viernes, 1 de marzo de 2024

El castrismo pide ayuda al Programa Mundial de Alimentos.

Por René Gómez Manzano.

Bodega en Batabanó.

En medio del increíble despeñamiento que sufre Cuba desde hace años, no asombra que se vean como normales situaciones que en realidad son excepcionales y deberían catalogarse como tales. Se trata de que sufrimos lo que creo que pudiéramos denominar “cotidianidad de la miseria”.

Es lo que sucede, por ejemplo, con los pormenorizados informes diarios sobre la situación electroenergética. En cualquier país medianamente racional, es normal que haya fluido eléctrico; el tema se convierte en noticia cuando, de manera excepcional, se produce un apagón. En Cuba, la propaganda castrocomunista pretende hacer lo contrario: convertir en noticia el simple suministro (aunque sea malo e intermitente) de corriente.

Esta consideración viene al caso porque hace unas horas trascendió una noticia que debería provocar asombro y aun indignación en el seno de la ciudadanía, pero que, en medio de la situación calamitosa imperante, algunos tienden a ver como un necesario y justo apoyo. Me refiero a la solicitud dirigida por el régimen cubano al Programa Mundial de Alimentos de la ONU (PMA) para poder satisfacer las esmirriadas cuoticas de leche racionada que, según las normas establecidas, deberían de ser entregadas para los niños.

El PMA.

Una somera búsqueda en el sitio-web del PMA (wfp.org), nos informa que sus miembros se jactan de catalogarla como “la organización humanitaria más grande del mundo”. También señalan su razón de ser y el sentido de su labor: “Llevamos alimentos que salvan vidas a las personas desplazadas por los conflictos y empobrecidas por los desastres”.

Una sección concreta del portal nos dirige hacia países específicos que confrontan emergencias alimentarias. Figuran allí territorios que han sufrido largas guerras internas, como Afganistán, el nordeste de Nigeria, Siria, Sudán o Yemen. También otros que bordean con el desierto, como el Sahel africano. O que han padecido agresiones externas, como Ucrania, la cual, como resultado de la brutal embestida putinesca, ha dejado de ser “el Granero de Europa” para convertirse en un país necesitado de ayuda alimentaria. Entre los de América, en esa sección sólo figuraba la hambreada Haití.

¿Corresponderá ahora a nuestra Cuba -antaño conocida como “la Perla de las Antillas”- sumar su nombre a ese catálogo de la indigencia y el bochorno! Si prestamos atención a los objetivos declarados del PMA que he citado arriba, tendríamos que preguntarnos: ¿qué “desastre” ha habido en nuestro país!; ¿de qué “conflicto” hemos sido escenario!…

El prolongado desastre.

No obstante, resulta inapropiado que menospreciemos las calamidades sufridas por esta Gran Antilla de la mano del castrocomunismo. Creo que, pensándolo bien, no sería una exageración decir que sí, que nuestra Cubita bella ha padecido, durante ya casi dos tercios de siglo, un verdadero y prolongadísimo desastre: El entronizado, mantenido a ultranza y profundizado cada vez más por el calamitoso socialismo dirigista y burocrático.

Aunque la noticia se conoció este 28 de febrero, se supo también que, según EFE, la solicitud formal fue enviada “a finales del año pasado”. Pese al par de meses decursados desde entonces, el régimen de La Habana ha considerado pertinente guardar silencio sobre el particular: ni ha informado al respecto a sus ciudadanos ni ha emitido la “aclaración oficial” solicitada por la agencia informativa española.

Entonces, nuestra islita, de la mano de los personeros de “la Continuidad”, proseguirá su andadura como pordiosera internacional. Esta faceta de su actividad la ha llevado ya a recibir ayuda de países como Vietnam. Se trata de una realidad cuyo solo enunciado representa una enormidad, que debería llenar de vergüenza a los ventrudos mayimbes de La Habana.

Afirmo lo anterior porque, más allá de las causas que condujeron a la guerra en ese país asiático, es un hecho cierto que este sufrió un conflicto severísimo, que le ocasionó daños gigantescos y millones de muertos. ¡Y que ahora sean los vietnamitas quienes presten ayuda a sus “camaradas cubanos” que han pasado estos 65 años en santa paz, representa la más elocuente demostración de la índole desastrosa del sistema inoperante implantado por los castrocomunistas en nuestro país!

La inseguridad alimentaria.

Un trabajo periodístico publicado este jueves, en estas mismas páginas, por Miriam Leiva, intenta dar respuesta a una pregunta que me atrevo a calificar como algo capciosa: ¿“Con qué se alimentan los niños de la ‘continuidad’”? El bajante pone, como suele decirse, el dedo en la llaga: “Los padres cubanos sufren la inseguridad alimentaria de sus hijos desde recién nacidos”.

La colega, en una apretada síntesis, trata de enumerar todas las dificultades que confrontan los progenitores de la Isla en ese sentido. Menciona los sucedáneos que se emplean para reemplazar el suministro de leche fresca (virtualmente desaparecida), la harina de trigo, las ínfimas cuotas de productos cárnicos, huevos y compotas… Una de las conclusiones, aunque piadosa, es atinada: “El futuro es realmente incierto por la insuficiente producción nacional y la ruina de Cuba”.

Es de ese modo que nuestra Patria, de la mano de “la Continuidad diazcanelista”, prosigue su andadura constante y cada vez más rápida hacia el colapso definitivo. Mientras tanto, los personeros y cotorrones del régimen parecen querer emular a Nerón cantando a la Roma incendiada. Se desgañitan afirmando que “nadie quedará desamparado” y, contra toda evidencia razonable, aseguran que “sí se puede”. ¡Cualquier cosa, menos reconocer que el sistema implantado y mantenido por ellos durante decenios es inviable!

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