miércoles, 19 de abril de 2023

El legado nefasto del presidente designado.

Por Roberto Jesús Quiñones Haces.


Este 19 de abril se cumplen cinco años de la designación de Miguel Díaz-Canel Bermúdez como presidente de la República de Cuba. Ocupa ese cargo por decisión expresa del General de Ejército, Raúl Castro Ruz, cuando este todavía era el Primer Secretario del Comité Central del Partido Comunista y el Presidente del Consejo de Estado.

El “movimiento de cuadros” no fue más que un cambio aparente en la estructura gubernamental del castrismo, un ilusionismo político que luego se completaría con la promoción de Díaz-Canel al máximo cargo del PCC mientras las mieles del poder continuaron siendo libadas por Raúl detrás del proscenio.

El mismo Díaz-Canel ha reiterado que es un fiel continuador de la obra de sus predecesores, quienes gobernaron el país durante 59 años sin haber sido electos por el pueblo. A su programa de gobierno lo ha llamado continuidad, una especie de contumacia que ha profundizado el declive experimentado por Cuba desde 1959 y que hoy tiene todas las características de una crisis humanitaria.

Lo triste de la situación es que se desconoce cuánto más pueda durar la dictadura y mucho menos si una vez muerto Raúl Castro el poder que se ha encargado de afianzar continuará siendo el verdadero controlador de todo. Eso es lo único que se puede concluir, lo demás pertenece a las especulaciones.

Precisamente, este 19 de abril va a constituirse la X Legislatura de la Asamblea Nacional del Poder Popular (ANPP), que esta vez tendrá solo 470 legisladores. Me resisto a llamarlos diputados y a endilgarle el nombre de parlamento a ese órgano de gobierno de la dictadura. Estas personas “elegirán” al Consejo de Estado, al Presidente y al Vicepresidente del país, un hecho que también ha provocado algunas especulaciones.

Entre los especuladores no faltan los académicos o renombradas figuras intelectuales y políticas de Estados Unidos, Europa y América, quienes se presentan ante la opinión pública como expertos en asuntos cubanos, aunque sus opiniones solo provocan estupor o risa. Tal es el caso de la señora Susan Eckstein, quien hace pocos meses, durante una conferencia de prensa en una de las sedes del Instituto Watson de Asuntos Internacionales y Públicos de EE. UU., afirmó que en Cuba los gobernantes se habían deslindado del marxismo leninismo para identificarse únicamente con las ideas de los héroes que lucharon por nuestra independencia, para rematar con la afirmación de que en Cuba ya no había castrismo. Ellos, como el discurso oficialista, proyectan la imagen de un país virtual.

Pero la realidad es más contundente que las especulaciones y demuestra que por muy deficiente que haya sido la administración castrista en toda su historia, durante el mandato de Díaz-Canel el país no solo continuó profundizando su decadencia con muestras de una inopia e inflación nunca antes vistas por los cubanos, sino que la represión ha alcanzado una extraordinaria sistematicidad con el vergonzoso contubernio de gran parte de la comunidad internacional.

Si cuando Díaz-Canel asumió el poder alguien pudo pensar que por pertenecer a otra generación representaría un camino diferente y una respuesta efectiva a los problemas del país, se equivocó por completo. El quinquenio transcurrido desde entonces demostró que es más de lo mismo. La prueba más palmaria de que Díaz-Canel es tan represor como sus antecesores fue su actuación durante el 11 de julio de 2021, cuando, violando la propia constitución de la dictadura, ordenó reprimir a los cubanos que se lanzaron a las calles pidiendo cambios y libertad.

El rechazo que cotidianamente recibe este dirigente cubano en las redes sociales es significativo. No se trata de que Fidel o Raúl Castro hayan actuado mejor que él o fueran menos crueles, sino de que el castrismo está en una etapa de profunda descomposición e ineficiencia donde la proclamada continuidad solo ha provocado más incertidumbre y desesperanza.

Los cubanos tendrán un nuevo presidente -o el mismo- que será nuevamente designado el próximo 19 de abril por un órgano de gobierno que sesiona a puertas cerradas y que, históricamente, más que representar intereses trascedentes del pueblo, ha defendido los de los Castro y sus acólitos. Antes de que se efectúe la votación seguramente “el partido” dará a conocer sus orientaciones.

Díaz-Canel no fue elegido por el pueblo en 2018 mediante elecciones democráticas y multipartidistas -las mismas que prometió Fidel Castro al levantarse en armas contra Batista-, sino por 603 personas dependientes del Partido Comunista. Lo mismo ocurrirá este 19 de abril, aunque esta vez serán 470 los legisladores.

Carente de carisma, sin dotes para la oratoria, con evidentes problemas en su pronunciación y en la expresión coordinada de sus ideas, incapaz de refutar con argumentos convincentes los cuestionamientos que gran parte del pueblo hace a su gestión de gobierno en las redes sociales, Díaz-Canel no es más que otra imagen de los “logros” del castrismo.

Si a partir de 1959 Cuba se enrumbó por un camino antidemocrático, al menos los nuevos usurpadores del poder podían ufanarse de contar entre sus filas con figuras como Carlos Rafael Rodríguez y Raúl Roa, quienes decidieron poner sus capacidades al servicio del mal, pero que eran indudablemente cultos.

No puede decirse lo mismo de quienes hoy dirigen los destinos del país, empezando por el presidente designado. Quien analice la composición del Buró Político del PCC concluirá que no hay en él un solo pensador político, tampoco un intelectual o un político trascedente. Hace ya mucho tiempo que en Cuba se sustituyó al mérito por la obediencia para acceder a cargos políticos y administrativos.

Díaz-Canel no surgió de la familia Castro Ruz, pero le sirve con una fidelidad entusiasta, al extremo de que en cinco años puede afirmarse sin tapujos que es otro dictador a tener en cuenta en la historia de nuestra patria y Latinoamérica.

A quienes especulan sobre un posible sustituto para el villaclareño habría que decirles que el problema no es de nombres. Mientras viva Raúl Castro habrá dictadura. También la habrá cuando muera el general sin victorias si no se desarticulan los tentáculos de la mafia enseñoreada sobre Cuba.

Lo que ocurra este 19 de abril no pasará de ser otro acto propio de la cosmetología política del castrismo.

Share:

0 comments:

Publicar un comentario