miércoles, 26 de julio de 2023

Una nueva pugna en Cuba: fichas de costo vs. precios de mercado.

Por Orlando Freire Santana.

La mayoría de los especialistas en materia económica, con la lógica excepción de los defensores a ultranza de regímenes como el cubano, aceptan que los precios libremente fijados por el mercado son los que garantizan un mejor funcionamiento de la economía. En estas condiciones, por lo general, se concilian los intereses de los productores y de los consumidores, al tiempo que todos los actores económicos reciben constantemente una información acerca de las condiciones en que opera el mercado. 

Antes del advenimiento de la Tarea Ordenamiento en enero de 2021, había en nuestra sociedad pequeños bolsones de precios de mercado, reconocidos por documentos como la Conceptualización del Modelo Económico y Social. Eran espacios donde operaban los trabajadores por cuenta propia, sin la injerencia del Estado, mejor abastecidos que las tiendas gubernamentales, con precios y tarifas algo superiores a los oficialistas, pero que no llegaban a constituir una espiral inflacionaria. 

A partir de la implementación de la Tarea Ordenamiento se desató una inflación galopante, lo mismo en los establecimientos estatales, que en los gestionados por los nuevos actores económicos (cooperativistas, mipymes y trabajadores por cuenta propia). Una inflación que se manifiesta, excepto en los insuficientes productos que se ofertan por la libreta de racionamiento, en el resto de los artículos de consumo, incluyendo los surtidos de los mercados agropecuarios. 

Ante el creciente descontento de la población, las autoridades han tomado algunas medidas para intentar frenar el ascenso de los precios. Les han otorgado facultades a los territorios para que topen determinados precios; ha habido concertaciones de precios entre productores y consumidores, en especial en el sector agropecuario, y también se han impuesto infinidad de multas a productores y prestadores de servicios, cuyos precios y tarifas han sido calificados como “abusivos y especulativos”. 

Sin embargo, muy poco se ha avanzado en la solución del problema. Es como si nadie quisiera realmente acatar las disposiciones gubernamentales. Los productores porque los precios topados casi nunca logran cubrir la totalidad de sus costos de producción, y muchos de los consumidores debido a que son conscientes de que los topes de precios hacen desaparecer de inmediato los productos del mercado.  

Así las cosas, durante las recientes sesiones de la Asamblea Nacional del Poder Popular se dio a conocer que el pasado 21 de julio entró en vigor la Resolución 148/2023 Metodología para la elaboración de las fichas de costo y gastos de productos y servicios para la evaluación de precios y tarifas. Se trata de una directiva que pretende normar centralmente la formación de los precios y tarifas a todos los productos que se comercializan en el país, tanto por las empresas estatales como por las formas de gestión no estatales. 

Las fichas de costo establecerán límites para la inclusión de los gastos indirectos de producción, y también de los márgenes de ganancia que deberán agregarse a los costos para conformar el precio final. Y muy importante: se fijarán precios límites para los productos importados que actualmente ofertan las mipymes. 

Aquí nos topamos con un primer problema. Es el referido a quién va a confeccionar las referidas fichas de costo. Habría que darles una activa participación en ello a los productores y prestadores de servicios, que son quienes conocen realmente la magnitud de sus gastos. Pero si se realiza centralmente, desde un buró, ya le auguramos un rotundo fracaso. 

Por otra parte, la gran variabilidad de los precios internacionales de los insumos y materias primas que necesita para producir una economía abierta como  la cubana,  podría hacer que cualquier ficha de costo, por muy bien que se confeccione, quede obsoleta en breve tiempo. 

De todas maneras, tanto los precios topados, como los concertados y los que salgan de las fichas de costo, son precios, de una forma u otra, permeados por el burocratismo. Los bolsones del mercado, con su  espontaneidad eficiente, van desapareciendo paulatinamente, y la economía se aleja cada vez más del rumbo que podría encauzarla hacia la prosperidad. 

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