del nuevo instituto".

Y lamentó que haya quienes defiendan el surgimiento de un "sistema paralelo que ha ido creciendo a veces con financiamiento de EEUU en Cuba", en referencia a la prensa independiente, la verdadera prensa cubana, la legítima, la que no se arrastra vergonzosamente ante la dictadura, y gracias a la cual los cubanos y el mundo algún día podrán conocer las entrañas de la más devastadora tiranía en la historia de América.

No obstante, pese a todo, los jerarcas castristas tienen miedo y no es una suposición. Una reportera de la TV, Cristina Escobar, en la reunión mencionada de periodistas con Díaz-Canel, al quejarse de que la TV no fue autorizada a cubrir las manifestaciones del 11 de julio dijo: "La orientación fue defender el edificio y no salir a la calle, nuestras cámaras no salieron y la narrativa la ponen ellos".  Alguien debió preguntarle: "¿Defenderlo de quién?"

Esa periodista no fue capaz de percatarse de que los dirigentes castristas tenían pánico y que ya veían al pueblo asaltando los edificios públicos, y que si la TV cubría aquellas enormes manifestaciones rápidamente iba a haber millones de cubanos en las calles, y ellos estarían perdidos.

Conclusión:  con sus decretos fascistoides y orwellianos, el 35 y el 45, el castrismo impone de forma ya institucional y desembozada como Estado, y no de forma encubierta como hasta ahora, la criminalización del principio que enarbolaba José Martí: "La palabra no es para encubrir la verdad, sino para decirla".

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