sábado, 21 de marzo de 2015

Los músicos que bailan al compás de la marea roja.

Por Oscar Sánchez Madan.

Hay músicos en Cuba tan miserables que bailan al compás de la Marea Roja, la gigantesca estrategia de la que se vale el régimen de La Habana para aislar a la oposición real y engañar a la opinión pública con las pírricas transformaciones económicas y sociales emprendidas por Raúl Castro en los últimos años.

No se trata de artistas serios, aunque algunos son muy talentosos. Son virulentos mercaderes que por ganarse un puñado de dólares y reconocimiento social, venden su alma al Diablo, es decir, al régimen.

No pocos de ellos, en sus inicios, compusieron e interpretaron canciones en las que se criticaba un tanto, a la dictadura, o al menos se describían aspectos de la cruda realidad vivida por cubanas y cubanos, bajo la dinastía de los Castro. Pero luego que conquistaron la fama, se han quitado la máscara y han revelado su ignominioso maridaje con los insensibles comisarios.

En tiempos en que por la ineficiencia gubernamental enfrentamos frecuentes cortes del servicio eléctrico y una notable escasez de alimentos, escuchamos aquella canción de uno de estos personajes, que decía en su estribillo: “ no dejes que se apague la lucecita…”. También aquella otra que rezaba: “ no hay café, no hay café”. Tras ganar reconocimiento, su autor, Arnaldo Rodríguez, canta ahora a los comités de vigilancia.

Uno de estos depredadores de la decencia es el compositor y trovador Antonio Ávila Bacas (Tony Ávila), quien ha participado en los denominados actos de repudio contra las integrantes del movimiento opositor Damas de Blanco Laura Pollán, en la ciudad de Cárdenas, donde golpeó a dos de sus activistas en el año 2013.

Amante de esos actos de desorden público donde se insulta y agrede a los disidentes es también Arnaldo Rodríguez, director y cantante del grupo Talismán. El opositor Antonio González Rodiles aún debe recordar el “concierto” ofrecido por este personaje en las cercanías de su casa, rodeada por una turba progubernamental y agentes de Seguridad del Estado, el 10 de diciembre de 2013.

Otro de estos testaferros es Israel Rojas, vocalista, líder y compositor del grupo Buena Fe, quien utiliza la tarima, durante sus conciertos, para exhortar a los jóvenes cubanos a que se aparten de la política, mientras él respalda al régimen. No por casualidad fue aupado desde sus inicios como músico por la oficialista Asociación Hermanos Saiz y ha recibido el apoyo de la gubernamental Empresa de Grabaciones y Ediciones Musicales.

A estos y a algunos otros simuladores, el Ministerio de Cultura y sus dependencias los promueven hasta el cansancio. Han contado con las facilidades que no han tenido Los Aldeanos, Escuadrón Patriota, Gorki Águila y su grupo, y otros músicos comprometidos con su pueblo.

Se sabe que estos “pacotilleros” asisten a cuanta tribuna antiimperialista les convoque el Partido Comunista. Ofrecen conciertos por todo el país para apoyar a los Comités de Defensa de la Revolución y a la Unión de Jóvenes Comunistas, como lo hizo recientemente la cantante Laritza Bacallao. No obstante, defienden la “Revolución” con su corazón en La Habana y su mente en Miami.

Laritza Bacallao es de las que para enfrentar el estrés que afecta a los cubanos -por tantos años de totalitarismo- les recomienda, no que rompan las cadenas de la opresión, sino que busquen una fiesta para desarmarse, es decir, olvidar las penas. Un pueblo desinformado, entretenido y desarmado es más fácil de manipular.

A algunas de estas estrellas pop del castrismo, como Israel Rojas y Tony Ávila, el exilio les mostró las consecuencias de su hipocresía y de su traición: los cómplices de una dictadura criminal no deben recibir ni el dinero ni el aplauso de las víctimas.

Deben prepararse bien para cuando llegue el día en que el pueblo cubano, cansado de “un sistema socialista de esclavitud”, como dijera el Apóstol de nuestra independencia José Martí-, diga en voz alta: “¡Que suenen, suenen los tambores!” Y no serán precisamente los que dice Laritza Bacallao. En ese histórico momento se anunciará el fracaso de la Marea Roja, y las conductas reprobables de estos impostores los inculparán.
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