jueves, 5 de septiembre de 2019

La Iglesia socialista y el capitalismo salvaje.

Por Zoé Valdés.

La iglesia católica no puede estar demasiado orgullosa de su pasado relacionado con el nazismo. Históricamente está comprobado que así fue, colaboró, y por esa razón ha tenido que pedir perdón en múltiples ocasiones. Tampoco ha sido consecuente frente al horror comunista (salvo en la época de Juan Pablo II), y sin embargo continúa metiendo la pata hasta el tuétano.

El papa Francisco ha nombrado cardenal al arzobispo de La Habana, Juan de la Caridad García Rodríguez, quien ya en su nombramiento como arzobispo de la capital de Cuba expresó su deseo de que la isla continuara desafiante frente al imperio bajo la tiranía castrista, o sea, sometida a lo que ellos han dado en llamar "socialismo" desde la caída del Muro de Berlín, y que no es más que el comunismo de toda la vida en forma tiránico-feudal, en manos de una familia mafiosa que desde hace más de 60 años oprime a los cubanos.

Monseñor Juan de la Caridad García Rodríguez ha hecho declaraciones recientes tras su nombramiento como cardenal. Y monsignore ha dicho que él quiere para Cuba un "socialismo próspero".

Vamos, este representante de la iglesia católica anhela para su país –y el mío– una suerte de entelequia, o sea lo que no ha ocurrido en más de 60 años y lo que no ocurrirá jamás, porque el socialismo nunca ha prosperado en ningún país: cero enriquecimiento de ningún tipo. Lo que él seguramente conoce mejor que nadie. Como también conoce que bajo esa insignia pseudo-metafórica de socialismo el castrismo no sólo ha reprimido, encarcelado, además ha asesinado a cristianos, como fue el caso de Oswaldo Payá Sardiñas, líder del Movimiento Cristiano Liberación, y al joven Harold Cepero, miembro también del MCL, entre otros.

El pomposo cardenal socialista nombrado por el papa Francisco tampoco ignora que en Cuba no hay socialismo ni la cabeza de un guanajo. En Cuba desde hace décadas se ha implantado un capitalismo salvaje, brutal, que enriquece a los militares y a los dueños de la finca en que los Castro convirtieron esa isla, y empobrece de la más horrendas de las maneras al pueblo.

El cardenal Juan de la Caridad García Rodríguez conoce además que el principal promotor de ese capitalismo salvaje fue el propio Raúl Castro, el supuestamente más comunista entre todos ellos, de lengua para afuera, a través de las corporaciones tipo capitalistas (la primera fue Gaviota) que él mismo fundó vía militar y familiar, reconducidas por su yerno Luis Alberto Rodríguez López-Callejas, casado con una de sus hijas, Déborah Castro Espín, y por su hijo Alejandro Castro Espín, cerebro en la sombra.

Convertir a la Armada y al Ejército en centro esencial de operaciones y negocios suculentos económicos no deja de ser inteligente, nadie lo discute. Como también fue inteligente hacerlo en el pasado con el Departamento MC (moneda convertible o marihuana-cocaína) desgajado del Minint (Ministerio del Interior) y el narcotráfico, aunque consecuencias tuvo: fusilamientos, etcétera y demás. Tuvo, tiene y tendrá.

El papa Francisco tampoco es ajeno a estos acontecimientos fraudulentos y corruptos por parte de uno de los mayores exponentes del escándalo Odebrecht, vía el Puerto de Mariel, Brasil en tiempos de Lula y Dilma, pasando por Argentina, país natal del Papa, entre otros… Raúl Castro es uno de los principales implicados en el escándalo Odebrecht y del que menos se habla; o al menos la prensa internacional casi siempre lo obvia, por no decir siempre.

Ahora vayan ustedes a saber las razones por las que el flamante cardenal Juan de la Caridad García Rodríguez defiende y sostiene un "socialismo próspero" para Cuba, cuando detrás de esa mentira esconde la realidad de un capitalismo bestial en el que sólo se benefician los poderosos, el tirano y su marioneta de turno. ¿Será porque en Cuba la iglesia ha pasado a ser, en la lista de corporaciones del estatismo e inmovilismo, una más del castrocomunismo?
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