domingo, 8 de marzo de 2015

Capitalismo con moral comunista no funciona.

Por Joan Antoni Guerrero Vall.

Detalle de un letrero que anuncia rebajas en una tienda de ropa importada ofertada por comerciantes privados.La permanente cantidad de contradicciones que quedan al descubierto en la Cuba actual es bien curiosa. A menudo, los cambios introducidos por el régimen desembocan en estrambóticas situaciones que, en la gran mayoría de ocasiones, parecen casi imposibles de entender, sobre todo por parte de aquellos que se encuentran fuera de esa particular lógica con la que se mueve el castrismo y todo lo que sucede en la Isla. Cuba es cada vez más un universo incomprensible.

Lo que sucede en ese país es una continuidad de situaciones sin sentido y de ello se percata cualquiera, incluso aquellos que no saben nada de economía ni finanzas.
Es un poco desconcertante, por ejemplo, leer las quejas de un cuentapropista que desarrolló un negocio, al parecer própsero, y que, justo cuando esa prosperidad empezó a hacerse notoria, acabó siendo obligado a cerrar su iniciativa empresarial precisamente por culpa de su éxito.

Su negocio empezó a ser frecuentado y a generar unos ingresos que permitieron que algunos de los empleados llegaran a ganar unos 80 dólares mensuales. Lo que resulta muy extraño es que si el objetivo de los negocios es ganar dinero, generar empleo y contribuir así al progreso de la comunidad, alguien considere que hay que pararlo. ¿Qué hay de malo en que un negocio funcione? Todo esto se asemeja mucho a las restricciones que el castrismo ya introdujo en los años 1990 cuando se limitó el número de mesas en los paladares, tras abrir un poco el espacio para la iniciativa privada.

Pero de forma paralela a esta información leemos declaraciones de pesos pesados del régimen que impulsan la idea de la necesidad de ser competitivos y de armar negocios que funcionen. Al menos esto es lo que parece traslucir de lo recientemente expresado por el Historiador de la Ciudad de La Habana, Eusebio Leal, en una conferencia pública en la capital.  Sus palabras se ubican en una lógica plenamente capitalista, podríamos decir, si entendemos por ello que se quiere estimular iniciativas empresariales que generen beneficios, no solo para sus impulsores y aquellos que deciden invertir en el proyecto, si no para el conjunto de la comunidad, con la generación de empleos y el pago de tasas que luego redundan en la mejoría de servicios públicos y el dinamismo de la economía.

Es a partir de estas contradicciones que cualquiera puede percibir un problema grave para el modelo de país que están construyendo actualmente los castristas, empecinados en que su capitalismo funcione con una moral comunista, de manera que mientras una mano azuza la pasión por los negocios, la otra aplaca y amedrenta esa pasión levantada. Seguramente este comportamiento del régimen distancia Cuba de otro país comunista, China, porque está claro que si algo hacen los chinos es estimular el negocio y no desincentivarlo como sí hacen los cubanos.

El ser humano ha hecho negocios desde el principio de la historia. Hacer negocios es algo natural del ser humano y un elemento fundamental para el desarrollo de las sociedades. Los gobiernos no pueden actuar como un impedimento a este desarrollo, más bien todo lo contrario, deben ser agentes promotores de la economía, no para poner trabas a aquellos que se hacen más ricos en base a su actividad, si no para facilitar que se den en condiciones de justicia. Se supone que es a partir de la riqueza que genera esta economía que van a salir los recursos para financiar todos aquellos servicios públicos que una sociedad necesita.

Sin una economía fuerte y generadora de riqueza parece improbable que se puedan conseguir todos estos beneficios. Hoy por hoy resulta un poco inquietante que el modelo de Cuba para el futuro no tenga resuelta esta base fundamental para que el crecimiento de la economía tenga lugar. Cualquiera puede darse cuenta, sin ser licenciado en Economía, que la moral comunista no casa con esa necesidad de crecimiento. El comunismo no parará de generar más pobreza, inequidades e injusticias sociales. La economía de mercado, o digamos el capitalismo, es el único que podría garantizar el bienestar y la justicia social. Es obvio que no será un paraíso, por supuesto, pero al menos se alejará del infierno actual.

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