viernes, 1 de marzo de 2024

La Habana, cada vez más decadente.

Por Iván García.

En el portal del ruinoso cine Actualidades, situado en la calle Monserrate entre Neptuno y Ánimas, Habana Vieja, un tipo orina detrás de una columna, mientras dos perros callejeros pelean por las sobras de un trozo de pizza. El Actualidades fue el primer edificio que se construyó en Cuba con el objetivo de que funcionara exclusivamente como cine. Con capacidad para 1,700 espectadores, se inauguró el 18 de abril de 1906.

En la acera de enfrente, a la entrada del antaño Edificio Bacardí, un custodio escucha la radio con la silla inclinada y apoyada a una pared de mármol rojizo. Por la calle O’Reilly suben dos jóvenes colgadas del brazo de un turista pasado de tragos que puede ser su abuelo. Un mendigo registra los latones de basura en la parte posterior de la tienda por divisas Harry Brothers. En el Museo de los CDR, en la calle Obispo, una funcionaria aburrida juega al Tetris con su teléfono móvil.

A pesar de ser sábado, por Obispo, reconvertida en boulevard, no transita mucha gente. La librería La Moderna Poesía, cerrada hace demasiado tiempo, ahora es ‘custodiada’ por tres indigentes: dos duermen y uno pide dinero a las personas que pasan por la acera. Muy cerca, el afamado bar-restaurant El Floridita se encuentra desierto. El portero, con un menú en la mano, mira el reloj y bosteza.

Cuando cae la noche, la calle Monserrate parece una boca de lobo. Solo los tramos donde está enclavado un hotel o un bar privado están iluminados. El administrador de un policlínico en la barriada, lleva tres horas esperando una pipa de agua para llenar la cisterna. “Si no viene, voy a tener que cerrar el centro”, le dice a un paciente que espera ser atendido.

Después de dos horas en la parada de la ruta 400, Marta, empleada bancaria, está a punto de perder la paciencia. “Hoy nada más está funcionado una guagua. Vivo en Guanabo (a unos 25 kilómetros al este de La Habana) y todos los días es una odisea ir a trabajar. No puedo pagar los 400 pesos que cobran por un almendrón hasta Guanabo”, dice y se refugia de la llovizna en el pórtico de una cafetería.

A falta de transporte público, los habaneros tienen tres opciones: quedarse en casa, pagar de 200 a 500 pesos por viajar en un taxi colectivo o caminar decenas de kilómetros. Hay una cuarta opción, comenta Agustín, un ingeniero industrial que ahora se dedica a la mensajería: “Comprarse una moto eléctrica, como yo hice, ahorrando del dinero que mi familia me envía de Miami. Con la moto hago encargos a domicilio. He tenido días de ganar 4 mil pesos, que es el equivalente a mi salario mensual. La única preocupación es la ola de violencia existente en el país. Te pueden matar para quitarte una moto. Aunque siempre ando ensillado (con un machete) por si las moscas”.

Ramsés, licenciado en historia del arte, mantiene a su familia alquilando el viejo Lada de la era soviética de su padre. “Es una versión de Uber a la cubana. Estoy registrado en varias agencias que ofertan sus servicios por WhatsApp y Telegram. En cada carrera ganó el 80 o 90 por ciento del dinero que cobro. En una jornada puede ganar de 7 mil a 8 mil pesos. No ando sobrado de dinero, pero al menos me da para comer. Y eso en Cuba es bastante”. Desayunar, almorzar y cenar es un lujo para la inmensa mayoría en la Isla.

Un informe de la ONU publicado en 2023 confirma que los cubanos de 14 a 60 años sufren malnutrición. El Programa Mundial de Alimentos lamenta que la diversidad dietética sea tan limitada. “La dieta del hogar cubano promedio es pobre en micronutrientes y no es suficientemente sana ni diversa debido a la limitada e inestable disponibilidad de alimentos nutritivos, factores socioeconómicos y malos hábitos alimentarios”, apuntó el demoledor informe del Programa Mundial de Alimentos, adscripto a la ONU.

