martes, 22 de diciembre de 2009

Hacer media.

Por Iván García.

'Hacer media' en Cuba es no hacer nada. Coger un "diez", un chance, una pausa … Charlar de cualquier suceso. Conversar de la telenovela de turno. Burlarse de los jefes. Criticar al gobierno. Elucubrar con la chica o chico que entró nuevo al trabajo. En fin, eso, hacer media.

En cualquier centro laboral de la isla, las personas trabajan en cámara lenta, a paso de jicotea. Como si estuvieran en permanente huelga de brazos caídos. La gente entra a trabajar a las 8 de la mañana, pero si es una empresa de servicio, suelen abrir una hora más tarde. Después, a hacer la típica media. Si usted le pregunta o lo requiere para cualquier asunto, ponen cara de Al Capone y responden con una grosería.

Nada les interesa. Ni los clientes ni el buen trato. Sólo que pasen volando las 8 horas, para irse a casa. Y ver que pueden robarse del trabajo. Un poco de aceite, si trabajan en un centro gastronómico; muestras de champú o jabones, si son mucamas de un hotel. Papel, presillas, si es oficinista. Cables, tornillos, un martillo o un serrucho, si es obrero o constructor.

Laborar de forma eficiente no es negocio para el cubano. La paga es miserable y el Estado, que todo lo controla, no ofrece beneficios por hacer las cosas bien. Por tanto, en la República Socialista de Cuba, la mayor parte de la producción y los servicios son lentos y chapuceros.

Se gasta tres veces más en materiales para ser una obra, pues se roban el cemento y las cabillas para intentar reparar mínimamente sus hogares. Las personas son indolentes por el simple hecho que se sienten estafados y maltratados por Papá Estado. El desquite: robarle todo lo que puedan.

La lógica de los trabajadores es simple y pura. Si el gobierno no se preocupa por ellos, entonces a ellos les importa un comino el Estado y sus problemas. Y todo es fantasear. Disimular. Aparentar. Fingir. Engañar. Para poder apropiarse de la mayor cuantía de bienes estatales.

Así, entre desidia, robo y mal trato, "pinchando" (trabajando) lo menos posible, transcurren las jornadas laborales en la isla de los hermanos Castro. No importa que el General Raúl se desgañite y exija trabajar más y mejor, para que en ese hipotético futuro que nunca llega, podamos vivir como Dios manda.

Ya la gente está cansada del mismo cuento. Por la mañana aplauden exaltados en la Plaza de La Revolución, y luego, por la tarde vuelven a la pereza. Hacer media. Ver el tiempo pasar. Otear lo que se pueden robar. Y a hurtadillas tomar un trago de ron o alcohol. Lo demás. ¡Que se vaya al carajo!
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