Denise, socióloga, asevera que “la pobreza y el hambre en Cuba van en camino de ser endémicos. El gobierno habla de proteger a los que ellos llaman ‘vulnerables’. ¿Pero cuándo una persona es vulnerable? Si nos guiamos por el salario promedio, equivalente a 13 dólares mensuales al cambio en el mercado informal y 5 dólares los de una pensión estándar, entonces la estadística de pobreza extrema y personas que pasan hambre y penurias materiales supera ampliamente el 50 por ciento. En ese segmento están incluidos los cuatro millones de empleados estatales y un porciento de los trabajadores por cuenta propia, como los que cuidan baños, limpian pisos o son custodios, quienes con sus salarios tampoco pueden cubrir sus necesidades básicas. Se puede afirmar que 8 de cada 10 cubanos viven en el umbral de la indigencia”.

El déficit de alimentos promete prolongarse en el tiempo. El gobierno de Miguel Díaz-Canel, elegido a dedo por Raúl Castro, ha agudizado la crisis económica y sistémica que atraviesa el país. No se ve solución a la vista. Todo lo contrario.

El sábado 24 de febrero, Emerio González Lorenzo, presidente del grupo empresarial del Ministerio de la Industria Alimentaria, y Zaily Pérez Hernández, directora comercial de la Empresa Cubana de Molinería, explicaron a la prensa oficial que en los próximos días se enfrentarán “severas afectaciones en la producción de pan de la canasta básica en cada territorio”, debido a la escasez de materias primas.

De las 700 toneladas diarias de harina que se necesitan para garantizar la producción de un pan per cápita por la libreta de racionamiento, las autoridades solo cuentan con 250 toneladas. El gobierno, como es habitual, culpó del déficit de harina al embargo de Estados Unidos y a restricciones financieras y logísticas, sin hacer mención a la falta de liquidez y los impagos que según un funcionario de Comercio Interior dijo a Diario Las Américas, “son los causantes de que no haya harina y se tenga que comprar por buchitos, pues el gobierno le debe dinero a las veinte mil vírgenes. Ahora quieren que las MIPYMES entreguen una parte de la harina que importan o se encadenen con establecimientos del Estado para aliviar la situación. El panorama pinta feo”.

La escasez de alimentos empeora cada vez más en Cuba. Las producciones cañeras, porcinas, ganaderas y agropecuarias han descendido entre un 50 y 80 por ciento en los últimos cinco años. Emilio, maestro jubilado, reconoce que pasa hambre. «A veces no tengo ni para tomar un vaso con agua de azúcar prieta. Cuando falta el pan, ya puedes imaginarte la que está cayendo”.

Lucía, enfermera, se pregunta hasta cuándo se va a poder seguir viviendo así. “Es que son muchas cosas. Los alimentos, el agua y los medicamentos son necesarios en el ser humano. A eso añade hay que añadir apagones de diez a doce horas por falta de combustible en todas las provincias excepto en La Habana. Quisiera saber qué hace el gobierno con el dinero”.

Fernando, desempleado, tiene opiniones más radicales. “Cuba es un Estado fallido. Lo único que funciona es la represión”. Dunia, estudiante universitaria, considera que la crisis económica “es transversal, no hay opciones recreativas a precios módicos, casi todos los cines y teatros están cerrados y las personas viven encerradas en sus casas. Como si nunca hubiera terminado la pandemia, vivimos en un reclusorio a cielo abierto”.

Al filo de las once de la noche del último sábado de febrero, el Paseo del Prado y las otroras concurridas arterias de Obispo y Egido estaban desoladas. Solo la paladar Chachachá en Monserrate entre Tejadillo y Chacón tenía sus mesas llenas de clientes. Un matrimonio que quería comer y beber unas copas, al ver los precios, se marchan espantados del lugar: 15 mil pesos una comida para dos personas, 900 pesos una cerveza y casi 6 mil pesos un trago de ron Havana Club 15 Años.

La desigualdad en Cuba se acrecienta por día. Mientras un 90 por ciento de la población come poco y mal y su mejor opción recreativa es ver la televisión en casa, una minoría anda en autos modernos y pueden gastar 200 dólares en una noche.

Por suerte, a los habaneros les queda el muro del Malecón, que todavía es gratis.

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